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¡Despertad! 1978
g78 22/11 págs. 13-15

¿Por qué abrocharse el cinturón de seguridad?

Por el corresponsal de “¡Despertad!” en Terranova

ESA mañana de enero amaneció fría y soleada en la península Burin de Terranova. Una lluvia glacial durante la noche había dejado la carretera cubierta de un manto insidioso de hielo reluciente. Para las 10 de la mañana los rayos del sol habían derretido el hielo, de modo que, según las apariencias, las condiciones eran ideales para conducir. El vendedor que se apresuraba a casa con rumbo al norte y la familia que se dirigía al pueblo con rumbo al sur ignoraban que la carretera todavía estaba muy resbaladiza en los sitios donde la sombra del peñasco al lado del camino caía sobre la carretera. En ese corto trecho de camino helado, el automóvil del vendedor patinó fuera de control, chocó con el automóvil de familia y se despeñó por un risco cercano. Para las 11 de la mañana una joven esposa y madre de cuatro hijos yacía en el hospital a punto de morir, mientras que el vendedor gravemente lesionado esperaba en agonía la llegada de una ambulancia. Todos se habían descuidado de abrochar sus cinturones de seguridad.

Aunque los detalles varían, el triste relato se repite miles de veces cada año en las carreteras del mundo a medida que decenas de miles de personas mueren o son lesionadas en accidentes automovilísticos. En 1976, unas 47.000 personas murieron en las carreteras de los Estados Unidos. Muchas más personas han muerto en otros países. A pesar de los esfuerzos unidos que se han hecho en años recientes por mejorar la seguridad de viajar en automóvil —tableros de instrumentos acojinados, columnas de dirección plegadizas, carrocería reforzada, reducción de los límites de velocidad y mejor y más constante vigilancia policíaca— todavía es cierto que cada vez que uno viaja en automóvil se enfrenta al riesgo muy real de lesión o muerte. A todo el que estima la vida le preocupa mucho la pregunta: ¿Cómo se puede reducir el riesgo de lesión grave o muerte en un accidente automovilístico?

Una sugerencia sencilla, pero práctica, es: Abróchense los cinturones de seguridad.

Cómo lo protegen a uno

El entender lo que sucede en un choque automovilístico puede ayudar a uno a apreciar el valor de los cinturones de seguridad. Por ejemplo, cuando un automóvil choca con una barrera sólida a 48 kilómetros por hora, realmente hay dos choques: (1) El choque del automóvil, en que éste da contra la barrera, se comba y luego se detiene aproximadamente en un décimo de segundo, y (2) el “choque humano,” en el cual el cuerpo de la persona se arroja con un golpe de fuerza aplastante contra alguna parte del interior del automóvil. Durante el décimo de segundo en que el automóvil está deteniéndose, el cuerpo de la persona sigue moviéndose a una velocidad de 48 kilómetros por hora. Por eso, cuando el cuerpo da contra vidrio o metal, el resultado casi siempre es lesión grave o muerte porque el cuerpo absorbe casi todo el impacto.

Así mismo, en un choque de 48 kilómetros por hora, la parte delantera del automóvil cede posiblemente 60 centímetros en el encuentro a medida que se aplasta y dobla. Pero, cuando una persona choca con el tablero de instrumentos o parabrisas, generalmente es mucho más corta la distancia en que se le detiene, tal vez solo de 2,5 a 5 centímetros. Esta diferencia en la distancia de detención quiere decir que al individuo se le detiene mucho más abruptamente que al automóvil. Por eso, para permitir que el cuerpo haga una parada más gradual, y así se reduzca en gran manera la fuerza del golpe, hay que utilizar toda la distancia que el automóvil tiene para parar. Esto se logra por medio de un cinturón de seguridad. Al sostener al individuo en su asiento, el cinturón lo convierte en parte del automóvil. Se puede entender el efecto de un cinturón de seguridad si se comparan los resultados de caer sobre terreno suave con los de caer la misma distancia sobre concreto. El terreno blando cede, posiblemente varios centímetros, lo cual suministra mayor distancia de detención y reduce la fuerza del golpe. El concreto no cedente detiene a la persona mucho más abruptamente, resultando en mayor impacto y por lo tanto, en mayor daño. Como el terreno blando que cede, el cinturón de seguridad le da a uno otros 60 centímetros en que pararse. La fuerza comunicada por el choque, ya bastante reducida, cae sobre las caderas y los hombros, y estas partes del cuerpo son las que mejor pueden resistir la fuerza.

¿Realmente surten efecto?

En años recientes, científicos interesados en determinar el valor y las limitaciones de los cinturones de seguridad han realizado investigaciones extensas en los laboratorios y en la escena de los accidentes. Por ejemplo, en un informe que salió en 1966, N. I. Bohlin declara que en colisiones simuladas, en las que no solo se experimentó con maniquíes equipados con instrumentos especiales sino con voluntarios humanos, se estableció fuera de toda duda el valor de los cinturones de seguridad en cuanto a reducir significativamente el peligro de daño y muerte. La información en apoyo de esta conclusión fue reunida de registros de instrumentos y películas a cámara lenta de choques realizados por telemando.

Por supuesto, los experimentos que se hacen en los laboratorios no pueden simular los choques verdaderos y más complejos. Por eso, equipos de ingenieros y médicos han emprendido estudios en la escena de los accidentes. ¿Qué han concluido? Según el folleto The Human Collision, aproximadamente la mitad o más de las muertes y graves lesiones ocurridas en los accidentes pudieran haberse evitado si los pasajeros hubieran llevado puestos cinturones de regazo y hombros. Además, en los países donde es obligatorio usar cinturones de seguridad las autoridades han compilado algunas estadísticas. Por ejemplo, el Ministerio de Transporte de Ontario informa que durante 1976, en Ontario, hubo 61.221 conductores sin cinturones envueltos en accidentes, de los cuales 355 murieron. Sin embargo, de los conductores con cinturones envueltos en 269.772 accidentes, 153 murieron. Así se concluyó que ‘en un choque el conductor que lleva puesto un cinturón tiene diez veces más posibilidad de sobrevivir que el conductor que no lo lleva.’

Semejantemente, un informe de Suecia que recibió amplia publicidad a mediados de los años sesenta, concluyó, tras un estudio de 28.000 registros de accidentes de toda clase, que, prescindiendo de la velocidad, las personas que usaron cinturones recibieron aproximadamente la mitad de la cantidad de lesiones que las personas que no los usaron. Es digno de notarse que a velocidades de hasta 96 kilómetros por hora, nadie que llevaba puesto un cinturón de seguridad fue muerto. Sin embargo, personas que no llevaban cinturones fueron muertas en colisiones a velocidades de menos de 32 kilómetros por hora.

Pero algunos preguntan: ¿Qué hay si mi automóvil se mete en el agua, o se incendia? Por temor de que esto les suceda, muchas personas no usan cinturones de seguridad. Sin embargo, los hechos muestran que las probabilidades de hallarse encerrado en un automóvil sumergido o incendiado son muy raras en comparación con la posibilidad de una colisión de frente. Pero aun si uno se hallara envuelto en uno de estos accidentes raros, el cinturón de seguridad reduce el peligro de sufrir daños que pudieran hacerle perder el sentido. Obviamente, uno no puede escapar de un automóvil que se está hundiendo o quemando si está echado en el suelo con el cráneo fracturado.

Proteja a sus hijos

A algunos quizás les parezca que se puede proteger a un niño pequeño en un accidente automovilístico si lo tiene bien abrazado un adulto. Sin embargo, un niño que pesa 14 kilos, al ser arrojado en una colisión de 48 kilómetros por hora, ejerce una fuerza de 455 kilos. ¿Quién tiene suficiente fuerza para sujetar ese tremendo peso?

Si un niño tiene más de cinco años de edad, o pesa más de 23 kilos, puede usar un cinturón de regazo regular. Si se coloca el niño sobre un cojín o almohada firme, se le podrá ajustar el cinturón más apretadamente sobre las caderas. Esto también pondrá al niño en una posición elevada y le permitirá ver mejor, lo cual reducirá su aburrimiento e irritabilidad. Se recomienda colocar los niños que tienen menos de cinco años de edad o pesan menos de 23 kilos en asientos de seguridad especialmente diseñados que hoy son fáciles de conseguir.

“Pero mi niño es tan inquieto,” algunos pondrán de reparo. Esto puede ser un problema al principio, pero la paciencia y firmeza pronto harán que el jovencito se acostumbre a su propio asiento. Los padres de un niño de cuatro años de edad informan que aunque al principio el niño se oponía, ahora protesta en voz alta si no se le ciñe seguramente en su asiento.

Máxima protección para usted y sus pasajeros

El primer paso para asegurar la protección es el de siempre abrochar los cinturones de seguridad. Muchos accidentes fatales ocurren a velocidades bajas, cerca del hogar, y cuando las condiciones son ideales para conducir. Para que su cinturón de seguridad le proporcione el máximo de protección hay que tenerlo ajustado apretadamente sobre las caderas, y la flojedad de la banda de los hombros no debe ser más de cinco centímetros, y los cinturones no deben estar torcidos. En segundo lugar, anime a todos los pasajeros a abrochar sus cinturones de seguridad para la protección de ellos y de usted. De poco le sirve al conductor llevar un cinturón si un pasajero que no lleva uno se torna en proyectil dentro de su automóvil y es arrojado contra él con la fuerza de unos mil kilos.

La vida que tenemos es un don precioso. Es de demasiado valor para que la tratemos descuidadamente. El apreciar su valor debe movernos a tomar los medios necesarios para prevenir que nosotros y otros suframos daño o muerte. Hay ciertos pasos que el sentido común dicta que reducen el riesgo de muerte o daño mientras viajamos. Debemos conducir cuidadosa y defensivamente, evitar la combinación de beber y conducir, no exceder el límite de velocidad y mantener el automóvil en buenas condiciones. Y una precaución sumamente vital que requiere poco esfuerzo y solo unos cuantos segundos es: ¡ABRÓCHESE EL CINTURÓN DE SEGURIDAD!

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