Nuestros músculos... misterio de creación
A NUESTROS músculos, que usamos de tantas maneras y con tantos propósitos, por lo general los damos por sentados... es decir, hasta que hacemos algo que hace que nos duelan. Pero, ¿qué sabe usted acerca de cómo funcionan?
Por años el misterio de la acción muscular ha intrigado a los investigadores. Han estudiado los músculos con la esperanza de entender exactamente qué sucede cuando los músculos trabajan. La acción muscular ha presentado un verdadero desafío a estos hombres.
Un científico sobresaliente en este campo, el químico húngaro Szent-Györgyi, dijo hace unos veinticinco años: “El problema de la contracción muscular todavía no se ha resuelto.” Catorce años después otro investigador declaró: “Todavía no podemos contestar la pregunta fundamental: ‘¿Cómo convierte la maquinaria molecular del músculo la energía química almacenada por el metabolismo en trabajo mecánico?’” Y recientemente el profesor Ville, de la Universidad de Harvard, declaró en su libro Biology: “Los fisiólogos y bioquímicos han estado tratando por muchos años de resolver el problema de cómo el músculo puede halar, pero los sucesos químicos y físicos mismos que acontecen en la contracción muscular todavía son asunto de conjetura más bien que hecho establecido.” Pero se han aprendido muchas cosas interesantes con el transcurso del tiempo.
Los músculos se encuentran entre las cosas que distinguen al hombre y a los animales de la mayoría de las plantas por hacer posible el movimiento. Y los músculos no solo hacen posible que andemos y hagamos muchas cosas con nuestras manos; muchas de las funciones vitales de nuestro cuerpo dependen en gran manera de nuestros músculos también. La respiración, la circulación de la sangre, la digestión, la excreción y la reproducción, todas estas cosas dependen de nuestros músculos, de los cuales hay de quinientos a seiscientos o más.
Los músculos dan razón de 40 a 50 por ciento del peso del cuerpo. Constan de aproximadamente 75 por ciento de agua, 20 por ciento de proteína, 2 por ciento de grasa, así como de diversas clases de minerales o sales. Los músculos individuales varían en longitud de aproximadamente tres milímetros, en el oído interno, hasta cuarenta y seis o más centímetros, en las piernas. Quizás los músculos más menudos sean los que hacen que se nos erice el pelo cuando tenemos miedo o los que hacen que se nos ponga la carne de gallina cuando temblamos a causa del frío.
Una publicación de ciencia popular declaró en una ocasión que “uno de los mayores secretos de la naturaleza es el misterio de los músculos.” Algunos músculos pueden levantar mil veces su propio peso; algunos pueden ejercer una tensión de 2,8 kilogramos por centímetro cuadrado de su sección transversal. El músculo de una almeja puede conservar por horas un agarro semejante al de un tornillo de carpintero sin aparentemente consumir energía alguna. Los músculos de nuestro corazón y nuestros pulmones funcionan desde la cuna hasta la sepultura sin parar. ¡En el caso de Matusalén eso fue durante 969 años! (Gén. 5:27) Algunos de nuestros músculos pueden contraerse y relajarse en una fracción de segundo. Los músculos de ciertos insectos pueden moverse o vibrar a velocidades fantásticas... desde 55 veces por segundo en el caso de algunos escarabajos, hasta unas 1.046 veces por segundo en el caso de la diminuta mosca de agua.
Tres clases de músculos
Hay tres clases de músculos en nuestro cuerpo: (1) Músculos voluntarios, que abarcan los músculos esqueléticos y faciales; (2) músculos involuntarios, que se encuentran entre los músculos de los vasos sanguíneos, los intestinos, el estómago, la vesícula y el útero, y (3) músculo del corazón.
A los músculos voluntarios también se les llama “estriados” o rayados, porque bajo un microscopio muestran rayas o estrías claras y oscuras alternadas, al través. La mayoría de estos músculos son largos y angostos, como en los brazos y en las piernas; pero otros son semejantes a hojas, como los del abdomen y la espalda. Los músculos voluntarios están dotados de un abundante abastecimiento de nervios y sangre para que puedan efectuar su propósito. De algunos, como los músculos respiratorios, se puede decir que son tanto voluntarios como involuntarios. Los usamos voluntariamente cuando inhalamos profundamente, pero la mayor parte del tiempo, y especialmente cuando dormimos, éstos trabajan sin ninguna voluntad de nuestra parte.
A modo de contraste, a los músculos involuntarios se les llama “lisos,” porque no tienen estas estrías. Con la ayuda del microscopio electrónico se ha descubierto una diferencia notable y llena de propósito entre la estructura de los músculos voluntarios y los involuntarios o lisos. En los músculos lisos los filamentos que efectúan el trabajo mismo de la contracción están dispuestos paralelamente, traslapándose unos a otros, y en un ángulo de hasta diez grados en relación con el eje largo de la célula muscular. Este arreglo oblicuo de los filamentos en los músculos lisos puede proporcionarles hasta diez veces la fuerza que tendrían si no fuese así, y de ese modo hace posible que sostengan contracciones vigorosas por largos períodos de tiempo. Por otra parte, la manera en que los filamentos yacen en los músculos voluntarios o estriados, en serie o extremo contra extremo, les permite moverse con mayor velocidad. Y la cantidad de contracción puede ser mucho mayor que en el músculo liso. Esto es exactamente lo que se necesita que hagan estos músculos voluntarios para servir bien al hombre. Ciertamente suministran evidencia de un Diseñador sabio.
El músculo del corazón está en una clase singular. Debido a su gran carga de trabajo está construido de manera especial, la cual lo hace el músculo más fuerte del hombre. En la mujer, se dice que solo el músculo del útero, que se necesita para expeler a la criatura al nacer, es más fuerte. El músculo del corazón está construido según el patrón o modelo del músculo voluntario, pero funciona como músculo involuntario.
Acción muscular
Los músculos voluntarios o esqueléticos, que están adheridos por medio de tendones o fibras a los huesos, realmente sirven de puentes sobre las coyunturas. Es el grupo de músculos entre el codo y el hombro que mueven el antebrazo, así como el grupo muscular entre el codo y la muñeca mueven la mano. ¿Un grupo? Sí, se necesita un grupo para hacer posibles las diferentes clases de movimiento, y eso por medio de los tendones. Sin embargo no deben confundirse los tendones con los ligamentos que enlazan hueso con hueso y que no pueden estirarse. Cuando se estiran los ligamentos, hay un torcimiento doloroso.
En cuanto a la acción muscular misma, solo hay dos clases de acciones musculares que pueden desempeñar los músculos: Pueden (1) halar, contraerse o ponerse tensos y (2) relajarse. Nunca pueden empujar.
En su mayor parte, nuestros músculos voluntarios vienen en pares o pares de grupos. Grupos de dos o tres están en pares para obrar como antagonistas unos de otros. Por ejemplo, los dos músculos flexores del frente pueden hacer que se doble el antebrazo, y los tres músculos extensores que están en la parte de atrás de la parte superior del brazo pueden estirar el antebrazo. Estos “antagonistas” siempre cooperan. Así, cuando uno se contrae, el otro se afloja o relaja, haciendo posible la contracción del otro. Esto, por supuesto, requiere coordinación de los nervios, el enviar señales a un juego de músculos para que se contraigan y al mismo tiempo enviar señales al grupo contrario de músculos para que se aflojen.
Un músculo consta de fibras envainadas cuyo diámetro puede ser de 1/100 a 1/1000 de centímetro, y éstas pueden extenderse por la entera longitud del músculo. Las fibras están hechas de elementos paralelos, de 1/10.000 de centímetro en diámetro y éstas, a su vez, constan de filamentos paralelos de actina y miosina. Parece que la clave de la acción muscular está en estos filamentos de actina y miosina. Ahora se entiende que cuando se contrae un músculo, uno de éstos se desliza hasta pasar al otro.
La actividad muscular consume oxígeno y nitrógeno, y como resultado se hace una demanda de éstos a la sangre, y al mismo tiempo hay un aumento de residuos, a saber, anhídrido carbónico y ácido láctico, que la sangre se lleva. Es la presencia de ácido láctico en el músculo lo que produce la sensación de cansancio. La corriente sanguínea sirve tanto para alimentar los músculos como para llevarse sus residuos y lo hace sin confundir las dos cosas. Aunque se sabe todo esto, lo que queda por entenderse es exactamente cómo la fuerza nerviosa puede cambiar a energía mecánica los productos del metabolismo alimentario almacenados en el músculo. Ese todavía es un misterio para el hombre.
Tono muscular
Nuestros músculos voluntarios jamás están completamente relajados. Siempre hay una leve tensión o ‘tono,’ y esta tensión hace posible que los músculos entren en acción rápidamente. Tanto la rapidez de movimiento como la suavidad del movimiento dependen de este tono muscular. La prueba del tono se ve cuando se corta un tendón, el cual adhiere un músculo a un hueso. El músculo se retrae.
Sin embargo, el tono muscular no se logra estando siempre algo tenso todo el músculo. En las fibras musculares aplica la regla de “todo o nada.” Es decir, las fibras individuales no responden en absoluto hasta que se aplica cierto grado de estímulo nervioso, y entonces se contraen totalmente. Entonces, ¿cómo se mantiene el tono muscular? Por la contracción de grupitos de fibras en relevos, de modo que la mayoría de las fibras descansan mientras que comparativamente pocas están activas, suministrando el tono muscular que se necesita, estando alerta por decirlo así.
Esta actividad de relevo de las fibras musculares explica por qué podemos mantener buena postura por mucho tiempo sin llegar a estar demasiado cansados. Se requiere cierta cantidad de esta actividad o tono muscular cuando nos sentamos erguidos. El estar de pie requiere todavía más. Y cuando se trata de andar, entra en acción la coordinación de muchos músculos más. Con razón requiere mucho tiempo y esfuerzo el que un niño aprenda a andar.
El Creador no solo dio al hombre centenares de maravillosos músculos, sino que también le mandó al primer hombre que ‘cultivara y cuidara’ el jardín de Edén. Esto requería que el hombre usara sus músculos. El hombre tenía trabajo esencial que hacer que le ayudaba a conservarse en excelente condición física. El Creador no diseñó al hombre para una vida perezosa. De hecho, uno de los mayores enemigos para músculos fuertes y sanos es la pereza.—Gén. 2:15.
Cuando la ocupación cotidiana de una persona no le proporciona el ejercicio necesario debe estar alerta para mantener aptos sus músculos de alguna otra manera. El subir escaleras en vez de siempre utilizar los ascensores puede ser de gran ayuda; también el andar siempre que sea posible en vez de utilizar el auto o los medios de transporte público. Ejercicios de empuje del cuerpo hacia arriba desde el suelo y el trotar también pueden lograr mucho.
El obtener suficiente descanso y dormir lo suficiente van a la par con el ejercicio suficiente. Especialmente útil es aprender a trabajar de manera relajada en vez de siempre estar excitado y tenso. La tensión innecesaria perjudica tanto a los nervios como a los músculos.
También es importante encargarse de que los músculos reciban la clase correcta de alimento. Eso significa, entre muchas otras cosas, encargarse de obtener suficientes vitaminas y minerales escogiendo alimentos no refinados y comiendo bastantes frutas y hortalizas.
¿Qué se puede hacer para la fatiga muscular, los espasmos y males semejantes? Las aplicaciones calientes y húmedas y el masaje están entre los mejores remedios, aunque ciertos linimentos también pueden ayudar. Y, por supuesto, el descanso es el mejor tratamiento de todos. Si continúan los espasmos, los calambres o el dolor severo, sería prudente consultar a un médico, especialmente si no ocurren en las extremidades.
Tampoco deben pasarse por alto los factores psicosomáticos. Si uno siente cansancio en los músculos siempre aunque tenga suficiente descanso y coma alimento de la clase correcta, el problema bien puede ser psicosomático, el efecto de la mente y las emociones en el cuerpo. Con buena razón dice la Biblia: “Un corazón que está gozoso hace bien como sanador, pero un espíritu que está herido seca los huesos”... y, se pudiera agregar, cansa los músculos.—Pro. 17:22.
Nuestros músculos verdaderamente son una maravilla, pero los detalles de su funcionamiento todavía son un misterio. Sin embargo, lo que sí sabemos de ellos debe ayudarnos a cuidarlos bien.
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Cosas importantes para conservar aptos los músculos son: el ejercicio, los alimentos no refinados y el dormir suficientemente
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Músculo voluntario
Músculo involuntario
Músculo del corazón