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¡Despertad! 1970
g70 8/9 págs. 9-11

El Danubio... gigantesco río de Europa

Por el corresponsal de “¡Despertad!” en Alemania

LOS últimos acordes del vals de Strauss El Danubio Azul se desvanecieron. De visita en Viena, quisimos saber más acerca de este Danubio azul, que ha inspirado a los valsadores a través de los años. Vagando a través de las calles y avenidas de la capital austriaca, inevitablemente nos encontramos con el río. Aun en la bruma de lo grisáseo del atardecer, el Donau (como se le llama en alemán) intriga.

La fuente del Danubio está en la Selva Negra de Alemania, donde unos escurrimientos se convierten en arroyos y donde nacen ríos. Este crece hasta llegar a ser un gigante de 2.850 kilómetros de largo que derrama 8.400 metros cúbicos de agua en el mar Negro por segundo. Es el río más importante de Europa en lo que toca a su volumen de corriente y el Volga es el único más largo. Desde Regensburgo, Alemania, un tren de barcazas del Danubio puede llevar una carga de cincuenta furgones de ferrocarril por 2.615 kilómetros, a través de partes de los ocho países del Danubio, hasta el mar Negro.

Sentados aquí en la ribera al empezar a atardecer, vemos uno de esos trenes de barcazas deslizarse por el agua. Las insignias tricolor de rojo, blanco y verde las identifican como húngaras. Los marineros de a bordo llaman al río el Duna. Los yugoslavos y búlgaros lo conocen como el Dunav. Los pescadores rumanos echan sus redes en el Dunarea. El estudiante checoslovaco de geografía estudia el Dunaj, y los rusos llaman al río el Dunay. Pero sin importar cómo varíe el nombre, o cómo difiera la vida de la gente a lo largo de la orilla, este gigante es una cadena vinculadora entre las naciones.

¿Ve usted aquellos recipientes metálicos sobre las barcazas centelleando en Viena por la noche? Estos “recipientes de carga,” como se les llama, de doce metros de largo, están diseñados para llevar artículos por ferrocarril, río y océano al Asia Menor sin descargar. Los países orientales del Danubio han ensanchado constantemente el comercio con la Europa occidental e igualmente se ven artículos de occidente en barcazas que flotan río abajo a Yugoslavia, Hungría, Bulgaria y Rumania.

Está haciendo frío ahora en la ribera. Pero el encanto del Danubio nos fascina, así como los acordes del vals de Strauss persisten en nuestra mente. Decidimos hacer un viaje en barco por el Danubio.

Primer trayecto del viaje

Abordamos un hermoso barco para excursiones que en seis días nos llevará a través de 2.000 kilómetros del Danubio hasta la ciudad soviética de Izmail, situada cerca de la desembocadura del Danubio en el mar Negro.

Nuestro vapor se dirige río abajo e inmediatamente recibe la bienvenida que le da al tráfico denso un tren de barcazas bajo la bandera azul, amarilla y roja de Rumania. Pronto entramos en Checoslovaquia y al este de Viena llegamos a Bratislava.

El aumento en la anchura de la vía acuática empieza a impresionarnos. Desde su niñez alemana y juventud austriaca se ha desarrollado un adulto Danubio checoslovaco. Atrás han quedado los dolores asociados con el desarrollo de una corriente que se ve apretada por lo angosto del valle entre la alta y la baja Austria.

Después de unos cuantos kilómetros de fluir enteramente en Checoslovaquia, pronto vemos al Danubio convertirse en la frontera entre ese país y Hungría. Con el tiempo se dirige hacia el sur, y nuestra expectación aumenta al acercarnos a la capital húngara, Budapest, una de las ciudades más antiguas de Europa. Buda, la sección más pequeña que está en la colina, y Pest, la porción más grande que se extiende en las llanuras, forman una ciudad grande y parece que cada calle y cada callejón de ella va a dar al río y pasa sobre él.

Se nos permite salir del vapor para visitar algunos puntos de interés. Un paseo a través de la ciudad nos revela a europeos orientales que se inclinan mucho hacia las costumbres occidentales. Algunos dicen que Budapest es el París del Oriente, donde los gitanos pueden pintar aptamente la vida de la gente con sus violines.

El silbato del barco nos niega una excursión fuera de Budapest al lago Balatón, que con sus 598 kilómetros cuadrados es el lago más grande de la Europa central. En cambio, el río nos ofrece una vista de las enormes llanuras bajas húngaras que se llaman Alföld. A la izquierda comienzan las praderas. Aquí se encuentran poblados de tribus nacionales que han permanecido nómadas hasta nuestro día.

Bajo el signo de la cruz

Mientras continúa ensanchándose el río, vemos una cruz lejana en la orilla. Este símbolo religioso nos hace pensar en un drama aterrador. Barcos cargados de caballos de guerra y carretas avanzaban por este mismo río bajo la señal de la cruz... ¡los cruzados! Godofredo de Bouillon, duque de Lorena, que habría de llegar a ser el primer rey occidental de Jerusalén, usó este río para llegar al mar Negro, antes de zarpar hacia la Tierra Santa.

El uso del Danubio como transporte de ejércitos se prolongó por siglos, pero difícilmente se podría culpar a sus aguas por los ríos de sangre humana derramada que se produjeron. Finalmente, en el siglo cuarto, un resto de cruzados derrotados fue seguido río arriba por los turcos, cuyo blandir de sables extendió el Imperio Otomano hasta el valle del Danubio tan lejos como hasta Viena. El repique de campanas eclesiásticas al lado del río llegó a ser una alarma, que tañía desesperanzadamente por la desdicha que avanzaba sobre las aguas.

Adelante a las Puertas de Hierro

Pero vivimos en el presente y el característico pozo cubierto y el cubo llaman nuestra atención de nuevo en la “puszta” húngara. Aquí en esta inmensa tierra de pasto es prominente la cría de caballos. Mujeres con faldas pintorescas y hombres con pantalones bombachos están muy ocupados en sus quehaceres, mientras veinte caballos sementales de pura sangre reconocen nuestra presencia.

Continuando directamente al sur, entramos en Yugoslavia, y al tercer día de nuestro viaje llegamos a Belgrado, la capital del país. Esta ciudad ocupa un sitio significativo en el subibaja de Oriente-Occidente. Los pantalones de colores brillantes de los hombres y el alegre vestido de las mujeres reflejan la variedad del paisaje, pero una variedad con un común denominador: una vida de trabajo duro.

Nuestro impresionante gigante de dos kilómetros de ancho ahora se dirige hacia el este, convirtiéndose en la frontera entre Yugoslavia y Rumania. Entonces valerosamente se abre paso como con cuñas entre los montes Cárpatos.

En las Puertas de Hierro es encausado a unas simples veintenas de metros. El agua turbulenta se rebela, con remolinos y arrecifes, un terror para los marineros de siglos anteriores. Sin embargo, la mayor parte de las obstrucciones que había en las Puertas de Hierro fueron voladas hacia fines del siglo diecinueve y el canal fue ahondado. No obstante, todos los pasajeros enmudecen ante el potente espectáculo que presentan las aguas.

Cerca de la antigua ciudad romana de Turnu-Severin, el Danubio se desvía hacia el sur de nuevo. Después de unos kilómetros se dirige al este y forma la frontera entre Rumania y Bulgaria. Las montañas y los acantilados cortésmente retroceden, a medida que se nos guía a las tierras bajas, con el acompañamiento de los laúdes de los pescadores.

Aquí hallamos a personas pobres, humildes, al servicio del lujo del mundo. Su pesca es el esturión, que significa caviar para las cocinas del mundo. Son personas amigables cuyas manos industriosas tejen chales y mantas pintorescos. Vemos a artistas tratando de capturar con el pincel lo que Dios ha creado. Toda la vida de estas personas está entretejida con la historia del río.

Alguien entre nosotros dice: “Bulgaria es pequeña, ¡pero su espíritu es grande!” Este espíritu inició el desarrollo rápido del país después de la segunda guerra mundial. Comenzó la industrialización, se erigieron fábricas y se construyeron carreteras, y buenas carreteras también.

Último trayecto del viaje

En vez de continuar todo el camino hacia el este hasta el mar Negro, el Danubio corta hacia el norte, fluyendo a través de Rumania en dirección a la frontera soviética. En Cernavoda el hombre ha construido el puente más grande que hay sobre el río. El barco avanza a la ciudad de Galati, donde nos dirigimos al este hacia el mar Negro.

Pronto notamos que el río conquista la tierra y continúa desplegándose en forma de abanico en una red de venas y vasos capilares. ¡Es el delta! La región del delta de 2.590 kilómetros cuadrados está habitada por gente que vive en chozas de adobe, y por ranas, peces, becadas, gaviotas y cigüeñas que instintivamente se apoderan de las chimeneas. Y vemos una estrella, la estrella roja soviética, como recordatorio de que el Kremlin controla el delta.

Salimos del barco para ver más cosas y meditar en lo que hemos visto. Hemos sentido la vida pulsativa de ciudades bulliciosas y la vida campestre sencilla de campesinos amables. El río no solo nos ha llevado a través de fronteras nacionales, sino también a través de los siglos.

Este río, por decirlo así, habla siete idiomas, posee ciudadanía en ocho países y simultáneamente alimenta al campesino búlgaro y al millonario parisiense. Desempeña un papel importante en la vida del mercantilista londinense y el criador de caballos húngaro. Ha servido imparcialmente en los ejércitos de las tribus nómadas y las potencias mundiales. Pero también inspiró a un hombre a escribir música hermosa, que se baila alrededor del mundo: El Danubio Azul.

[Ilustración de la página 10]

El Danubio serpenteando a través de Austria

[Mapa de la página 9]

(Para ver el texto en su formato original, consulte la publicación)

ALEMANIA

CHECOSLOVAQUIA

AUSTRIA

HUNGRÍA

RUMANIA

YUGOSLAVIA

BULGARIA

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Mar Adriático

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