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¡Despertad! 1993
g93 22/2 págs. 25-27

Los jóvenes preguntan...

¿Es cierto que la música puede perjudicarme?

TOM era un joven normal de 14 años, un estudiante destacado al que le gustaba hacer favores a sus vecinos. Pero después de comprarse un costoso equipo estereofónico, se aficionó a escuchar heavy metal.

Tom prácticamente se recluyó en su habitación. “Yo le decía: ‘No puedes seguir encerrado todo el tiempo oyendo música’”, recuerda su padre. Pero él seguía escuchándola. Un día de invierno Tom mató a puñaladas a su madre y se suicidó. “Adviertan a los padres que estén al tanto de la música que escuchan sus hijos”, pidió el angustiado padre de Tom. Unos días antes de asesinar a su madre, Tom había estado cantando la letra de una canción sobre “sangre y asesinar a la madre”.

¿Un caso extremado? Sin lugar a dudas, y si bien es cierto que debieron conjugarse otros factores que consumaron la tragedia, el caso prueba algo que muchos jóvenes tienden a minimizar: la música puede influirte. Tal vez no seas un aficionado al heavy metal ni una persona dada a arranques violentos, pero aun así la música puede afectarte de maneras que ni te imaginas.

El poder de la música

La música tiene poder. Recorre toda la gama de emociones humanas: desde la tristeza y la melancolía hasta el amor y la alegría. Puede calmar e irritar, inspirar devoción y alentar abandono. Por lo tanto, no es de extrañar que la música haya sido siempre un instrumento eficaz del “dios de este sistema de cosas”, Satanás el Diablo. (2 Corintios 4:4.)

Veamos dos ejemplos: Poco después de ser liberados de la esclavitud en Egipto, los israelitas abandonaron la adoración a Jehová y se entregaron al culto de un becerro de oro. ¿Qué incluía aquel vergonzoso comportamiento? Música escandalosa y depravada. (Éxodo 32:1-6, 17, 18.) Por otra parte, ¿cómo avivó el petulante rey Nabucodonosor el fervor patriótico y religioso de sus súbditos para que adoraran la imagen pagana que había hecho erigir? Con música solemne. (Daniel 3:1-7.)

Por consiguiente, hemos de esperar que Satanás emplee actualmente la música para descarriar a la gente. Él es el “gobernante de la autoridad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de la desobediencia”. (Efesios 2:2.) Mucha de la música moderna refleja su mismo espíritu de rebelión, lo que no debe extrañarte, pues casi toda está escrita por personas que, según la Biblia, ‘andan en la inutilidad de su mente, y están mentalmente en oscuridad, alejadas de la vida que pertenece a Dios’. Es más, a juzgar por su estilo de vida, muchos cantantes, músicos y compositores populares han “llegado a estar más allá de todo sentido moral”. (Efesios 4:17-19.)

Escuchar su música puede entrañar serios peligros para los jóvenes cristianos. No queremos decir que toda la música popular es mala o que un joven solo debe cuidarse de la influencia de la música rock.a También hay óperas y música clásica malsanas. Pero mientras que antes algunas piezas musicales contenían alusiones o insinuaciones inmorales, ahora gran parte de la música fomenta la depravación con un descaro inaudito.

Impropia para los oídos y para los ojos

Piensa, por ejemplo, en la música heavy metal, un tipo de rock duro particularmente nocivo que suele tocarse a un volumen ensordecedor. Es típico que los grupos de heavy metal ostenten nombres como Poison (Veneno), Skid Row (Bajos fondos), Guns N’ Roses (Pistolas y rosas) y Slayer (Asesino). A este respecto, la revista Time comentó: “El propio nombre del grupo evoca imágenes de mutilación, tortura y muerte”. Lo mismo se puede decir de los horrendos dibujos que aparecen en las carátulas de sus álbumes, en los que suelen figurar símbolos satánicos.

¿Y qué decir de la música misma? Tiene títulos como “Carne y sangre” y “Ansias de destrucción”, y la letra enaltece el sadomasoquismo, la violación sexual y el asesinato. No sorprende que en el libro Stairway to Hell (Escalera al infierno), una guía sobre el heavy metal, diga que esta música representa “el triunfo de la vulgaridad, la velocidad [interpretativa], la crudeza verbal y la apatía violenta”. Se ha insistido en que el heavy metal está relacionado con la drogadicción, el satanismo y el suicidio que se da entre sus oyentes. No obstante, según los medios informativos, el heavy metal tiene cada vez más adeptos.

Una buena parte de la música rap (o hip-hop) cae también en extremos frenéticos.b La revista Time comentó: “Los poetas del rap [...] invocan en sus recitaciones el fuego de la lucha armada contra la policía o el azufre de las relaciones sexuales [...] descaradas”. Hay que decir que la letra de muchas canciones populares del rap es demasiado obscena para citarla en esta revista. Respecto a una de esas canciones, una adolescente dijo: “La misma primera palabra que escuché me asustó”.

Sin embargo, gran parte de la música rock actual es impropia para el oído cristiano. Puede que en la lista de las 40 canciones principales del momento haya pocas tan descaradas como las que hay en el rap o en el heavy metal, pero muchas incitan sutil o abiertamente a la inmoralidad sexual u otras prácticas anticristianas. Los vídeos musicales —tan populares entre los jóvenes— aumentan el impacto de la música debido al poderoso efecto de la imagen visual. Un estudio sobre los vídeos musicales reveló que el 57% de las videocintas contenían escenas violentas, y el 75%, escenas de intimidad sexual. También eran frecuentes los estilos de vestir provocativos y los bailes sensuales.

¿Puede perjudicarte?

Gran parte de la música actual no levanta el ánimo ni tiene un efecto positivo en el oyente, sino que es manifiestamente “terrenal, animal, demoníaca”. (Santiago 3:15.) Aun así, es curioso que no todos los jóvenes cristianos consideran que haya problema alguno en escuchar esa música o en ver los vídeos. “No hay que preocuparse por la letra del rap —dijo una adolescente—, si ni siquiera se entiende.” Quien haya intentado descifrar la letra del rap tal vez reconozca que hay algo de cierto en esa afirmación.

Los jóvenes no siempre captan el sentido oculto de las canciones populares. En un estudio realizado con adolescentes, se les pidió que dijeran cuál es el contenido de algunas canciones populares. La mayoría de los jóvenes no fueron capaces de percibir las sutiles alusiones al sexo, la violencia, las drogas y el satanismo que impregnaban su música. La conclusión de la revista The Journal of the American Medical Association fue: “No existen indicios de que esta música tenga un efecto nocivo en la conducta de los adolescentes”.

En cambio, la Biblia indica lo contrario. En primer lugar, dice que las “malas compañías echan a perder los hábitos útiles”. (1 Corintios 15:33.) Piensa, ¿pasarías horas en compañía de alguien que empleara lenguaje obsceno, te instara a consumir drogas, abogara por el culto a Satanás o te describiese en detalle actos sexuales perversos? ¿Le escucharías tal vez? ¡Claro que no! ¿Por qué suponer, entonces, que ese tipo de habla ha de ser menos dañina solo porque se te ofrece con arreglo musical o recitada con un fondo rítmico? Si escuchas una y otra vez los mismos temas, ten por seguro que te afectarán. Como pregunta Proverbios 6:27, “¿puede un hombre recoger fuego en el seno sin que se le quemen las mismas prendas de vestir?”.

Por esa razón, la Biblia nos exhorta a ni siquiera mencionar cosas inmorales, mucho menos repetirlas una y otra vez. (Efesios 5:3-5; Filipenses 4:8.) El que pasa por alto este principio sin falta ‘segará corrupción’. (Gálatas 6:8.) Según reconoció una joven llamada Jodie, “las canciones te hacen pensar; cuando surge un mal deseo, se convierten en el combustible mental que alimenta su fuego”. Después de escuchar una canción de rap en la que se describía gráficamente un acto sexual pervertido, un joven confesó: “No podía olvidarla”.

¿Y qué se puede decir del heavy metal, que propugna la muerte, las drogas o el satanismo? Un joven cristiano que se aficionó a este tipo de música no tardó en obsesionarse con la idea de la muerte. Gracias al firme esfuerzo de sus padres y de un amigo cristiano maduro pudo evitar un desenlace trágico y su ruina espiritual.

A veces los pensamientos se transforman en acciones. (Santiago 1:14, 15.) La música moderna está ideada sutilmente para llenar tu cabeza de pensamientos impropios. También es cierto que si has sido criado con el respaldo de los principios bíblicos, es más improbable que influyan en ti ideas asesinas o deseos de incurrir en inmoralidad sexual solo porque en una canción se mencionen dichas prácticas. Pero la influencia podría afectarte de otro modo. Hay jóvenes cristianos que han adoptado el estilo estrafalario de vestir y arreglarse el pelo que caracteriza a los artistas del rock y del rap. El habla, gestos y actitudes de esos jóvenes demuestran a todas luces que la música que escuchan les influye.

“Los jóvenes dicen que la música no los afecta —dijo un joven sudafricano—, pero da entrada en tu vida a Satanás para que te controle.” Él hablaba por experiencia propia, pues añadió: “Solía escuchar música sobre espiritismo, drogas y sexo”. ¿Cómo se libró de la perniciosa influencia de aquella música degradante?

“La tiré toda. Supuso un cambio drástico sentarme en una habitación silenciosa, pero me he convertido en mejor persona.” ¿Necesitas hacer algo parecido, no necesariamente tirar toda tu música, pero al menos desechar toda aquella que es manifiestamente degradante? (Compara con Hechos 19:19.)

Esto no significa que hayas de renunciar a la música, sino aprender a ser selectivo. ¿Cómo? Ese será el tema de un artículo futuro.

[Notas a pie de página]

a Con el término “rock” aludimos aquí a todos los estilos de música popular que los jóvenes escuchan.

b Ve el artículo “Los jóvenes preguntan... ¿Qué tiene de malo mi música?”, en el número del 8 de febrero de 1993.

[Fotografía en la página 26]

¿Te ayudará el llenar la mente de mensajes sobre muerte, destrucción y degradación sexual, o te hará daño?

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