Portugal... 26 años después
“TIENEN ustedes treinta días para abandonar el país.” En vista de aquel ultimátum, en 1962 mi esposa y yo nos vimos obligados a dejar Portugal, nuestra asignación misional.
Junto con otros cuatro misioneros, se nos expulsó por ser testigos de Jehová y por nuestra neutralidad en asuntos bélicos y políticos. João Gonçalves Mateus, un joven de diecinueve años que estudiaba la Biblia conmigo, fue el primer Testigo portugués que tomó una decisión firme en cuanto a la neutralidad. El jefe de la policía secreta me mencionó el nombre de João y me dijo que la objeción de conciencia era un lujo que Portugal no iba a tolerar. Perdí el contacto con João cuando salimos de Portugal.
Por aquel entonces, Portugal era una dictadura católico-fascista, y atravesaba serias dificultades como consecuencia de la rebelión de sus colonias africanas. La gente se sentía oprimida y dominada. La desconfianza imperaba por doquier debido al sistema de “soplones” pagados, por el que cualquiera podía ser denunciado a la infame policía secreta, a PIDE (Polícia Internacional e Defesa do Estado), como la llamaban en portugués.
Así que a nosotros nos echaron del país, y los testigos de Jehová pasaron a ser una religión proscrita hasta 1974, cuando una revolución provocada por el ejército derribó el régimen fascista e introdujo la democracia y la libertad religiosa. En diciembre de aquel mismo año, los Testigos obtuvieron reconocimiento legal, y poco después organizaron una oficina sucursal en Estoril, en la costa, a pocos kilómetros de Lisboa. Pero debido a la rápida expansión de la obra, la sucursal se hizo demasiado pequeña. En 1983 se compró terreno para una nueva sucursal de la Watch Tower, o “Betel” (en hebreo, “Casa de Dios”). Los Testigos construyeron un nuevo y bello edificio en la pequeña localidad de Alcabideche.
El panorama que se ve desde Betel, situado en una colina, incluye Lisboa y el famoso puente colgante sobre el río Tajo, que conduce a la imponente estatua de Cristo Rei. En la otra dirección la vista abarca la ciudad de Estoril y la costa.
Junto con muchos otros antiguos misioneros, en abril de 1988 se nos invitó a asistir al programa de dedicación. Cuando mi esposa y yo llegamos al control de policía del aeropuerto de Lisboa, no pude evitar preguntarme si se nos impediría la entrada. ¿Comprobarían la vieja lista negra que veintiséis años atrás nos impidió volver a entrar? No tuvimos el menor problema. La PIDE había desaparecido, y descubrimos un nuevo Portugal, gente más abierta, sonriente y comunicativa. En lugar del millar de Testigos que dejamos en 1962, en la actualidad hay más de 33.000, una proporción de un Testigo por cada 297 personas, ¡de las mejores de Europa!
Fuimos al estadio de fútbol de Restelo (en el barrio de Belem) para oír el discurso que presentó por la tarde un miembro del Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová, Milton Henschel, por medio del traductor portugués Mario Pinto Oliveira. ¡Qué satisfacción fue aquello para mi esposa, pues veintiséis años atrás, ella había sido la profesora de inglés de Mario! A medida que subíamos la colina en la que estaba ubicado el estadio, pudimos contemplar un sorprendente espectáculo... más de cuarenta y seis mil Testigos portugueses y simpatizantes se reunían para escuchar el programa.
Apenas terminó el programa, vi a un corpulento Testigo portugués de unos cuarenta y cinco años que evidentemente deseaba hablar conmigo. “Irmão Erico, ¿no me conoce?”, preguntó. Le confesé que no lo reconocía. Entonces, cuando lo miré un poco más de cerca, le quité unos cuantos kilos de peso y veintiséis años... ¡resultó que era João Gonçalves Mateus! ¡Qué gozoso encuentro después de tantos años! Nos presentó a su esposa y tres hijas, una familia encantadora, y todos, testigos de Jehová.
Pasamos cuatro días muy felices en Portugal, viendo a antiguos conocidos y renovando viejas amistades. ¡Qué estimulador fue poder ver a hombres y mujeres fieles que habían aguantado a través de los años a pesar de la persecución! Uno de ellos fue José Lança, que en los días de la persecución trabajaba de periodista y que actualmente es un superintendente viajante que visita a las congregaciones. Otro fue António Cordeiro, el primer precursor de Portugal. Sus rostros gozosos reflejaban la nueva condición de prosperidad espiritual de Portugal, resultado de décadas de predicar fielmente las buenas nuevas del Reino de Dios.
Visitamos la calle en la que se hallaba el apartamento donde habíamos tenido nuestro Salón del Reino clandestino, en el segundo piso del número 66 de la calle Calçada de Arroios. Se había convertido de nuevo en un apartamento. Pero en la actualidad hay más de 440 congregaciones de los testigos de Jehová por todo el país, que se reúnen en Salones del Reino legales. Después de veintiséis años de ausencia, hemos encontrado un Portugal muy diferente... y para los testigos de Jehová, esa diferencia se ha traducido en algo mucho mejor.—Contribuido.
[Fotografía en la página 16]
Vista de la oficina sucursal y la fábrica de la Sociedad Watch Tower en Alcabideche (Portugal)
[Fotografías en la página 17]
Una concurrencia de 46.000 asistió a un programa especial en el campo de fútbol de Restelo, en Lisboa
Reunión bíblica clandestina en los bosques cercanos a Lisboa en 1961