BIBLIOTECA EN LÍNEA Watchtower
Watchtower
BIBLIOTECA EN LÍNEA
español
  • BIBLIA
  • PUBLICACIONES
  • REUNIONES
  • g70 8/7 págs. 24-26
  • La más preciosa de las piedras preciosas

No hay ningún video disponible para este elemento seleccionado.

Lo sentimos, hubo un error al cargar el video.

  • La más preciosa de las piedras preciosas
  • ¡Despertad! 1970
  • Subtítulos
  • Información relacionada
  • Identificando el jade genuino
  • Valor del jade
  • Labrando el jade
  • Usos del jade
  • Jade... la piedra de los reyes
    ¡Despertad! 1978
  • Jade
    Ayuda para entender la Biblia
  • El jade y las anécdotas que lo distinguen
    ¡Despertad! 1987
  • Jade
    Perspicacia para comprender las Escrituras, volumen 2
Ver más
¡Despertad! 1970
g70 8/7 págs. 24-26

La más preciosa de las piedras preciosas

Por el corresponsal de “¡Despertad!” en Tailandia

LA CHINITA corría alegremente por la calle tras sus amigos bajo la vigilancia de su abuela querida. De repente tropezó y cayó de cabeza. La abuela se apresuró ansiosamente a ayudar a la niña que lloraba, pero, al no hallar daño grave, consoló a la niña y la envió a jugar de nuevo. Una circunstancia curiosa acompañó a este incidente familiar: aparentemente la abuela derivó inmensa satisfacción del hecho de que los dos pequeños brazaletes verdes que llevaba puestos la jovencita, uno en cada muñeca, habían resultado de tal modo desbaratados que no se podrían reparar.

¿Por qué estaba tan satisfecha la abuela? Bueno, los adornitos eran de jade, y ella misma se había encargado de que la nietecita los llevara puestos como protección. En realidad, muchos chinos creen que si una persona se pone jade y se ve envuelta en alguna clase de accidente, el jade se rompe pero la persona que lo lleva recibe protección. ¡Con razón, pues, esa abuela se fijó en esta aparente confirmación de su superstición con una actitud de “te lo dije”!

Este relato nos ayuda a entender por qué, para los chinos, el jade es “la quinta esencia del cielo y la Tierra,” “la más preciosa de las piedras preciosas”... algo que sobrepuja hasta a los diamantes.

Los chinos llegaron a pensar que el jade era de origen sobrenatural, y por consiguiente algo que se podría usar para promover la comunicación con el cielo y aplacar a los poderes celestiales. Tradicionalmente lo asocian con sus cinco virtudes cardinales: caridad, modestia, valor, justicia y sabiduría. Los filósofos enseñaban que el jade, engullido en medio de las condiciones correctas, haría posible vivir por miles de años, hacerse invisible y volar.

Por supuesto, son pocos los que continúan adhiriéndose a creencias de esa clase, pero éstas indican el alto aprecio en que los orientales tuvieron al jade durante siglos. Pero aparte de las supersticiones que rodean al jade, éste es, de hecho, una piedra sumamente hermosa. En casi todas partes del sudeste de Asia, si uno observa a las damas chinas o vietnamitas cuando ostentan su mejor gala, rara vez las ve sin un adorno de jade.

Hay dos piedras distintas que llevan este nombre: la nefrita, un silicato de calcio y magnesio, y la jadeíta o jade chino, un silicato de sodio y aluminio. Es interesante que el nombre “nefrita,” de la palabra griega para riñón, refleja la idea de que el jade molido cura las enfermedades de los riñones. La diferencia entre la jadeíta y la nefrita realmente es de importancia solo para los coleccionistas. Por lo general, la jadeíta es más brillante y se le puede sacar más pulimento, mientras que la nefrita parece más grasosa que lustrosa.

Aunque por mucho tiempo la China ha sido el emporio de objetos de arte labrados en jade, este material rara vez se encuentra en la China en su estado natural. Se importaba de otros países, notablemente del Turkestán. Pero ahora la nefrita viene principalmente de Nueva Zelanda, y la jadeíta se encuentra principalmente en el Japón, Birmania y California. A menudo el jade se encuentra en los lechos de los ríos, transportado allí por el agua desde las montañas. También se extrae de las montañas, pero los chinos prefieren el jade de los lechos de los ríos.

Por lo general pensamos que el jade tiene un color verde espinaca brillante. Sin embargo, viene en una variedad de colores que pasan desde el blanco puro por el amarillo, rojo y azul hasta el negro.

Identificando el jade genuino

Puesto que hay muchas piedras que se asemejan mucho al jade, ¿cómo podemos saber cuándo tenemos el jade verdadero? Si usted quisiera comprar una pieza de jade y evitar las imitaciones que se pasan como genuinas, la manera más fácil sería que un perito resolviera la cuestión. Dos cosas en particular hacen singular el jade: su densidad y su dureza. Con la densidad o gravedad específica de éste se hace referencia a la proporción de su peso con el de un volumen igual de agua. La jadeíta tiene una gravedad específica de 3,4 o levemente menos, la nefrita de aproximadamente 3,0. Por consiguiente, una pieza de nefrita que pesara tres onzas sería del mismo volumen que una onza de agua.

Las determinaciones de dureza se basan en el principio sencillo de que el material más duro raya al más blando. Por eso, para probar una pieza de jade necesitaríamos, por ejemplo, un topacio. Si el topacio no hiciera impresión en la piedra, entonces tendría que ser jade genuino.

Algo más sencillo consiste en tomar un cortaplumas o alfiler de acero y rayar o punzar la piedra. Es imposible hacer impresión alguna en el jade verdadero de esta manera, pero la mayor parte de las imitaciones, como la esteatita, quedarían marcadas. Por supuesto, no es aconsejable andar rayando indistintamente o punzando los objetos de arte de otras personas. Sin embargo, si usted realmente tiene razón para aplicar esta prueba, a menudo hay un lugar no conspicuo en la parte de atrás o en la base del objeto, y si es jade genuino no se le puede hacer ningún daño. El vidrio, también, puede ser tratado de modo que se parezca mucho al jade, pero pesaría considerablemente menos que el jade.

Valor del jade

El precio del jade varía de manera tremenda. Hay más envuelto en el precio que simplemente el valor intrínseco de una pieza. El color, la forma, la calidad y especialmente la edad y la historia desempeñan papeles importantes. En 1960, en una subasta se vendió una pieza de jade chino tallado por más de 16.000 dólares. En 1860 una expedición británica a Pekín saqueó el Palacio de Verano del emperador y se llevó muchos de sus jades magníficos. Si hoy una persona ve un objeto marcado “del Palacio de Verano, Pekín,” entonces puede estar seguro de calidad excelente, si la etiqueta dice la verdad.

Los precios varían por todo el mundo, también. En Hong Kong se puede obtener un jade por suma tan pequeña como la de 4 dólares. Pero en Europa y en los Estados Unidos por lo general rigen precios más altos. Un prominente fabricante de jade de Hong Kong dice, según se le cita, que si una piedra es demasiado oscura, digamos, de color verde musgo, o demasiado clara, con mucho tinte amarillo, eso es señal de una piedra de calidad inferior. El jade de buena calidad, dijo él, es verde lozano, vibrante, con mucho brillo. No debe ser moteado; más bien, casi es translúcido.

Labrando el jade

El labrar el jade es una tarea larga, lenta y laboriosa... una tarea en la que se reconoce que los chinos son los maestros. En un taller de Pekín los artesanos trabajaron continuamente día y noche en turnos y sin embargo necesitaron muchos años para completar una sola pieza. Por dos siglos por lo menos sus métodos han continuado sin cambios. ¿Cómo efectúan el trabajo?

Lo primero que debemos saber en cuanto a este asunto es que el jade no se esculpe. Más bien, se taladra y se pule. Los pedrejones de jade se cortan en pedazos de tamaño adecuado con una sierra. Debido a la dureza del jade su superficie se mantiene constantemente cubierta de un abrasivo humedecido de algún material más duro que él mismo. Por eso, de hecho, el abrasivo es lo que lleva a cabo el corte.

Los pedrejones se cortan primero con la sierra desde la parte superior, y luego desde la parte inferior, pero es tal la habilidad de los obreros que el lugar donde se unen los dos cortes es casi invisible. Desde este punto el método que haya de utilizarse depende del objeto que se haga. Se hacen hoyos con un taladro de diamante primitivo, manual. Se utiliza un tubo de acero hueco para labrar el interior de los floreros; otra vez se introducen abrasivo y agua y se hace girar el tubo hasta que se alcanza la profundidad que se desea. Entonces la sección que no se desea, que está en el centro del florero, recibe un buen golpe seco para que se desprenda. Si un defecto inadvertido en el jade hace que el tronco central se rompa antes del lugar deseado, el tocón que queda tiene que ser taladrado hasta que desaparece.

Algunos floreros se labran con asa, y de esta asa puede pender otro anillo de jade, dando más bien la impresión de un arete en un oído agujerado. Ese anillo originalmente formaba una sola pieza con el florero y el artesano lo separó con el taladro hasta que pendió libremente.

El hueco de los tazones se forma efectuando una serie de cortes paralelos y verticales cerca unos de otros en la pieza sólida de jade, lo que deja una serie de láminas levantadas que luego se rompen una por una. El tazón recibe su acabado al ser pulido con discos adecuados de acero y el abrasivo acostumbrado. El pulimento final se lleva a cabo con discos giratorios de madera o cuero y un polvo especial.

Usos del jade

Habiendo sido introducida en Pekín una pieza de jade de color blanco verdoso que pesaba 290 kilos, el emperador Chi’en Lung ordenó que se labrara con la representación de un paisaje montañoso. El trabajo se terminó en 1874... una hermosa obra de arte, una montaña con ríos, árboles, quioscos, arboledas de bambú, poblada de doctos literarios del cuarto siglo. Escenas todavía mayores fueron reproducidas por los artesanos de Pekín. Sin embargo, los occidentales pueden ver esta obra en particular, porque ahora se encuentra en la Galería de Arte Walker de Minneápolis... y probablemente es la pieza más grande de jade labrado que hay en los Estados Unidos.

Se han labrado muchísimos otros objetos de jade... tronos, camas, cojines, pantallas, palillos para comer, teteras, platos, libros (con escritura inscrita en oro sobre placas de jade cubiertas de brocado y guardadas en cajas de sándalo), estatuas de Buda y otras personas prominentes, flores, peines, peones de ajedrez, abanicos, juguetes, pipas para opio y diversos artículos de pedrería. En un tiempo hasta se usaba el jade para fabricar instrumentos de trabajo, pero el advenimiento del metal contribuyó a la elaboración de herramientas más eficaces.

A menudo se colocan grillos de jade en los ojos y la boca de los difuntos. Muchos de estos grillos han sido recobrados de los sepulcros, aunque el contacto con el cadáver ha causado decadencia parcial de las piedras en muchos casos. Esta superstición se basa en la idea de que el grillo simboliza una reencarnación... empieza la vida como larva en la tierra y termina con alas dirigidas al cielo.

En la Biblia se menciona el jade en Ezequiel 28:13 como una de las piedras preciosas que decoraban la “cobertura” del rey de Tiro. Y Éxodo 28:15, 20, 21 muestra que una hermosa piedra de jade con el nombre de una de las doce tribus de Israel grabado en ella adornaba el “pectoral de juicio” que llevaba el sumo sacerdote de Israel, Aarón. El libro de Éxodo fue escrito alrededor de 1512 a. de la E.C., de modo que por lo menos por 3.400 años el hombre ha conocido y estimado el jade, a veces supersticiosamente, pero siempre como una de las deleitables producciones que Dios ha dado a sus criaturas humanas.

    Publicaciones en español (1950-2025)
    Cerrar sesión
    Iniciar sesión
    • español
    • Compartir
    • Configuración
    • Copyright © 2025 Watch Tower Bible and Tract Society of Pennsylvania
    • Condiciones de uso
    • Política de privacidad
    • Configuración de privacidad
    • JW.ORG
    • Iniciar sesión
    Compartir