“La clave”
Hace unos años el “Sunday News” de Nueva York publicó una entrevista que se celebró con Art Linkletter, personaje de la televisión, en la cual habló sobre la trágica muerte de su hija, Diane, cuya caída suicida fue atribuida a la droga LSD. Aunque en el transcurso de los años hay cambios en las clases de drogas que se popularizan, un principio sigue siendo válido que se enfatizó en esa entrevista. Y ese principio está relacionado con el asunto de proteger a los hijos por medio de vigilar a las personas con quienes ellos se asocian: “Me parece que el mayor error que cometí fue éste: Notaba que algunos de los amigos y amigas de Diane eran de apariencia bastante extraña, pero entonces me decía que muchos jóvenes son de apariencia extraña, especialmente en Hollywood.” Habiendo aprendido de la experiencia, declaró: “La cosa más difícil que uno puede tratar de decir a los padres es que la clave a lo que va a sucederle a su hijo o hija estriba en los muchachos y muchachas con quienes ellos se asocian, sus amigos. Eso es lo primero que digo ahora cuando alguien me telefonea sobrecogido de temor y dice: ‘Creo que mi hija está usando drogas.’ Digo: ‘Pues, fíjese en sus amistades. ¿Qué clase de personas son? ¿Adónde van? ¿De qué hablan? ¿Lo sabe usted?’ Porque eso tiene más efecto y poder que cualquier otra cosa.”
Es lamentable que los padres tengan que enterarse de un modo trágico acerca de la importancia de supervisar la asociación de sus hijos. Pero la clave siempre ha estado al alcance de los lectores de la Biblia: “Las malas asociaciones echan a perder los hábitos útiles.”—1 Cor. 15:33.