El incomparable Puente de Brooklyn
Decenas de miles de personas entusiasmadas llenan las calles, carrozas, bandas, ¡todo en una gran parada! En el East River, hay una flotilla de embarcaciones del puerto, algunas tocando bocinas mientras cañones de agua disparan sus chorros como tributo! Hay exhibiciones. Un programa de luz y sonido. Banderas. Comida. ¡Fuegos artificiales!
¿Qué sucede? Es el 24 de mayo de 1983, y la ciudad de Nueva York celebra el centenario de la inauguración del Puente de Brooklyn. Pero ¿por qué hay tanta excitación por un puente?
“BABILONIA tenía sus jardines colgantes, Egipto su Pirámide, Atenas su Acrópolis, Roma su Ateneo; de modo que Brooklyn tiene su Puente.” Éstas fueron las palabras que un comerciante escribió en la ventana de su tienda cuando el Puente de Brooklyn fue abierto al tráfico por primera vez en 1883. El público estaba muy entusiasmado.
Las ceremonias de apertura serían recordadas por mucho tiempo. En aquel claro y soleado día del 24 de mayo, Chester A. Arthur, quien entonces era el presidente de los Estados Unidos, dirigió una gran parada que cruzó el río por el elevado paseo del puente. Aquella noche, 14 toneladas de fuegos artificiales alumbraron el cielo.
“El puente más grandioso que existe, [...] la más grandiosa obra de ingeniería del continente y de la época.” Esa fue la predicción del diseñador del puente, el inmigrante alemán John Roebling. Tenía razón.
Tal vez ésta sea la razón principal por la cual la fanfarria asociada con la celebración del centenario atrajo a tantas personas. Después de todo, el Gran Puente había sido una obra de ingeniería que hizo época. Además, todavía se está usando. Todos los días pasan por él a pie y en autos 150.000 personas. Y aunque muchas de éstas apenas le dan importancia cuando pasan por él, se vieron obligadas a dársela el 24 de mayo... ¡el puente fue cerrado al tránsito la mayor parte del día! Solo se dejó pasar por éste la parada compuesta de 18.000 personas.
Un proyecto costoso
¿Quién hubiera sabido lo que costaría este puente en términos de tiempo, dinero y vidas humanas? El mismo John Roebling, mientras efectuaba una inspección preliminar por el embarcadero de Fulton, llegaría a ser la primera víctima. Su pie fue triturado entre dos pilotes empujados por una embarcación que iba entrando en el embarcadero, y murió de tétano tres semanas después.
Entonces azotó la enfermedad de los caissonsa. ¿Qué enfermedad era ésta? Nadie lo sabía entonces. Pero cada vez más obreros que trabajaban dentro de caissons o campanas, cámaras de sumersión en forma de caja que se usaban debajo del agua para cavar los fundamentos de las torres, informaban casos de dolores en las coyunturas, al igual que mareos y vómitos. Murieron varias personas a medida que se trabajaba a mayor profundidad.
El hijo de John Roebling, Washington, sucedió a su padre como ingeniero principal. Pero en solo tres años la enfermedad de los buzos y el trabajo excesivo arruinaron su salud. Finalmente se debilitó tanto que ya no podía visitar la zona del puente. Dirigió la mayor parte de la construcción desde una casa en la cercana calle Columbia Heights.
¡Oh, qué proeza fue completar este puente! Los hombres trabajaban con caballo y carreta, martillo y cincel, y máquinas de vapor... no con la clase de equipo que tenemos hoy día, el cual ahorra mucho trabajo. Tomó catorce años llenos de dificultades construir el puente... nueve años más de lo previsto. Costó más de 15.000.000 de dólares... más de dos veces el precio que se había calculado originalmente. Veinte personas murieron en la construcción. Pero el producto final era un monumento que se anticipaba, por muchos años, a su época.
Era el puente colgante más grande del mundo, con más de una milla de largo. Su tramo principal, sostenido por cables de acero —algo que nunca se había usado—, medía 485 metros de largo, lo cual no tenía precedente... cincuenta por ciento más largo que cualquier otro tramo que se había construido hasta entonces. Las dos torres de granito, cada una con impresionantes arcos góticos, eran las estructuras más grandes e imponentes hechas por el hombre en América del Norte.
¡Qué puente!
Esta estructura ya no parece una hazaña de ingeniería. Ahora hay puentes más grandes, con tramos más anchos. De hecho, el puente se ve algo viejo —aunque majestuoso— comparado con los rascacielos de vidrio y acero que se elevan más altos que él. Pero aunque se han logrado muchos adelantos tecnológicos y arquitectónicos desde que se inauguró este puente, nada en el siglo XX ha tenido el mismo impacto del viejo Puente de Brooklyn.
Este puente, que es un rasgo familiar de la ciudad, se ha destacado en obras teatrales y películas, ha inspirado canciones y rapsodias poéticas, se ha “vendido” innumerables veces, según una broma que ya tiene un siglo, y hasta ha atraído a muchas personas deprimidas a cometer suicidio. Para bien, o para mal, el Puente de Brooklyn ha dejado una huella indeleble en la historia. La ciudad de Nueva York celebró esto.
Una noche memorable
Cuando la noche empezó a caer sobre la ciudad, la celebración solo estaba comenzando. Para entonces, centenares de embarcaciones llenaban la parte alta de la bahía de Nueva York, debajo del puente. Más de dos millones de neoyorquinos, además de los visitantes, se reunieron en ambos lados del East River. Una muchedumbre sorprendentemente pacífica esperó con paciencia hasta que un programa de sonido y luces dramatizó la historia del puente, para deleite de los que podían oírlo.
Entonces ¡llegó el momento culminante! En 28 minutos se dispararon fuegos artificiales valorados en $200.000. El cielo quedó iluminado a medida que 9.600 cohetes estallaban sobre el puerto. El ruido era lo suficientemente fuerte como para estremecer los edificios cercanos. La ciudad de Nueva York nunca había visto un espectáculo como éste. Una jovencita dijo: “Contaré a mis hijos acerca de esto, sobre cómo hizo que la gente de la ciudad se sintiera feliz —muy feliz— por un rato”.
A medida que las muchedumbres se dispersaban y la suave brisa despejaba el aire del humo y la pólvora, el Puente de Brooklyn sencillamente quedó allí en la tranquilidad, listo para el tráfico una vez más.
[Nota a pie de página]
a Mejor conocida como enfermedad o parálisis de los buzos. Esta enfermedad ataca debido a que el tejido libera burbujas de nitrógeno cuando la persona sube con demasiada rapidez adonde la presión del aire es normal.
[Fotografía en la página 11]
1983
[Ilustración en la página 10]
1883
[Recuadro en la página 12]
Vista desde el Puente
Al venir desde Manhattan por el Puente de Brooklyn, uno no puede pasar por alto dos imponentes edificios que se ven a la derecha con la palabra “Watchtower” sobre ellos. Al desviarse por la primera salida, usted se halla en Brooklyn Heights, lugar donde están los edificios de la central mundial de la Sociedad Watch Tower Bible and Tract, incorporada en 1884, solo un año después de haberse completado el Puente de Brooklyn.
A solo unos centenares de metros del Puente de Brooklyn —cuyas piedras y cables dan testimonio de la sabiduría de sus constructores— este complejo de edificios da testimonio del cumplimiento de una profecía del Fundador del cristianismo, Jesucristo. Los testigos de Jehová, en cooperación con la Sociedad Watch Tower, ahora predican estas “buenas nuevas del reino” en todo el mundo, tal como Jesús dijo hace mucho tiempo que se haría. (Mateo 24:14.)