Los jóvenes preguntan...
¿Es normal ser virgen?
—¿Hay algo especial que la perturbe [...], Pilar? —le preguntó el médico.
—Doctor —le dijo ella, titubeando un poco—, tantas compañeras conversan acerca de tomar la “píldora” y “recorrer todo el camino”. ¿Hay algo que marcha mal en mí porque no obro así? (¿Qué responder a nuestros hijos?, del Dr. Bennett Olshaker.)
VIRGINIDAD. Aunque en el pasado se tenía a gala conservarla, hoy muchos la ven como un estado anormal, vergonzoso, abochornante y patológico que hay que “curar” cuanto antes.
Por eso no extraña que una cantidad de jóvenes sin precedentes la pierda. Por ejemplo, un estudio de 1983 sobre los jóvenes alemanes de quince años reveló que solo un 9% de las muchachas y un 4% de los muchachos había mantenido relaciones sexuales. Sin embargo, en 1989 las cifras se dispararon a un 25 y un 20%, respectivamente. Las tendencias son semejantes por todo el mundo.
¿A qué se debe que los jóvenes vean tan mal la virginidad? Es cierto que los jóvenes siempre han tenido que enfrentarse a los intensos deseos que despiertan durante la pubertad, pero los de hoy han crecido en un mundo que les da poca o ninguna guía moral. Un grupo de ancianos cristianos de un país europeo remite este informe: “Aunque este país parezca religioso, la verdad es que es fundamentalmente amoral. La inmoralidad sexual se tolera como una ‘debilidad humana’, se educa a los hijos en familias en las que los padres no están casados y los anuncios que recurren al sexo como gancho publicitario son los peores del mundo occidental”.
Los jóvenes de los países en vías de desarrollo también se hallan bajo intensas presiones económicas y culturales que fomentan la promiscuidad. En cierto país africano se suele advertir a los jóvenes que ‘si un muchacho no realiza el acto sexual, su cuerpo se debilita’. También es común la creencia de que ‘una joven no sabe lo que es vivir hasta que se acuesta con un muchacho’.
Por otro lado, debido a la pobreza y el desempleo generalizados, una joven quizás no se atreva a negarse a las demandas sexuales de un posible patrono. Asimismo, los profesores quizás pongan un precio sexual al aprobado. De hecho, no es raro que las muchachas pobres se ofrezcan a tener relaciones a cambio de necesidades básicas, como una triste pastilla de jabón. Según informes de observadores de un país en desarrollo, “las relaciones sexuales se equiparan a actividades como comer o beber”.
La presión de los compañeros
No obstante, la presión más intensa procede de los compañeros, que a menudo no dejan de molestar y burlarse del joven que permanece virgen. Si además eres testigo de Jehová, es fácil que te tengan señalado y te digan que no eres un hombre o una mujer de verdad si no tienes relaciones o que hay que adquirir “experiencia” antes de casarse, o quizás traten de llenarte la cabeza con cuentos de sus aventuras sexuales ilícitas.
“Sally no paraba de hablar de lo que disfrutaba haciendo el amor con su amigo —explicó una joven—. Además, me hacía creer que me estaba perdiendo uno de los mejores placeres de la vida.” Muchos jóvenes no se dan cuenta de que “los adolescentes recurren a muchas fanfarronadas, exageraciones y mentiras cuando cuentan sus experiencias sexuales”, y se dejan llevar por tales cuentos. (Coping With Teenage Depression [Cómo afrontar la depresión en la adolescencia], de Kathleen McCoy.) María, una joven que perdió su virginidad tras tener relaciones inmorales, recuerda: “Me sentía presionada y tenía unas ganas locas de que me aceptaran. Aunque sabía que estaba mal, quería ser como todo el mundo y salir con un chico”.
De manera similar, millones de jóvenes se han tragado la propaganda del mundo, por lo que creen que la virginidad es anormal y que las relaciones prematrimoniales son poco más que una diversión inocente. De modo que los jóvenes castos casi se han convertido en una especie en vías de extinción.
Cómo ve Dios la virginidad
Sin embargo, hay un aspecto de las relaciones prematrimoniales del que no suelen hablar tus compañeros. María cuenta: “Tras hacerlo, me abrumaba la vergüenza y sentía asco de mí misma y de mi compañero”. Estas experiencias son mucho más comunes de lo que admite la mayoría de los jóvenes. No hagas caso de los cuentos fabulosos ni de las exageraciones de tus compañeros. La realidad es que estas relaciones suelen asestar un duro golpe emocional, son una experiencia humillante, que tiene consecuencias nefastas.
Este hecho no debería sorprenderte, pues Dios no ve bien tales relaciones aunque el mundo opine que son sanas y normales. Jesucristo nos recuerda que “lo que entre los hombres es encumbrado, cosa repugnante es a la vista de Dios”. (Lucas 16:15.) Dios tiene sus propias normas sobre lo que es buena conducta. La Biblia explica: “Porque esto es la voluntad de Dios: la santificación de ustedes, que se abstengan de la fornicación; que cada uno de ustedes sepa tomar posesión de su propio vaso en santificación y honra [...]. Porque Dios nos llamó, no con permiso para inmundicia, sino con relación a santificación”. (1 Tesalonicenses 4:3-7.)
Para Dios, la virginidad de los jóvenes no solo es normal, sino pura y santa. A las vírgenes se las tenía en alta estima en el antiguo Israel, y la Ley las protegía de abusos sexuales. (Deuteronomio 22:19, 28, 29.) De igual modo, la virginidad goza de reconocimiento entre los cristianos. De hecho, a la congregación cristiana se la asemeja a una “virgen casta” por su pureza moral. (2 Corintios 11:2; Revelación 21:9.)
En ningún pasaje bíblico se anima a la juventud a ver la virginidad como una maldición. Por el contrario, el apóstol Pablo dice que “si alguno está resuelto en su corazón” a “guardar su propia virginidad [al quedarse soltero], hará bien. Por consiguiente, también el que da su virginidad en matrimonio hace bien, pero el que no la da en matrimonio hará mejor”.a Pablo no condena con estas palabras las relaciones conyugales honorables, sino que se limita a mostrar que el cristiano que decide quedarse virgen y no casarse puede disfrutar de “atender constantemente al Señor sin distracción”. (1 Corintios 7:25, 33-38.)
Por ello, el joven cristiano no ve la virginidad como una vergüenza, sino como testimonio de su integridad a Dios. Aunque es cierto que no es fácil mantenerse casto, pues requiere firme autodominio, la Biblia nos dice que “[los] mandamientos [de Dios] no son gravosos” (1 Juan 5:3), y el salmista añade: “Las órdenes de Jehová son rectas, hacen regocijar el corazón; el mandamiento de Jehová es limpio, hace brillar los ojos”. (Salmo 19:8.) Sí, seguir las pautas divinas siempre es sano y beneficioso.
‘Pecar contra el propio cuerpo’
Por otra parte, la Biblia dice en 1 Corintios 6:18: “El que practica la fornicación peca contra su propio cuerpo”. Digan lo que digan las tradiciones populares, no hay la más mínima prueba de que la castidad produzca daños físicos. Más bien, es la incontinencia lo que encierra peligros físicos, como explica un eminente doctor: “Las enfermedades de transmisión sexual tendrán mayor incidencia a menos que se apliquen medidas de control eficaces. El reciente aumento en su incidencia se debe en parte a una mayor actividad sexual entre la juventud”. (Current Controversies in Marriage and Family.)
La promiscuidad juvenil ha sido la causa de la epidemia de embarazos de adolescentes. En Estados Unidos, la mitad de esos embarazos termina en abortos espontáneos o inducidos. También hay que tener en cuenta los estragos emocionales que puede causar la inmoralidad sexual. “Me dejó una vez que logró lo que quería”, reconoce una joven llamada Diana. Las palabras de Pablo parecen ser verdad. Las relaciones prematrimoniales constituyen un ‘pecado contra el propio cuerpo’.
La fornicación también ‘perjudica y abusa de los derechos’ del prójimo. (1 Tesalonicenses 4:6.) Como poco, vulnera tanto el derecho de la otra persona a empezar el matrimonio limpio moralmente, como el del futuro cónyuge a tener un esposo o esposa virgen.
El libro Why Wait Till Marriage? (¿Por qué esperar hasta el matrimonio?) contiene una observación digna de examinar: “Dejas de ser virgen tras la primera experiencia sexual. [...] Solo tienes una oportunidad”. Así que elige bien y no permitas que la propaganda mundana te haga creer que algo marcha mal porque te guías por las pautas bíblicas. No, lo extraño o anormal no es la virginidad, sino las relaciones inmorales, que son degradantes, humillantes y nocivas. Si sigues virgen, mantendrás la salud, el equilibrio emocional y, lo más importante, la relación con Dios.
En artículos futuros se explicará cómo lograr este objetivo.
[Nota a pie de página]
a La palabra griega que se traduce “virgen” en la Biblia aplica a hombres y mujeres por igual.
[Fotografía en la página 21]
Los relatos de aventuras sexuales están llenos de fanfarronadas y embustes