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¡Despertad! 1980
g80 22/3 págs. 21-24

“¿Debemos circuncidar al nene?”

...Cómo respondió a esa pregunta un matrimonio

SI USTED espera un bebé, puede que esté considerando esta pregunta. Puesto que somos los padres de dos hijos, nosotros también tuvimos una temporada de pensar, leer y hablar acerca de la circuncisión. Y puesto que somos estudiantes de la Biblia, nos interesamos de modo especial en este tema, recordando que por muchos siglos la circuncisión fue una ley inviolable que el Gran Médico mismo, Jehová, había dado a los descendientes de Abrahán.—Gén. 17:10.

Debido a este aspecto de la circuncisión que para nosotros es muy especial, hemos notado con interés que en algunos círculos últimamente se tiende a dudar que la circuncisión rutinaria sea proceder sabio. Aunque en los Estados Unidos aproximadamente el 90 por ciento de todos los varones son circuncidados como cosa de rutina al tiempo de nacer, en números recientes de revistas médicas se han publicado varios artículos que recomiendan que se abandone esta práctica.

Al examinar el asunto, nos pareció que algunos de estos artículos expresaban opiniones bastante extremas. Sin embargo, otros nos parecieron lo suficientemente serios como para merecer nuestra atención como padres. Estos últimos se referían a los riesgos envueltos en la circuncisión. Algunos también citaron a ciertos expertos en siquiatría infantil, tales como el difunto Dr. Rene Spitz, quien dijo lo siguiente acerca de la circuncisión: “Esta es una de las crueldades que la profesión médica impone irreflexivamente a los infantes.”

Esas sugerencias interesan a los estudiantes de la Biblia, sean ellos padres o no lo sean. Después de todo, ¿dio Jehová a su pueblo escogido un mandato que, a la luz de la ciencia moderna, envolvía riesgo grave y hasta crueldad? Quisimos saber más acerca de ello.

Origen de la práctica

Un análisis de la historia de la circuncisión revela que verdaderamente es una práctica antigua. Algunas autoridades creen que, con la excepción de la onfalotomía, o sea, el efectuar la sección del cordón umbilical o cordón del ombligo, la circuncisión es probablemente el tipo más antiguo de cirugía. La palabra circuncisión se forma de dos palabras latinas que quieren decir “alrededor+cortar,” y se refiere a cortar el prepucio o piel móvil que cubre el pene. Muchas tribus y pueblos aparte de los judíos han practicado esta cirugía.

Pero la ciencia moderna ha provisto una razón nueva para la fe que tenemos en que la circuncisión fue prescrita divinamente a los judíos; pues el modo en que ellos la practicaban era singular en cuanto a un aspecto en particular: el día preciso en que había de realizarse. Comentando sobre este factor singular, el célebre Dr. Alan F. Guttmacher dice:

“Es notable que los judíos primitivos, que hicieron muchas observaciones interesantes tanto en lo referente a la medicina como a la higiene, fijaran la operación para el día octavo. Probablemente llegaron a este día por un método de tanteos. Es probable que, de las circuncisiones que se efectuaban antes del día octavo, una cantidad no insignificante sangrara peligrosamente, mientras que las que se efectuaban al octavo día rara vez sangraban excesivamente. La medicina moderna ha hallado una explicación aceptable para esto en la vitamina K. Esta vitamina . . . contribuye a la coagulación de la sangre. . . . Al tiempo de nacer el bebé esta vitamina está a un nivel relativamente bajo en la sangre, y desciende a un punto más bajo todavía durante los primeros días de la vida, ya que el niño no puede elaborar su propia vitamina K sino hasta que ha tragado una considerable cantidad de gérmenes. Entonces el tubo intestinal del bebé empieza a producir su propia vitamina K, y la cantidad de ésta gradualmente aumenta hasta que llega a un nivel adecuado al cumplir el niño una semana.”

Por supuesto, los estudiantes de la Biblia disputarían con el Dr. Guttmacher sobre un punto. En cuanto a las “muchas observaciones interesantes” que los judíos primitivos hicieron, como la diagnosis y el tratamiento de enfermedades, la importancia del agua pura, la cuarentena, el valor de los lavamientos y baños frecuentes, y las medidas preventivas en el manejo de la sangre, cadáveres, desperdicios, y asuntos sexuales, incluso la circuncisión en el día octavo, ellos no llegaron a éstas por “un método de tanteos,” sino por revelación divina.

Tampoco es la vitamina K el único factor envuelto en el día prescrito divinamente para la circuncisión. La protrombina es otro elemento necesario para la coagulación de la sangre. Al resumir la información que se publicó en Holt Pediatrics, el Dr. S. I. McMillen hace notar que “durante el tercer día de la vida del infante solo está disponible el treinta por ciento de la cantidad normal de protrombina. El someter al infante a cualquier intervención quirúrgica durante ese período lo predispondría a hemorragia grave . . . al octavo día la protrombina aumenta súbitamente y alcanza un nivel aún mejor que el normal... de 110 por ciento. Entonces se nivela . . . Parece que al octavo día el infante tiene disponible más protrombina que en cualquier otro día de toda su vida. Así uno observa que . . . el día que se presta perfectamente para ejecutar una circuncisión es el día octavo.”

Estos descubrimientos médicos, hechos miles de años después que Jehová dio a Abrahán el mandato de circuncidar precisamente al día octavo, son significativos. Nos recuerdan otra vez que Jehová no solo sabe lo que es mejor para nosotros, sino que aplica su conocimiento para nuestro bien.

Sin embargo, hoy día casi todas las circuncisiones médicas se ejecutan antes del octavo día de la vida. ¿Por qué? Pues, resulta más conveniente hacerlo antes de que el niño salga del hospital.

Nosotros llegamos a la conclusión de que la circuncisión, ejecutada al tiempo prescrito por el Creador, no envolvía ningún riesgo extraordinario. No obstante, los que se oponen a la circuncisión rutinaria sí se refieren a “riesgos.” ¿Cuán serios son estos riesgos de la circuncisión moderna?

Pesando los riesgos

El capitán E. Noel Preston, del cuerpo de sanidad de la fuerza aérea de los EE. UU., incluye en su lista de posibles riesgos la hemorragia, las infecciones, la remoción de demasiada piel, laceraciones accidentales, circuncisión incompleta (lo cual resulta en la formación de adherencias y deformidad secundaria del pene) y hasta la amputación accidental.

¡Como padres, francamente quedamos abrumados ante semejante lista de horrorosas posibilidades! Pero después de considerar el asunto, empezamos a evaluarlo mejor. Razonamos que, a pesar de vivir en un país en el que se circuncida al 90 por ciento de todos los muchachos, jamás habíamos oído personalmente de una sola complicación... ni siquiera una pequeña infección, mucho menos una mutilación. ¿Qué revelan las estadísticas?

Según un informe, entre 1942 y 1947 hubo en Inglaterra y Gales un promedio anual de muertes de 16 como resultado directo de la circuncisión. Por otra parte, tenemos la observación del Dr. M. S. Eiger, pediatra, quien declara: “En diez años de ejercer mi profesión en dos hospitales grandes de Nueva York, nunca he visto alguna complicación de la circuncisión que yo hubiera de considerar como de proporciones graves.” Parece que varios estudios que se realizaron en los EE. UU. corroboran esta última observación. En un hospital de Nueva York hubo seis complicaciones y ninguna muerte en una serie de más de 10.000 circuncisiones ejecutadas entre 1933 y 1951; un informe de California indica que, en 1951, de 1.878 operaciones hubo tres casos de hemorragia que exigieron puntos de sutura, y no ocurrió ninguna muerte; y solo resultó una muerte entre más de medio millón de circuncisiones practicadas en la ciudad de Nueva York de 1939 a 1951.

Bueno, hasta una muerte en más de medio millón de casos es una pérdida terrible; pero nos preguntamos si hasta los casos raros no pudieran eliminarse si la operación se practicara en un día científicamente seguro. Después de la debida consideración, decidimos que, si un cirujano experimentado ejecutara la intervención al octavo día, la circuncisión probablemente sería uno de los menores riesgos a los cuales nuestros hijos jamás tendrían que enfrentarse, y que los beneficios que probablemente vendrían eclipsaban los riesgos que pudieran presentarse.

Los beneficios que esperábamos

Puesto que el mandato de circuncidarse fue abolido divinamente durante el primer siglo, reconocíamos que nuestros hijos no podrían jactarse de ningún mérito religioso debido a la circuncisión. (Hech. 15:1-29; 1 Cor. 7:19) También reconocíamos el hecho de que el prepucio es parte de la creación de Jehová y que Dios no pidió que éste se les quitara a sus siervos de antes del tiempo de Abrahán, y no lo requiere de sus adoradores cristianos. Sabíamos que las perspectivas de nuestros hijos como siervos del Altísimo dependían de una circuncisión más importante que aquélla, la ‘circuncisión del corazón,’ es decir, el extirpar del corazón todo lo que sea superfluo y contribuya al crecimiento de lo inmundo.—Rom. 2:29; Col. 3:5-11.

Sin embargo, el hecho de que la circuncisión tiene valor práctico se explicó en la publicación Science News Letter, en su número del 31 de octubre de 1964, donde se dijo: “El motivo para la circuncisión es la limpieza, para impedir la acumulación de una mezcla irritante que se llama esmegma en el espacio estrecho entre el bálano y el prepucio que lo cubre.” Un artículo que salió en Today’s Health explica que “el esmegma . . . si no se quita . . . llega a ser un terreno maloliente para la crianza de bacterias que causan irritaciones e infección.”

Los que se oponen a la circuncisión rutinaria sugieren que “si se puede enseñar a un niño a atar los lazos de sus zapatos o a cepillarse los dientes o a lavarse detrás de las orejas, también se le puede enseñar a lavarse debajo del prepucio.” Sin duda eso es cierto de muchos niños. Pero, me pesa decirlo, ¡nuestros hijos nunca han sido diligentes o concienzudos respecto a ninguna de estas tareas! Y aunque las caries puede ser lo peor que pudiera resultar de no limpiarse los dientes adecuadamente, mucho más puede estar envuelto en no tener limpio el prepucio.

Los estudios realizados en los Estados Unidos, Europa y Asia han revelado una incidencia mucho más alta de cáncer del pene en los hombres incircuncisos que en los circuncisos. De hecho, como observa el Dr. M. S. Eiger: “Casi nunca se halla cáncer del pene en el hombre que ha sido circuncidado en su infancia.” Los resultados de estos estudios han sido tan definitivos que hasta un adversario franco de la circuncisión rutinaria en los EE. UU. admite: “La higiene sexual defectuosa, las instalaciones higiénicas inadecuadas y las enfermedades venéreas tienden a aumentar la incidencia de los cánceres genituorinarios en los grupos étnicos o poblaciones que no practicaban la circuncisión. Parece, pues, que en estos grupos se indicaría la conveniencia de la circuncisión.”

Sin embargo, este mismo facultativo no opina que la circuncisión rutinaria sea necesaria en los EE. UU., donde un alto grado de higiene personal es cosa accesible (a la mayoría de la gente). Un artículo de Woman’s Day declara que “la higiene adecuada otorga casi tanta protección contra el cáncer del pene como la circuncisión.”

Sin embargo, el cáncer del cuello uterino, que de los cánceres entre las norteamericanas es el tercer asesino más común, es casi desconocido entre las judías. Muchas autoridades creen que la circuncisión de los judíos es un factor que contribuye a esto.

En un estudio realizado en Yugoslavia se comparó a los musulmanes emancipados circuncisos con los no musulmanes incircuncisos. Se halló dos veces más lesiones cervicales premalignas en las esposas de los no musulmanes incircuncisos que en las esposas de los musulmanes emancipados circuncisos (11 por 1.000 en el primer grupo, 5,5 por 1.000 en el último). Es de interés el hecho de que en los musulmanes ortodoxos (que practican la circuncisión en la adolescencia junto con otras formas de higiene sexual) no se halló ni un solo caso de esta enfermedad.

Pero, ¿es cruel la circuncisión? Bueno, a nosotros nos pareció que el dolor momentáneo queda abundantemente compensado por la protección que la circuncisión proporciona. Recordarnos que en muchas de las mejores inversiones de la vida, “mejor es el fin de un asunto posteriormente que su principio.” (Ecl. 7:8) No temíamos que la experiencia causara cicatrices en la personalidad de nuestros hijos, pues recordamos las muchas personalidades deseables entre las filas de los circuncisos.

La decisión era NUESTRA

Comprendemos que no todos los padres estarán de acuerdo con la decisión que nosotros tomamos. Sea que los padres opten por la circuncisión o no, su decisión merece el respeto de otros. Especialmente en el caso de padres cristianos, podemos estar seguros de que no han tomado a la ligera ninguna decisión que tenga que ver con sus hijos. Un padre cristiano explicó como sigue la decisión que él y su esposa habían tomado: “Gabriel nació prematuramente, y no nos pareció justo añadir a sus dificultades la herida de la circuncisión. Por supuesto, los recordatorios de Jehová nos han hecho conscientes de la importancia de la limpieza genital; de modo que le hemos instruido cuidadosamente a este respecto.”

Puede que otros padres hallen que los gastos de la operación son más de lo que pueden pagar, o que los arreglos para ella no estén disponibles al momento. Finalmente, puede que algunos razonen que si Jehová hubiese considerado indispensable la circuncisión, no hubiera descartado aquel mandato antiguo.

Así, pues, volvemos al punto de partida de nuestra consideración, y dejamos la decisión precisamente donde debe estar, con ustedes, los padres.—Contribuido.

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