La radiactividad. ¿Qué amenaza presenta para usted?
Por el corresponsal de ¡Despertad! en Gran Bretaña
“¡RADIACTIVO!” ¿Qué le viene a la cabeza cuando oye esa palabra? Para la mayoría de las personas las radiaciones son un “mal inexplicable, invisible, intangible y casi misterioso”, según el comité del medio ambiente de la Cámara de los Comunes británica. ¿Opina usted lo mismo?
En el siglo pasado, sin ir más lejos, se desconocía la radiactividad. Sin embargo, hoy día se utilizan a tal grado los materiales radiactivos que muchas veces se puede ver su señal de peligro característica en hospitales, camiones que transportan dichos materiales, fábricas e instalaciones nucleares. Los materiales radiactivos desempeñan un papel importante en la vida moderna.
Por otro lado, a finales de la II Guerra Mundial explotaron sobre Hiroshima y Nagasaki bombas atómicas que liberaron enormes dosis de radiación nuclear y produjeron estragos y destrucción sin precedente. En tiempos más recientes, los accidentes ocurridos en las centrales nucleares ubicadas en Three Mile Island (E.U.A.), Chernóbil (Ucrania) y en las cercanías de San Petersburgo (Rusia), han incrementado el miedo que la gente siente hacia la radiactividad.
¿Qué es, pues, la radiactividad, y qué amenaza puede presentar para usted?
Un fenómeno muy potente
Toda la materia está compuesta de átomos, los cuales son, en su mayoría, estables. Los elementos cuyos átomos tienen un núcleo inestable reciben el nombre de “radiactivos”. El elemento radiactivo más conocido es el uranio. A fin de alcanzar la estabilidad, el inestable núcleo va cambiando y, durante el proceso, emite radiaciones en forma de pequeñas partículas y rayos. De este modo, el uranio se va transformando en una serie de elementos diferentes hasta convertirse finalmente en plomo, un elemento estable.
Todas las radiaciones tienen la facultad de penetrar, pero a diferentes grados. Las partículas más pesadas (alfa) normalmente no se desplazan más de cinco centímetros por el aire. La ropa o la capa exterior de la piel las detienen. Por otra parte, los minúsculos electrones que forman la radiación beta atraviesan unos metros de aire, pero una delgada plancha de aluminio o de vidrio logra impedir su avance. Una tercera variedad, la de los rayos gamma, es mucho más penetrante. Para protegernos de esa clase de radiación necesitamos gruesas barreras de plomo u hormigón. Si no nos protegemos, la radiación presenta una amenaza. ¿Cómo?
Cómo perjudica la radiación
Cuando en el cuerpo humano penetran radiaciones de los tipos que se acaban de mencionar, producen cambios en algunos de los átomos de las células que encuentran a su paso. Los cambios químicos resultantes pueden dañar e incluso matar las células. El efecto global que producen en el cuerpo depende de la gravedad del daño y del número de células muertas. Si se dañan las moléculas de ADN de los cromosomas, las consecuencias pueden ser muy graves porque estas moléculas controlan el desarrollo y funcionamiento normales de las células. Los científicos creen que este tipo de daño está vinculado al cáncer.
Grandes cantidades de radiación liberadas en un corto espacio de tiempo perjudican tanto el tejido óseo como las células sanguíneas, causando radiopatía (enfermedad por radiación) y muerte. En septiembre de 1987, la ciudad brasileña de Goiânia fue testigo de una tragedia que el doctor Gerald Hansen de la Organización Mundial de la Salud describió, según informes, como “el peor accidente [nuclear] del hemisferio occidental, superado solo por el de Chernóbil”. Todo empezó cuando un chatarrero manejó polvo de cesio altamente radiactivo procedente de un aparato de radioterapia abandonado. Él y otras personas de las inmediaciones absorbieron una dosis masiva de radiación. Cuando los cuerpos de las primeras víctimas mortales fueron colocados en ataúdes de plomo y enterrados en sepulturas revestidas de hormigón, cundió el pánico. Según el periódico londinense The Times, los supervivientes que absorbieron elevadas dosis de radiación sufrirían “con casi toda seguridad cáncer o esterilidad”.
Dosis de radiación inferiores pero emitidas durante cierto período de tiempo también incrementan ligeramente el riesgo de contraer cáncer. A veces el organismo humano puede reparar con éxito las células afectadas por la radiación. Pero cuando la reparación no es posible, se puede desarrollar cáncer. Aunque parezca paradójico, en radioterapia se utiliza la radiactividad para atacar y destruir las células cancerosas.
Cómo podemos contaminarnos
Tras la catástrofe de Chernóbil en 1986, varios gobiernos impusieron prohibiciones sobre ciertos productos alimentarios que se consideraban peligrosamente contaminados. Por ejemplo, en Suecia se prohibió el consumo de carne de reno debido al elevado nivel de cesio radiactivo que contenía. Igualmente, al detectarse en los rebaños de ovejas criadas en 1987 un grado de radiación superior al límite de seguridad prescrito, se volvió a prohibir la comercialización de carne de cordero procedente de muchas granjas de Gales y Escocia.
Aunque el público se inquieta, y con razón, por la amenaza que pueden presentar los productos alimentarios contaminados y los residuos radiactivos, raras veces, si acaso alguna, se preocupa por los tratamientos médicos radiactivos y los rayos X. Sin embargo, de estas fuentes de radiación procede aproximadamente el 12% de nuestra dosis anual total. Luego está la enorme cantidad de radiación —muy superior a la de las demás fuentes de radiaciones— que recibimos de fuentes naturales. Los rayos cósmicos procedentes del espacio nos transmiten un 14%.a Al comer y beber ingerimos un 17% adicional. Hasta las rocas y los terrenos radiactivos por naturaleza contribuyen una considerable cantidad de radiaciones: el 19%. ¿De dónde viene, pues, el resto?
¡Peligro! ¡Radón!
‘A las afueras de Dartmoor, en el sudoeste de Inglaterra, se encuentra el pueblo de Chagford. En uno de sus edificios, utilizado como centro sanitario, están los llamados lavabos más radiactivos del mundo. Si usted visitase ese lugar cuatro veces al día durante quince minutos cada vez, se estaría exponiendo a un nivel de radón superior al recomendado en esa nación para todo un año. El radón, un gas radiactivo, probablemente constituye la mayor causa individual de cáncer en Gran Bretaña después del tabaco.’ (New Scientist, 5 de febrero de 1987.)
Aunque ese informe puede parecer sensacionalista, como promedio, entre una tercera parte y la mitad de nuestra dosis anual de radiación procede del radón y del torón (gas radiactivo relacionado con el radón). Como gas, el radón es la excepción en la serie de desintegración radiactiva que comienza con el uranio. Se filtra por las fisuras de la roca de fondo y a través del fundamento hasta penetrar en la casa y contaminar el aire con radiactividad.
Unos estudios llevados a cabo por el Consejo de Protección Radiológica Nacional de Gran Bretaña descubrieron zonas en las que el aire está tan contaminado de radón que “no se toleraría en el interior de una central nuclear”, comenta la revista New Scientist. De hecho, dicho consejo calcula que 20.000 casas británicas tienen concentraciones de radiactividad diez veces mayores que la dosis usual de radiación anual. Como muchas casas modernas están selladas casi herméticamente, los gases radiactivos quedan encerrados en su interior, con lo que aumenta la incidencia de cáncer de pulmón.
Aunque los riesgos sean pequeños, no son insignificantes. Según cálculos actuales, en Gran Bretaña cada año contraen cáncer de pulmón por radiactividad del radón unas dos mil quinientas personas. En Estados Unidos, donde una encuesta llevada a cabo en diez estados reveló que una quinta parte de las viviendas tienen niveles de radón considerados peligrosos, se estima que cada año se producen entre dos mil y veinte mil muertes por cáncer de pulmón provocado por dicho gas. Según unos investigadores de Suecia, se calcula que en algunas casas de ese país los niveles de radiactividad son cuatro veces más elevados que en Gran Bretaña debido al radón atrapado en la grava.
¿Son reales los riesgos?
“Por lo que sabemos hasta ahora —comenta The Economist—, cualquier rayo [gamma] individual puede provocar cáncer, y cuantos más rayos atraviesen su cuerpo, más posibilidades hay de que alguno cause daño.” Pero para tranquilizar añade: “La probabilidad de que alguno cause daño es mínima”.
Según la ICRP (Comisión Internacional para la Protección Radiológica), la posibilidad de que una persona desarrolle un cáncer mortal por haber estado expuesta a una dosis de un milisievert (superior a las dosis que se encuentran en un ambiente natural) es de una entre ochenta mil.b Por eso la ICRP aconseja que “no se adopte ningún procedimiento a menos que su uso produzca un beneficio positivo neto”, y recomienda que “toda exposición se mantenga tan baja como sea razonablemente factible, tomando en cuenta los factores económicos y sociales”.
La Junta de Energía Atómica del Reino Unido cree que el riesgo de cáncer inducido por tales dosis de radiación puede ser aun menor. Por otro lado, grupos de presión a favor del medio ambiente, respaldados por varios investigadores, dicen que los niveles de seguridad recomendados deberían reducirse. Uno de ellos sugiere que se cambie la recomendación de la ICRP para que diga que toda exposición debería mantenerse “tan baja como sea técnicamente factible”.
Mientras tanto, ¿puede usted hacer algo para protegerse de la amenaza de la radiación? Claro que sí.
Precauciones que puede tomar
Tal como usted puede tomar precauciones para protegerse de una exposición excesiva al sol y de ese modo evitar cáncer de piel, también puede tomar precauciones para protegerse de los peligros de la radiactividad. Averigüe cuáles son los peligros potenciales y siga las recomendaciones.
Si usted vive en una zona donde hay rocas que emiten radón, podría instalar un sistema de ventilación para los fundamentos de su casa que contribuya a que no se forme una acumulación peligrosa de ese gas en el interior de la casa. Si el médico le manda hacerse pruebas en las que se utilizan materiales radiactivos o rayos X, pregúntele si son verdaderamente necesarias. Quizás podría mandarle que se hiciera otras no tan peligrosas. Y cuando usted vea en algún lugar el símbolo de peligro de radiación, tome las precauciones adecuadas y siga las medidas de seguridad prescritas para esa zona en particular.
Cierto, la radiactividad es invisible e intangible. Pero si la mantenemos en su lugar, la amenaza que presenta es menor. Y bajo condiciones perfectas ya no presentará ninguna amenaza en absoluto.
[Notas a pie de página]
a La radiación cósmica difiere de la radiación nuclear emitida por los materiales radiactivos.
b El sievert es una medida que indica la cantidad de energía que la radiación imparte a los tejidos corporales. Un milisievert (mSv) es una milésima de sievert. La dosis media anual en Gran Bretaña es de unos dos milisieverts. Una radiografía de tórax transmite alrededor de una décima de milisievert.
[Diagrama/Fotografía en la página 13]
(Para ver el texto en su formato original, consulte la publicación)
A
B
C
D
E
F
A—Alimento y bebida
B—Radón y torón
C—Rocas y terreno
D—Radiaciones cósmicas
E—Radiaciones médicas
F—Lluvia radiactiva
[Reconocimiento]
Ilustración D: Holiday Films
[Reconocimientos en la página 10]
Fotos: superior izq. e inferior der., U.S. National Archives; inferior izq., USAF; inferior izq. segunda, Holiday Films