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  • Tenemos encomendadas las buenas nuevas
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Nuestro Ministerio del Reino 2003
km 5/03 pág. 1

Tenemos encomendadas las buenas nuevas

1 ¡Qué gran privilegio es tener encomendadas las buenas nuevas de Dios! (1 Tes. 2:4.) Aunque tal vez algunos rechacen este poderoso mensaje, las personas de buen corazón se sienten atraídas a él como si fuera una agradable fragancia (2 Cor. 2:14-16). Para quienes aceptan y obedecen las buenas nuevas, significa salvación (Rom. 1:16). ¿Cómo debemos atender esta encomienda?

2 Jesús y los apóstoles. Jesús puso en primer lugar en su vida la proclamación de las buenas nuevas (Luc. 4:18, 43). Aun cuando estaba cansado y con hambre, el amor al prójimo y el aprecio por el mensaje lo impulsaron a hablar de este a los demás (Mar. 6:30-34). Tanto por palabra como por acción, dejó grabada en la mente de sus discípulos la importancia de la predicación de las buenas nuevas del Reino (Mat. 28:18-20; Mar. 13:10).

3 Los apóstoles, imitando a Jesús, también proclamaron con celo el mensaje del Reino. Pese a que recibieron golpes y se les mandó que dejaran de predicar, “continua[ron] sin cesar enseñando y declarando las buenas nuevas” (Hech. 5:40-42). El apóstol Pablo se entregó por completo a esta obra (1 Cor. 15:9, 10; Col. 1:29). Comparó el privilegio de proclamar las buenas nuevas a una deuda que tenía con el prójimo, y estaba dispuesto a renunciar a su comodidad personal para saldarla (Hech. 20:24; Rom. 1:14-16).

4 Nuestro privilegio. El aprecio que le tengamos a la sagrada comisión que se nos ha encomendado nos impulsará a buscar maneras de participar a mayor grado en la predicación (Rom. 15:16). Edward, confinado a una silla de ruedas, se sentaba a la puerta de un hotel y hablaba de sus creencias con los huéspedes. Pero como deseaba hacer más, mandó habilitar una camioneta, que empleó para recorrer miles de kilómetros durante sus muchos años de precursor. Al igual que Edward, muchos han acomodado sus circunstancias y dedican más tiempo a predicar las buenas nuevas.

5 Imitemos el modelo de Jesús y los apóstoles, y démosle a la predicación un lugar prioritario en nuestra vida. Si así lo hacemos, demostraremos que amamos a la gente y que valoramos las buenas nuevas que tenemos encomendadas.

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