El tiempo y lo que impide predecirlo bien
Por el corresponsal de “¡Despertad!” en las Filipinas
¿HA ESTADO usted alguna vez en una excursión campestre o ido a la playa, cuando, de repente, ha parecido que los cielos se han abierto, de modo que la lluvia torrencial ha cancelado su tarde de esparcimiento? La mayoría de nosotros hemos tenido esa experiencia, y en esas ocasiones tal vez hayamos dicho cosas poco amables acerca del tiempo. Sin embargo, esas inconveniencias son insignificantes cuando se comparan con otros problemas que el mal tiempo puede ocasionar. No hay duda de que a los parientes de los centenares de personas que cada año son víctimas de la descarga del rayo en los Estados Unidos, o a los sobrevivientes de los tifones, que han causado la muerte de miles de personas, el tiempo puede parecer un enemigo.
Pero, en realidad, el tiempo es buen amigo de la humanidad. Por “tiempo,” nos referimos a la condición de la atmósfera, en particular de la parte de ésta que más cerca está de la Tierra en que vivimos.
Nuestra atmósfera es como un inmenso manto que pesara cinco mil billones de toneladas y estuviera envuelto alrededor de la Tierra. Nos protege de las condiciones severas del espacio exterior, así como de la radiación del Sol, que pudiera ser mortífera. Regula el calor de nuestro hogar planetario y lleva agua desde los vastos depósitos de los mares hasta el terreno, y así hace posible la vida humana. Por lo tanto, podemos estar agradecidos por nuestro tiempo, a pesar de que a veces el tiempo que tenemos nos cause inconveniencia o peligro.
Un sistema ordenado
Aunque el tiempo parece cambiar caprichosamente, lo cual hace difícil predecirlo, realmente funciona de modo ordenado. El meteorólogo Frederick G. Shuman comentó recientemente: “Probablemente la primera vez que el observador sin instrucción hiciera un examen casual de la atmósfera opinaría que los sucesos del tiempo se realizan al azar . . . Sin embargo, una observación cuidadosa y directa revela orden en toda escala.”
La mayoría de nosotros probablemente somos “observadores sin instrucción.” Pero un estudio breve de cómo funciona el tiempo —hasta donde puede entenderse— mostrará que verdaderamente funciona de modo ordenado. De hecho, en ello hay otra prueba de que la Tierra está bien diseñada para que vivan en ella seres humanos, y lo hagan en comodidad.
Una dádiva del Sol
El Sol es una asombrosa fuente de energía que irradia un millón de calorías por minuto por cada centímetro cuadrado de su inmensa área superficial. Afortunadamente, solo una dos mil millonésima parte de esta vasta cantidad de energía despedida alcanza la Tierra, y, de esta fracción, aproximadamente la tercera parte vuelve a ser reflejada al espacio y no es usada en absoluto por este planeta. Sin embargo, las restantes dos terceras partes son la causa fundamental de las condiciones del tiempo. Se ve, pues, que nuestro tiempo es una dádiva del Sol. Esto es cierto de muchas maneras.
A veces los niños preguntan a qué se debe que, mientras más alto se está, más frío hace, cuando, en teoría, debería hacerse más caliente debido a que se está más cerca del Sol. La respuesta es, por supuesto, que los rayos directos del Sol calientan muy poco la atmósfera. La mayoría de la radiación del Sol pasa a través de la atmósfera y calienta la superficie de la Tierra. Por eso, casi todo el calentamiento de la atmósfera se hace desde abajo. Este hecho tiene consecuencias trascendentales.
Más del 70 por ciento de la superficie de la Tierra está cubierta de agua. Gran parte del calor del Sol se utiliza en calentar el agua y convertirla en vapor de agua. Parte de este vapor, cuando sube a regiones más altas, se convierte de nuevo, debido al frío, en gotitas de agua que forman nubes. Se requiere mucho calor para convertir agua en vapor, y cuando ese vapor se condensa y forma nubes, todo ese calor se libera. Esto puede causar un desequilibrio en esas regiones frías a gran altura. Esto puede causar alguna turbulencia. Pero el propósito de todo esto es hacer que el agua llegue a donde se necesita, sobre el terreno.
Las nubes, por supuesto, afectan muchísimo el tiempo. No solo llevan lluvia o nieve, sino que obstruyen la luz solar, y hacen que el tiempo sea más fresco durante el día. Pero, de noche, impiden que el calor de la Tierra se pierda en el espacio exterior. Por eso, en el invierno una noche encapotada casi siempre es menos fría.
Los sistemas de los vientos grandes
En tiempos antiguos, cuando se usaban velas para impeler los barcos, los marineros dependían mucho del tiempo. Aprendieron que en ciertas latitudes podían confiar en que los vientos grandes soplaran constantemente y los movieran por largas distancias a través de los océanos del mundo. En el diagrama se muestran estos vientos. Sin embargo, había otras zonas donde los marineros tenían problemas. Por ejemplo, alrededor del ecuador se hallaba la zona de las calmas ecuatoriales, donde podían quedarse detenidos por semanas esperando que soplara un viento favorable. A una distancia de 3.200 kilómetros del ecuador había una región que los marineros de habla inglesa llamaban “horse latitudes,” es decir, “latitudes de los caballos.” ¡Según una fuente, a lo que en español llamamos las zonas de calmas tropicales se le dio ese nombre de “latitudes de los caballos” porque a veces, por falta de viento, los marineros se veían detenidos allí por períodos tan largos que empezaban a tirar los caballos por la borda para conservar el agua!
Indudablemente los marineros que se movían con los vientos grandes bendecían muchas veces el tiempo, mientras que otros, detenidos en las regiones inseguras por falta de viento, decían cosas poco amables acerca de él. Sin embargo, ambas regiones son vitales para nuestro sistema atmosférico o meteorológico, y ambas son causadas por el Sol.
Nuestra atmósfera realmente es un gigantesco sistema de convección, impulsado por el calentamiento del aire cerca del suelo en las zonas tropicales. Este aire caliente se eleva a las regiones superiores, que son más frías, y es reemplazado por aire desde el Norte y desde el Sur. Los vientos grandes que se ven en el diagrama son el resultado de un sistema complicado de circulación inducido por este impulso básico, y modificado por la rotación de la Tierra. Estos vientos son una bendición, en el sentido de que se llevan las nubes cargadas de lluvia de sobre los mares a las zonas de tierra del planeta.
Pero mire la región donde los vientos alisios convergen. Sí, está cerca del ecuador, en la zona de las calmas ecuatoriales. Cuando todos esos millones de toneladas de aire vienen impetuosamente y convergen en la misma latitud, lo único que pueden hacer es ascender. A medida que se elevan del calor que hay al nivel del mar hacia las frías regiones altas, tienen que descargar parte de su vapor de agua. Esto da por resultado una zona de vientos, nubes y lluvia variables.
Cuando una masa de aire asciende, la rotación de la Tierra la hace girar como un remolino al revés. Por eso, a lo largo de toda esta región se están estableciendo masas de aire que en algunos casos tienen diámetros de miles de kilómetros, y estas masas están circulando hacia arriba, causando baja presión al nivel del mar, nubes y a veces vientos fuertes. A éstas se les llama ciclones, y desempeñan un papel importante en mover nubes cargadas de lluvia sobre el terreno. Por eso, a pesar de que los marineros de antaño se hayan quejado, nosotros podemos estar agradecidos por este sistema atmosférico. Se forman zonas de presión baja parecidas donde los vientos del este polares se encuentran con los vientos reinantes del oeste, donde dos masas de aire de diferentes temperaturas reaccionan, o hasta sobre zonas aisladas que se calientan.
Sucede exactamente lo contrario a 3.200 kilómetros al norte del ecuador. Aquí, grandes masas de aire están alejándose unas de otras... los vientos alisios y los vientos reinantes del oeste. El resultado es que el aire viene bajando en espiral desde arriba. La presión de este aire aumenta, el aire se pone más cálido y, como resultado, se crea una zona de excelente tiempo despejado. Esto es un anticiclón.
Estas inmensas masas de aire, puesto que están girando, tienden a mantenerse separadas de la atmósfera circundante. Pueden moverse desde su lugar de origen e influir en el tiempo de otras localidades. A veces aparecen otros sistemas circulatorios también. Un ciclón sobre los mares tropicales puede intensificarse y convertirse en tifón (“huracán” en Occidente). El tifón puede tener un diámetro de centenares de kilómetros, y los vientos del centro se mueven a altas velocidades. Sistemas circulatorios de tamaño más pequeño son las tempestades de truenos o tronadas. Aún más pequeños son los tornados.
Nadie comprende cabalmente los tifones, las tronadas ni los tornados. Parece que son sistemas que alivian el desequilibrio, o que tal vez eliminan el calor excesivo que se halla al nivel del mar. Pero, a pesar de su aspecto espantoso, sin duda desempeñan un papel importante en nuestra atmósfera.
Estos sistemas de vientos son responsables de gran parte de nuestro tiempo. A medida que las zonas de alta presión se encuentran con las zonas de baja presión, y a medida que en ambas influyen los vientos reinantes, las partes de la superficie terrestre sobre la cual pasan y otras cosas, estas zonas producen mucha de la variabilidad que experimentamos en nuestro tiempo de día en día.
El hombre y el tiempo
En los últimos años el hombre ha estado tratando de investigar qué le impide predecir el tiempo con exactitud. El tiempo sigue ciertas leyes, pero estas leyes son complicadas. A principios de este siglo, el meteorólogo británico Lewis Fry Richardson trató de usar fórmulas matemáticas basadas en las leyes del calor y la moción para predecir el tiempo. Sin embargo, sus ecuaciones eran tan largas que por lo general el tiempo llegaba antes de que él terminara sus cálculos. Hoy día los científicos usan computadoras. Valiéndose de satélites, globos, cohetes y así por el estilo, observan la atmósfera detenidamente, alimentan las computadoras con datos acerca de ella, y así tratan de pronosticar el tiempo. Con bastante frecuencia tienen éxito en pronosticar el tiempo para el futuro inmediato, pero todavía no comprenden los mecanismos de los patrones meteorológicos que abarcan mucho tiempo.
El hombre también ha tratado de alterar el tiempo; ha tratado de producir lluvia artificial por medio del “sembrado” o “bombardeo” de las nubes, ha tratado de disipar la niebla de los aeropuertos así como moderar los tifones, tener menos descargas del rayo, suprimir el granizo. Hasta la fecha los resultados solo han sido de poca importancia, y tal vez sea mejor así. ¿Puede usted imaginarse los pleitos judiciales que habría como resultado de inundaciones causadas por tempestades de lluvia inducidas por el hombre?
Son más problemáticos los cambios que el hombre ha efectuado en el tiempo involuntariamente. Parece que por muchos años el anhídrido carbónico de las industrias del hombre ha estado calentando la atmósfera, mientras que sus fluorocarburos y óxidos nítricos posiblemente estén destruyendo la capa de ozono, que nos protege de la peligrosa radiación ultravioleta. Nadie puede decir en lo que esto resultará con el transcurso del tiempo.
El “smog,” el humo mezclado con niebla que sofoca a muchas ciudades, también es causado por el hombre. La lluvia ácida —causada por los contaminantes que el hombre emplea— da motivo para preocupación, puesto que mata a los peces y destruye los edificios. Aun la sequía prolongada que le acarreó un hambre devastadora al África del Norte en 1972 se debió, según una fuente, a un “largo proceso de cambio climático, abuso del sistema ecológico y mala administración política.”
El tiempo como amigo
Sin embargo, a pesar de los abusos que el hombre comete, el tiempo todavía es su buen amigo. Es un maravilloso sistema que modera la temperatura y riega el terreno. Recuerde, la lluvia que arruinó su excursión campestre era esencial para el cultivo de los productos alimenticios y para proveer agua potable. Y el ciclón que trajo consigo aquella lluvia era parte de un gran sistema atmosférico de convección.
Indudablemente, hasta los huracanes y tornados desempeñan su papel, aunque esto no se entienda perfectamente bien ahora. Y en realidad, no es necesario que esos sucesos cuesten vidas. El libro Disaster! (preparado por los directores de la Encyclopœdia Britannica) explica: “Se puede evitar gran parte de la pérdida de vidas que proviene de las tempestades tropicales y los tornados.” Dice que si se prestara atención a las advertencias tempranas y se usara sentido común en cuanto a buscar refugio de la tempestad, sería posible evitar la mayoría de las muertes. Respecto a las tronadas dice: “Sin embargo, el promedio de más de cien muertes en los Estados Unidos cada año representa una reducción del promedio de más de cuatrocientas que regía en las primeras décadas de este siglo. La investigación reciente indica que la pérdida de vidas puede reducirse a mayor grado aún.” No cabe duda de que si el hombre hubiese obedecido a su Creador desde el principio y hubiese seguido escuchando su consejo no hubiera experimentado ninguna fatalidad debido a cosas como éstas.—Gén. 1:28.
Sí, el tiempo es amigo de la humanidad. Mostrémonos agradecidos de que la Tierra, a pesar de todo lo que los seres humanos le han hecho, funcione tan bien, y de que, debido a nuestra atmósfera, la vida sea tan cómoda en nuestro hogar planetario.
[Diagramas en la página 27]
(Para ver el texto en su formato original, consulte la publicación)
VIENTOS DEL ESTE POLARES
BAJAS SUBPOLARES
VIENTOS REINANTES DEL OESTE
ZONA DE CALMAS TROPICALES
VIENTOS ALISIOS
CALMAS ECUATORIALES
VIENTOS ALISIOS
ZONA DE CALMAS TROPICALES
VIENTOS REINANTES DEL OESTE
60°
30°
0°
30°
[Diagrama]
AIRE FRÍO
BAJA PRESIÓN
AIRE CALIENTE
AIRE CALIENTE EN ASCENSO
AIRE FRÍO
AIRE CALIENTE