BIBLIOTECA EN LÍNEA Watchtower
Watchtower
BIBLIOTECA EN LÍNEA
español
  • BIBLIA
  • PUBLICACIONES
  • REUNIONES
  • g84 22/10 págs. 16-19
  • Conquista en el nombre de la Iglesia

No hay ningún video disponible para este elemento seleccionado.

Lo sentimos, hubo un error al cargar el video.

  • Conquista en el nombre de la Iglesia
  • ¡Despertad! 1984
  • Subtítulos
  • Información relacionada
  • Al servicio de su religión
  • La conversión de Atahualpa
  • ¿Dio buenos resultados?
  • El impresionante mundo de los incas
    ¡Despertad! 1980
  • Cómo perdieron los incas su imperio dorado
    ¡Despertad! 1998
  • Un mensaje nuevo para un Nuevo Mundo
    ¡Despertad! 1994
  • Un choque de culturas
    ¡Despertad! 1992
Ver más
¡Despertad! 1984
g84 22/10 págs. 16-19

Conquista en el nombre de la Iglesia

“Si Jesús estuviera vivo hoy, lucharía a favor de la libertad.” Estas palabras de un funcionario prominente de cierta iglesia protestante caracterizan la tendencia que existe hoy día en la cristiandad. Cierto obispo africano ensalza la “violencia justa” de revolucionarios que han tenido éxito. Iglesias protestantes hacen donaciones a organizaciones de guerrillas nacionalistas. Sacerdotes se arman para pelear a favor de una “teología de liberación”. Parece que las personas que están dedicadas a movimientos religiosos están cada vez más dispuestas a recurrir a la violencia para lograr sus metas. ¿Cree usted que esto es correcto? Este artículo considera un ejemplo histórico de tal uso “cristiano” de la fuerza. Contiene algunas lecciones que le harán pensar seriamente.

EL ORO, la gloria y el Evangelio. Se dice que estos tres le dieron ímpetu a la colonización del continente americano. ¡Uno de los colonizadores confesó que había ido a América “para servir a Dios [...] y también para hacerse rico”!

El año 1992 marcará el 500 aniversario de la primera vez que Cristóbal Colón atravesó el Atlántico, lo cual abrió el camino para la colonización. El viaje épico de Colón dio paso al emocionante período de exploración del continente americano. ¿Cuáles fueron los resultados? Cantidades incalculables de riquezas fluyeron a Europa a través del Atlántico, y se estableció la religión europea en tierra extranjera. ¿A qué precio? Principalmente los nativos americanos pagaron el precio, pues fueron subyugados y diezmados mediante la fuerza, la traición, la crueldad y las enfermedades desconocidas de los extranjeros.

A estos extranjeros se les llamó conquistadores. Ellos eran, como lo muestra el historiador J. F. Bannon, “una curiosa combinación de lo santo y lo diabólico”. No hay duda de que los jóvenes que van a la escuela están familiarizados con la valentía y algunas de las hazañas de los conquistadores.

¿Quién no ha oído acerca de Vasco Núñez de Balboa, quien cruzó el istmo de Panamá caminando muchos kilómetros a través de bosques desconocidos, montañas y pantanos para llegar a ser el primer hombre blanco que haya visto el océano Pacífico? ¿O qué hay de Hernán Cortés, quien recorrió grandes distancias con sus hombres para conquistar a los aztecas, quienes vivían en lo que hoy se llama México? También estuvieron Francisco Pizarro y sus hermanos, quienes después de más de dos años de lucha enconada sojuzgaron el vasto imperio inca en la región que hoy se llama el Perú. Otro conquistador fue Pedro de Valdivia, quien se dirigió hacia el sur para conquistar Chile y desplazar a los indios araucanos.

¿Cómo pudieron conquistar tan rápidamente imperios establecidos? Hubo muchas razones. Por ejemplo, el éxito que tuvo Cortés contra los aztecas probablemente se debió, en parte, a los disturbios internos que existían en el imperio azteca. También, los aztecas se enfrentaron por primera vez a ballestas, mosquetes, espadas y jinetes europeos. Además, el gobernante azteca Moctezuma creía que Cortés era un dios que había regresado.

Sea cual sea la razón, a aquellos triunfantes conquistadores pronto les siguieron “agricultores, mineros y sacerdotes, todos equipados para hacer hogares permanentes en el nuevo mundo”. Pero ¿qué tuvo que ver la religión con la conquista?

Al servicio de su religión

Algo que sí es cierto es que en esta gran aventura se le daba consideración primordial a la conversión de los nativos. En España, la tierra natal de la mayoría de los conquistadores, dos sobresalientes gobernantes, Fernando e Isabel, habían “suscitado una ola de fervor nacionalista y religioso” que se desplegó grandemente durante la conquista de la América Latina. (The Encyclopædia Britannica.)

En 1493 el papa Alejandro VI dividió el mundo entre los exploradores españoles y los portugueses, cediéndole a España todo lo que estaba al oeste de la línea imaginaria que se extiende desde el Polo Norte hasta el Polo Sur, a unos 480 kilómetros (300 millas) al oeste de las islas de Cabo Verde. Esto fue “como recompensa por haber convertido a los paganos”. Más tarde, en el Tratado de Tordesillas, ambas potencias ratificaron esta división y la enmendaron por medio de mover la línea divisoria más hacia el oeste.

Es interesante el hecho de que todavía se pueden ver los efectos de dicha intervención papal. Cuando se descubrió la costa de lo que hoy se llama Brasil, se halló que estaba ubicada en la región del mundo que pertenecía a los portugueses. Por eso es que hoy día en Brasil se habla portugués, mientras que en la mayor parte del resto de Sudamérica y Centroamérica se habla español.

Parece que muchos de los conquistadores tenían presente el propósito religioso de su misión. Por ejemplo, el profesor P. J. Mahon y el sacerdote jesuita J. M. Hayes escribieron: “La conversión de los nativos fue algo que Cortés nunca perdió de vista. En uno de sus informes al emperador, con fecha de 1524, él dice que ‘en las muchas veces que he escrito a su Sagrada Majestad, he mencionado a su Alteza acerca de la buena disposición con que algunos de los nativos han recibido nuestra santa fe católica y se han hecho cristianos. Y he mandado a suplicar a su Majestad Imperial que tenga la bondad de proveer con este propósito a personas religiosas que lleven una buena vida y sean ejemplares’”. (Trials and Triumphs of the Catholic Church in America.)

El historiador William H. Prescott añade: “No había otra cosa que estuviera más arraigada en el corazón del gobierno español que la conversión de los indios. Esto formaba parte de la constante carga de instrucciones gubernamentales y daba a las expediciones militares que iban al hemisferio occidental cierta apariencia de cruzadas”. Pero note esto: “La eficacia de la conversión no se puso en tela de juicio, sin importar lo súbitos que fueran los cambios o lo violentos que fueran los medios que se usaran. La espada resultaba ser un buen razonamiento cuando la lengua fallaba”.

No obstante, a menudo estos aventureros desplegaron una extraña combinación de sinceridad y brutalidad al efectuar su obra de conversión. Considere, por ejemplo, lo que sucedió en el caso de Atahualpa, rey de los incas.

La conversión de Atahualpa

Pizarro fue el conquistador del imperio inca. Puesto que solo contaba con un puñado de soldados, Pizarro reconoció que la única manera de conquistar el imperio inca sería por medio de capturar a Atahualpa y tomarlo como rehén. El 16 de noviembre de 1532 Pizarro hizo arreglos para hablar con el gobernante inca en Cajamarca. Pero antes que Atahualpa llegara, Pizarro colocó secretamente su artillería y sus soldados en tres lados de la plaza de la ciudad. Entonces, el gobernante llegó con más de 3.000 hombres... aparte de los garrotes pequeños y hondas, todos estaban desarmados.

El historiador Robert Barton da un informe de lo que sucedió después: “Cierto monje dominico llamado Vicente de Valverde se acercó al trono con una Biblia en las manos para explicar las santas fuerzas del cristianismo. Empezó por medio de describir al Creador, y por largo rato habló acerca de Jesucristo y su sacrificio supremo en la cruz. Concluyó por medio de pedirle a Atahualpa que renunciara a su propia religión pagana y que reconociera el señorío feudal del emperador Carlos V, quien desde entonces en adelante le daría protección en este mundo, tal como Jesucristo lo haría en el otro mundo”. (A Short History of the Republic of Bolivia.)

El gobernante inca debe haber oído con asombro aquel discurso. Él contestó, según Barton: “‘En cuanto a su Dios, los mismos hombres que Él creó le dieron muerte, mientras que el mío —señalando al gran sol rojo que se ponía detrás de las sierras— vive para siempre y protege a sus hijos. ¿Con qué autoridad dice usted estas cosas?’”. El monje señaló a la Biblia y se la pasó a Atahualpa, quien la tiró al suelo. El monje Vicente recogió la Biblia del suelo y corrió a decirle a Pizarro lo que había sucedido. Se informa que el monje dijo: “Ataquen inmediatamente. Los absuelvo del pecado”. Pizarro dio la señal de ataque, lo cual resultó en la matanza de centenares de indios indefensos, y Atahualpa fue tomado prisionero.

Atahualpa negoció su libertad con Pizarro. El emperador inca ofreció una enorme cantidad de oro y plata como rescate, que Pizarro aceptó. Pero cuando el tesoro le fue entregado conforme al acuerdo, Pizarro rehusó cumplir con su promesa. Atahualpa fue enjuiciado y condenado a morir en la hoguera como idólatra. Muchos de los consejeros de Pizarro protestaron por tal acto de traición... pero no el sacerdote Valverde. Finalmente, Atahualpa afirmó hacerse cristiano y fue bautizado. No obstante, se le dio muerte por estrangulación el 29 de agosto de 1533.

Después de aquello, Pizarro completó la conquista del imperio inca. Mientras tanto, “erigió iglesias, echó abajo ídolos y colocó cruces en los caminos”. (The Trials and Triumphs of the Catholic Church in America.) Pero ¿cree usted que la religión que él esparció de ese modo haya sido el cristianismo verdadero?

¿Dio buenos resultados?

En sentido militar, aquella empresa tuvo éxito. Pequeños grupos de conquistadores extendieron los límites imperiales de sus respectivas patrias y, en su mayoría, procuraron gloria y oro para sí mismos. Pero ¿lograron alcanzar, mediante su violencia, alguna meta cristiana?

Por un tiempo parecía que sí lo habían logrado. “Los sacerdotes que fueron en las primeras expediciones destruyeron, justamente, templos e ídolos, y denunciaron el paganismo indígena; las conversiones en masa empezaron cuando los misioneros vinieron de España [...] Los indios aceptaron el bautismo con gran celo.” (Encyclopædia Britannica.) Sin embargo, ¿cuán completas fueron aquellas conversiones?

El historiador Ruggiero Romano comenta: “Los nativos de este país, aunque por largo tiempo han recibido instrucción de los evangelios, no son más cristianos hoy día que durante el tiempo de la conquista, pues, en lo que respecta a la fe, hoy día no tienen más que la que tenían en aquella época [...] Hoy día todavía permanece viva en Bolivia y en el sur del Perú la antigua deidad pagana Pacha-Mama (Tierra-madre), aunque ha sido asimilada por la Virgen [...] En México, el culto de la Virgen de Guadalupe tiene sus raíces en el culto de la diosa Tonantzin (Madre de los dioses)”. (Mecanismos da Conquista Colonial.)

El mismo autor dijo: “La evangelización ha fracasado muchas veces [...] ¿Por qué? Porque la violencia también predomina en la predicación del evangelio. ¿Cómo van a ofrecer una religión que pretende tener amor, si se tiene en cuenta que ‘nadie puede negar el hecho de que la pólvora utilizada en contra de los infieles es como incienso para el Señor’?”.

No, las verdaderas metas cristianas jamás se podrán alcanzar por esos medios violentos. Las conversiones a punta de espada jamás podrán lograr cambios en la personalidad de la gente ni hacer que se dediquen voluntariamente, cosas que se requieren de los que practican el cristianismo verdadero. En vez de eso, los mismos “evangelistas” ceden a la corrupción. Usted puede notar que en muchos de los países descubiertos por los conquistadores evangélicos que blandían la espada todavía hay amargo conflicto y división. Y hoy día en estos lugares algunos sacerdotes y monjas promueven la lucha con armamentos modernos a favor de una “teología de liberación”.

La manera de proceder de Jesús fue diferente. ¿Recuerda usted cómo reaccionó él la noche en que fue arrestado, cuando el apóstol Pedro trató de protegerlo con una espada? Jesús dijo: “Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que toman la espada, perecerán por la espada” (Mateo 26:52). Poco después, aquel mismo día, Jesús dijo a Poncio Pilato: “Mi reino no es parte de este mundo. Si mi reino fuera parte de este mundo, mis servidores habrían peleado para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero, como es el caso, mi reino no es de esta fuente”. (Juan 18:36.)

Esas palabras intrépidas, que hacen reflexionar a uno, muestran que si hoy día Jesús fuera un ser humano en la Tierra, ciertamente no recurriría a las armas para luchar a favor de la libertad. Por lo tanto, los que verdaderamente quieren seguir las pisadas de Jesús no pueden participar en tal violencia (1 Pedro 2:21-23). Puesto que éste es el caso, tenemos que hacer las siguientes preguntas: ¿El “reino” de quién estaban realmente representando guerreros como Cortés y Pizarro? ¿Y a favor del “reino” de quién están peleando hoy día tanto los ministros protestantes como los católicos que son activistas? Está claro que no es a favor del Reino en que gobierna Jesucristo.

[Comentario en la página 18]

A menudo los conquistadores desplegaron una extraña combinación de sinceridad y brutalidad al efectuar su obra de conversión

[Comentario en la página 19]

Aunque ofrecían una religión que afirmaba tener amor, consideraban la pólvora que se usaba en contra de los infieles como ‘incienso para el Señor’

    Publicaciones en español (1950-2025)
    Cerrar sesión
    Iniciar sesión
    • español
    • Compartir
    • Configuración
    • Copyright © 2025 Watch Tower Bible and Tract Society of Pennsylvania
    • Condiciones de uso
    • Política de privacidad
    • Configuración de privacidad
    • JW.ORG
    • Iniciar sesión
    Compartir