Parejas que trabajan... la clave del éxito
NO CABE la menor duda... el que las parejas ganen dos sueldos puede producir tensión y agotamiento. Por lo tanto, es prudente que las parejas o los matrimonios calculen el costo —en sentido financiero, emocional y espiritual— cuando ambos cónyuges trabajan. (Véase Lucas 14:28.) No obstante, cuando las circunstancias requieren que ambos cónyuges mantengan la familia, los problemas que resultan no son insuperables. Muchas parejas están teniendo éxito en superarlos ¿Cuál es la clave de tal éxito? A menudo consiste en seguir los principios bíblicos.
El consejo de la Biblia nunca pasa de moda. Hasta puede ayudarle a encararse mejor a la crítica situación económica de hoy día. Hace mucho la Biblia explicó que “en los últimos días se presentarán tiempos críticos, difíciles de manejar” (2 Timoteo 3:1-5). El hecho de que el hombre se dé cuenta de esto puede evitar que él crea que es un fracasado, cuando se le haga difícil hacer equilibrios para vivir.
Y si una familia realmente necesita dos sueldos, la Biblia no condena el que la esposa trabaje. En realidad, muestra que la mujer fue creada para ser “ayudante” del hombre (Génesis 2:18). De modo que si la esposa ayuda por medio de ganar un sueldo que se necesita, el esposo no tiene que sentirse amenazado debido a esto. Al contrario, él debería sentirse impulsado a alabarla por los esfuerzos que ella hace, como lo hizo el esposo de la “esposa capaz” (Proverbios 31:10, 28). Sin embargo, ¿qué hay de algunos problemas específicos a que se encaran las parejas que trabajan, como el problema del manejo del dinero?
Problemas financieros
‘No es justo —dijo cierto esposo refunfuñando—. El dinero que yo gano es para la familia. El dinero que ella gana es para ella.’ ¿Le suena esto como algo conocido? La escritora Susan Washburn hace esta observación: “Los conflictos sobre asuntos monetarios son frecuentemente medios de expresar otras tensiones en las relaciones”.
Por ejemplo, muchas parejas pasan varias horas discutiendo sobre qué parte del dinero es “tuya”, “mía”, o “nuestra”. Sin embargo, el problema en tales casos no es un presupuesto deficiente, sino un punto de vista egoísta del matrimonio. Dios declaró que las parejas deben obrar como “una sola carne” (Génesis 2:24). Cuando se obedece este principio, ¿realmente importa qué parte de los fondos es “tuya” y qué parte es “mía”? De hecho, ¡Pablo señaló que los esposos y las esposas amorosos solo estarían ‘inquietos’ en cuanto a ganar la aprobación uno del otro! (1 Corintios 7:33, 34.)
Otro problema matrimonial que puede manifestarse como una “disputa por el dinero” es la falta de comunicación. Una esposa se quejó: “Obrábamos independientemente uno del otro. Sencillamente nunca hablábamos acerca de lo que gastábamos hasta que llegaban las facturas. Entonces no hablábamos, discutíamos”. No obstante, considere nuevamente el principio bíblico de ser “una sola carne”. ¿No abarcaría esto también la comunicación? (Génesis 2:24.) La Biblia nos dice además que “el amor [...] no busca sus propios intereses”. (1 Corintios 13:4, 5.)
Cuando los matrimonios siguen estos principios, a menudo cualesquier arreglos financieros pueden funcionar eficazmente. Después de sentarse y considerar los asuntos a fondo, algunas parejas deciden que cada cónyuge debe tener cierta cantidad de dinero y ser responsable de ciertas facturas. O quizás prueben el método de esta pareja: “Juntamos nuestro dinero, y la esposa es quien de hecho lleva la contabilidad y paga las facturas”. Sin embargo, el éxito de cualquier proyecto de esta índole no depende tanto del propósito del mismo como de la calidad del matrimonio de la pareja.
No obstante, el libro Working Couples advierte acerca de otro peligro potencial: “El problema, en el caso de muchas parejas que trabajan, es que empiezan a querer ser ricos. Especialmente cuando no están acostumbradas a otro sueldo, éste les parece una panacea para todos sus problemas financieros”. Por lo tanto, las parejas con sendos sueldos tienen que tener claramente presente por qué están trabajando ambos. ¿No debería ser para mantener a la familia? (1 Timoteo 5:8.) La Biblia amonesta a los cristianos contra “el amor al dinero” y los anima a permanecer modestos en sus expectativas materiales (1 Timoteo 6:7-10). Hay menos probabilidad de que los gastos excesivos sean una manzana de discordia si las parejas no tienen ostentación material ni el “deseo de los ojos”. (1 Juan 2:16.)
¿Quién va a fregar los platos?
“¿Quién nota si está limpia una sala de estar? —preguntan los sicólogos Marjorie y Morton Shaevitz—. Nadie. ¿Quién nota si está sucia una sala de estar? ¡Todos!” Sí, los quehaceres domésticos son indispensables, inevitables... y, a veces, no se aprecian. Por consiguiente, quién va a hacerlos puede ser una cuestión delicada.
Por lo general la esposa termina por hacer la mayor parte de los quehaceres domésticos. Con todo, ¿qué sucede si ella comienza a resentirse de estoa? Pudiera abordar a su esposo y decirle con tacto, como lo hizo cierta esposa: “Mira, tenemos un problemita”. Muchas veces los esposos simplemente no saben lo que está implicado en el mantenimiento de una casa. Quizás pudieran resumir juntos lo que se tiene que hacer, y lo que sería bueno hacer. Tal vez algunas tareas sean innecesarias o puedan efectuarse con menos frecuencia. La pareja puede determinar lo que cada uno va a hacer, quizás según preferencias o aptitudes personales.
Pero ¿debería el hombre hacer ‘trabajo de mujer’? De acuerdo con la Biblia, Abrahán no consideró que fuera una amenaza para su hombría el ayudar a su esposa a servir una comida a tres visitantes importantes. (Véase Génesis 18:6-8.) Los esposos hoy día con frecuencia se sienten igualmente movidos a ayudar cuando se dan cuenta de que se necesita ayuda. Cierto esposo dice: “Pongo manos a la obra y ayudo en los quehaceres domésticos. Reconozco que a veces realmente no quiero hacerlo. Pero puesto que ambos trabajamos, me parece que sería injusto por mi parte obrar de otro modo”. (Compárese con Efesios 5:28.)
Sin embargo, puede surgir un problema si la esposa espera perfección de su cónyuge y olvida que él es solo un principiante en las faenas domésticas. (“¡Jorge! ¿No sabes siquiera limpiar el fregadero cuando terminas de fregar los platos?”) Tal vez un poco de ayuda junto con paciencia sería más productivo.
También está el asunto de permitir que reine la cualidad cristiana de ser ‘razonable’ (Filipenses 4:5). Quizás simplemente no sea práctico ni posible mantener el hogar tan inmaculadamente limpio como haya estado antes. “Cuando estaba en casa todo el día —recuerda Betty, esposa que trabaja—, parecía como si todo lo que hacía era limpiar.” Pero cuando ella entró en el mundo del trabajo, hubo que hacer ajustes en las normas de limpieza. “Todavía mantenemos limpio nuestro hogar —dijo ella—, pero ahora tiene un poco más la apariencia de una vivienda.”
Salvaguardia verdadera
Ésos son apenas algunos de los desafíos a que se encaran los matrimonios en que ambos cónyuges trabajan por salariob. No obstante, el éxito es posible si los matrimonios siguen la guía de las Santas Escrituras.
Sin embargo, se continuarán ejerciendo presiones. Por eso, puede que el tener empleos seguros y sueldos adecuados parezca más importante que nunca. Pero, cierta pareja cristiana advierte: “Se puede edificar una salvaguardia falsa en el empleo. Uno puede suponer: ‘Bueno, estoy trabajando y mi esposa tiene empleo, y nosotros podemos hacer que las cosas salgan bien’. Pero eso es solo una salvaguardia falsa, porque en cualquier momento uno puede perder el empleo. Lo que hay que hacer es recordar que Jehová Dios está cerca para apoyar a uno”.
Ése es un consejo sabio de una pareja que trabaja y obviamente ha descubierto la clave del éxito: depender del Dios que promete que nunca abandonará a los que confían en él. (Hebreos 13:5, 6.)
[Notas a pie de página]
a Para muchas esposas, el que un hombre haga quehaceres domésticos va en contra de la cultura. Por eso puede que muchas no quieran la ayuda del esposo. Una francesa dijo: “No entiendo la idea de hacer que los hombres frieguen los platos. Eso no es un problema de la vida”.
b En números futuros se considerarán algunas de las preguntas relacionadas con la esposa que trabaja y los problemas del cuidado de los niños.
[Recuadro/Ilustración en la página 10]
¿Deberían ayudar los niños en los quehaceres domésticos?
Sí, de acuerdo con lo que escribió Gloria Mayer en su libro 2001 Hints for Working Mothers. “Asegúrese de tener trabajos pequeños y sencillos para los niñitos”, sugiere ella. “Hasta un niño de cuatro años de edad puede hacer algo para ayudar. Generalmente ellos no solo se deleitan en hacer su parte, sino que se sienten excluidos si todos tienen un trabajo, excepto ellos.” ¿Y qué tareas específicas puede pedirse a los adolescentes que hagan? La señorita Mayer enumera por lo menos tres: 1) “Tareas sencillas relacionadas con el lavado de la ropa sucia de ellos... clasificarla, guardarla, etc.” 2) “La limpieza de sus respectivas habitaciones” 3) “El hacer las camas, especialmente cada uno la suya”.
[Ilustración en la página 11]
Cierto esposo dice: “Pongo manos a la obra y ayudo en los quehaceres domésticos”