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  • El “propenso a tener accidentes”
  • Una historia breve de la prevención de accidentes
  • Esfuerzos oficiales en tiempos recientes
  • Seguridad personal en el trabajo
  • Una mirada nueva a la prevención de accidentes
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¡Despertad! 1978
g78 8/4 págs. 16-20

¿Va usted encaminado a tener un accidente?

Por el corresponsal de “¡Despertad!” en Brasil

EL MUCHACHITO iba subiendo alegremente por la escalera de incendios en la parte trasera de su casa de apartamientos. Cuando llegó al tercer piso se detuvo para mirar abajo al acceso al garaje. Más tarde, no pudo recordar haberse resbalado debajo de la barandilla y haber caído 9 metros. Cuando despertó, miró hacia arriba a varias personas vestidas de blanco que estaban alrededor de él. Sí, estaba en el hospital, alistado como “víctima de accidente.”

Tragedias como éstas son muy comunes hoy día. Pero los accidentes relacionados con los trabajos ocurren con aún más frecuencia. Por ejemplo, a pesar de sus programas para evitar accidentes, Alemania Occidental informó que en 1975 ocurrieron casi 2.000.000 de accidentes de trabajo entre sus 26 millones de obreros. Se dice que en Brasil, 40 accidentes laborales suceden cada minuto. Y según dice la revista brasileña Construtor, en su número para mayo de 1976: “La gran cantidad de accidentes . . . está aumentando en vez de disminuyendo... a razón de aproximadamente 15% al año.”

Algunas autoridades calculan que cada año una persona de cada cuatro tiene un accidente que exige asistencia facultativa. Ya que usted sabe esto, se enfrenta a varias preguntas desagradables: ¿Me encamino yo a tener un accidente? ¿Hay algo que pueda hacer para evitarlo? ¿Soy realmente más “propenso a tener accidentes” que otras personas?

Primero, es importante reconocer que hay varios pasos que usted puede dar que reducirán drásticamente las posibilidades de que tenga un accidente. Los peritos en estos asuntos insisten en que más del 90 por ciento de todos los accidentes pudieran haberse evitado. Dicen que ocurren debido a falta de información, descuido o condiciones peligrosas. Rara vez son el resultado de circunstancias aparentemente inevitables.

Así, usted se está apartando de los accidentes cuando (1) conoce el modo seguro o exento de peligro de hacer las cosas y (2) desarrolla hábitos consistentes con este conocimiento. En realidad, su personalidad tiene mucho que ver con ello.

El “propenso a tener accidentes”

No es un mito el que algunas personas sean más propensas a tener accidentes que otras. Los estudios revelan que hay ciertos rasgos que el “Sr. Desastre Ambulante” despliega consistentemente. Por lo general, le falta cierto grado de control emocional... pues, o se encoleriza o se frustra fácilmente, o se siente tenso. Obviamente, el seguir la admonición bíblica de controlar uno su espíritu también puede proteger su cuerpo.—Pro. 14:17; 25:28.

Además, la persona propensa a tener accidentes a menudo ignora los detalles precisos del equipo que está manejando. El tercer punto es que descuida las reglas de seguridad establecidas por largo tiempo porque a él le parece que puede hacerle frente a cualquier situación, o que “lo que haya de ser, será.” Estas tendencias, aunadas a los errores que cometa al juzgar la habilidad refleja de su cuerpo, probablemente hagan que el “Sr. Desastre” cumpla con lo que su nombre indica.

Sin embargo, aunque es cierto que el simplemente leer no obliga a uno automáticamente a formar nuevos hábitos, el conocer sugerencias prácticas, si las aplica, pudiera ahorrarle mucho dolor, hasta salvarle la vida misma. Ciertamente no es preciso que uno se queme los dedos en la estufa para probar que la estufa está caliente. Por el dolor y sufrimiento que miles de personas han recibido a manos de esa maestra ruda que llamamos Experiencia, se han establecido reglas para la prevención de accidentes. Una mirada breve a la historia de éstas lo animará a usted a considerarlas seriamente.

Una historia breve de la prevención de accidentes

Es de interés que uno de los “códigos de seguridad” más tempranos se halla incorporado en la Biblia como parte de lo que se llama la ley mosaica. A los israelitas se les mandó construir pretiles al borde de sus techos para que la gente no se cayera. Los pozos a menudo estaban cercados de muros bajos, y era preciso que estuvieran cubiertos para evitar que cayeran en ellos los animales o criaturas humanas. Había leyes para animar a las personas a evitar incendios y a respetar la vida de los animales y de criaturas humanas.—Deu. 22:8; Éxo. 21:33, 34; 22:6; Núm. 35:22-25.

En las otras naciones, un punto de vista fatalista rigió por milenios. Solo fue después que empezó la llamada Revolución Industrial que los legisladores promulgaron algo que pudiera compararse con las leyes para la prevención de accidentes comprendidas en la ley mosaica. Hasta el principio del siglo diecisiete, la familia y sus criados producían casi todo en casa. No había fábricas grandes ni sistemas de transporte complejos. La cantidad de accidentes laborales era mínima cuando se compara con las cifras de la actualidad.

Sin embargo, con la llegada de las máquinas para la fabricación y el transporte en grande escala, las cuales fueron impulsadas al principio por poderosos motores de vapor y después por motores de gasolina o de electricidad, aumentaron los peligros y también los accidentes graves. Las condiciones en que muchos obreros industriales tenían que trabajar en aquellos días, especialmente en Inglaterra y Alemania, se hicieron notorias por ser tan calamitosas y peligrosas. Aun las mujeres y niños trabajaban largas horas hasta el punto de quedar rendidos... lo cual aumentaba los accidentes. Cegados por el egoísmo y la avaricia, pocos patronos pensaron en tomar precauciones contra accidentes.

Esfuerzos oficiales en tiempos recientes

Andando el tiempo, muchos gobiernos y negocios empezaron a reconocer cuánto perjudicaban a sus comunidades los accidentes del trabajo y tráfico. Los reveses económicos debido a la pérdida de horas de trabajo, las cuentas médicas y los daños a la propiedad y mercancías, además de los efectos sicológicos adversos, hicieron imperativa la acción.

En consecuencia, movidos hasta cierto grado por razones humanitarias pero especialmente por consideraciones económicas, se han adoptado proyectos de ley de toda clase para la prevención de accidentes. En algunas naciones industrializadas esto empezó durante la primera mitad del siglo diecinueve cuando por primera vez se presentaron leyes de seguridad. Por supuesto, desde ese tiempo ha habido cambios en muchas de esas leyes. Tan recientemente como diciembre de 1970 se aprobó en los Estados Unidos la Ley de Seguridad y Salud Ocupacional. También se han hecho enmiendas parecidas en otros países, como en el Brasil en 1967 y 1976.

Además, se establecieron organizaciones no gubernamentales ni lucrativas cuyo único propósito es la prevención de accidentes. Para mencionar solo dos de ellas: ABPA (Asociación Brasileña para la Prevención de Accidentes) y el Consejo Nacional sobre la Prevención de Accidentes en los Estados Unidos. Esta última tiene entre sus objetivos “fomentar, animar, y promover métodos y procedimientos que resulten en mayor seguridad, protección y salud entre los empleados y patronos y entre los niños.” Por lo general, hay organizaciones similares por todo el mundo que se esfuerzan por lograr los mismos objetivos.

Por supuesto, las compañías de seguros también se interesan mucho en reducir los accidentes. Así, se ha hecho posible conseguir de ellas materia impresa, letreros, películas y otra clase de publicidad para las campañas educativas contra accidentes. Dado que reconocen la importancia de cooperar con esas campañas, las empresas individuales han hecho cuanto está de su parte y han establecido comités o departamentos encargados de la seguridad y la prevención de accidentes. Muchas empresas también proveen zapatos de seguridad y dispositivos y equipo para proteger las manos, los oídos, la vista y el rostro. Adicionalmente, se han patrocinado cursos especiales para la prevención de accidentes a fin de hacer a la gente más consciente de la seguridad.

El hecho de que las autoridades se interesan a tal grado revela lo mucho que ha crecido el problema y cuánto dolor, angustia y daño pudieran evitarse si todos manifestáramos interés verdadero en nuestro propio bienestar y el de otros. Pero, por haberse dicho tanto, pudiera parecer que el aprender las “reglas de seguridad” sea asunto complejo. En realidad los principios son pocos y fáciles de aprender. Consideremos lo que usted puede hacer para tener mayor seguridad de evitar un accidente.

Seguridad personal en el trabajo

Puesto que las estadísticas indican que los accidentes relacionados con el trabajo son los más comunes, primero se presentan unas cuantas reglas de seguridad que les serán útiles a los que trabajan en industrias, sistemas de transporte, agricultura y, especialmente, a los que están en los oficios de construcción, quienes con más frecuencia son víctimas de graves accidentes de trabajo.

Una mirada nueva a la prevención de accidentes

1. Tome su trabajo en serio. La falta de atención, las payasadas, el arriesgarse y el exponerse a peligros en busca de excitación pudieran costarle la vida.

2. Obedezca rigurosamente las reglas de seguridad y use todo el equipo protectivo personal que se recomienda para su trabajo. No piense que el usarlo es innecesario o ridículo.

3. Entrénese en los seis pasos para levantar cosas pesadas sin daño: (a) Mantenga los pies aparte... uno al lado del objeto, el otro detrás de él. (b) Mantenga recta la espalda, casi vertical. (c) Apriete la barbilla. (d) Agarre el objeto con las dos manos. (e) Tenga los codos y brazos junto al cuerpo. (f) Mantenga el cuerpo directamente sobre los pies, y use los músculos de las piernas para hacer el trabajo de levantar.

4. Siempre que tenga que trabajar en un lugar aislado donde hay posibilidad de recibir daño, haga que otros lo acompañen o que no se alejen tanto que no pueda llamarlos.

5. Reconozca los peligros con anticipación por medio de ser observante, mantenerse alerta y conocer las normas de seguridad y las propiedades de los materiales con los que trabaja.

6. Todo equipo vital para poder ejecutar con seguridad su trabajo debe ser examinado cada vez que lo va a usar. Nunca dé nada por sentado. Las máquinas son gobernadas por leyes naturales, no por razonamiento inteligente.

7. Evite pasearse en aparatos hechos para levantar o transportar carga.

8. Forme el hábito de tener buen orden y limpieza: Limpie inmediatamente cualquier cosa que se derrame. Tenga las herramientas en su debido lugar. También, para deshacerse de trapos mojados en disolventes póngalos en recipientes de metal herméticos.

9. La limpieza, reparo, ajuste y casi toda la lubricación de máquinas debe hacerse con todas las fuentes de energía y las válvulas cerradas. Solo los trabajadores autorizados deben tener acceso a las fuentes de energía.

10. Las guardas en las máquinas son para la protección de usted; por lo tanto, nunca deje de ponerlas cuando la máquina esté funcionando. Siempre tenga presente que la ropa holgada o el cabello largo fácilmente pueden enredarse en las máquinas.

Seguridad personal en el hogar

Se publicó un artículo intitulado “25% de todos los accidentes ocurren en casa” en la revista brasileña Jornal da Prevencão de Acidentes, en su número para diciembre de 1976. El artículo hizo notar que “por lo general la mayoría de las víctimas son niños y mujeres. A menudo los casos son fatales.” Según Maxwell N. Halsey, una autoridad en la prevención de accidentes, los accidentes son la principal causa de muerte entre los niños de grupos de toda edad. Por eso, a continuación se alistan algunas sugerencias prácticas sobre cómo protegerse usted mismo y a sus hijos en el hogar:

1. Instale rejillas o puertas protectivas para que los niños pequeños no caigan de las ventanas o por las escaleras. Para evitar otras caídas, mantenga el suelo en buenas condiciones de reparo, libre de obstáculos y no demasiado pulido.

2. Que todas las tomas de corriente eléctrica estén adecuadamente cubiertas o aisladas, especialmente las que estén al alcance de los niños. A los chiquillos les gusta meter cosas en los recipientes, de modo que hay peligro de que se electrocuten.

3. Asegúrese de que todos los fregaderos, baños y pilas de lavar estén debidamente adheridos a la pared. De otro modo, los niños fácilmente pueden volcarlos y causar daños graves.

4. No deje que los chiquillos juegen con fósforos, encendedores, pedazos de vidrio, cuchillos, tijeras u otros objetos peligrosos. No les provea juguetes con los cuales, si se quiebran, puedan lastimarse, ya sea recibiendo cortaduras, atragantándose con ellos o así por el estilo. Asegúrese de que entiendan por qué deben evitar esas cosas, y déles un buen ejemplo usted mismo.

5. Cuando las ollas y sartenes están en la estufa siempre debe tener las asas o mangos dirigidos hacia el centro de la estufa, para que los niños pequeños no puedan alcanzarlas y los adultos no las derriben accidentalmente.

6. Debe guardar las drogas, detergentes, insecticidas, alcohol, líquidos atomizables y otras sustancias químicas perjudiciales a la salud en un lugar seguro fuera del alcance de los niños. Además, nunca debe decirles que la medicina es un “dulce.”

7. Nunca ponga líquidos tóxicos en botellas u ollas que normalmente se usan para propósitos de beber o cocinar. No deje de tener claramente identificado el uso y propósito de cada uno de estos líquidos y de guardarlo en su recipiente original.

8. No tenga armas de fuego en ninguna parte de la casa, o, si es preciso tenerlas, que estén sin cargar y encerradas con llave. Manéjelas con gran cuidado.

9. Evite usar nafta o gasolina u otras sustancias inflamables al limpiar o pulir el suelo. Una chispa del pulidor del suelo pudiera encender los vapores.

10. Nunca ponga macetas de flores u otros objetos pesados en los antepechos de las ventanas o en lugares parecidos. Al caer de allí pueden causar daños graves.

Precauciones de seguridad en las vacaciones

Los períodos de recreo tienen como propósito causar placer, pero con demasiada frecuencia los arruina un accidente. La cantidad de accidentes de tráfico que figuran en esto es alarmante. Se dice que más personas mueren y quedan lesionadas en las carreteras cada año que en las guerras. Pero los especialistas opinan que se pudiera evitar de 85 a 90 por ciento de todos los accidentes relacionados con el tráfico y transporte. La principal causa es el fallo humano. Para ilustrar: Recientemente, la reducción en la velocidad máxima permitida, ocasionada por la crisis de energía mundial, resultó en una proporción menor de accidentes fatales en las carreteras. Por eso se incluyen algunas reglas de tráfico básicas entre estas sugerencias de seguridad:

1. Al conducir no afloje la vigilancia simplemente porque está de vacaciones o porque la carretera está “vacía.”

2. Siempre mantenga su automóvil en buenas condiciones de seguridad. Examine periódicamente los neumáticos, frenos, puertas y otras partes vitales. El descuido pudiera hacer de usted un homicida accidental.

3. Familiarícese con los procedimientos básicos de los primeros auxilios, y no deje de llevar en su automóvil un botiquín de urgencias; también un matafuego.

4. Obedezca rigurosamente todos los reglamentos y advertencias del tráfico provisto para su seguridad. Hubo buena razón para establecerlos.

5. Aunque sepa nadar, esquiar o pasear en bicicleta, nunca se arriesgue innecesariamente.

6. Tenga cuidado siempre que esté cerca de animales, domésticos o salvajes.

7. Manténgase alejado de los alborotos o las chusmas.

Su propia responsabilidad

Por supuesto, hay muchos otros “haga esto” y “no haga lo otro” que pudieran añadirse a estas listas. Pero estos puntos bastan para ilustrar los principios básicos; no es la intención el restringirlo a tal grado que pierda el gozo de vivir. Si los aplica, pueden hacerlo más consciente de la seguridad. Como lo expresó un superintendente de fábrica con muchos años de experiencia en el Brasil: “Las reglas de seguridad solo se hacen significativas cuando la gente cree en ellas. Mientras uno piense: ‘Eso no me pasará a mí,’ uno es una posible víctima.”

Recuerde, vez tras vez las estadísticas han mostrado que de todos los accidentes solo como el 2 por ciento puede atribuirse correctamente a alguna ocurrencia imprevista, así como a la imperfección humana.—Ecl. 9:11.

Más que toda otra cosa, un respeto profundo a la santidad de la vida humana, junto con amor genuino al prójimo, deben movernos a hacer cuanto esté en nuestro poder para evitar accidentes. Todos tenemos que rendir cuenta al Dador de vida por la manera en que la usamos.

Afortunadamente, el muchachito que se mencionó al principio de este artículo sobrevivió a su caída. Pero, ¡cuánto mejor sería ahorrar al niño o al adulto la agonía del dolor repentino! La mayoría del tiempo, “lo que haya de ser” solo será lo que permitamos que sea.

[Ilustración de la página 19]

¿Qué regla de seguridad no obedeció su madre?

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