El alcohol como combustible... ¿será esto la respuesta?
Un informe sobre la respuesta del Brasil a la crisis energética
EN 1979 las gasolineras de varias ciudades brasileñas empezaron a vender alcohol en vez de vender solo gasolina o gasóleo. La idea no es nueva. Alejandro Graham Bell declaró en 1922: “El consumo mundial de petróleo es tan grande que las provisiones solo pueden durar unas cuantas generaciones más. La solución es el alcohol, un combustible limpio y perfecto.”
Para que el alcohol sea una verdadera solución, tiene que venir de una fuente renovable. La única fuente disponible es la biomasa. ¿Qué es eso? Material biológico viviente que puede ser transformado en energía. La llave es la fotosíntesis. Las plantas almacenan la energía solar en forma de compuestos químicos que el hombre puede usar para producir alcohol... alcohol de biomasa.
En el Brasil los automóviles accionados por alcohol tienen una historia de más de medio siglo. En 1919 el gobernador del estado de Pernambuco decidió utilizar alcohol para los vehículos gubernamentales, y durante los años veinte este estado ya estaba utilizando mezclas de alcohol, y algunos automóviles solo usaban ese combustible. Para 1933 el presidente Getulio Vargas decidió hacer de Río de Janeiro “la primera ciudad del Brasil movida por alcohol.” Pero el esfuerzo por transformar los 20.000 automóviles de la ciudad para que funcionaran con una mezcla que contuviera un 60 por ciento de alcohol tuvo que ser abandonado cuando se agotó el alcohol. En 1938 y 1942 se hicieron otros esfuerzos por mezclar el alcohol y la gasolina, pero fue imposible poner precio competitivo al alcohol. Sin embargo, en 1973 la situación empezó a cambiar. El alza repentina de los precios del petróleo y el aumento en la cantidad de petróleo que se consumía hicieron que el costo de las importaciones brasileñas de petróleo ascendiera de 400 millones de dólares en 1972 a 4.000 millones en 1975.
Puesto que el Brasil tiene una abundancia de agua en movimiento que se puede aprovechar para generar electricidad, el aumento en el precio del petróleo no creó una crisis energética, sino, más bien, una crisis de combustible. El alcohol de biomasa presentaba al país la mejor posibilidad como combustible. Por eso, en noviembre de 1975 se inició el Programa Nacional del Alcohol, Proálcool. Este programa abarca todo... el sembrar otros millones de hectáreas de caña de azúcar, experimentar con otras plantas, y también hacer arreglos para almacenamiento y venta.
La primera etapa del plan requería que se mezclara hasta 20 por ciento de alcohol con la gasolina, puesto que esto no exigiría ajustes en los motores de los automóviles. Después de más de tres años, ya se está añadiendo hasta 16 por ciento de alcohol. El Programa Brasileño de Alcohol ya ha realizado mucho más de lo que se esperaba. En 1974-75 la producción de alcohol alcanzó 740 millones de litros; en 1977-78 ascendió a 1.500 millones de litros. Los planes exigen la producción de 10.700 millones de litros de alcohol en 1985, lo cual representará aproximadamente el 5 por ciento de la energía consumida en el país.
El Brasil tiene un área total de 8,5 millones de kilómetros cuadrados, de modo que hay suficiente terreno —y luz solar— para cultivos que produzcan la materia prima necesaria. El interior o cerrado del Brasil, de unos dos millones de kilómetros cuadrados, es idóneo para esto.
La meta principal de Proálcool es producir alcohol etílico de la caña de azúcar por medio de fermentación y la subsiguiente destilación. La producción actual es de unos 3.500 litros de alcohol anuales por cada hectárea, pero se está progresando con experimentos encaminados a aumentar esta producción. La construcción e instalación de un establecimiento o planta que produzca unos 120.000 litros de alcohol al día cuesta más o menos lo mismo que la perforación de un pozo de petróleo (10 millones de dólares, E.U.A.) pero tiene la garantía de que habrá producción. Toma unos tres años la instalación completa de una destilería de alcohol de esta clase, mientras que quizás se requieran cinco años antes que un yacimiento petrolífero pueda usarse comercialmente.
Recientemente el Instituto de Investigación Tecnológica hasta publicó un manual para la construcción de “minidestilerías.” Una planta de esa índole pudiera abastecer de combustible un camión y accionar motores estacionarios para satisfacer necesidades de electricidad, y, además, los desperdicios de la caña pudieran convertirse en abono. Solo se necesitarían 24 hectáreas de terreno para cultivar la caña de azúcar con la cual abastecer el establecimiento destilador. Para grandes terratenientes en regiones aisladas esta destilería que ellos mismos pueden construir pudiera significar un nuevo modo de vivir.
Una de las principales causas de preocupación es la contaminación creada por los desechos. La fabricación de un litro de alcohol también produce 12 litros de vinhoto, los residuos tóxicos de la pulpa de la caña. Si se permite que esto pase a las corrientes fluviales, absorbe oxígeno y mata a los peces, algas y plantas. Además, la destilería que maneja 120.000 litros de alcohol diariamente también produce cuatro toneladas de levadura. Felizmente, el Brasil ha dado atención a estos problemas. La Metalúrgica Conger S. A. fabrica equipo para transformar la levadura en aprovisionamiento de proteína para los animales mediante cierto proceso térmico y para transformar por evaporación el vinhoto en excelente abono o en alimento para los animales, sin que esto afecte el rendimiento de la destilería.
Para que haya buena producción se requiere tierra fértil de buena calidad. No toda la tierra del Brasil satisface este requisito. Por eso, el gobierno se propone desarrollar, junto con el programa original Proálcool, un proyecto para la producción de etanol, y, más tarde, de metanol, de la madera del eucalipto. El metanol pudiera utilizarse como sustitutivo del petróleo y del gasóleo. La principal razón por la cual se usarían los eucaliptos es que estos árboles no requieren terreno tan fértil como el que requiere la caña de azúcar. Otras ventajas son que en el Brasil los eucaliptos maduran muy rápidamente (cinco años) y se pueden cortar durante todo el año. Además, las condiciones atmosféricas afectan muy poco el crecimiento de los eucaliptos, pero son causa de mucha preocupación en el cultivo de la caña de azúcar. Además, cuesta aproximadamente 150 dólares (E.U.A.) producir una hectárea de madera de eucalipto, en comparación con más de 450 dólares para la caña de azúcar. Este costo más elevado se debe a que la caña precisa un terreno más fértil y más abono, pesticidas y labor. Por otra parte, una fábrica ideada para producir diariamente 120.000 litros de alcohol de la madera del eucalipto cuesta aproximadamente el doble de lo que cuesta una fábrica para elaborar la caña de azúcar.
En este mismo momento está disponible la materia prima necesaria para empezar. En tan solo los estados de Mato Grosso do Sul y Minas Gerais hay más de 500.000 hectáreas de árboles de eucalipto listos para ser cortados. Sería necesario plantar aproximadamente 1.000.000 de hectáreas de árboles cada año para suministrar la materia prima que se exigiría en el futuro. Últimamente el presidente Figueiredo declaró que “solo necesitamos que el 10 por ciento del cerrado del Brasil central sea sembrado de eucaliptos para producir metanol equivalente a 2 millones de barriles de petróleo diarios.” Esto libraría al Brasil de la necesidad de importar petróleo.
También hay ciertos residuos valiosos. Por cada 1.000 litros de alcohol se producen 800 kilos de coque metalúrgico, 350 kilos de alimento para animales (proteína), 500 kilos de gas carbónico, y 30 kilos de furfural, una materia prima que se usa para hacer resinas y solventes. Tan solo los primeros dos artículos tienen un valor equivalente a aproximadamente el 70 por ciento del valor del alcohol que se produce. Por eso se dice que el precio del alcohol pudiera variar entre 10 y 20 centavos por litro, dependiendo de hasta qué grado puedan utilizarse estos derivados.
Cambios en los automóviles
Es posible convertir cualquier automóvil que utilice gasolina en uno que utilice alcohol por medio de adaptaciones menores, principalmente destinadas a obtener mejor rendimiento o funcionamiento. Esto cuesta entre unos 200 y 250 dólares por automóvil. Una cosa a favor de los automóviles que funcionen por alcohol es que su poder de aceleración es mayor que el de los automóviles impulsados por gasolina. Y puesto que el alcohol tiene una temperatura de explosión más elevada, no estalla en llamas enseguida si se destroza el automóvil. Pero el consumo de combustible aumenta en 10 a 15 por ciento. Además, los carburadores, bombas de distribución y tanques de combustible han mostrado corrosión significativa en los motores que han sido convertidos al uso de alcohol. Para eliminar este problema, pues, los motores que han sido convertidos últimamente tienen partes forradas de plástico y carburadores de aluminio. Otro problema es que se experimenta dificultad en poner en marcha el motor en tiempo muy frío. Para compensar por esto, se han desarrollado métodos de precalentar el alcohol para el encendido.
En São Paulo ya es común ver automóviles de color anaranjado marcados nítidamente: “Movido a Álcool.” Cuando éstos pasan, el chiste generalizado es: “¡Bueno, por lo menos el conductor lo está!” Sin embargo, hace mucho que el programa del alcohol dejó de estar en la etapa de las bromas. Es una realidad.
De las líneas de montaje de los fabricantes de automóviles ya salen vehículos accionados por alcohol. La meta para 1980 ha sido de 250.000 automóviles con motores que utilicen solamente alcohol. El gobierno calcula que para 1982 más de 1.000.000 de automóviles habrán sido adaptados o construidos en las fábricas con motores que usen alcohol exclusivamente.
Pero, ¿es el alcohol de biomasa la respuesta completa? Ciertamente es una valiosa fuente de energía renovable que Dios ha puesto a la disposición del hombre. No obstante, con la conversión al alcohol como combustible no se resolverán todos los problemas. El abuso de este recurso y la codicia relacionada con su producción y distribución pueden resultar en graves problemas, tal como ha sucedido con el petróleo. El verdadero problema no podrá resolverse sino hasta que de entre la humanidad se haya removido a los explotadores egoístas.
¿Tenemos acaso razón para creer que eso haya de suceder algún día? Sí, pero no por esfuerzos humanos. Sin embargo, la Biblia muestra que el propósito de Dios es hacer tal cosa por medio de su reino mesiánico. “De la opresión y de la violencia les redimirá el alma, y la sangre de ellos será preciosa a sus ojos.”—Sal. 72:14.