Una niña llamada “Pobre”
EN UNA aldea africana, Okot y su mujer, Matina, se alegraron mucho con el primer fruto de su matrimonio: una niña. Luego, parientes y amigos acudieron con regalos a desearle longevidad y dicha.
Esta pareja llevaba una vida afanosa y humilde. Cultivaban una parcela y moraban en una casa de adobe con techumbre vegetal. Pero estaban decididos a esforzarse para que su primogénita tuviera un mejor nivel de vida. Como recordatorio de su objetivo, le pusieron de nombre Acan (“Soy Pobre”).
¿Qué futuro le espera a Acan? De resultar como el de muchos coterráneos suyos, quizá sea siempre analfabeta. Si de mayor encuentra empleo, pudiera ganar poco más de 190 dólares anuales. Por otro lado, en su país tiene una esperanza de vida de solo 42 años.
Su infortunio no es inusitado. De los casi seis mil millones de habitantes del planeta, unos mil trescientos millones ganan menos de 370 dólares anuales, frente al promedio de 21.598 dólares en varias naciones ricas. Cada día, las huestes de desheredados acogen a 67.000 nuevos miembros: 25.000.000 anuales. La mayoría, de los países en desarrollo de África, Asia y Latinoamérica. Pero aun en las naciones prósperas hay bolsas de pobreza. Cabe decir, además, que 7 de cada 10 indigentes son mujeres.
Por lo general, no logran escapar de la más absoluta miseria, que les niega sus necesidades más apremiantes —pan, ropa y techo— y atenta contra su libertad, dignidad, educación y bienestar. Dice la Organización Mundial de la Salud: “La pobreza es un elemento destructivo en toda fase de la vida del ser humano: desde la concepción hasta la muerte. Se confabula con las enfermedades más mortíferas y dolorosas para imponer a sus víctimas una existencia desdichada”.
Pero ¿no está mejorando el nivel de vida de las naciones en desarrollo? En algunas, sí; en muchas, no. La revista sobre desarrollo humano Choices califica de ‘mito peligroso’ la idea de que “la situación de los desfavorecidos mejora”. Más bien, dice: “De hecho, en el mundo en que vivimos se registra una mayor polarización económica entre país y país, así como dentro de cada nación”.
¿No se verá libre nunca el hombre de la adversidad material? En los siguientes dos artículos ¡Despertad! examina esta cuestión e indica cuál será la solución.