¿Se pueden tomar medicinas sin peligro?
SI USTED mirara en el botiquín de un típico hogar acomodado, ¿qué vería? A menudo está tan atiborrado de remedios que apenas hay lugar para el cepillo de dientes. Parece ser una debilidad humana el querer tomar medicinas. De hecho, el difunto sir William Osler, célebre médico canadiense, comentó una vez que “el deseo de tomar medicinas es posiblemente el rasgo que más distingue al hombre de los animales.”
En los Estados Unidos, cada año se gastan unos diez mil millones de dólares en drogas para aliviar varias dolencias. Los médicos escriben aproximadamente 2.400 millones de recetas anualmente para medicinas. Y se predice que el uso de las drogas recetadas continuará aumentando a un promedio de 9,5 por ciento por año. ¿Por qué?
Una razón es que se están desarrollando medicinas cada vez más eficaces para combatir muchas enfermedades. Pero el aumento en el uso de medicamentos se debe en gran parte a los esfuerzos publicitarios de los fabricantes farmacéuticos. Anualmente gastan unos 800.000.000 de dólares para promover sus productos. Así es que hay más de 100.000 medicamentos de venta, según un cálculo hecho por la Administración de Alimentos y Drogas de los Estados Unidos. La droga sin receta que se usa más ampliamente es la aspirina... ¡consumen los estadounidenses más de 15.000 toneladas por año!
Pero, ¿tiene sentido usar medicinas tan liberalmente? ¿Hay algún peligro implicado en su uso?
Consideraciones moderadoras
Es bien sabido que el uso de tales drogas del día actual como la penicilina les ha salvado la vida a muchas personas con enfermedades infecciosas graves. Pero para algunas personas estas medicinas son una espada de dos filos, puesto que también pueden causar reacciones secundarias perjudiciales, aun la muerte. La literatura médica a menudo ha confesado los peligros implicados, y a veces lo ha hecho de una manera muy impresionante.
Se hace esto en el libro Drugs de la Biblioteca Científica Life, cuyo coautor es Walter Modell, profesor de farmacología en el Colegio Médico de la Universidad de Cornell en la ciudad de Nueva York. Sin duda, debido al deseo de dar énfasis a la naturaleza paradójica de las medicinas, el primer capítulo de este libro se intitula “Venenos que salvan vidas.” Allí leemos en sus primeros párrafos:
“Todas las drogas son venenos, y todos los venenos son drogas. No es accidente que las palabras ‘ponzoña’ y ‘poción’ provengan de la misma raíz, ni que la palabra griega pharmakon, que hallamos como raíz de nuestras propias palabras ‘farmacia’ y ‘farmacología,’ originalmente significara tanto una bebida curativa como una bebida mortífera.
“En el sentido más amplio, una droga —o un veneno— es cualquier sustancia química que puede alterar el funcionamiento o estructura del tejido vivo. . . . Por supuesto, como se usa comúnmente, la palabra ‘drogas’ sugiere sustancias químicas medicinales... esas sustancias que, en dosis cuidadosamente reguladas, producen cambios deseables en el cuerpo humano, contrarrestando la enfermedad o aliviando el dolor.”
A menudo se ha llamado “milagroso” el modo en que las dosis cuidadosamente reguladas de las drogas actuales han salvado a pacientes. No se puede negar el hecho de que hay incontables millares de personas vivas hoy día que morirían si se les negara las llamadas “drogas milagrosas.” No obstante, el profesor Modell nos ayuda a ver los asuntos de modo equilibrado al explicar:
“Hasta las drogas más beneficiosas tienen la mala fama de poseer efectos adversos. Algunos expertos calculan que quizás un paciente de cada 20 en los hospitales estadounidenses va a dar allí como resultado de las reacciones a las drogas. Lo mejor que se puede decir de cualquier droga es que sus efectos provechosos exceden a los efectos perjudiciales... para la mayoría de los pacientes, la mayoría de las veces.”
¿Exceden los beneficios al perjuicio?
Los médicos, en su mayoría, probablemente dirán que los beneficios de las drogas medicinales exceden su perjuicio. Quizás señalen a su propia experiencia médica como individuos —su propia observación— donde cientos de enfermos han sido beneficiados por las drogas y solo unos pocos han sido afectados adversamente. Pero ciertas autoridades médicas están comenzando a desconfiar de esa conclusión.
Por ejemplo, considere el uso de los antibióticos. El primer antibiótico, la penicilina G, se comercializó en los Estados Unidos en 1943. Desde entonces los antibióticos han llegado a ser la clase de droga más comúnmente recetada, ¡con por lo menos 8.000.000.000 de dosis certificadas para uso en 1972 por la Administración de Alimentos y Drogas! En vista de ese tremendo uso, parece que algunos médicos evidentemente están recetando los antibióticos en exceso y equivocadamente. Concerniente a esto, se hizo la siguiente declaración en The Journal of the American Medical Association (JAMA) del 4 de marzo de 1974, en su artículo principal intitulado “¿Esto es progreso médico?”
“Creemos que es apropiado el que formulemos dos preguntas, aunque quizás sea imposible desarrollar suficiente información para contestarlas: (1) ¿Hemos alcanzado el punto en que el uso enorme de los antibióticos esté produciendo tanto daño como provecho? (2) ¿Están los riesgos comenzando a exceder a los beneficios?”
Consideran válidas estas preguntas ciertos médicos que se han alarmado ante la evidencia creciente del daño que los antibióticos les han ocasionado a muchos pacientes.
Ilustrando la necesidad de precaución
Por ejemplo, los médicos han observado que el excesivo uso de los antibióticos ha sido un factor en el desarrollo de clases de bacterias resistentes. Según las cifras citadas en el artículo de JAMA anteriormente mencionado, ¡estas bacterias se han multiplicado a tal grado que es posible que estén causando 100.000 muertes por año en los hospitales estadounidenses!
Los dos médicos que presentaron esta evidencia en JAMA señalaron especialmente al cloramfenicol como un antibiótico particularmente peligroso que puede producir anemia aplásica como una grave reacción secundaria. Ellos explicaron: “El problema de la anemia aplásica ha sido bien documentado; esta reacción fatal ocurre aproximadamente una vez en cada 60.000 a 80.000 dosis.” Dado que se informa que casi cuatro millones de pacientes por año reciben cloramfenicol, éste es evidentemente responsable de veintenas de muertes anualmente.
Concerniente a estas muertes, el artículo de JAMA se lamenta: “Una gran mayoría de estas reacciones que por lo general resultaron fatales ocurrieron en pacientes que recibieron cloramfenicol para infecciones triviales, infecciones no comprobadas, o infecciones para las cuales se podría haber elegido como alternativa un antibiótico menos peligroso e igual de eficaz.”
Seguramente se necesita precaución en el uso de tales drogas como el cloramfenicol. La mayoría de los médicos están bien conscientes de los peligros de estas drogas, y las reservan para ciertas condiciones en que peligra la vida. Sin embargo, evidentemente algunos médicos no están enterados de los peligros de estas drogas, o usan muy mal juicio al recetarlas.
Pero probablemente hay una razón más importante por la cual todavía se use tan frecuentemente el cloramfenicol. El anterior jefe de la Administración de Alimentos y Drogas de los Estados Unidos afirmó que sus fabricantes “han tenido éxito en promover la cloromicetina [el nombre comercial del cloramfenicol] contrario a los mejores consejos de la profesión médica.”
Sin embargo son comunes las declaraciones no justificadas respecto a los resultados beneficiosos de las drogas. Así es que una agencia gubernamental halló que de 16.000 drogas de venta libre que examinó, el 60 por ciento violaba la ley al afirmar que el preparado podía lograr más de lo que podía hacer. La Academia Nacional de Ciencias examinó 4.349 drogas por receta y de venta libre que se recomendaban para el tratamiento de 1.600 diferentes condiciones. Halló que, de los 1.610 resultados que se decía que los productos podían producir, solo se pudo corroborar el 19 por ciento. Otra investigación mostró que, de 1.859 drogas examinadas, solo 301, o menos del 17 por ciento, eran eficaces para todas las condiciones para las cuales se recomendaban.
Es un gran trabajo el tratar de impedir la comercialización de medicinas que pueden dañar a las personas más de lo que pueden ayudarlas. Así sucedió, hace unos quince años, que en muchos países se usó extensamente una “píldora perfecta para dormir,” que contenía la droga talidomida. Sin embargo, una farmacóloga empleada por el gobierno de los Estados Unidos retuvo su aprobación en espera de clarificar varias sospechas que tenía. Valió la pena, puesto que poco después se descubrió que miles de mujeres que habían tomado talidomida durante el embarazo dieron a luz bebés horriblemente deformados.
Esto ilustra aún más la necesidad de tener precaución al tomar medicinas. Porque aunque no se experimente de inmediato ningún efecto secundario —ni aun por días o semanas— pueden aparecer meses o hasta años más tarde. “En la medicina actual, estamos usando muchas drogas más fuertes y toda clase de sustancias químicas esotéricas y máquinas,” señala el Dr. Eugene Saenger, profesor de radiología en la Universidad de Cincinnati. Dijo en conclusión: “Es seguro que habrá algunas consecuencias a largo plazo.”
El hecho es que algunas de estas consecuencias a largo plazo solo se han comenzado a experimentar últimamente.
Un riesgo calculado
Por ejemplo, entre 1945 y 1971 la droga llamada dietilstilbestrol (DES) comúnmente se recetaba a las mujeres embarazadas para impedir los malpartos. Aunque probablemente se impidieron algunos malpartos, ¿cuáles han sido los resultados retardados? ¡Ha resultado en una incidencia elevada de cánceres vaginales en las hijas adolescentes de las madres que tomaron esa droga! Por eso, un ginecólogo de Los Ángeles, California, especialista en tumores, recomienda: “Las hijas de mujeres que tomaron DES deberían someterse a exámenes con regularidad desde que cumplen 13 años de edad en adelante.”
Similarmente, el Daily Mail de Londres del 7 de marzo de 1974 informó: “Se va a prohibir la venta libre de uno de los calmantes más extensamente usados después de haberse hallado la evidencia de que la droga puede causar daño a los riñones. . . . En Gran Bretaña se calcula que cada año han muerto hasta 500 personas por la falla de los riñones que se puede atribuir directamente a la excesiva dependencia en compuestos de fenacetina.”
Además, un estudio de drogas que comúnmente se toman oralmente para controlar la diabetis indica que pueden causar de 10.000 a 15.000 muertes por año debido a enfermedades cardiacas. Este estudio, del que se informó en el JAMA del 10 de febrero de 1975, indica que el promedio de muertes por enfermedades cardiacas y enfermedades relacionadas era dos veces mayor entre los diabéticos que tomaban esas drogas que entre los diabéticos cuyo tratamiento era inyecciones de insulina o un régimen dietético.
¿Significa esto que se deberían evitar las drogas por completo? No. Han aliviado los sufrimientos de decenas de millones de personas, y han salvado quizás millones de vidas. ¡Cuán agradecidas pueden estar esas personas por las drogas! El riesgo implicado en tomarlas a menudo está justificado. Sin duda, hay muchos miles de pacientes con enfermedades cardiacas que morirían dentro de unas semanas si dejaran de tomar digitalina. De hecho, hasta el alterar una dosis cuidadosamente regulada puede ser peligroso. Sí, la digitalina es un “veneno” pero cuando se usa sabiamente y bajo la supervisión experta, ha resultado ser una verdadera salvavidas.
También, sin duda hay más probabilidad de que un diabético muera de su enfermedad si no toma medicina que la de que muera de la enfermedad cardiaca que supuestamente le cause su medicina. De modo parecido, uno tal vez acepte el “riesgo” de tomar aspirina en preferencia a la molestia e incomodidad de un dolor de cabeza. Pero el punto que se debe recordar es que el tomar medicinas es un riesgo calculado... es una espada de dos filos.
Entonces, ¿cómo ha de saber uno si debe tomar una medicina o no? Para esto uno depende mayormente del consejo de un médico. Como protección para uno, las drogas poderosas solo se pueden obtener cuando uno tiene la recomendación y receta del médico. Puesto que el juicio de su médico puede afectar su salud, y quizás el que uno viva o muera, hace bien en respetar su juicio. Pero, por las mismas razones, es sabio asegurarse cuidadosamente de la capacidad de él. ¿Es concienzudo así como conocedor? ¿Se interesa él real y sinceramente en su bienestar? En ciertos casos uno quizás quiera consultar otro médico en cuanto a si hay causa justa para usar cierta droga.
Los pacientes a menudo culpables
Sin embargo, el hecho es que a menudo los pacientes mismos son culpables por el uso excesivo y el mal uso de las drogas. Muchos de ellos se sienten defraudados si el médico no les receta alguna medicina o no les pone una inyección. El Dr. Calvin M. Kunin escribe en JAMA: “La premura del paciente es uno de los factores más importantes que resulta en que los médicos receten en exceso al practicar la medicina en sus consultorios. Esta no es de ningún modo sutil y a menudo proviene de las personas que se expresan con la mayor claridad y son las más instruidas, incluso a los profesionales de la salud. Imagínese las llamadas telefónicas a un atareado médico en que los clientes solicitan y a veces hasta exigen que se les recete un antibiótico.”
Al describir los problemas, un cirujano y médico general escribió: “Cuando un hombre viene a verme con un fuerte dolor de espalda que adquirió mientras limpiaba su sótano, me dan ganas de decirle: ‘Mire, tome su dinero y váyase.’” Lo que la persona necesita es un poco de calor y descanso, y quizás una aspirina para calmar el dolor. Pero puesto que este consejo desagradaría al hombre, el médico le da lo que él quiere. Lo convierte en “un caso importante”... el paciente paga 10 dólares por la visita, 20 por una radiografía, 5 por alguna medicina y 3 por un tratamiento de diatermia. “El hombre vuelve a casa [satisfecho pero] con treinta y ocho dólares menos y ningún mejoramiento físico.”
Hay que ejercer sentido común
Lo relatado indica que hay que emplear sentido común en el uso de toda clase de medicinas. Por ejemplo, solo es razonable no usar drogas poderosas cuando servirían drogas más débiles, puesto que mientras más poderosa la droga, más probable es el peligro de efectos secundarios. Por lo tanto, después de hacer mucho alboroto acerca de las “drogas milagrosas” en el tratamiento de la artritis, se halló que la aspirina, con la que siempre se puede contar, servía lo mismo en la mayoría de los casos, si no aun mejor, que esas “drogas milagrosas.” Por eso, no se desilusione si su médico le recomienda aspirina en vez de alguna costosa droga recetada, la cual es potencialmente más peligrosa que la aspirina.
Al dirigirse al botiquín, el sentido común también le indicaría no recurrir a las drogas por cada pequeña molestia. Un ejemplo es la aspirina. Como ya se señaló, tiene sus usos. Pero el uso excesivo puede causar una variedad de trastornos, como hemorragia, especialmente del estómago. Si hay cualquier condición en que hay flujo de sangre, como la menstruación, hemorroides, o una úlcera, puede que la aspirina solo la empeore. Especialmente las mujeres embarazadas deberían evitar la aspirina, puesto que se cree que puede dañar al feto en desarrollo.
Merece mencionarse que se ha hallado que los consumidores habituales de drogas calmantes de venta libre son más propensos a sufrir de anemia, úlceras, alta presión sanguínea y de estados de depresión o ansiedad. Los especialistas del estómago designan particularmente al Alka-Seltzer como objeto de crítica severa. ¿Sería apropiado utilizarlo de vez en cuando? Sí. ¿Con regularidad? No.
Y puesto que todas las drogas tienen efectos secundarios potenciales, el sentido común indicaría que uno no debe usar las medicinas o recurrir a ellas si otros remedios surtirían efecto. Un caso donde aplica esto es el estreñimiento. Para muchos individuos, un laxante es un mal al que tienen que recurrir de vez en cuando. Pero el uso continuo puede ser perjudicial, de modo que uno es sabio si piensa en medidas prácticas no médicas... desarrollar buenos hábitos de evacuación, un régimen apropiado y ejercicio regular. Según un médico bien conocido, estas medidas prácticas resolverían el problema para el 95 por ciento de las personas afligidas con estreñimiento y que, por lo tanto, pueden tratarlo “con un mínimo de medicinas y un máximo de sentido común.”
Se hace muy patente, pues, que verdaderamente hay que ejercer precaución y usar el sentido común cuando es cuestión de tomar medicinas. Pueden ser provechosas, hasta salvavidas; pero recuerde, también, que es posible que causen daño. El remedio seguro, duradero para las enfermedades humanas solo se logrará cuando, en el justo nuevo orden de Dios, Jesucristo ejerza su poder para curar todas las dolencias humanas.—2 Ped. 3:13; Mat. 15:30, 31; Rev. 21:3, 4.