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¡Despertad! 1979
g79 22/5 págs. 13-17

El más grande privilegio que he tenido al dar

Según se lo relató Vicki Johnson a un redactor

Muchas veces es difícil conseguir que personas con ojos y oídos sanos escuchen o vean las verdades respecto al reino de Dios. ¡Ahora me enfrentaba al desafío de enseñárselas a una joven sorda y ciega de nacimiento!

MI ESPOSO y yo vivimos en la propiedad adyacente al Centro Nacional de Helen Keller para Sordos y Ciegos, situado en Sands Point, Long Island, Nueva York. Al observar el edificio llegar a su estado completo nos sentíamos curiosos acerca de personas ciegas y sordas, algunas aun de nacimiento. ¡El nunca haber visto las bellezas de la Tierra, o haber oído sus sonidos gozosos! El simplemente pensar en ello nos abrumó; ¡nos era imposible imaginarnos lo que sería la vida en oscuridad y silencio tan absolutos! Estamos enterados de la promesa de Jehová de que en la Tierra paradisíaca bajo el régimen de su reino la vista y oído serán restaurados a los ciegos y sordos, pero ¿cómo podríamos comunicarles esta esperanza a los que pronto serían nuestros vecinos? Oramos que se nos presentara un modo factible de hacerlo.

En septiembre de 1977 se nos presentó el modo. Nuestra congregación de testigos de Jehová recibió una carta de Georgine Dilts de Seattle, Washington. Había estado conduciendo un estudio bíblico en Braille con Debbie Curry, una joven de 25 años de edad, ciega y sorda de nacimiento. El primero que le presentó la verdad a Debbie fue Dallas Talley, un Testigo ciego. Estudió con ella y la llevó a las reuniones, pero con el tiempo le pasó el estudio a Georgine Dilts que sabía comunicarse con los sordos. Y ahora, Georgine nos informó que a Debbie la estaban enviando al Centro de Helen Keller próximo a nuestro hogar. Se le pidió a nuestra congregación que asignara a alguien para continuar el estudio bíblico con ella. ¡Yo fui a quien pidieron que lo hiciera! ¿Cómo podría? Mi mundo estaba lleno de vistas y sonidos. Daba por sentado el ver y oír. ¿Cómo podría relacionarme con Debbie en su mundo oscuro y silencioso? ¿Cómo podría comunicarme con ella? ¡Yo no sabía deletrear con los dedos... y aunque lo hubiese sabido, ella no podía verlo!

Cuando llegué a conocer a Debbie en el instituto, mis temores disminuyeron, si es que no se apaciguaron por completo. No necesitaba conocimiento de dactilología para hablar con ella. Yo hablaba normalmente, y ella usaba su mano como oídos. A medida que yo hablaba ella descansaba su dedo pulgar sobre mis labios y sus dedos sobre mi mandíbula y garganta. ¡Al sentir los movimientos de mis labios y mandíbula y las vibraciones de mi garganta, sabía lo que yo decía! Este método se llama Tadoma. Esta palabra no se encuentra todavía en los diccionarios. Es una combinación de los nombres de pila de los primeros a quienes se entrenó para usarlo —Tad y Oma— un hermano y hermana sordos y ciegos. Debbie me hablaba con su voz, aunque al principio se me hacía un poco difícil entender todo lo que decía. ¡Es asombrosa la habilidad que tiene para hablar vocalmente puesto que nunca ha oído hablar ni una sola palabra!

Su primera pregunta fue: “¿Cuándo puedo ir al Salón del Reino?” Esa misma semana me acompañó al estudio de libro de la congregación, e hice arreglos para conducir un estudio bíblico de casa con ella. También empezó a asistir a ciertas reuniones que se celebran semanalmente en el Salón del Reino. La primera es una escuela que nos entrena a predicar, y la segunda nos ayuda a organizar la predicación.

Lo que se hizo para ayudar a Debbie

Al principio llevaba conmigo publicaciones en Braille que ella podía leer durante las reuniones, pero esto solo fue temporáneo. Otra señora de la congregación y yo cursamos estudios en deletrear con los dedos y emplear signos para las palabras, y en unas cuantas semanas pudimos turnarnos para interpretarle las reuniones a Debbie. Ella sostenía nuestra mano ligeramente en la de ella a medida que le deletreábamos con los dedos o le comunicábamos con signos lo que se decía. Se alegraba al sentir que era parte de todo lo que acontecía. Más tarde se me asignó un discurso estudiantil en la escuela de entrenamiento, y Debbie quiso participar conmigo. Planeé mi presentación de modo que ella pudiera decir unas cuantas palabras, y esto la emocionó muchísimo. También comenta en el estudio de libro de la congregación.

La Sociedad Watchtower reconoce la necesidad de los que tienen impedimentos. Tiene los libros de la Biblia en Braille, muchos de los cuales se le han prestado a Debbie. En su departamento de Braille, la Sociedad prepara muchas de sus publicaciones para los lectores ciegos. En el estudio bíblico que tengo con Debbie usamos el libro La verdad que lleva a vida eterna. Ella tiene el libro en Braille, lee cada párrafo y su pregunta en voz alta, y luego da la respuesta. Un número sí y otro no de los artículos para estudio que salen en la revista Atalaya en inglés se publican en Braille. Debido a esto Debbie quería asistir a la reunión de los domingos en el Salón del Reino cuando se estudia esta revista.

El Centro de Helen Keller donde Debbie vive tenía que dar permiso para esto. El Centro no está opuesto a los testigos de Jehová, pero protege mucho a sus clientes. Jack, un trabajador voluntario, había estado llevando a Debbie a la iglesia católica todos los domingos por la mañana. Era muy amable con ella, la llevaba a nadar, a restaurantes y a otros lugares. A los del Centro les parecía que éste era un arreglo bueno y no estaban muy dispuestos a cambiarlo. De modo que el Centro favoreció el dividir el tiempo de Debbie entre nosotros... el Salón del Reino conmigo durante la semana, y la iglesia católica con Jack los domingos.

Sin embargo, Debbie solicitaba de continuo ir al Salón del Reino los domingos. Por fin su obrera social convino en que hiciera el cambio si le explicaba a Jack que ése era su deseo. Se le hizo difícil hacer esto. Se había encariñado con él. Él había sido muy bueno con ella. Además, ella quería que él aprendiera acerca de la vida en el paraíso terrestre de Jehová.

Invitó a Jack a su estudio personal de la Biblia. Él es un católico firme, pero no pudo decirle No a Debbie. De modo que se halló sentado en una reunión que él creía que sería parecida a algo de los Ku Klux Klan. En el Centro habían hablado de ‘esta gente que se lleva a Debbie a varias reuniones religiosas cada semana,’ y se dijo que ‘el ir a una reunión a la semana era extremadamente religioso,’ de modo que ‘esta gente ciertamente tenía que ser extraña.’ Jack nos dijo esto, pero agregó: “Se ve que ustedes son personas muy normales, hospitalarias y que verdaderamente se interesan en Debbie.” Volvió al Centro con la recomendación de que se le permitiera a Debbie pasar el tiempo con nosotros siempre que quisiéramos tenerla. Debbie empezó a asistir inmediatamente a los estudios de la Atalaya los domingos.

“No tengo problemas”

Una lección de La Atalaya tenía que ver con ‘arrojar sus cargas sobre Jehová.’ Después repasé algunos de los puntos con Debbie.

“Cuando tenemos problemas,” dije yo, “siempre podemos acudir a Jehová Dios en oración y hablar con él acerca de ellos. Nunca debemos vacilar en cuanto a ir a él con cualquier problema que surja en nuestra vida.”

Esta joven que ha pasado los 26 años de su vida en oscuridad absoluta y silencio absoluto respondió: “No tengo problemas.” ¡En comparación con ella, yo soy la que no tengo problemas!

En una ocasión sí surgió un pequeño problema. Conduzco un estudio bíblico con Denise, una muchacha adolescente que también asiste a las reuniones en el Salón del Reino. Estaba asignada a pronunciar un discurso estudiantil, y yo estaba considerando sus apuntes con ella. Debbie puso su mano sobre los apuntes. Yo quité su mano de allí, pero ella volvió a cubrir las notas. La tercera vez que esto ocurrió le moví la mano y la tuve asida brevemente. Debbie me volvió la espalda. Después que terminé con Denise volví a Debbie. Sacó de su cartera una carta vieja de su abuela y me la entregó para que se la leyera... ya se la había leído varias veces. Cuando llegué a la parte donde su abuela le decía que no había motivo para que se volviera a bautizar porque ya se había bautizado en la iglesia pentecostal de Bethany cuando era una muchachita, Debbie me quitó la carta. Me estaba diciendo algo.

“¿Entonces no quieres bautizarte como testigo de Jehová?” pregunté.

“No.”

“Antes dijiste que sí querías. ¿Ahora ya no quieres?”

“No.”

“¿Cuándo cambiaste de parecer?” No contestó.

“¿Quieres ser pentecostal o testigo de Jehová?”

“Pentecostal.”

“¿Quieres seguir estudiando la Biblia conmigo?”

“No.”

“¿Quieres que pase por ti el jueves para llevarte al Salón del Reino?”

Vaciló, pero por fin dijo: “Sí.”

Me di cuenta de lo que pasaba. Sentía celos porque había pasado tiempo con Denise. Quería lastimarme rechazando a los Testigos. Dejé pasar el asunto, pero lo mencioné en la próxima reunión. No quiso hablar acerca de ello.

“La última vez que hablamos,” dije yo, “dijiste que no querías ser testigo de Jehová. ¿Lo dijiste en serio?”

“No.”

“Estabas airada.”

“¡No!” Se aferró en ello. No quería que yo pensara que estaba airada.

“Sí,” dije yo, “estabas airada. Eso es comprensible. Tú deseabas mi atención. Pero era el turno de Denise. El que yo le dé atención a Denise no quiere decir que yo no te quiera ¿Entiendes eso?”

No contestó, y yo seguí:

“Es como una madre que tiene más de un hijo. Ama a todos sus hijos, pero hay ocasiones en que da atención a uno y otras ocasiones en que da atención a otro. El otro día le tocaba a Denise. Ahora te toca a ti. Si vas a enojarte, enójate conmigo, pero nunca te enojes con Jehová mismo o con su verdad. A veces yo me enojo. Es una debilidad humana, y tratamos de vencerla.”

Debbie entendió bien lo que decía. Desde entonces nunca ha vuelto a mostrar celos. Yo he aprendido por mi propia cuenta lo que su abuela en el estado de Washington me dijo en una carta: “Es una señorita muy feliz, como sin duda usted habrá descubierto, y rara vez exhibe mal genio.” La abuela de Debbie también suministró la siguiente información interesante:

“La película ‘Un día con Debbie’ está en la biblioteca del Congreso. Se filmó como medio educativo para ayudar a otros que tienen impedimentos. En ese tiempo tenía entre 8 y 9 años de edad. Ella ha aparecido en programas de TV, en clases universitarias y en los programas de muchos otros grupos. Se hizo esto para inculcar en los padres la realidad de que un niño impedido puede y debe tener las oportunidades para una educación y también debe participar en las actividades de la comunidad.”

La carta que la abuela me escribió termina muy amablemente: “De nuevo quiero expresar mi agradecimiento a usted, a su esposo y a sus amigos que han sido tan amables y cariñosos con nuestra Debbie.” Aprecié mucho su carta. Se interesa en el bienestar de Debbie. Cuando empecé a estudiar con Debbie, su abuela averiguó acerca de esto con el Centro. La obrera social le aseguró que era para el bien de Debbie, que los testigos de Jehová son “un grupo estrechamente unido que realmente se interesan en aquellos con quienes estudian.”

Gozos compartidos con Debbie

Deseosa de que Debbie se sintiera cómoda conmigo le dije poco después de iniciar mi relación con ella: “Quiero que te sientas cómoda conmigo, libre de trabas. No vaciles en hacerme cualquier pregunta que quieras.” Cuánto me divirtió y deleitó cuando respondió inmediatamente: “¿Podemos salir a comer pizza?” Le encanta comer en los restaurantes. También me ha pedido que la lleve a una piscina a nadar. Me deleita su manera de hacer solicitudes. En vez de pedirme algo directamente, por lo general dice: “¿Qué piensas hacer el sábado por la mañana? ¿En la tarde? ¿El sábado por la noche? ¿El domingo por la tarde?” A veces sale a bailar, tiene en el brazo un vibrador que recoge las vibraciones, y de esta manera puede disfrutar de la música.

Otro gozo que compartimos es hablar con otros acerca del reino de Jehová. Después de unos cuantos meses de estudiar la Biblia, quiso ir conmigo a dar el testimonio de casa en casa. Yo preparé un mensaje breve, escrito, para que se lo presentara al amo de casa. Este les dice que ella no puede ver ni oír, pero que quisiera que consideraran este texto bíblico... luego leo el texto y tenemos una consideración. Debbie conoce la importancia de compartir este conocimiento con otros y quiere cumplir con su obligación. Después que salió conmigo de casa en casa la primera vez me preguntó: “¿Cuándo puedo tener un estudio bíblico con alguien? Quiero enseñarle a la gente la Biblia.” Por medio de Debbie y su obrera social todos los que están en el Centro Nacional de Helen Keller saben de la obra de los testigos de Jehová.

Cuando mi esposo y yo la llevamos a Brooklyn a la central de la Sociedad Watchtower se interesó en tocar las cosas. Generalmente habíamos tratado de hacerla palpar los artículos, puesto que pensábamos que esto le ayudaría a aprender acerca de ellos. Parece extraño, pero muestra renuencia. Sin embargo, cuando recorrimos la imprenta quiso tocar todo... papel, tela, goma flexible, maquinaria. Con supervisión cuidadosa hasta se le permitió sentir las vibraciones de las grandes prensas rotativas a medida que producían miles de libros o revistas.

El momento de mayor gozo que hemos compartido con Debbie vino en la Asamblea Internacional “Fe Victoriosa” que se celebró el año pasado en el Estadio Shea de Nueva York. ¡Allí, ante 55.000 asambleístas Debbie, junto con otros 486 individuos, simbolizó su dedicación a Jehová por bautismo en agua! El suceso fue televisado en el noticiario de esa noche.

El gozo supremo que nos aguarda

Debbie espera con verdadero anhelo el tiempo en la Tierra paradisíaca de Jehová en que pueda ver y oír como otros lo hacen. ¡Imagínese cuál será su emoción cuando abra los ojos por primera vez y vea montañas, bosques, ríos impetuosos y océanos bulliciosos, flores y aves y animales graciosos, hombres y mujeres... y a sí misma! ¡Espero que se me conceda el privilegio de estar allí para ver esto, para ver su admiración y asombro al oír el canto de un sinsonte, el sonido del viento, el zumbido de insectos, el estruendo de una catarata, y voces humanas... incluso la de ella! Tendemos a dar por sentadas todas estas cosas. Debbie Curry no lo hará. ¿Apreciamos a grado cabal nuestros ojos y oídos? Debbie Curry sí lo hará.

A veces es agotador pasar horas trabajando con Debbie, pero me siento recompensada por todo el esfuerzo cuando dice: “Anoche cuando oré a Jehová le pedí fuerza,” o cuando sonríe y literalmente tiembla de gozo debido a una cosa pequeña, o cuando se detiene en medio de su estudio bíblico para abrazarme y decir: “Me encanta mi estudio de la Biblia.” ¿Verdaderamente, en mis 40 años de ser Testigo, éste ha sido el más grande privilegio que he tenido al dar!

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