Animando a otros a perseverar con buen éxito
1 Nuestro estudio de las Escrituras nos ha revelado las muchas promesas maravillosas que Jehová ha hecho. Pero, ¿quién las heredará? El apóstol Pablo, escribiendo a los hebreos, responde: “Ustedes tienen necesidad de perseverancia, para que, después que hayan hecho la voluntad de Dios, reciban el cumplimiento de la promesa.” (Heb. 10:36) Así es que Pablo nos recuerda que Jehová no olvidará nuestra obra, si es obra de la clase correcta... el hacer Su voluntad. Es necesario que seamos diligentes en esta obra y tengamos perseverancia. Si hemos estado en la obra de Jehová desde hace tiempo, eso es bueno, pero necesitamos perseverar y animar a otros a perseverar hasta el mismo fin para recibir la recompensa.
2 Ahora estamos en medio de la campaña para la suscripción a La Atalaya. Este es un tiempo en el que hacemos un esfuerzo extraordinario para conseguir nuevas suscripciones. Nosotros, como siervos de Jehová, estamos muy ocupados debido a que estamos interesados no solo en nuestra propia salvación sino en la salvación de otros. A menudo deseamos que hubieran más horas en el día. Podemos lograr mucho bien obteniendo suscripciones de personas de toda condición social. Para ahora probablemente hemos ofrecido suscripciones a las personas interesadas que encontramos durante el año pasado o aquellos con quienes conducimos estudios. Tal vez por medio de algunos de ellos podemos conseguir referencias y tener oportunidades de colocar suscripciones con personas que ellos conocen. Sin embargo, quizás esos contactos sean pocos.
3 Por lo tanto, es obvio que la mejor manera de obtener nuestras nuevas suscripciones sería ir de puerta en puerta y ofrecer las suscripciones con entusiasmo. Es fácil ser entusiasta acerca de la información de la revista La Atalaya. Siempre dice muchas cosas buenas y revela buenas nuevas acerca de las maravillosas promesas de Jehová. Y ¡Despertad! es de interés para personas de muchas clases debido a su gran variedad de interesante información.
4 Un paso importante para equiparnos es saber el contenido de las revistas. De modo que si nos aseguramos de leer nuestro ejemplar tan pronto como nos sea posible después de recibirlo, y a medida que lo hacemos subrayamos los puntos sobresalientes que creemos que serán de interés para gente en nuestro vecindario, estaremos en excelente situación para presentar la oferta de la suscripción de modo interesante y convincente. Al llegar a ser diestros en nuestra obra hemos aprendido que tenemos que presentar la oferta si es que vamos a tener buen éxito en colocarla. Las revistas serán de mayor interés a los amos de casa si llamamos la atención al menos a un punto principal en un artículo al hacer nuestra presentación.
5 Actualmente muchos de nosotros no somos suscriptores pero estamos obteniendo nuestras revistas en el mostrador de revistas del Salón del Reino. Pero esto no debe hacernos pensar que las suscripciones no son importantes. Nosotros podemos ir al Salón del Reino con regularidad y por eso no perdemos ningún ejemplar de las revistas. Pero las personas que encontramos en nuestro servicio del campo no están en esa misma posición. Nosotros estamos tan ocupados que es posible que no podamos volver para entregarles cada revista con regularidad durante todo el año.
6 La satisfacción viene de ser cabal en nuestra obra. Nuestra meta en esta campaña es ayudar a la gente por medio de colocar la suscripción. No obstante, hemos aprendido de la experiencia práctica que, debido a las diferentes circunstancias, no todo el mundo se suscribirá. ¿Qué podemos hacer entonces? El próximo paso sería el ofrecer uno de los libros de tamaño de bolsillo junto con dos revistas por una contribución de 35 centavos. Los libros pequeños no pesan mucho, así es que sería bueno llevar unos cuantos ejemplares y ofrecerlos cuando no pueden tomar la suscripción. Además, pudiéramos ofrecer las revistas.
7 Parte de ser diligente sería el hacer un registro de la colocación hecha y, dondequiera que no se obtienen suscripciones pero se muestra algún interés, puede hacerse un esfuerzo adicional para regresar y desarrollar una ruta de revistas, colocando los números de las revistas con regularidad. Con el tiempo tal vez algunos de los que forman nuestra ruta de revistas se hagan suscriptores, y es bueno trabajar hacia esa meta.
8 Ya han pasado algunas semanas desde que comenzamos la campaña de La Atalaya y durante ese tiempo hemos podido comunicarnos con muchas personas. Algunos muestran interés hasta cierto grado, mientras que unos pocos manifiestan mucho interés. ¿Obtuvo usted alguna suscripción durante enero? ¿Ha revisitado ya a esos nuevos suscriptores? Es prudente, una vez que hemos avivado la llama del interés, regresar antes de que pase mucho tiempo y añadirle combustible a fin de acrecentar la llama de interés. Nuestra diligencia nos impulsa a querer ayudar a los nuevos a apreciar los beneficios espirituales que tienen. Sabemos que a menudo la gente necesita ayuda para entender artículos acerca de profecías y las cosas más profundas que se publican en La Atalaya, y es en eso que tenemos que acudir en su ayuda. Para evitar que ellos pierdan interés en las revistas por no poder entender todo, nuestra presencia en su hogar es vital. Si les hablamos acerca de las revistas, ellos podrán traer a discusión los puntos en los que desean clarificación.
9 Puede que hallemos que algunos aun no han sacado las revistas de las envolturas. Un buen modo de ayudarles sería el hablarles acerca de un punto interesante que usted aprendió leyendo el último número y preguntar si recibieron su ejemplar. Esto sería útil para ellos y hará que comiencen a leer las revistas, porque sabemos que las revistas no benefician a la gente cuando todavía están dentro de las envolturas.
10 Muchos son los beneficios que provienen del perseverar en el servicio de Jehová. Para los que encontramos en el ministerio del campo, está la oportunidad de ganar vida eterna. Para nosotros los que somos diligentes, está la seguridad de que Dios no olvida nuestra obra, de que ésta no es en vano sino que conduce a heredar las promesas.—1 Cor. 15:58.
Animando a otros a perseverar con buen éxito.