Antibióticos... espadas de dos filos
LA PENICILINA, el primer antibiótico y el que se usa más extensamente, fue descubierto allá en 1928 por el bacteriólogo inglés Alexander Fleming. Pero él y sus colaboradores tuvieron que vencer muchos obstáculos, así es que no fue sino hasta la II Guerra Mundial que finalmente se reconoció su valor en combatir las infecciones.
Los resultados con la penicilina fueron tan notables que se le denominó droga “milagrosa” o “maravillosa,” y desde entonces se han desarrollado muchos, muchísimos otros antibióticos, tanto orgánicos como sintéticos. No hay duda de que estos antibióticos, como la penicilina, han logrado mucho bien, han salvado muchas vidas, y han acortado el tiempo de convalecencia de muchas víctimas de accidentes o enfermedades.
Pero el uso de los antibióticos no ha sido una bendición neta. ¿Por qué no? Por la mismísima naturaleza de los antibióticos. El nombre mismo debería servir de advertencia, porque proviene de dos raíces: anti, que significa “opuesto” y bio, que significa “vida.” Así que un antibiótico es un agente que se opone a la vida, es decir, es un asesino. ¿Un asesino de qué? De gérmenes, bacterias, microbios, razón por la cual en la literatura médica parece que se prefiere “antimicrobianos.” Se dice que las sustancias “antimicrobianas” tienen “toxicidad,” es decir, características venenosas así como otros potenciales nocivos además de las cualidades terapéuticas.
Por eso el Dr. Robert C. Zurek dice en Diseases of Medical Progress: “Cada vez que empleamos un agente antimicrobiano, estamos empuñando una espada que verdaderamente tiene dos filos. Corremos un riesgo calculado.” Es decir, el médico espera matar ciertos microbios sin dañar las células del cuerpo.
Pero, ¿reconoce cabalmente este hecho la profesión médica, sin mencionar al público en general? Evidentemente no, porque según lo que declara el Dr. F. D. Adams en el prólogo del libro de texto anteriormente mencionado “a menudo se administran las drogas . . . evidentemente sin tener en cuenta sus inquietantes y a veces peligrosas potencialidades. Por ejemplo, solo hay que mencionar el uso extenso de los antibióticos para las infecciones triviales de las vías respiratorias superiores y dolencias menores comparables... una práctica que parece continuar a pesar de las exhortaciones de muchas autoridades calificadas de que, por lo general, estos agentes son ineficaces en esos casos.”
Un comité para el Departamento de Sanidad, Educación y Beneficencia de los Estados Unidos sacó a luz que en un estudio hecho con 1.045 pacientes, 340 estaban recibiendo antibióticos pero solo el 13 por ciento de éstos (o unos 45) realmente deberían haber recibido ese medicamento. En otro informe un médico dice que entre “90 y 99 por ciento de los que estaban recibiendo cloramfenicol la recibían para propósitos no indicados.” Y los doctores Silverman y Lee, en su libro Pills, Profits, and Politics, declaran que a veces los antibióticos “han causado enfermedades más graves que las que pretendían combatir.”
Ciertamente sirve para indicar que es excesivo el uso de los antibióticos el hecho de que en los Estados Unidos, en el año fiscal 1971-1972, se produjeron y se certificaron para la distribución aproximadamente 26.400 toneladas de antibióticos. Esto es suficiente para cincuenta dosis para cada hombre, mujer y niño en el país. Según el Dr. H. F. Dowling, una altamente respetada autoridad en este tema, “es dudoso que la persona de término medio tenga una enfermedad que requiera tratamiento con un antibiótico con más frecuencia que una vez cada cinco o diez años.”
Ayuda a explicar este gran consumo de antibióticos el uso de ellos en los hospitales. En un día corriente alrededor del 40 por ciento de los pacientes reciben por lo menos un antibiótico. Una famosa autoridad en este tema dijo: “Me es inconcebible . . . creer que el 40 por ciento de los pacientes en el hospital requieran una droga antimicrobiana. . . . Según mi parecer no hay duda de que estas drogas se . . . usan excesivamente.”
Obviamente, todos esos usos en exceso de las drogas resultan en muchos gastos innecesarios para los pacientes o sus familias o quienquiera que sea que paga las cuentas. Un hospital, reconociendo este problema, organizó un comité antimicrobiano para controlar el uso de esas drogas. Le fue posible reducir el uso de éstas en un 20 por ciento. Si todos los hospitales de los Estados Unidos siguieran este ejemplo, significaría un ahorro anual de 117.000.000 de dólares. Otro estudio mostró que el 93 por ciento de los pacientes que recibían un antibiótico que cuesta 12 dólares la receta lo recibían innecesariamente.
Usando el filo equivocado
¿Exactamente cuán grave es el aspecto de dos filos de los antibióticos? Según el Dr. Zurek, “la lista de los efectos adversos es enormemente larga,” y “parece que aumentan cada vez más los casos en que verdaderamente ocurren reacciones adversas de las drogas.”
Aunque algunos quizás afirmen que son las excepciones, tome nota de estos ejemplos: Había un hombre de veinticinco años de edad con un dolor de garganta. Su médico le dio un antibiótico, cloramfenicol, por nueve días. En menos de dos meses tuvo síntomas muy graves causados por esta droga y en seis meses estaba muerto.
También hubo una mujer de cuarenta y siete años de edad que fue tratada con penicilina por un dolor de garganta. En tres días tuvo toda clase de complicaciones, como protuberancias rojas en su cuerpo, picazón y dificultad en orinar. A pesar del uso de una máquina de riñones artificiales, murió.
En otro caso se trató a una niña de doce años con cloramfenicol. Resultó en que contrajo una peligrosa enfermedad de la sangre, de la cual murió. Según otro informe, cientos de personas han muerto debido a usar el cloramfenicol (nombre comercial “cloromicetina”), y a pesar del hecho de que por más de veinticinco años se ha prevenido a los médicos acerca de esta droga, todavía la recetan innecesariamente.
¿Por qué este uso excesivo de los antibióticos? Con el advenimiento de la terapia antibiótica, el tratamiento de la mayoría de las enfermedades infecciosas cobró una especificidad nueva. Por lo menos había algo disponible que podía atacar a los microbios que causaban la enfermedad. Cuando no se podía aislar una causa, los médicos entusiastas administraban el antibiótico empíricamente, es decir, sin una base sólida. Y lo que es más, muchas veces el paciente insistía en ello. Como consecuencia, ha habido mucho uso injustificado de los antibióticos.
Sin duda otra razón para el uso excesivo de los antibióticos es el deseo de los médicos de sencillamente hacer algo, tendiendo a considerar solo los beneficios potenciales de estas drogas. Aun otra razón, sugerida por el director de un grupo dedicado a la salud, es la posibilidad de que los médicos en busca de información acerca de las drogas dependan demasiado de los argumentos parciales de los agentes de venta de las empresas de drogas.
¿Por qué de dos filos?
¿Por qué ayudan los antibióticos a muchas personas pero no a todas? ¿Por qué tan a menudo son espadas de dos filos? Un factor es la condición física del paciente. Es probable que los antibióticos poderosos tengan poderosos efectos secundarios tóxicos. Es la función del hígado y de los riñones el deshacerse de los agentes tóxicos. Pero si el hígado está enfermo o los riñones funcionan inadecuadamente, quizás no puedan deshacerse de los residuos tóxicos del antibiótico y, como resultado, las células del cuerpo sucumben ante los venenos y el paciente se enferma y quizás hasta muera.
Una causa todavía más frecuente de las complicaciones que resultan del uso de los antibióticos es la alergia o alguna clase de intolerancia. Cualquier paciente puede ser alérgico a uno o más antibióticos, como resultado de lo cual le puede sobrevenir algún mal o hasta puede morir. Por ejemplo, se informó que de más de mil reacciones ocasionadas por los antibióticos, la gran mayoría implicó a la penicilina, y, de éstas, el 10 por ciento fueron fatales.
También existe el problema de los microbios que desarrollan inmunidad a las drogas, resistiendo el efecto bactericida del antibiótico. Esto se ha visto recientemente en el tratamiento de la gonorrea. Por años el microbio gonococo que causa esta enfermedad era extremadamente sensible a la penicilina de modo que la recuperación de esta enfermedad era casi segura si se administraba el antibiótico. Sin embargo, últimamente, se ha desarrollado una variedad de gonococos resistentes a la penicilina, así es que ahora se tienen que usar otras drogas menos eficaces.
Aún otra razón por la que un antibiótico quizás resulte ser una espada de dos filos es que puede exterminar a todos los microbios excepto a ciertas variedades, las que entonces aumentan y causan enfermedades completamente nuevas o complicadoras. Esas “superinfecciones” son causadas por los microbios que no son susceptibles al antibiótico pero que han sido reprimidos por los otros microbios en una especie de equilibrio “natural.”
Concerniente a este aspecto de los asuntos, The Sunday News de Detroit, Michigan, del 28 de julio de 1974, mencionó que médicos advirtieron que el uso excesivo del antibiótico más ampliamente administrado ha fomentado el desarrollo de una nueva clase de inflamación cerebral infantil dotada de resistencia. El antibiótico es la ampicilina, una forma sintética de la penicilina. Según el Dr. S. Ross del Hospital de Niños de Washington, D.C., “la ampicilina ha sido rendida inútil por el abuso de los médicos al usarla sin hacer distinción tanto adentro como afuera del hospital.” “Solía ser la droga preferida para . . . una grave enfermedad intestinal. En 1967, el 5 por ciento de [esos] casos fueron resistentes a esta droga. Ahora el 95 por ciento son resistentes. . . . La resistencia creciente . . . nos asusta.”
Un ejemplo de esto es el efecto potencial de algunos antibióticos sobre la flora intestinal, la beneficiosa población de bacterias de los intestinos tan esencial para la apropiada y máxima asimilación de los alimentos. Según muchos médicos, el uso continuado de los antibióticos puede matar no solo a las bacterias nocivas sino también a mucha de la flora intestinal. Por esta razón ciertos médicos instan al uso de yogurt o productos lácteos similares siempre que uno esté tomando antibióticos.
¿Qué puede hacer uno acerca de ello?
Lo antedicho pudiera hacer que algunos comenten que toda esta información es asunto de los médicos, no de sus pacientes. Pero, ¿es cierto? Si hay tantos médicos que no son suficientemente cautelosos, como lo confiesan hasta sus propios portavoces, quizás el “lego” debería mostrar interés. Esa es la posición adoptada por Science Digest de enero de 1975. Declara: “En cuanto a todos los agentes antimicrobianos —como grupo— los médicos en general los usan en exceso y abusan de ellos a tal grado que el público tiene que aprender a protegerse por medio de enterarse de los peligros, porque claramente los médicos como grupo están desperdiciando su oportunidad.”
Lo que se ha considerado aquí hace patente que uno debería tener mucho cuidado con el uso de los antibióticos. Nunca insista en que su médico recete antibióticos. Nunca use los que han sido recetados para otras personas; nunca experimente usted mismo. Informe a su médico acerca de su uso de los antibióticos en el pasado, si fue desfavorable o no; también hágale saber qué otras drogas está tomando. Si le receta antibióticos, pregúntele acerca de un tratamiento sustituto. Si parece imperativo usarlos, siga sus instrucciones cuidadosamente.
En resumen, no pudiéramos hacer nada más provechoso que citar de las “Observaciones de conclusión” del Dr. Zurek en su capítulo “Enfermedades inducidas por antibióticos”: “Se espera que este repaso de las reacciones desfavorables a los agentes antimicrobianos fomente un respeto apropiado por estas drogas. Su uso ha producido tanto tragedias como milagros. Ninguna de estas drogas está completamente sin riesgo. . . . Para que la terapia antibiótica dé buenos resultados es imprescindible tener conocimiento de las capacidades de estos agentes así como una conciencia constante de sus riesgos.”