¿Se interesa usted amorosamente en la gente?
LA GENTE se interesa en la gente. ¿No es cierto? ¿A quién de nosotros no le interesa oír acerca de otras personas? Pero podemos acrecentar nuestro gozo y satisfacción si reconocemos la diferencia entre estar interesado en la gente y estar amorosamente interesado en la gente, y obramos en armonía con ella. Con esa meta consideremos el chismear.
“Hoy día es el éxito más fenomenal de las empresas editoras.” Business Week del 16 de mayo de 1977 citó esa declaración acerca de la revista People (Gente). Su popularidad no es más que una evidencia de que el público en general tiene sed de relatos acerca de la gente.
¿No ha visto usted otras señales? En Europa uno halla que la mayoría de los puestos de periódicos están llenos de revistas que destacan relatos acerca de princesas, condes y celebridades internacionales... el grupo social internacional que frecuenta los lugares de moda. Un artículo reciente en McCall’s, “Los Chismosos,” dijo:
“Como el mar que nos rodea, [el chisme] está por todas partes. Entre las novelas de gran éxito de venta una de cada dos toma la forma de una clave chismosa, en la cual los personajes ‘ficticios’ . . . son personas reales, apenas disimuladas. Hasta los periódicos que anteriormente eran más moderados han relajado sus normas lo suficientemente como para publicar una sección de ‘gente,’ en la que ofrecen descripciones en miniatura de la gente famosa, mientras más íntimas mejores. Y en los Estados Unidos el chisme ha pasado disimuladamente de los portales a las primeras planas.”
¿Es malo interesarse en otras personas? ¿Es algo que debe evitarse? ¿Tiene algunos aspectos que posiblemente sean buenos? ¿Es esto algo nuevo? Henry R. Luce, editor de la revista Time, dijo en una ocasión: “Time no dio comienzo a este énfasis en los relatos acerca de la gente; fue la Biblia quien lo hizo.”
Sí, la Biblia contiene muchos relatos acerca de la gente. También nos ofrece consejo divino sobre nuestro interés en la gente.
Los relatos bíblicos acerca de la gente no son sencillamente habla ociosa. En contraste con gran parte de los chismes de hoy día, los relatos bíblicos no se ofrecen con la mira de causar placer suministrando datos íntimos acerca de las faltas de la gente, demoler reputaciones o sencillamente satisfacer la curiosidad del lector. Más bien, esos relatos promueven interés en la gente con buena razón.
Tome, por ejemplo, el relato de Caín y Abel. ¿Es ése solo un chismecito interesante acerca de un problema de familia, una rivalidad de parentesco? De ningún modo. La Biblia extrae del relato lecciones importantes acerca de ejercer fe, evitar el odio y agradar a Dios. Por lo tanto, lo que la Biblia dice acerca de Caín y Abel es ‘provechoso’ para nosotros.—Heb. 11:4; 1 Juan 3:10-15; 2 Tim. 3:16, 17.
Hasta cuando la Biblia relata las flaquezas de personas “buenas,” los detalles se ofrecen para beneficiar al lector atento. Son pocos los que no han oído del adulterio de David con la hermosa Bat-seba. Pero qué diferente es el relato bíblico de los relatos que los periódicos y revistas de hoy día hacen acerca de la infidelidad de las estrellas del cine o de los políticos. La Biblia hace claro que Dios desaprobó el pecado de David y muestra que fue castigado, a pesar de haber disfrutado de una relación estrecha con Dios. La Biblia no glorifica la inmoralidad ni le da aspecto atractivo. Las Escrituras también relatan el arrepentimiento sincero de David, razón por la cual Dios le mostró misericordia.—2 Sam. 11:1–12:23; Sal. 51.
Ahora bien, de esto nos pudiera ser fácil aprender una lección respecto a tratar de limitar nuestro interés en los chismes de los periódicos o revistas. Pero, ¿qué hay de los aspectos más corrientes... los relatos que nuestros asociados nos cuentan acerca de otras personas? ¿Deberíamos esforzarnos por reprimir la tendencia a disfrutar de oír chismecitos o relatos acerca de las personas que conocemos?
No necesariamente, pues tenemos un interés natural y apropiado en nuestros parientes, amigos y asociados. Si uno de ellos va a casarse, ha tenido un hijo, ha enfermado, hace buen progreso en el estudio de la Biblia o ha disfrutado de unas vacaciones o una experiencia interesante, seguramente tenemos razón para interesarnos. Nos interesamos amorosamente en esos individuos. ¿Por qué, pues, no debería gustarnos oír acerca de ellos o hablar acerca de ellos nosotros mismos?
Sin embargo, la Biblia nos advierte del peligro de participar en demasiada habla ociosa. (Pro. 10:19; 15:2) Y las Escrituras condenan el participar en habladuría maliciosa, que no esté basada en interés amoroso por la persona de la cual se está hablando, sí, las Escrituras condenan hasta el escuchar esta clase de conversación. (Ecl. 10:12-14; 3 Juan 9, 10) Los que se entregan a este chismear —tanto el que habla como el que escucha— no le están haciendo bien alguno a nadie. Relatar los errores de otros con el motivo de rebajar esa persona a los ojos de otros, causar sensación o edificarse a uno mismo como la fuente de información secreta, en realidad es perjudicial. La Palabra de Dios dice que esta clase de chisme separa a los amigos. Ciertamente, en tales casos, no se usa la lengua como “una curación.”—Pro. 12:18; 17:9.
El consejo del apóstol Pablo corrobora el hecho de que esto puede ser un peligro hasta para los cristianos. Algunas mujeres de su día, el primer siglo de la E.C., estaban “desocupadas, andorreando por las casas; sí, no solo desocupadas, sino también chismosas y entremetidas en asuntos ajenos, hablando de cosas que no debieran.”—1 Tim. 5:13.
Pero, ¿cómo determinamos si nuestro interés en oír acerca de alguien es correcto o no? Una manera es preguntarnos: “¿Estoy amorosamente interesado en la persona de que se está hablando?” Si lo que se está diciendo es de naturaleza negativa, ¿escuchamos pensando en lo que pudiéramos hacer para ayudar? Tal vez alguien relate que uno de nuestros conocidos ha sufrido un percance. ¿Comenzamos a pensar en cuanto a visitar a esa persona a fin de edificarla, ofrecer ayuda con los quehaceres, o hasta enviar una tarjeta para expresar nuestra preocupación e interés? Sin embargo, si lo que se dice no puede lograr bien alguno para alguien, ¿por qué escucharlo? ¿No es sencillamente chisme? Hasta pudiera ser una calumnia.—Pro. 16:28; Rom. 1:28-32.
El apóstol Pablo dio un buen ejemplo al mostrar interés amoroso en otros. En una ocasión se enteró de que los cristianos de la congregación de Corinto se inclinaban a seguir a varios hombres prominentes. ¿‘Escuchó’ Pablo lo que se le dijo debido a que era un chisme muy interesante? No. Él se interesaba amorosamente en sus hermanos corintios, y dio pasos positivos para ayudarlos. Les escribió, ofreciéndoles consejo que les ayudaría a rectificar su error.—1 Cor. 1:11-13; 3:4-23.
De modo que, en un tiempo en que el chisme está en el apogeo del éxito, hacemos bien en meditar en nuestra reacción al chisme. ¿Tenemos cuidado a fin de no dejarnos llevar del chisme que no sirve propósito bueno alguno? ¿Dejamos que lo que sirva de guía a nuestro modo de pensar y a nuestras acciones sea un interés en la gente que de veras sea interés amoroso?