Actos de bondad suavizan los efectos del huracán Gilbert
DURANTE las primeras horas de la mañana del día 14 de septiembre de 1988, el huracán Gilbert alcanzó la costa caribeña de México, y azotó los estados de Quintana Roo y Yucatán. Los días 15 y 16 fueron los estados septentrionales de Tamaulipas y Nuevo León los que recibieron el embate. A su paso, el Gilbert fue sembrando destrucción. Fuertes vientos y lluvias torrenciales provocaron grandes inundaciones. En el sudeste, 50.000 familias quedaron sin hogar. En el norte, otras 30.000 perdieron sus casas. Unas 250 personas perecieron a lo largo de los 1.600 kilómetros que recorrió el huracán.
La oficina sucursal de los testigos de Jehová tomó acción inmediata. Para el sábado 17 de septiembre, los primeros camiones cargados con alimento, ropa y material para techar ya estaban en camino hacia la península de Yucatán. Dos representantes de la sucursal viajaron al lugar para inspeccionar la situación y establecer comités locales con el fin de distribuir los suministros de socorro. En seguida se enviaron más camiones cargados con alimento y material para techar. También suministraron ayuda las autoridades gubernamentales, ayuda que fue muy apreciada.
Sin embargo, los primeros envíos que llegaron a la escena del desastre fueron los de los testigos de Jehová de Ciudad de México. Esto fue para los hermanos una fuente de gran consuelo y gozo. Aparte de los materiales para techar enviados por los Testigos, no había más disponibles en la zona, y no los hubo hasta pasado más de un mes. Fue emocionante ver lo rápido que se reconstruyeron las casas de los hermanos. El lugar de adoración de los testigos de Jehová en la colonia de Yucatán fue la primera estructura a la que se le reconstruyó el tejado. El edificio utilizado para las asambleas de circuito y distrito en Mérida quedó totalmente destruido, pero pronto comenzaron a planear la construcción de un nuevo lugar de asambleas.
En los estados de Nuevo León y Tamaulipas los daños fueron de consideración. Los Testigos locales recibieron socorro inmediatamente por medio del comité establecido en Monterrey. Se les suministraron cosas básicas, como camas, mesas, sillas, cocinas y utensilios de cocina. En el mismo Monterrey, 32 familias de testigos de Jehová perdieron todo lo que tenían, incluso sus hogares. En vista de que se aproximaba la época invernal, con temperaturas que rayan los cero grados, había que hacer algo sin demora.
Dos Testigos, uno de ellos arquitecto, viajaron a esa zona en avión desde Ciudad de México, se reunieron con los ancianos y representantes viajeros y pronto comenzaron las actividades para proporcionar nuevas viviendas a las 32 familias. Esto incluyó la compra de propiedad y equipo para la construcción de las casas prefabricadas que se necesitaban. Cuando los Testigos suministraron con tanta rapidez el alimento, la ropa y las camas, los vecinos quedaron profundamente impresionados al ver el amor y la generosidad que manifestaban hacia sus hermanos necesitados. ¡Mucho más les impresionará ver a estas 32 familias mudarse a sus nuevas viviendas de dos habitaciones!
Este es un ejemplo típico de lo que logra la hermandad mundial de los testigos de Jehová. No solo fueron los Testigos de México quienes respondieron con material, trabajo y dinero a fin de ayudar a sus hermanos, sino también Testigos de otras partes del mundo. Tan pronto como se vio en las noticias de televisión la devastación causada por el huracán Gilbert, empezaron a llegar contribuciones a la central mundial de los testigos de Jehová de Brooklyn (Nueva York, E.U.A.). A continuación se recogen algunos ejemplos:
“Tengan la bondad de utilizar esta pequeña contribución para ayudar a nuestros hermanos que sufrieron los efectos del huracán. Me gustaría enviarles más, pero tuve que pagar unas reparaciones en el motor del automóvil de mi esposa esta semana. Procuraré enviarles más cuando reciba la próxima paga.”
“Contribuimos esto para ayudar a nuestros hermanos de la zona del huracán. Queremos que sepan que los amamos y nos interesamos en ellos. Como dijo Pedro, ‘tengan amor intenso unos para con otros’.” (1 Pedro 4:8.)
“Por favor, acepten este cheque de 1.000 dólares como una pequeña contribución para las labores de socorro. Desearía que fuese más, pero deseo compartir lo que Jehová me ha permitido tener.”
“Acepten los 20 dólares que les envío por giro postal. Necesitaba toda mi paga y no tenía los medios para ayudar, hasta que me di cuenta de que algunos de nuestros hermanos lo han perdido todo.”
“Adjuntamos un cheque por valor de 25 dólares. Nos gustaría contribuirlos para el fondo de ayuda en la zona del desastre. La cantidad es pequeña, pero la damos con todo nuestro corazón para nuestros queridos hermanos de esa zona.”
¿Puede usted imaginarse que alguien preste a Jehová, el Dueño de todo el universo? No obstante, eso es lo que hacen las personas que contribuyen para estas causas, pues Proverbios 19:17 dice: “El que muestra favor al de condición humilde le presta a Jehová, y Él le pagará su trato”.