EL SIDS... cómo enfrentarse al dolor que produce
LA muerte infantil repentina es una tragedia devastadora. Un niño aparentemente normal y saludable no se despierta. Es totalmente inesperada, pues ¿quién se imagina que un niño va a morir antes que sus padres? El bebé, que se ha convertido en el centro del amor interminable de la madre, se convierte ahora en su dolor interminable.a
Los sentimientos de culpabilidad empiezan a invadir a los padres. Se sienten responsables de la muerte, como si se debiese a alguna negligencia por su parte. Se preguntan: “¿Qué podríamos haber hecho para impedirla?”. En algunos casos, puede que el marido, sin fundamento alguno, inconscientemente culpe a su esposa. Cuando él se fue a trabajar, el niño estaba vivo y saludable. ¡Cuando volvió a casa, había muerto en la cuna! Por lo tanto, ¿qué estaba haciendo su esposa? ¿Dónde estaba en ese momento? Estas dudas irracionales deben disiparse para no poner en peligro el matrimonio.
Tottie, mencionada en nuestro primer artículo, pasó por una fase difícil. Ella dice: “Si no tengo cuidado, aún me invaden sentimientos de culpa y depresivos. Debo reajustar mi mente con rapidez para no seguir con este modo de pensar improductivo. La oración me ha sido muy útil, pues he pedido ayuda para darme cuenta de los cauces por los que transcurre mi pensamiento y conducirlo de modo más positivo”.
¿Cómo pueden otras personas ayudarles en su dolor? Tottie contesta: “Algunas personas actúan como si Katie nunca hubiera existido. ¡Si solo se dieran cuenta de que uno quiere hablar de la persona amada! Es terapéutico hablar. Para nosotros, Katie siempre será una niñita maravillosa, y queremos recordarla, no olvidarla. Así pues, ¿por qué retraerse de hablar de ella?”.
Por otra parte, no todos los padres quieren hablar acerca del hijo que ha muerto. Esto es algo que la persona que les visita debe determinar.
Cómo superar el dolor
Las reacciones de dolor varían de persona a persona y de cultura a cultura. Un estudio sobre el SIDS realizado en Estados Unidos puso de manifiesto que, como término medio, toma tres años “recuperar [los padres] el nivel de felicidad personal que tenían antes de la muerte del hijo”.
Doug, un analista informático, y Anne, ambos sobre cuarenta años de edad, perdieron a su hija Rachel hace doce años. Entonces el SIDS aún era relativamente desconocido. Aunque un médico había visitado a la niña el día anterior, el policía insistió en que el juez de primera instancia requiriera una autopsia. Anne recuerda: “En aquel tiempo no cuestionamos la decisión. Después nos dimos cuenta de que el policía se había apercibido de unas marcas azules en la garganta de Rachel, ¡y sospechó que había sido maltratada! Pero resultó que estas marcas solo eran una evidencia de la muerte, llamada livor mortis: dos manchas de sangre que se forman parecidas a magulladuras. La autopsia no reveló ninguna razón de la muerte, y finalmente se consideró muerte infantil repentina”.
¿Cómo se enfrentaron Doug y Anne a la pérdida de su hija? Doug explica: “Estaba en el Salón del Reino cuando un compañero me dijo que debía ir urgentemente a casa. Cuando llegué a mi hogar, me enteré de lo peor. No podía creerlo. Había sido la última persona que tocó a Rachel aquella noche. Ahora estaba muerta. Me derrumbé y lloré con Anne. Aquella fue la única vez que lloré”.
¡Despertad!: “¿Qué pasó en el entierro? ¿Cómo le afectó?”.
“Lo sorprendente es que ni Anne ni yo lloramos en el entierro. Todos los demás estaban llorando.” Entonces Anne interrumpió: “Sí, pero yo he llorado mucho por ambos. Creo que me afectó de modo especial unas cuantas semanas después de la tragedia, cuando por fin un día estuve sola en casa. Lloré todo el día. Pero creo que me ayudó. Me sentí mejor. Tenía que lamentar la muerte de mi hija. Creo sinceramente que se debe dejar a las personas dolientes que lloren. Aunque es una reacción natural que los demás te digan ‘no llores’, en realidad no te ayuda nada”.
¡Despertad!: “¿Cómo le ayudaron los demás durante la crisis? Y ¿qué cosas no sirven de ayuda?”.
Anne respondió: “Una amiga vino y me limpió la casa sin que yo tuviera que decir una palabra. Otros nos prepararon comidas. Algunos me ayudaron simplemente dándome un abrazo, sin palabras, solo un abrazo. No quería hablar sobre ello. No quería explicar una y otra vez lo que había sucedido. No estaba para preguntas curiosas, que me daban a entender que había fallado en algo. Yo era la madre; hubiera hecho cualquier cosa por salvar a Rachel”.
Doug continuó: “Nos hicieron algunas observaciones inocentes que no nos ayudaron, como decirnos: ‘Como cristianos no debemos apesadumbrarnos como hacen otras personas’. Eso es algo que sabíamos. Pero puedo asegurarle que cuando uno pierde a un hijo, en ese momento ni siquiera el conocimiento firme de la resurrección puede impedir que uno se lamente y llore. Hasta Jesús lloró cuando Lázaro murió, y él sabía que iba a resucitarlo”.
Anne añadió: “Otro comentario que no nos ayudó nada fue: ‘Sé cómo te sientes’. Sabemos que se dice con las mejores intenciones, pero a menos que la persona haya perdido a un niño como yo lo perdí, no hay forma de que pueda saber cómo uno se siente. Los sentimientos son muy personales. Es cierto que la mayoría de las personas pueden mostrar compasión, pero muy pocas pueden mostrar verdadera empatía”.
¡Despertad!: “¿Causó tensión entre ustedes la muerte de Rachel?”.
Anne respondió con rapidez: “Sí. Supongo que teníamos maneras diferentes de lamentar la pérdida. Doug quería poner fotografías de Rachel por toda la casa. Eso era lo que yo menos deseaba. No necesitaba esos recordatorios. No quería que pareciera que estábamos haciendo un culto de su muerte. De todos modos, Doug entendió mis sentimientos y quitó las fotos”.
¡Despertad!: “¿Cómo reaccionó la hermana de Rachel, Stephanie?”.
“Durante algún tiempo después de la muerte de Rachel, Stephanie tenía miedo de ponerse enferma. Temía que cualquier enfermedad pudiera acabar con su vida. Además, al principio tampoco le gustaba mucho irse a dormir. Pero lo superó. Cuando tuvimos a Amy, Stephanie siempre se mostró muy preocupada por su hermanita. No quería que se muriera, y si tosía o estornudaba, se ponía muy nerviosa.”
La esperanza sólida sostiene
¿Qué se puede decir del uso de sedantes durante el período de duelo? El doctor Knight, patólogo, escribe: “Se ha demostrado que el uso excesivo de sedantes puede ser contraproducente si impide el proceso normal de duelo y aflicción. La tragedia tiene que soportarse, sufrirse y asimilarse con el tiempo, y retrasar indebidamente este proceso insensibilizando a la madre con drogas solo puede prolongarlo o distorsionarlo”.
¡Despertad! preguntó a Doug qué les sostuvo a él y a su esposa durante su aflicción.
“Recuerdo que el discurso de funeral nos ayudó. Lo que más nos confortó aquel día fue nuestra esperanza cristiana en la resurrección. Sentimos muy profundamente la pérdida, pero la promesa de Dios a través de Jesucristo de ver a nuestra hijita de nuevo en la Tierra alivió nuestro dolor. En la Biblia hemos aprendido que los efectos de la muerte son reversibles. El orador mostró con la Biblia que Rachel no estaba en el cielo ‘como un angelito’ ni en ningún limbo, esperando salir de allí para ir al cielo. Simplemente estaba dormida en el sepulcro común de la humanidad.” (Véanse Juan 5:28, 29; 11:11-14; Eclesiastés 9:5.)
¡Despertad!: “¿Cómo respondería a los que dicen que ‘Dios se la llevó’?”.
“Sería un Dios egoísta si arrebatara a los hijos pequeños de sus padres. La respuesta bíblica de Eclesiastés 9:11 es esclarecedora: ‘El tiempo y el suceso imprevisto les acaecen a todos’. Y el Salmo 51:5 nos dice que, desde el momento de la concepción, todos somos imperfectos, pecadores, de modo que, con el tiempo, todos los hombres tienen que morir de causas muy diversas. Algunas veces, la muerte azota antes del nacimiento, y se produce un aborto. En el caso de Rachel, lo que sucedió es que contrajo algo de pequeña que superó su resistencia, un suceso imprevisto.”
Cada día mueren niños en miles de casas. Muchos mueren de SIDS. Los amigos compasivos, los médicos, el personal de los hospitales y los consejeros pueden hacer mucho en esas circunstancias trágicas. (Véase el recuadro de la izquierda.) El conocimiento exacto de los propósitos de Dios para la humanidad también puede sostener a los padres dolientes.
Si usted quiere saber más acerca de la promesa de Dios sobre la resurrección a una vida perfecta en la Tierra, siéntase libre de ponerse en contacto con los testigos de Jehová de su vecindad. Le ayudarán con gusto ofreciéndole el consuelo de la Palabra de Dios sin ninguna obligación por su parte.
[Nota a pie de página]
a Para información más detallada sobre cómo enfrentarse a la pérdida de un hijo, véase la revista ¡Despertad! del 8 de agosto de 1987.
[Recuadro en la página 12]
Recomendaciones para ayudar a los padres afligidos
Lo que usted puede hacer
1. Ponerse a su disposición. Hacer comidas. Limpiar la casa. Hacer recados. Cuidar de los otros hijos.
2. Expresar sinceramente el pésame por el fallecimiento.
3. Dejar que los padres expresen sus sentimientos y dolor como crean conveniente.
4. Animarles a que sean pacientes y no pidan demasiado de ellos mismos.
5. Permitirles que hablen sobre el niño tanto como deseen, y hablar uno mismo de las encantadoras cualidades que el niño tenía.
6. Dar atención especial a los hermanos y hermanas del niño todo el tiempo que sea necesario.
7. Aliviar los sentimientos de culpabilidad. Asegurarles que han hecho todo lo que se podía. Recalcar cualquier cosa que se sepa cierta y positiva sobre la atención que se dio.
Qué no hacer
1. No evitar a los padres porque uno se sienta incómodo. Un abrazo cariñoso es mejor que nada.
2. No decir que uno sabe cómo se sienten, a menos que uno también haya perdido a un hijo.
3. No erigirse en juez ni decir lo que deberían sentir o hacer.
4. No callar cuando mencionen al niño que ha muerto. No retraerse de hablar del niño; ellos quieren oír cosas buenas acerca de su hijo.
5. No extraer conclusiones de lo que debe aprenderse de la pérdida del hijo. En su dolor, no hay nada positivo que pueda aprenderse de tal pérdida.
6. No recordarles que aún tienen otros hijos o que pueden tener más. Ningún niño sustituye o puede sustituir al que ha muerto.
7. No empeorar sus sentimientos de culpabilidad buscando fallos en la atención que se le dio al niño en casa o en el hospital.
8. No utilizar tópicos religiosos que culpan a Dios.
(Basado en parte en una lista preparada por Lee Schmidt, Parent Bereavement Outreach, Santa Mónica, California.)