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¡Despertad! 1989
g89 8/6 págs. 6-8

¿Hay algún poder humano capaz de detenerlo?

PUESTO que los traficantes de armas roban a los pobres una enorme cantidad de bienes y servicios que estos necesitan, ¿por qué no se les detiene? La respuesta es sencilla: el negocio de las armas da dinero y poder. Los siguientes datos sobre el alcance, los intereses y los métodos de este gran negocio le ayudarán a descubrir por qué no hay ningún poder humano capaz de detenerlo.

Del negocio de las armas vive mucha gente. Desde principios del presente siglo, este negocio ha sido la industria más internacional del mundo. Directa o indirectamente, emplea a unos 50 millones de personas por toda la Tierra, y además, una cuarta parte de los científicos del mundo —unos 500.000— participan en la investigación militar.

En este negocio están envueltos inmensos intereses económicos. Desde el año 1960, las naciones han gastado 15,2 billones de dólares (15.200.000.000.000 dólares [E.U.A.], según el valor de 1984) en la carrera armamentista, y la demanda de armas continúa. Por ejemplo: en 1987 los gastos militares alcanzaron otro récord de un millón ochocientos mil dólares por minuto. En ese mismo año se pelearon veintidós guerras, con un número de bajas de casi dos millones doscientas mil personas: ¡más guerras que en cualquier año anterior de la historia registrada!a La guerra entre Irán e Irak, considerada la guerra local más sangrienta y que más recursos ha consumido de toda la historia, estuvo años absorbiendo armas de todas partes del mundo.

Aunque se habla mucho de paz, los gastos militares del mundo alcanzaron la cifra de un billón de dólares. En realidad, el mundo gasta en fuerzas militares casi tres mil veces más de lo que gasta en medidas para mantener la paz.

Hay muchas naciones detrás del mostrador del bazar global de armas. A nivel mundial, las principales vendedoras son las dos superpotencias, mientras que en la Europa occidental los mayores traficantes son Francia, Gran Bretaña, la República Federal de Alemania e Italia, a los que se han unido recientemente Grecia, España y Austria.

Hasta naciones neutrales venden armas y tecnología militar. Suecia, distinguida por ser el país que dio origen al Premio Nobel de la Paz, cuenta con dos de las más avanzadas empresas de armamento del mundo, en las que se fabrican para la exportación cazas a reacción, artillería y explosivos, y Suiza, vinculada a la Cruz Roja y a las labores humanitarias, también está implicada en este negocio internacional. Además, un número cada vez mayor de países del Tercer Mundo que también se están convirtiendo en productores de armas se añaden a la intensa competencia que hay por venderlas.

Despiadada rivalidad

Todos los comerciantes quieren convencer a la gente, y para ello, anuncian que sus productos (ya sean automóviles, máquinas de afeitar o escobas) son los mejores. De igual manera, en lujosas revistas comerciales a todo color, los traficantes de armas anuncian sus productos asesinos afirmando que se ha probado su carácter mortífero.

¿Cómo reaccionaría usted si leyese un anuncio en el periódico de la mañana que dijese: “¿Busca un misil asesino? RBS 70 lleva una ojiva muy efectiva”? ¿O qué hay si leyese otro que le ofreciese un arma ligera antitanque con las palabras: “Un tiro, y ¡muerte segura! [...] No hay nada que pueda detenerla”?

Si en los periódicos corrientes se publicasen semejantes anuncios, la gente se preocuparía, pero las revistas que tratan sobre el tráfico de armamento están repletas de ellos. Sin embargo, en ninguna parte se menciona que al adversario se le ofrecen las mismas armas, igualmente mortíferas, seguras y desarrolladas a nivel técnico. En ninguna parte se indica cómo se usarán y cuál será su efecto en la población civil, los “consumidores” finales.

Un negocio turbio

Aunque la mayoría de las transacciones de armas se llevan a cabo entre gobiernos, este es un negocio turbio. Un informe privado dice que “una vasta red comercial funciona tanto en la clandestinidad como a través de los canales aprobados. Los gobiernos buscan sus propios intereses, a menudo en secreto”.

Aunque varios estados productores tienen reglas estrictas que regulan las exportaciones militares a los países en guerra, sus armas siguen llegando de algún modo a los campos de batalla. Un informe del Instituto Internacional de Investigación para la Paz, de Estocolmo, explica por qué: “No hay ningún mamparo impermeable entre el negocio de armas legal y ‘blanco’ y las transacciones ‘grises’ y ‘negras’. Ningún estado que vende armamento parece poder controlar por completo cómo, contra quién o por quién será utilizado”. Un informe sobre este comercio publicado en Newsweek predice: “Cuando más países compitan en la venta de armas, probablemente fracasarán las restricciones aplicadas a dichas ventas”.

A la sombra de este comercio internacional entre los gobiernos, se encuentra un ejército de vendedores particulares que trabajan por todo el mundo y que mantienen contactos en elevados círculos políticos y militares. Entre estos están los vendedores utilizados por las grandes empresas de armamento, los agentes (intermediarios) que nunca tocan las armas, los contrabandistas que las cambian por drogas y los manipuladores fraudulentos que actúan en pequeña escala.

Parece que, a fin de saciar su afán de dinero, algunas empresas de armamento no se detienen ante nada. A continuación se mencionan algunas de las intrigas de las que, según Anthony Sampson, investigador del mercado de armas, han sido acusadas:

1. Fomentan el temor a la guerra y persuaden a sus propios países para que adopten políticas bélicas e incrementen la cantidad de armamento.

2. Soborno en gran escala de funcionarios gubernamentales.

3. Difunden informes falsos sobre programas militares de diversos países a fin de impulsar la compra de armamento.

4. Influyen en la opinión pública mediante el control de los medios de comunicación.

5. Ponen a un país en contra de otro.

6. Organizan trustes internacionales con el fin de subir los precios de las armas.

A pesar de todo, este negocio florece más que nunca, y nadie parece estar capacitado para cerrar este poderoso bazar. Las dos mayores organizaciones internacionales para la paz que se han formado en toda la historia —la Sociedad de Naciones y su sucesora, las Naciones Unidas— no han podido convencer ni siquiera a una de sus naciones miembros para que ‘batan sus espadas en rejas de arado’. Este negocio tiene tantas conexiones políticas y económicas con la situación del mundo, que muchas personas creen que no hay ningún poder humano capaz de detenerlo. De modo que, ¿existe algún otro poder que sea lo suficientemente fuerte como para hacerlo?

[Nota a pie de página]

a Guerras cuya cantidad anual de muertos se calcula en mil o más.

[Comentario en la página 8]

Hasta naciones neutrales venden armas y tecnología militar

[Fotografías en la página 7]

Los traficantes de armas anuncian sus mortíferos productos en lujosas revistas comerciales a todo color

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