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  • La controversia acerca del celibato sacerdotal
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¡Despertad! 1975
g75 8/8 págs. 27-28

¿Cuál es el punto de vista bíblico?

La controversia acerca del celibato sacerdotal

“ES FELIZ, es encantador, es católico. Tenemos que conservarlo y defenderlo.”

Estas palabras las dijo el papa Paulo VI con respecto al celibato sacerdotal, una ley que prohíbe casarse a los sacerdotes católicos romanos. Aunque el llegar a ser un sacerdote católico es voluntario, la persona que desea continuar en el sacerdocio tiene que permanecer sin casarse.

Ha surgido considerable controversia acerca del celibato sacerdotal. Los protestantes han denunciado continuamente el celibato obligatorio como antibíblico y antinatural. Muchos católicos romanos, entre ellos algunos clérigos de alto rango, han agregado sus voces a esta protesta. Muchos piensan que el celibato ha sometido a los sacerdotes católicos a la soledad, ha contribuido a la inmoralidad de los sacerdotes y en años recientes ha llevado al abandono del sacerdocio en gran escala.

Sin embargo, a pesar de las protestas el papa Paulo VI declaró en su encíclica Sacerdotalis Caelibatus (“Celibato Sacerdotal,” 1967): “Nosotros consideramos que la actual ley de celibato tiene que continuar hoy día firmemente ligada al ministerio eclesiástico.” ¿Apoya la Biblia esta posición de la Iglesia Católica Romana?

Es un hecho interesante que la encíclica susodicha reconoce que la primera objeción a la ley del celibato sacerdotal “parece provenir de la fuente más autoritativa, el Nuevo Testamento, el cual preserva la enseñanza de Cristo y de los Apóstoles. Este no exige el celibato de los ministros sagrados sino más bien lo propone como un acto libre de obediencia a una vocación especial o a un don especial espiritual. Jesús Mismo no lo hizo un requisito previo en su selección de los Doce, ni tampoco lo hicieron los Apóstoles para los que presidían las primeras comunidades cristianas.”

Muchos se sorprenden cuando se enteran de que el “Nuevo Testamento” en realidad habla acerca de matrimonio y la soltería entre los “ministros sagrados.”a Por ejemplo, el apóstol Pablo escribió: “Que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer,” y “los diáconos sean maridos de una sola mujer.” (1 Tim. 3:2, 12) Aun el apóstol Pedro, a quien los católicos consideran el primer papa, era casado. Leemos en 1 Corintios 9:5: “¿Acaso no tenemos derecho a traer con nosotros una mujer hermana, lo mismo que los demás apóstoles y los hermanos del Señor, y Cefas [Pedro]?” En ese tiempo los “obispos,” “diáconos,” y todos los demás activos en el ministerio cristiano podían casarse.

Sin embargo, algunos afirman que otros textos bíblicos apoyan la idea del celibato sacerdotal. Se refieren a la declaración de Jesús: “Hay eunucos que a sí mismos se hicieron tales por razón del reino de los cielos.” (Mat. 19:12) El apóstol Pablo enfatizó que puede haber mérito en permanecer soltero, diciendo: “Quiero que viváis sin preocupaciones. El soltero se preocupa por las cosas del Señor: cómo agradará al Señor. Mas el casado se preocupa por las cosas del mundo: cómo agradará a la mujer: y anda dividido.”—1 Cor. 7:32, 33.

Es importante notar, no obstante, que estos versículos de ningún modo favorecen una ley de celibato. Según la Biblia, el refrenarse de casarse tenía que ser opcional, hasta para los obispos y los diáconos. Con referencia a “hay eunucos que a sí mismos se hicieron tales por razón del reino de los cielos,” Jesús dijo: “Quien sea capaz de comprender, comprenda.” (Mat. 19:12) También Pablo, después de estimular a la soltería, agregó: “Pero si no pueden guardar continencia, que se casen; que mejor es casarse que abrasarse [con la pasión sexual].”—1 Cor. 7:9.

La pregunta surge naturalmente: Si el celibato sacerdotal no tiene fundamento en la Biblia, ¿de dónde proviene? El libro History of Sacerdotal Celibacy in the Christian Church explica que antes de la era común en la India se había desarrollado una filosofía que enseñaba “la nonada de la vida, y que el bien supremo consistía en la victoria absoluta sobre todos los anhelos y deseos humanos,” agregando: “Ya Buda había reducido esta filosofía a un sistema de religión, cuyos profesores estaban obligados a la castidad... una regla . . . que se hizo obligatoria sobre sus innumerables sacerdotes y monjes, . . . proveyendo así el prototipo que subsiguientemente imitó el cristianismo romano.”

Sin embargo, la práctica del celibato sacerdotal quizás se remonte aun más allá de los días de Buda. El libro The Two Babylons dice concerniente a Semíramis, la reina de la antigua Babilonia: “Los Misterios sobre los cuales ella presidía eran escenas de la más absoluta degradación; y sin embargo las órdenes superiores del sacerdocio estaban obligadas a una vida de celibato, como una vida de santidad peculiar y preeminente. Aunque quizás parezca extraño, la voz del pasado le asigna a esa reina depravada la invención del celibato clerical.”

El asunto del celibato sacerdotal obligatorio es más grave de lo que quizás crean muchos. La Biblia predijo que su aparición entre los que dicen ser cristianos tendría un significado grave. ¿Cómo es eso? Considere lo que se registra en 1 Timoteo 4:1-3: “El Espíritu abiertamente dice que en tiempos posteriores apostatarán algunos de la fe, dando oídos a espíritus seductores y a doctrinas de demonios, inducidos por la hipocresía de algunos impostores, que llevan marcado con fuego en su conciencia el estigma de su ignominia, que proscribirán el matrimonio.” Una ley que ‘proscribiera el matrimonio,’ por lo tanto, serviría para identificar a los que ‘apostataran’ de la verdadera creencia cristiana.

Esa ley apareció en la Iglesia Católica Romana a comienzos del cuarto siglo de la E.C. cuando un decreto del Concilio de Elvira prohibió casarse a los sacerdotes españoles. Más tarde una ley de celibato sacerdotal llegó a ser obligatoria sobre todos los sacerdotes católicos romanos. De hecho, en el siglo dieciséis de la E.C. el Concilio de Trento (Sesión 24, cánones 9 y 10) llegó a decretar: “Si cualquiera dice que los clérigos constituidos en órdenes sagradas, o los regulares que han hecho voto de castidad solemnemente, pueden contraer matrimonio, y que habiendo sido contraído es válido, . . . y que todos los que no sienten que tienen el don de la castidad, aun si han hecho un voto en ese sentido, pueden contraer matrimonio; que sea anatema [excomulgado]. . . .

“Si cualquiera dice que el estado matrimonial se debe colocar por encima del estado de virginidad o celibato, y que no es mejor y más bendecido el permanecer virgen o en celibato que el estar unido en matrimonio; que sea anatema.”

Pero, como se señaló anteriormente, esa ley de celibato sacerdotal no halla justificación en la Palabra de Dios. De hecho, es una señal de la predicha “apostasía en grupo,” o el dejar las creencias cristianas verdaderas por las “doctrinas de demonios, inducidos por la hipocresía de algunos impostores.” (2 Tes. 2:1-3; 1 Tim. 4:1-3) El hecho de que el celibato sacerdotal se originó en la antigua Babilonia señala a los que la practican como parte de “Babilonia la grande,” el imperio mundial de la religión falsa, concerniente a la cual la Biblia aconseja: “Salid de ella, pueblo mío.”—Apo. Rev. 18:4.

[Nota]

a Todas las citas bíblicas que se hacen en este artículo son de la Biblia católica versión Bover-Cantera.

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