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  • ¿Qué debo hacer si mis padres riñen?
  • ¡Despertad! 1989
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¡Despertad! 1989
g89 8/12 págs. 17-19

Los jóvenes preguntan...

¿Qué debo hacer si mis padres riñen?

CUANDO las dos personas a quien más amas en el mundo están “mordiéndose y devorándose” uno a otro con palabras hirientes, la vida puede convertirse en una pesadilla diaria. (Gálatas 5:15.) Es cierto que aun los mejores matrimonios tienen cierta medida de “tribulación”. (1 Corintios 7:28.) Pero cuando las discusiones maritales son implacables, rencorosas e incluso violentas, algo va realmente mal.

No es de extrañar entonces que algunos jóvenes traten desesperadamente de arreglar el matrimonio de sus padres. “Me he interpuesto en una riña y he intentado sacar a mi padre de la habitación para que dejen de pelearse”, dijo un adolescente. Otros se retiran en silencio, frustrados. “Intento permanecer lejos de ellos cuando riñen para no deprimirme —dijo una adolescente—, pero entonces me siento culpable por no intentar ayudar.”

Entonces, ¿qué es lo que deberías hacer cuando estallan disputas familiares?

Qué no debes hacer

No los trates con falta de respeto. Es fácil cansarse de padres que siempre están discutiendo. Después de todo, se supone que son ellos los que te han de poner el ejemplo, y no a la inversa. Pero si tratas a tus padres con desprecio, lo más probable es que las tensiones familiares aumenten. Más importante aún, Jehová Dios exige que los jóvenes respeten y obedezcan a sus padres, incluso cuando sea difícil hacerlo. (Éxodo 20:12; compárese con Proverbios 30:17.)

No tomes partido. “A veces, cuando mis padres están riñendo —dice una adolescente—, uno de ellos me pregunta qué pienso yo. Eso me pone muy nerviosa.” Por supuesto, si hay un asunto que te incumbe directamente, sería apropiado dar una respuesta apacible y respetuosa. (Proverbios 15:1.)

O quizás suceda que uno de tus padres sea cristiano y el otro incrédulo. Puede que surjan problemas relacionados con la religión y veas necesario adoptar una posición firme a favor de lo correcto junto con tu padre o madre piadosos. (Mateo 10:34-37.) Pero aun así, deberías hacerlo “con genio apacible y profundo respeto” para que el padre incrédulo pueda ser ganado algún día. (1 Pedro 3:15.)

Pero cuando está claro que se trata de su disputa, permanecer neutral suele ser lo más sabio.a Proverbios 26:17 aconseja: “Como quien agarra por las orejas a un perro, es cualquiera que, al pasar, se enfurece por la riña que no es suya”. Si tomas partido, te arriesgas a despertar resentimiento en alguno de tus padres, y quizás lo alejes.

El joven que toma partido en una riña familiar está tratando de “manejar una situación tan compleja, que no puede comprenderla”. Eso dijo el consejero familiar Mitchell Rosen en la revista ’Teen. Dijo que en las riñas familiares “hay un gran número de factores implicados, y no es solo un asunto de decir quién tiene la razón y quién no”. A menudo, en el corazón de la riña hay agravios y resentimientos que se han acumulado durante un largo período de tiempo. Por eso, cuando papá o mamá se quejan porque la cena se retrasa unos minutos o porque se ha dejado sucio el lavabo, podría haber mucho más envuelto de lo que parece.

La Biblia exhorta: “Si es posible, en cuanto dependa de ustedes, sean pacíficos con todos los hombres”. (Romanos 12:18.) Por eso, trata de permanecer neutral. Pero, ¿y si tus padres te presionan para que tomes partido? “Cualquiera que retiene sus dichos posee conocimiento, y un hombre de discernimiento es sereno de espíritu.” (Proverbios 17:27.) Sí, evita expresar una opinión, o lo que es peor, darla a gritos. Quizás puedas disculparte con amabilidad y decir algo así como: “Papá, mamá, os quiero a los dos. Pero, por favor, no me pidáis que dé la razón a uno. Esto es algo que debéis resolver entre vosotros”.

No te mezcles en la riña. Ya hay suficiente con dos que griten. ¿Por qué añadir otra voz al grupo? Proverbios 15:18 dice: “Un hombre enfurecido suscita contienda, pero el que es tardo para la cólera apacigua la riña”. Simplemente rehúsa participar. Y si percibes que va a empezar pronto una riña, recuerda las palabras de Proverbios 17:14: “El principio de la contienda es como alguien que da curso libre a las aguas; por eso, antes que haya estallado la riña, retírate”.

Quizás podrías tan solo disculparte y marchar a tu habitación a leer, estudiar o tocar música. O podría ser un buen momento para visitar a un amigo. Encontrar algo útil que hacer te traslada de la escena de la discusión y te ayuda a olvidar esos asuntos.

No intentes convertirte en un consejero matrimonial. Como lo expresa un proverbio: “Hay contiendas que son como la barra de una torre de habitación”. (Proverbios 18:19.) A menudo, los padres que suelen discutir han erigido una barrera de resentimiento que puede ser tan inexpugnable como “la barra de una torre de habitación”. ¿Tienes tú el conocimiento o la experiencia suficiente en la vida como para ayudarles a demoler esa barrera? Difícilmente.

El que te atrevas a mezclarte en los problemas familiares de tus padres puede empeorar los asuntos. Proverbios 13:10 indica: “Por la presunción solo se ocasiona una lucha, pero con los que consultan juntos hay sabiduría”. Probablemente tus padres pueden resolver mejor los asuntos si los consideran entre los dos a solas. (Compárese con Proverbios 25:9.)

Además, el papel de mediador familiar puede exigir más de lo que piensas. En su libro Teen Troubles (Problemas de la adolescencia), Carolyn McClenahan Wesson nos habla de Cora, una chica que intentó hacer de consejero matrimonial. ¿Cuál fue el resultado? El matrimonio de sus padres mejoró, pero Cora empezó a tener problemas de estómago. Carolyn Wesson concluye diciendo: “Deja que tus padres resuelvan sus problemas. Tú ya tienes bastante que resolver con ser un adolescente”.

No enfrentes a tus padres. Algunos jóvenes intentan manipular las desavenencias familiares para su propio beneficio. Cuando su madre dice “¡No!”, juegan con las emociones de su padre y logran sonsacarle un “Sí”. Manipular inteligentemente a los padres puede reportar cierta medida de libertad, pero a la larga prolonga la disensión familiar. El joven que de verdad honra a sus padres no recurrirá a semejante abuso de poder.

No empeores la situación. Ser perezoso o estar malhumorado, comportarte mal en el colegio o descuidar tus calificaciones son actitudes que empeoran tus problemas. Sé responsable de tus acciones y no dejes que la distracción de tus padres sea una excusa para ser indisciplinado. Esfuérzate por ser servicial y cooperador.

Cómo sobrevivir a la crisis de la familia

Es evidente que no puedes cambiar a tus padres, pero sí puedes ejercer una influencia positiva. Intenta ser lo más alegre y optimista que puedas. Recuerda que el amor “todas las cosas las soporta, todas las cree, todas las espera, todas las aguanta”. (1 Corintios 13:7.) Nunca dejes de orar para que los asuntos mejoren. (Filipenses 4:6, 7.) El consejero familiar Clayton Barbeau recomienda además: ‘Demuestra a cada uno de tus padres que le quieres’. Eso en sí puede servir para suavizar las tensiones familiares.

También puedes animar a tus padres a que obtengan ayuda, aunque no deberías hacerlo en el momento acalorado de la discusión. Proverbios 25:11 habla de la ‘palabra al tiempo apropiado’, y, en este caso, eso podría ser cuando las cosas se hayan calmado y tus padres tengan una actitud más receptiva. (Si uno de ellos es especialmente susceptible, intenta abordar al que parece más dispuesto a considerar los asuntos de una manera razonable.)

Empieza por asegurarles que los amas. Entonces, explícales con calma cómo te afectan a ti sus disputas. Eso no será fácil. En su libro Trouble at Home (Problemas del hogar), Sara Gilbert reconoce que tales intentos podrían ser recibidos por un “¡eso no es asunto tuyo, mantente al margen!”. Sin embargo, ella aconseja que “les aclares que sí es asunto tuyo”. Cuéntales lo mucho que sus peleas te preocupan, perturban y disgustan. Y, aunque no quieres interferir en sus vidas, sus riñas sí están trastornando la tuya en gran medida. Sugiere a tus padres que busquen ayuda, quizás por medio de dirigirse a un anciano cristiano confiable.b

El que tus padres se encuentren cara a cara con las consecuencias de sus discusiones familiares les puede inducir a dar seria atención a la resolución de sus problemas, y quizás también a dejar de reñir.

[Notas a pie de página]

a No nos referimos aquí a las situaciones en que un padre amenaza a los miembros de la familia con violencia física. En esos casos los miembros de la familia quizás se vean obligados a obtener ayuda del exterior para protegerse de daño físico.

b Si resulta que tus padres son irrazonables o no están dispuestos a escuchar, podría ser conveniente hablar con un cristiano maduro. Él no podrá inmiscuirse en el matrimonio de tus padres, pero sí ofrecer buen consejo y el apoyo emocional necesario.

[Fotografía en la página 18]

¿Pueden los jóvenes mediar con éxito en las disputas de sus padres?

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