Los jóvenes preguntan...
¿Cómo puedo aprender si el maestro me aburre tanto?
EL MUCHACHO de la camisa a rayas rojas parece estar aburrido. Mordiéndose las uñas y con la mirada perdida, al vacío, da la impresión de estar buscando que le llamen la atención. Pero el maestro está más interesado en abarcar la lección que en regañar.
“¿Qué significa hacer uso del ‘contexto’ para hallar información?”, pregunta el maestro con entusiasmo.
“Usar diferentes significados”, adivina un muchacho.
“Más o menos”, dice el maestro, frunciendo el ceño mientras piensa en otro modo de expresar la pregunta. Lo intenta de nuevo: “Al usar el contexto, ¿de qué nos valemos para completar la información que falta?”.
“¡Ideas!”, dice un alumno. “¿Sueños?”, pregunta otro. El muchacho de la camisa a rayas rojas se muestra un poco interesado y divertido.
El maestro prueba otra táctica. “Bien, imagínense que es invierno. Yo voy caminando por el bosque y encuentro un lugar donde hay una gran abertura en una roca. Me asomo y oigo...” (Los alumnos se ríen al oírle imitar el ronquido de un oso.) “¿Qué dirían ustedes que veo inmediatamente después? ¿Un oso, una hormiga, un mono?”
“Un oso —contesta un estudiante—. Es una caverna y los osos hibernan en cavernas.” El corresponsal de ¡Despertad!, que estaba presente en la clase, se sorprende de esta respuesta. La sagaz observación viene nada menos que del muchacho de la camisa a rayas rojas.
El maestro se muestra satisfecho. “Sí, y usaste las palabras circundantes para determinar que yo vería un oso. Ahora veamos cómo aplica esto a la lección de hoy.”
Este es un maestro que conoce bien su oficio. No solo conoce la materia que explica, sino que también se interesa en sus estudiantes. Como instructor, procura que sus clases sean interesantes y no se impacienta si a sus estudiantes les cuesta entender. ¿Son así tus maestros? Quizás. Pero, The Family Handbook of Adolescence dice: “Algunas encuestas muestran que la mayoría de los estudiantes adolescentes se quejan de que sus maestros son aburridos o les falta sentido del humor”.
Naturalmente, es de suponer que la mayor parte de los maestros son bastante competentes. Sin embargo, tarde o temprano quizás te toque uno que te resulte muy aburrido. Si esto sucediera, quizás te sentirías frustrado ya que tu deseo es sacar el máximo provecho de tus años escolares. ¿Qué puedes hacer? ¿Es imposible aprender bajo tales circunstancias?
¡Tu actitud cuenta!
¿Cuál es tu actitud en cuanto al aprendizaje? Un experimento que se llevó a cabo recientemente reveló que el nivel de concentración del adolescente es bastante elevado en los cursos de las artes aplicadas, educación física y música, pero disminuye notablemente en los cursos de idiomas e historia.
¿Estarán más dotados para la enseñanza los maestros de educación física o música que los de materias académicas? Esa no parece ser la razón. Los investigadores opinan que en los cursos no académicos hay mayores oportunidades para que el alumno participe. Sin embargo, ¿puede ser que el propio estudiante tenga una actitud negativa hacia materias académicas? Si un estudiante decide a priori que cierta materia es aburrida, hasta a un maestro con la aptitud de Platón se le haría difícil retener su atención.
¿Cuál es tu actitud hacia ciertas materias? ¿Pudiera requerir algún ajuste? Quizás ahora te parezca que no vale la pena aprender álgebra. Pero, puede ser que algún día tu jefe esté interesado en invertir tiempo en ti, a fin de capacitarte para cierto trabajo, y quiera saber si tienes aptitud para el aprendizaje. Por consiguiente, ¡demuestra interés en lo que aprendes! Hará que la escuela te parezca menos aburrida.
‘Un buen maestro es...’
A veces, hasta los estudiantes que se interesan en aprender se quejan de que sus maestros son “malos”. Pero ¿qué es exactamente un “buen” maestro? Cierta joven dijo a ¡Despertad!: “Me gusta mi maestra de matemáticas porque es muy divertida”. Cierto muchacho elogió a su maestro de inglés porque ‘contaba muchos chistes’.
Pero aunque ser simpático o hasta divertido pueden ser buenas cualidades en un maestro, no reemplazan la ‘adecuada capacitación para enseñar a otros’. (2 Timoteo 2:2.) Claro, la Biblia aquí se refiere principalmente a capacitación espiritual. Pero esto subraya el hecho de que un requisito para el buen maestro es que conozca la materia que enseña.
Lamentablemente, el conocimiento y una personalidad amena no siempre van acompañados. Cierto joven tenía un maestro que contaba chistes como un comediante profesional. Pero el joven dijo: “Nunca lográbamos cubrir toda la materia”. En cambio, otro joven indica que su maestro dominaba la materia que enseñaba. Sin embargo, dijo que era “horriblemente aburrido. Hablaba en un tono monótono y usaba palabras muy escogidas que nadie entendía”.
¿Tienes un maestro así? Si tal es el caso, recuerda lo que algunos cristianos primitivos dijeron acerca del apóstol Pablo. Él era un instructor sumamente capacitado de la Palabra de Dios. No obstante, algunos cristianos se quejaron de que ‘su presencia en persona era débil, y su habla desdeñable’. Pablo contestó: “Pero aunque yo sea inexperto en el habla, ciertamente no lo soy en conocimiento”. (2 Corintios 10:10; 11:6.)
Si algunos hubieran pasado por alto lo que él tenía que decirles y hubieran visto solo sus supuestas faltas como orador, ¿qué hubiera sucedido? Habrían perdido la oportunidad de obtener conocimiento valioso. ¡No cometas este mismo error en la escuela! Antes de descartar a un maestro poco ameno, calificándolo de “malo”, pregúntate: ‘¿Demuestra él que sabe lo que dice? ¿Puedo aprender algo de él?’.
Esfuérzate por aprender
‘Pero ¿no debería ser divertido aprender?’, tal vez preguntes. A veces puede serlo. Pero algunas de las lecciones más valiosas de la vida se aprenden con paciencia y duro trabajo. Por ejemplo, Jesucristo “aprendió la obediencia de las cosas que sufrió”. (Hebreos 5:8.) El aprender mediante esta clase de experiencia no fue divertido; no obstante, proveyó una lección valiosa. El conocimiento que puedas adquirir en la escuela también vale la pena. Por eso presta más de la acostumbrada atención al maestro que es monótono. Procura hacer apuntes para fijar tu atención en lo que él dice. Complementa las consideraciones aburridas en clase con mayor estudio en casa.
Si realmente te esfuerzas por aprender, quizás te sorprendas al ver cuánto se puede absorber... aun de un maestro al que se tiene por aburrido. El libro The Family Handbook of Adolescence hizo la siguiente observación: “Aunque algunos alumnos se dan cuenta del poderoso efecto positivo que tiene un profesor, frecuentemente, solo después de algunos años se reconoce plenamente el alcance de su influencia”.
Un artículo en U.S.News & World Report dice que además de tener conocimiento sobre la materia, el maestro debe “poder transmitir dicha información”. Algunos maestros tienen muy poca aptitud para transmitir enseñanza. Sin embargo, observa el principio que se declara en Proverbios 20:5: “El consejo en el corazón del hombre es como aguas profundas, pero el hombre de discernimiento es el que lo sacará”. A veces puedes sacar más información de un maestro.
‘Haz que él enseñe’
Barbara Mayer, quien también es maestra, dice en su libro The High School Survival Guide: “Los maestros, que probablemente han repetido las mismas lecciones hasta la saciedad, tienden a caer en una rutina, y se limitan a presentar la información como siempre lo han hecho. Si cierto tema se ha considerado demasiado a la ligera y te parece que aún no lo comprendes, prueba a levantar la mano y pedir más información [...] Haz que el maestro te diga todo cuanto sabe”. ¿Se molestará el maestro por esto? No si lo haces de manera respetuosa. (Colosenses 4:6.) ¿Cuál puede ser el resultado? Mayer dice: “Descubrirás que el maestro vendrá a clase algo más preparado y no solo con información superficial”.
El entusiasmo es contagioso, y puede que tu deseo de aprender infunda algo de vida en tu maestro. Claro, no esperes una transformación drástica. Quizás haya clases en las que por algún tiempo tengas que aplicar el dicho ‘al mal tiempo buena cara’. Pero si eres buen oyente y sinceramente te interesas en el desarrollo de la clase, puedes aprender. Y para eso se va a la escuela, ¿no te parece?
[Ilustración en la página 14]
A veces se tiene que aprender a base de gran esfuerzo
[Ilustración en la página 15]
El maestro capaz no necesita recurrir a la comicidad ni hacerse el divertido