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  • g73 22/8 págs. 21-24
  • La cultura física era el interés principal de mi vida

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  • La cultura física era el interés principal de mi vida
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¡Despertad! 1973
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La cultura física era el interés principal de mi vida

LAS peleas callejeras y las riñas domésticas fueron una parte regular de mi vida, pero yo siempre era el perdedor. Esto me hacía sentir como un inútil. Resolví hacer algo acerca de ello. Mi decisión me inicio en un derrotero de vida que con el tiempo me hizo buscar el título de “Sr. Universo,” el hombre más perfectamente desarrollado del mundo.

Regímenes de alimentación estrictos y levantamiento de pesas llegaron a ser mi modo de vivir, y amaba cada instante de éste. Todo lo demás quedó subordinado a un propósito: transformarme en la misma esencia de la masculinidad. Mi cuerpo comenzó a modelarse y a desarrollarse. Con el tiempo podía rasgar en pedazos chapas de circulación de los autos y efectuar hercúleas proezas de fuerza con pesadas pesas. Todo esto puso por los cielos mi ego masculino.

Cuando participaba en certámenes y competencias, era con un solo pensamiento: Con el tiempo llegaría a ser el hombre más musculoso del mundo. Empezaron a acumularse los títulos y los trofeos, como Sr. Algoma... el más musculoso (1962), y Sr. Canadá juvenil (1965).

La manía del motociclismo

A la par con los esfuerzos de la cultura física, me envolví en carreras de motociclismo. El participar en carreras en varias partes de los Estados Unidos y el Canadá resultó en una mezcla impetuosa de fama y notoriedad.

Fue solo un paso corto para llegar a ser miembro de pandillas de motociclistas. Pronto mis asociados llegaron a ser un grupo de vagabundos aullantes, medio embriagados. Me engalanaba con un casco alemán, la cruz svástica, cadenas y látigos. Como pandilla, importunábamos a gente inocente haciendo estragos desde la frontera canadiense hasta el estado de Florida. Durante este período de desenfreno brutal presencié fiestas con drogas que llevaron a los participantes a los más profundos abismos de depravación. El andar con este grupo finalmente me procuró una condena de prisión.

Después de salir libre, casi sin dinero, dirigí mi motocicleta en rumbo a casa. Fue un largo viaje y me proporcionó mucho tiempo para pensar. Un pensamiento que durante el viaje cruzó mi mente muchas veces fue: Si yo continúo con esta clase de asociados es más probable que termine muerto que como competidor por el título de Sr. Universo.

Un despertar

Me invadió un profundo sentimiento de repulsión. El derrotero de vida que había estado llevando no era nada más que vanidad. ¿Adónde me había llevado? Una vez más estaba casi abrumado con ese sentimiento juvenil de ser un inútil. Pero ahora algo empezó a despertar dentro de mí. Preguntas cobraron forma en mi mente. En aquel entonces, pensé que era el resultado de escuchar cierto programa radial religioso. Comencé a preguntarme: ¿Es la Biblia realmente la Palabra de Dios? Entre las muchas y variadas sectas religiosas del mundo, ¿hay una religión que Dios aprueba?

Aunque en aquel entonces medité seriamente en esas preguntas, lentamente empezaron a esfumarse sin ser contestadas. ¿Por qué? Porque una vez más permití que el entrenamiento físico llegara a ser el rasgo dominante de mi vida. Se estaba acercando la exposición para Sr. Canadá 1970. Yo estaba en la verdadera cúspide de mi fortaleza física. El ganar este codiciado título sería un importante escabel para alcanzar el mismo pináculo de la ambición de mi vida... ser el hombre más perfectamente desarrollado del mundo.

No obstante, estaba intranquilo. No había verdadera satisfacción interior en mi entrenamiento. Aquellas preguntas, aunque relegadas en el fondo de mi pensamiento, todavía me preocupaban. ¿Dónde se podrían encontrar respuestas verdaderas y satisfactorias? Debido a la desilusión, había dejado de concurrir a la iglesia. Tal vez ese programa radial religioso tenía las respuestas. Pero, no... sus respuestas tampoco satisfacieron mi hambre espiritual.

Amanece la luz de la verdad

Algún tiempo antes me había encontrado con un viejo conocido en una lavandería. Habló brevemente de religión, diciéndome que era un testigo de Jehová. En aquella ocasión, aunque nuestra conversación fue interesante, no presté mucha atención. Ahora, una vez más me encontré con mi amigo el Testigo. Esta vez las preguntas comenzaron a brotar de mi boca. De manera casual empezamos a hablar de mi iglesia que estaba justamente al otro lado de la calle. Él me habló del origen de varios símbolos como la cruz en el tejado y la imagen de Jesús en el jardín. Debido a que mi interés había sido estimulado, pregunté acerca de otras cosas que en general creen los católicos. Me mostró que la Palabra de Dios no da apoyo a enseñanzas como el tormento para los inicuos en el fuego del infierno, o los sufrimientos en el purgatorio para los que mueren en pecado venial. Otras doctrinas básicas llegaron a ser igualmente claras.

Pero, ¿era ésta realmente la verdad? Tenía que averiguarlo. La investigación adicional en libros sobre diferentes religiones resultó desconcertante, sin embargo logró algo: Produjo la comprensión de que solo lo que mi amigo Testigo me había explicado de la Biblia tenía el tono de la verdad.

Pronto comenzamos a disfrutar juntos de un estudio de la Biblia con regularidad. Asombrosamente, el desasosiego y la condición intranquila de mi mente empezó a dar lugar a una paz interior que nunca antes había experimentado en mi vida. Mi instructor nunca me obligó a nada. Él sencillamente razonaba sobre las enseñanzas bíblicas de una manera mansa y amable. Ahora me sentía atraído, no a una criatura, sino hacia el maravilloso Dios de este hombre bondadoso que me estaba enseñando.

Una decisión importante

Había dos caminos abiertos delante de mí. ¿Cuál tomaría? El camino que en la actualidad seguía quizás me conduciría a la cima de la fortaleza humana física junto con el honor de los hombres. Pero después de llegar a ese pináculo del éxito... ¿entonces qué? Nada indicaba un futuro verdaderamente feliz después. Por otra parte, el ‘angosto y estrecho camino que conduce a la vida,’ según las Escrituras, conduciría a la aprobación y bendición de Dios. Siguiéndolo podría obtener vida sin fin en perfección de cuerpo y mente, aunque el hacerlo ahora pudiera traer la desaprobación de los hombres. El orar a Jehová me ayudó a tomar la más importante decisión de mi vida.

El meditar sobre ciertos textos también me ayudó. Uno fue el de 1 Corintios 1:31: “El que se jacta, jáctese en Jehová.” ¿Estaría yo haciendo eso al ir tras el título de Sr. Universo? No, estaría haciendo exactamente lo contrario. Lo que es más, las inspiradas palabras del apóstol Pablo en 1 Timoteo 4:7 me detuvieron en seco: “Ve entrenándote, teniendo como mira la devoción piadosa.” Claramente era necesario un cambio de entrenamiento.

De inmediato me dirigí a mi empresario y a mi entrenador y les expliqué que el ser Sr. Universo ya no era una meta en mi vida y que de ahora en adelante ya no volvería a participar en ninguna exposición que me trajera alabanza. Estallaron iracundamente en una sarta de obscenidades no solamente contra mí, sino que hasta maldijeron el Nombre de Jehová. Sin embargo, me apegué firmemente a mi resolución. Alrededor de ese tiempo me dio mucho estímulo una noticia publicada en un periódico local acerca de un famoso jugador de fútbol en Inglaterra que había rechazado un contrato por un millón de dólares para seguir en las pisadas de Jesucristo como un testigo de Jehová.

Después determiné notificar mi retiro de la Iglesia Católica. La experiencia con mi empresario y mi entrenador solamente había servido para fortalecer mi decisión. Así es que ahí estaba yo, cara a cara con el sacerdote, diciéndole por qué no quería seguir siendo miembro de su iglesia. Su rostro adquirió una expresión de asombro mientras le explicaba mi deseo de llegar a ser un testigo de Jehová. Indignado, farfulló que los testigos de Jehová sencillamente me habían hecho un lavado de cerebro. Contesté que lo que estaba aprendiendo era la verdad y que estaba cabalmente apoyado por la Palabra de Dios, la Santa Biblia. Esto hizo brotar una respuesta colérica e inesperada: “¡Uno no puede creer todo lo que dice la Biblia!” Eso realmente me sorprendió, al pensar en cuántas veces había besado la Biblia y la había tratado con la mayor reverencia mientras estaba delante de la congregación. Ahora, detrás de puertas cerradas, insinuaba que el Gran Dios del Universo es indigno de confianza... no se podía creer en Su Palabra completamente. Este hombre estaba declarando sus verdaderas opiniones.

En mi mente recordé algo que él había dicho a nuestra familia cuando mi padre murió a la edad de 61 años. “El padre de ustedes tendrá que permanecer en el purgatorio por 61 años debido a sus pecados.” Sin embargo, esto sería condicional, porque cuanto más dinero diéramos para misas cantadas a favor de papá, menos sería el tiempo que él quedaría confinado a esos tormentos. Nunca nos dijo lo que la Biblia enseña... que “en cuanto a los muertos, ellos no están conscientes de nada en absoluto.” (Ecl. 9:5) ¡Este hombre había sido cómplice de uno de los más grandes engaños cometidos en perjuicio de la humanidad! ¡Qué oprobio sobre el Nombre del Dios verdadero! Sin embargo, rehusó quitar mi nombre del registro de la iglesia o entregarme mi fe de bautismo.

No había razón para seguir hablando, así es que lo dejé y fui al Ayuntamiento, donde cambié mi afiliación religiosa de católico romano a testigo de Jehová. A continuación telefoneé a mi médico y le dije que si alguna vez surgía en el futuro la necesidad de una operación en mí o en alguien de mi familia que no usara sangre, porque había aprendido que la Biblia dice que nos debemos ‘abstener . . . de sangre.’ (Hech. 15:20) Entonces cancelé mi afiliación al partido político al que pertenecía, porque sabía que Jesús había rehusado envolverse en la política, y yo quería ser su discípulo. (Mat. 4:8-10; Juan 6:15; 17:16) Sin embargo, todavía me aguardaba otra prueba.

Recibí una invitación pidiéndome que me encontrara y hablara con otro sacerdote. Todavía me querían reunir con la Iglesia Católica. En esta ocasión Jehová verdaderamente me ayudó pues me apoyé en Él por guía. En nuestra discusión, surgió el envolvimiento del papa y los sacerdotes con Hitler. En contestación a mi pregunta: “¿Está usted familiarizado con Santiago 4:4 en la Biblia donde dice, ‘Adúlteras, ¿no saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios?’” él contestó: “Eso no tiene nada que ver con nuestro caso.”

Sin embargo, le recordé de la visita del papa a las Naciones Unidas cuando le dijo a ese cuerpo: “He venido como su amigo.” “¿No constituye eso adulterio espiritual?” le pregunté. Él se puso visiblemente nervioso. Entonces mencioné que la Iglesia Católica era una parte sustancial de Babilonia la Grande, como se muestra en el libro de Revelación. “En Revelación 17:1-4,” señalé, “se dice que ella se sienta con mantos de color escarlata como una reina, y comete fornicación religiosa con los reyes de la tierra.” Ante esto se puso furioso y salió como un bólido de la habitación. Su actitud sirvió para fortalecer más que nunca mi fe en la Palabra de Jehová y en sus caminos, y le agradecí por haberme dado el valor para hablar la verdad francamente.

Desde entonces solo he reconocido como “mi fuerza” al Soberano Señor Jehová. Ya no busco la fama como Sr. Universo. La Biblia ha cambiado mi punto de vista de la vida. La verdad me ha liberado del cautiverio a los vanos deseos que una vez tenía. Ahora sé que, como se declara en 1 Timoteo 4:8, “el entrenamiento corporal es provechoso por un poco; pero la devoción piadosa . . . encierra promesa de la vida de ahora y de la que ha de venir.”

Ahora el gozo y la felicidad son mi porción diaria en la vida. Es mi más sincero deseo el usar mi fortaleza corporal y mis habilidades para alegrar el corazón del Todopoderoso del universo, Jehová.—Contribuido.

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