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  • Paz en la Tierra... ¿solo una ilusión?

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  • Paz en la Tierra... ¿solo una ilusión?
  • ¡Despertad! 1985
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¡Despertad! 1985
g85 22/12 págs. 7-11

Paz en la Tierra... ¿solo una ilusión?

HABIENDO sobrevivido los horrores de la II Guerra Mundial, el anhelo de la gente era la paz. El general Douglas MacArthur declaró: “Esta ha sido nuestra última oportunidad. Si no ideamos ahora un sistema más amplio y equitativo, tendremos el Armagedón a las puertas”.

En ese mismo año se firmó la carta constituyente de las Naciones Unidas. En su preámbulo se afirma: “Nosotros los pueblos de las Naciones Unidas [estamos] resueltos a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra, [...] y a unir nuestras fuerzas para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales”.

A partir de entonces, tanto líderes políticos como religiosos aclamaron la Organización de las Naciones Unidas. En 1961, John F. Kennedy, presidente de los Estados Unidos, la llamó “nuestra última y mejor esperanza en una era en la que los instrumentos de guerra han superado por mucho los instrumentos de paz” (cursivas nuestras). Y, en 1965, el papa Paulo VI declaró: “Los pueblos de la Tierra se vuelven hacia las Naciones Unidas como la última esperanza de concordia y paz”.

Sin embargo, ¡no ha habido paz! En su lugar, desde entonces han muerto millones de personas a través de la Tierra en conflictos armados y ha aumentado la desilusión respecto al papel de las Naciones Unidas. A pesar de que recientemente este organismo ha declarado que el año 1986 será el Año Internacional de la Paz, la gente, por lo general, duda que la paz sea realizable algún día.

Otra esperanza

Pero ¿qué hay del anuncio angélico al tiempo del nacimiento de Cristo sobre ‘paz en la tierra’? (Lucas 2:14.) El editor religioso, Tom Harpur, escribió: “La clase de paz cantada por los ángeles no era una paz meramente personal, una calma interior al estilo de la tonadilla ‘a salvo en los brazos de Cristo’. [...] Representa la paz que vendrá cuando la justicia prevalezca, el temor sea eliminado y la guerra ni siquiera se conciba más”.

Desde un punto de vista humano, puede que una verdadera paz como esta no parezca realizable. Sin embargo, respecto a Aquel en cuyo nacimiento los ángeles cantaron, la Biblia promete: “En sus días el justo brotará, y la abundancia de paz hasta que la luna ya no sea. Y tendrá súbditos de mar a mar y desde el Río hasta los cabos de la Tierra”. (Salmo 72:7, 8.)

En efecto, lo que estas palabras predicen es una gobernación de toda la Tierra a manos del Hijo de Dios, Jesucristo. Estas palabras han de realizarse en cumplimiento de la promesa del ángel a María respecto al hijo que daría a luz, Jesús, “y gobernará como rey [...] y de su reino no habrá fin”. (Lucas 1:32, 33.)

Tal vez usted pregunte: ‘Pero ¿cómo es posible esto, si los cristianos no han vacilado en ir a la guerra y matarse unos a otros? ¿Qué base hay para creer que tal paz verdadera sea realmente posible?’.

“Cristianos” que no son cristianos

En primer lugar, es esencial que aclaremos lo que es y lo que no es cristianismo. Por lo que el propio Jesús dijo, puede verse que una persona no es cristiana sencillamente porque afirme serlo. De hecho, él advirtió: “Guárdense de los falsos profetas que vienen a ustedes en ropa de oveja”. También dijo: “Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre [...] y en tu nombre ejecutamos muchas obras poderosas?’ Y sin embargo, entonces les confesaré: ¡Nunca los conocí! Apártense de mí, obreros del desafuero”. (Mateo 7:15, 21-23.)

Jesús dio esta regla: “Por sus frutos los reconocerán”. (Mateo 7:16.) Así de sencilla es esta regla o verdad. En este mismo sentido comentó Steve Whysall, del equipo de redacción del periódico The Vancouver Sun, al decir: “A menudo se oye a la gente decir que esto o lo otro ha sido hecho en el nombre del cristianismo y que ha sido horrible hacer algo así. Pues bien, ha sido horrible. [...] Pero ¿quién ha dicho que quienes cometieron tales atrocidades sean cristianos?

”Tal vez usted diga que las iglesias mismas lo afirman. Pues bien, ¿quién ha dicho que esas iglesias sean cristianas?

”Sí, el papa bendijo a Mussolini y, según la evidencia, ha habido otros papas en el pasado que han hecho cosas viles. Bien, ¿quién ha dicho que ellos eran cristianos?

”¿Acaso cree usted que porque un hombre sea papa es forzosamente cristiano? Solo porque una persona diga ‘soy cristiano’ no significa que lo sea... como tampoco es mecánico un hombre sólo porque lo afirme. [...]

”Sorprende el que muchas personas crean que la lucha en Irlanda del Norte sea una especie de guerra santa. Eso es mentira.

”Ningún cristiano puede luchar contra otro cristiano... sería como luchar contra sí mismo. Los verdaderos cristianos son hermanos en Jesucristo. [...] Nunca jamás causarían daño intencionadamente a otros”.

La Biblia expone este asunto muy llanamente, al decir: “Los hijos de Dios y los hijos del Diablo se hacen evidentes por este hecho: Todo el que no obra justicia no se origina de Dios, tampoco el que no ama a su hermano. Porque este es el mensaje que ustedes han oído desde el principio, que debemos tener amor los unos para con los otros; no como Caín, que se originó del inicuo y mató atrozmente a su hermano”. (1 Juan 3:10-12.)

Es evidente que las iglesias no ofrecen base alguna para creer que pueden traer paz a la Tierra. ¿Qué muestra el registro histórico de las iglesias? Que sus miembros han sido los principales combatientes en las dos guerras más grandes del mundo; no solo se asesinaron entre sí, también asesinaron a mujeres y niños inocentes.

Entonces, ¿hay alguna base para esperar que la paz duradera sea realizable?

Cómo se logrará que la guerra sea una imposibilidad

Jesús explicó cómo se reconocería a sus verdaderos seguidores. Él dijo que ellos serían “pacíficos”. (Mateo 5:9.) También dio este otro medio de identificarlos: “En esto todos conocerán que ustedes son mis discípulos, si tienen amor entre ustedes mismos”. Además, Jesús dijo de sus discípulos: “Ellos no son parte del mundo, así como yo no soy parte del mundo”. (Juan 13:35; 17:16.)

A la luz de estas enseñanzas, ¿cree usted que los primeros seguidores de Cristo participaron en las guerras de las naciones? A este respecto, el profesor Reo M. Christenson escribió en la revista The Christian Century: “Los primeros cristianos no sirvieron en el ejército. Roland Bainton indica que, ‘desde el fin del período neotestamentario hasta la década de 170 a 180 A.D., no existe evidencia alguna de que los cristianos hayan participado en el ejército’ [...] Fue de una manera gradual que los cristianos claudicaron en su oposición al servicio militar”.

Por consiguiente, no hubo en aquel tiempo cristianos que fuesen a la guerra a enfrentarse a otros compañeros de fe. Prescindiendo de lo que un gobernante mundano ordenara, los seguidores de Cristo rehusaban convertirse en hijos del Diablo por asesinar a sus hermanos espirituales. ¡Obedecían a Dios como gobernante más bien que a los hombres! (Hechos 5:29.) Por lo tanto, si el mundo entero estuviese habitado solo por verdaderos cristianos, ¡la guerra sería imposible!

Afortunadamente, la Biblia predice que esa situación de hecho se producirá. Dice: “Volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra”. (Isaías 2:4, Versión Valera Revisada.) Las palabras de este texto han sido inscritas en una pared de mármol que se halla al otro lado de la calle enfrente del edificio principal de las Naciones Unidas en la ciudad de Nueva York, pero es evidente que los miembros de las Naciones Unidas no han cumplido con el espíritu de este texto. Sin embargo, ¡los primeros cristianos sí!

C. J. Cadoux, destacado historiador eclesiástico, comentó: “Los cristianos primitivos tomaron a Jesús al pie de la letra [...] Ellos relacionaron estrechamente su religión a la paz; condenaron con firmeza la guerra, por el derramamiento de sangre que esta ocasionaba; hicieron suya la profecía del Antiguo Testamento sobre la transformación de las armas de guerra en herramientas agrícolas”. (Isaías 2:4.)

Entonces, la paz en la Tierra no es un sueño inalcanzable. Puesto que la adherencia de los cristianos primitivos a las enseñanzas de Cristo excluyó la posibilidad de la guerra, se había colocado la base para creer que con el tiempo la paz en la Tierra sería realizable. ¿Existe hoy una base similar para creer que la paz en la Tierra será posible?

Base para la esperanza en nuestro día

A este respecto, la Encyclopedia Canadiana, dice: “La obra de los testigos de Jehová consiste en un reavivamiento y restauración del cristianismo primitivo practicado por Jesús y sus discípulos durante los primeros dos siglos de nuestra era. [...] Todos son hermanos”.

¿Es esto verdaderamente cierto? Cuando las naciones se enfrascaron en la II Guerra Mundial, ¿obedecieron los testigos de Jehová las enseñanzas de Cristo de ‘amarse unos a otros’ y ser “pacíficos”? (Juan 13:34; Mateo 5:9.)

Sí, lo hicieron. El libro The Nazi Persecution of the Churches 1933-45, por J. S. Conway, explica: “Basando su causa en el mandamiento bíblico, [los testigos de Jehová] rehusaron empuñar las armas”. La publicación católica romana St. Anthony Messenger, contrastando la adherencia de los testigos de Jehová a las instrucciones de Cristo con el comportamiento de otros grupos, dijo: “Los testigos de Jehová se mantienen al margen del ‘orden establecido’ y no asumen responsabilidad alguna por aprobar cualquier decisión que los gobiernos tomen. Miles de personas bien intencionadas consideran que ese distanciamiento de los intereses políticos y económicos está más próximo al espíritu del Nuevo Testamento que los acuerdos, a menudo amistosos, que existen entre la iglesia y el estado”.

Los testigos de Jehová de todo el mundo ponen su esperanza de paz, no en las Naciones Unidas ni en cualquier otro esfuerzo humano por la paz, sino en la gobernación del Príncipe de Paz, Jesucristo. ¿Qué ocurriría si todo el mundo hiciera lo mismo? ¡Sí, imagínese lo que ocurriría si todo el mundo prestara atención a las enseñanzas de Cristo de ‘amarse unos a otros’ y ser “pacíficos”!

Verdadera paz en la Tierra... ¡pronto!

La expresión ‘paz en la Tierra’ se escucha con frecuencia en la época de la Navidad, acompañada de la imagen de un bebé en un pesebre. Pero ¿es este un cuadro real de la posición que Cristo ocupa? ¡De ningún modo! Cristo ya no es un infante; en cumplimiento de una antigua profecía bíblica, a él se le han dado gobernación y autoridad: “El gobierno principesco vendrá a estar sobre su hombro. Y por nombre se le llamará [...] Príncipe de Paz”. (Isaías 9:6.)

Como gobernante nombrado por Dios, Cristo traerá la paz a la Tierra. Pero esto no ocurrirá de la manera como algunos creen. Tenga la bondad de abrir su Biblia al libro de Revelación, capítulo 19, y leer los versículos 11 a 16. Es esencial que entendamos el cuadro que aquí se nos describe respecto a la posición de Cristo: Un poderoso gobernante a la cabeza de las fuerzas angélicas de Dios. Note que el texto dice que Cristo, quien es “La Palabra de Dios”, ‘herirá a las naciones y las pastoreará con vara de hierro’, quitándolas de en medio, para dar paso al gobierno de paz de Dios.

Por lo tanto, así es como se realizará la paz en la Tierra. No vendrá por medio de las Naciones Unidas ni por ninguna otra agencia humana para la paz. Llegará a ser una realidad por medio de la gobernación del Reino de Dios. Hoy vivimos en el tiempo en que se cumplirá la profecía bíblica que dice: “Y en los días de aquellos reyes el Dios del cielo establecerá un reino que nunca será reducido a ruinas. Y el reino mismo [...] triturará y pondrá fin a todos estos reinos, y él mismo subsistirá hasta tiempos indefinidos”. (Daniel 2:44.)

En vista de la predicha destrucción divina de todos los gobiernos de la actualidad, así como de las religiones que los apoyan, es vital que examinemos qué posición ocupamos nosotros. Si usted concuerda en que la guerra no tiene sentido y quisiera vivir sobre la Tierra cuando haya paz universal, póngase en contacto con los testigos de Jehová. Ellos, con mucho gusto, le ayudarán a aprender más acerca de cómo se hará que la paz en la Tierra llegue a ser pronto una realidad bajo la gobernación del Reino de Dios.

Vengan, contemplen las actividades de Jehová, cómo ha establecido acontecimientos pasmosos en la tierra. Está haciendo cesar las guerras hasta la extremidad de la tierra. Quiebra el arco y verdaderamente corta en pedazos la lanza; quema los carruajes en el fuego. (Salmo 46:8, 9.)

[Comentario en la página 8]

“Debemos tener amor los unos para con los otros; no como Caín, que [...] mató atrozmente a su hermano”

[Recuadro en la página 9]

De asesino a hombre de paz

Un superintendente viajante de los testigos de Jehová iba de casa en casa en una localidad al sur de los Estados Unidos, acompañado de un Testigo alemán de edad avanzada. Al llegar a una puerta, una señora, que se identificó a sí misma como miembro de una de las iglesias de la cristiandad, dijo que no quería saber nada de los testigos de Jehová porque ellos no peleaban por su país. Ella había perdido un hijo en la II Guerra Mundial y pensaba que los Testigos también debieron haber participado en aquel esfuerzo bélico.

Según se marchaban, el Testigo alemán preguntó si podía decirle algo a la señora. ‘Mire —dijo él—, yo peleé en esa guerra. Pero no a favor de los Estados Unidos. Peleé a favor de Alemania. Y Adolfo Hitler me condecoró personalmente por haber matado, sin ayuda de nadie, a 35 soldados norteamericanos. A muchos de ellos los maté con mis propias manos, en lucha cuerpo a cuerpo. Tal vez uno de ellos fue su hijo. No lo sé. Pero usted debería haber orado para que yo hubiese sido testigo de Jehová, porque cuando hice aquello, yo era miembro de su religión.’

Esta respuesta hizo que la señora tuviera un punto de vista totalmente diferente. En verdad, ¿cómo pueden las personas considerarse cristianos verdaderos y al mismo tiempo matar a compañeros de creencia sencillamente porque son de una raza o nacionalidad diferente?

[Fotografía en la página 10]

¿Quién cumple hoy las palabras de esta profecía bíblica inscrita en esta pared de la plaza de las Naciones Unidas? (Véase Isaías 2:4.)

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