Ayuda para los tartamudos
¿SE CUENTA usted entre las personas que se sienten infelices porque tartamudean? Según las estadísticas, siete de cada mil personas tienen este impedimento en el habla. Y parece que esto es cierto prescindiendo de dónde vivan, sea en los Estados Unidos, Europa o Asia. Se calcula, pues, que en conjunto unos 25 millones de personas tienen este problema. Aflige a muchos más niños que adultos, y es de cuatro a seis veces más frecuente en las hombres que en las mujeres.
El tartamudeo, hay que aclararlo para su alivio, nada tiene que ver con la inteligencia. Algunas de las personas de mayor inteligencia de la historia tuvieron este problema. La Biblia indica que Moisés, un profeta de Jehová Dios, tuvo un impedimento en el habla. Si bien se desconoce su exacta naturaleza, la actitud de Moisés para con el impedimento es típica de la actitud de los tartamudos.—Éxo. 6:12.
Naturaleza del problema
El que es tartamudo se halla impedido cuando quiere hablar con afluencia... sigue tratando pero no puede, pues repite las sílabas vez tras vez antes de emitir lo que desea decir. La vacilación, la duda y el temor señalan sus esfuerzos. Las investigaciones han establecido que rara vez existe alguna diferencia física en los órganos de la fonación de los tartamudos en comparación con los que no tienen este problema. En realidad, no hay siquiera alguna diferencia cuando se trata de ejecutar movimientos rápidos con la lengua, las mandíbulas, los labios y los músculos respiratorios. Tampoco difieren seriamente los tartamudos emocionalmente de otras personas.
En cuanto a los detalles del problema, por lo general los tartamudos tienen más dificultad en pronunciar palabras largas que cortas; más dificultad con palabras que empiezan con consonante; más con las tres primeras palabras que con el resto de la oración; más dificultad en pronunciar palabras significantes, como nombres, verbos, adjetivos y adverbios, que en pronunciar artículos, preposiciones y conjunciones, y también más dificultad en pronunciar frases significantes que en pronunciar frases que no tienen importancia. Además, a los tartamudos se les hace más fácil hablar a algunas personas —aparentemente las amistosas y comprensivas o familiares— que a otras. Todo esto enfatiza el papel importante que desempeña la mente o las emociones en el tartamudeo.
La investigación también ha mostrado que por lo general los tartamudos tienen poca dificultad en gritar o cuchichear, o en cantara o hablar en coro con otros, aunque sea una sola persona la que hable o lea con ellos al mismo tiempo. Otra característica interesante es que el tartamudo no tiene ninguna dificultad en hablar si alguien le da un par de auriculares y le hace escuchar ruidos fuertes mientras está hablando.
Cierto, podría ser que los tartamudos tengan una ligera tendencia hereditaria, puesto que el tartamudeo entre los hijos de los tartamudos es más común que entre los hijos de los no tartamudos. Pero, según algunos especialistas, esto quizás se deba más a las actitudes mentales heredadas que a los defectos físicos heredados.
Lo que puede ser la causa
Aunque no se han detectado diferencias notables en el mecanismo vocal de los tartamudos en comparación con los no tartamudos, bien pudiera ser que la laringe de los tartamudos sea más sensible o que se ponga tensa más rápidamente que en otros. De modo que habría una ligera predisposición hereditaria al tartamudeo.
También parece que, por regla general, los niños empiezan bien, pero alrededor de los tres años de edad algunos comienzan a vacilar o repetir las palabras y pronto empiezan a tartamudear. ¿A qué se debe esto? La investigación ha mostrado que el ambiente del hogar y las actitudes de la madre, si ella fuera una perfeccionista o estuviera excesivamente ansiosa o preocupada por la impresión que su hijo les causa a otras personas, pueden ser el factor precipitante. El tartamudeo no es necesariamente el resultado de haber sufrido el niño algún “trauma,” es decir, alguna experiencia dañosa, como un accidente, un gran susto o una enfermedad grave.
De modo que algunos llegan a la conclusión de que el niño “aprende” a tartamudear debido al ambiente del hogar. Algunos dicen que es el resultado de dudas y temores infundidos en el niño, dudas que lo hacen esperar tartamudear y entonces tratar de no tartamudear debido al temor de tartamudear. Estos mismísimos factores hacen que el niño tartamudee, porque la emoción negativa inhibe la libertad de expresión. Así como se reconoce que el pensar en su corazón y preocuparse por él puede afectar su función, y el preocuparse constantemente por el estómago puede hacer que uno tenga indigestión, del mismo modo las dudas y los temores en cuanto al hablar pueden producir el tartamudeo.
Diversos enfoques
En 1951 un investigador del habla de la Universidad de Illinois desarrolló un dispositivo por medio del cual podía confundir a la gente y hacer que los no tartamudos tartamudearan. Mientras la persona hablaba, el dispositivo le hacía oír su propia voz después de un corto intervalo. En 1972 un especialista del habla en Roanoke, Virginia, se valió de esto como un método para tratar a los tartamudos, e hizo que tuviera el efecto inverso, de modo que hablaban sin tartamudear. Con este método ha estado obteniendo algunos buenos resultados.
Otro especialista en el habla que ha podido ayudar a muchos tartamudos enfatiza el hecho de que uno tartamudea debido a lo que uno hace, no debido a lo que uno es. Es decir, tartamudea porque aprieta fuertemente los labios, o aguanta la respiración poniendo en tensión los músculos de la garganta, y así por el estilo. Pone de manifiesto que los tartamudos pueden y deben ayudarse a sí mismos.
Sería bueno que los tartamudos o sus padres leyeran libros sobre la materia; cierto enfoque quizás ayude a éste, y otro enfoque quizás ayude a otro. Los investigadores han hallado que un porcentaje extremadamente pequeño de padres de niños tartamudos se han molestado en leer algo sobre el tema. De modo que hay que buscar ayuda. “Para ser ayudado hay que desear ayuda, lo mismo que para ser enseñado hay que desear aprender,” así es como lo expresa Wendell Johnson en su libro Stuttering and What You Can Do About It.
Entre los consejos útiles que da este extartamudo hay cinco “noes”: No espere tartamudear; al esperar problemas se los invita. No considere que el tartamudeo es su forma eficaz de hablar solo porque se las arregla de algún modo. No piense en el tartamudeo como si usted fuera una víctima cuando la verdad es que usted es el que realmente lo causa por sus propios esfuerzos... este es un hecho. No se resigne al papel circunscrito de un tartamudo, adaptándose a ello y contentándose con hablar menos y permitir que afecte la clase de trabajo que usted acepte y sus actividades sociales; esa es meramente la salida fácil. Y no adopte la actitud de que no puede evitarlo, pero tampoco vaya al otro extremo de rehusar reconocer que tiene un problema, lo cual hacen algunos.
Otra autoridad sobre la materia, el Dr. J. P. Brady, enfatiza un enfoque de tres pasos: Primero, enseñar de nuevo los hábitos del habla. Para hacer esto el terapeuta le pide al tartamudo que lea de una manera lenta, relajada. En cuanto el tartamudo vuelve a sus antiguos hábitos, lo detiene y le pide que empiece nuevamente en una parte fácil de la lectura. Segundo, puesto que la mayoría de los tartamudos tiene la tendencia a querer hablar velozmente, recomienda el uso de un metrónomo (como el de los músicos), y hacer que el tartamudo comience con una palabra por segundo o sesenta por minuto. Al obtener fluidez a este paso se acrecienta gradualmente la velocidad hasta que logre la velocidad normal. Y tercero, esta autoridad en el habla usa lo que él llama “desensibilización sistemática.” Al llegar a esto se le pide al paciente que imagine diversas escenas de hablar, comenzando con la que presenta menos problemas, y, al ir venciendo los inconvenientes, seguir con las que causan más dificultad, como el hablar por teléfono.
El enfoque presentado recientemente en los periódicos médicos y usado por el Dr. M. F. Schwartz, director del Laboratorio de Investigaciones del Habla de la Universidad de Temple, está muy de acuerdo con lo susodicho. Según la opinión de este especialista, hay una predisposición hereditaria de la laringe para ponerse tensa, y también una actitud demasiado ansiosa de parte del tartamudo (o de parte de los padres del tartamudo si es un niño), o alguna experiencia traumática en los antecedentes del tartamudo. Este problema a menudo se hace evidente a la edad de tres años cuando el niño se esfuerza por aprender a hablar palabras más largas. Esto hace que el niño ponga en tensión, inconscientemente, su laringe, y, una vez que encuentra dificultad en hablar, él mismo se crea un bloqueo mental.
Al recibir esta explicación, un tartamudo, que había gastado 10.000 dólares en su problema del habla, haciendo visitado a nueve diferentes especialistas del habla, un hipnotizador y hasta un psicoterapeuta, de los cuales salió más pobre pero todavía un “tartamudo bien adaptado,” dijo: “Por primera vez entiendo por qué tartamudeo. Eso es para mí una merced divina; siento que se me ha quitado un enorme peso de sobre las espaldas.”
Enfatizando el factor psicosomático, el Dr. Schwartz declaró: “Si entrara aquí un tartamudo y le dijera que se quitara un zapato y calcetín y metiera su pie derecho en un balde de agua mientras me hablara, no tartamudearía. Estaría distraído, y por lo tanto se relajaría su laringe.”
El Dr. Schwartz y sus colegas primero les explican a los tartamudos su tendencia inconsciente a poner tensa la laringe, y también les enseñan a practicar la respiración abdominal, profunda, la cual produce una voz más suave y más sana. Luego se les enseña a los pacientes a juntar suavemente los labios en vez de apretarlos, lo cual el tartamudo está inconscientemente inclinado a hacer debido a que espera dificultades, y luego a hablar con voz suave y tranquila. Esta forma de hablar, una “nueva voz,” por decirlo así, “pone en corto circuito” el mecanismo del tartamudeo al alterar la posición de la laringe.
No obstante, una vez que haya aprendido a hablar de esta manera, no se ha ganado la batalla en absoluto. El paciente ahora tiene que aprender a aplicar este método de hablar a diversas situaciones, porque en diferentes situaciones tendrá la tendencia de volver a su clase de voz de tartamudeo; como cuando habla a los miembros de su familia, a las personas con quienes trabaja, o cuando contesta el teléfono. Eso requiere tiempo y esfuerzo, y los que siguen este tratamiento en una clínica del habla están allí varias horas al día, cinco días a la semana. Este método de Schwartz se cuenta entre los métodos que han dado los mejores resultados hasta la fecha.
Verdaderamente, hoy, más que nunca antes, hay ayuda para el tartamudo... si realmente desea ayuda.
[Nota]
a Se dice de un popular cantante de baladas estadounidense, quien es tartamudo, que: “El tartamudeo nunca ha sido un problema mientras está cantando.” Según él, el gran enemigo de los tartamudos es el temor.