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  • ¡Despertad! 1993
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¡Despertad! 1993
g93 8/3 págs. 3-5

La verdad de la violación sexual

EN EL tiempo que le tome leer esta página, en algún lugar de Estados Unidos se violará a una mujer. Estará sola y se sentirá aterrorizada por un acto de violencia y degradación realizado por alguien a quien probablemente conoce. Puede que la golpeen. Quizás se resista. Pero es seguro que temerá por su vida.

La violación sexual es el delito violento que aumenta con más rapidez en Estados Unidos, país que ya tiene uno de los mayores índices de violación del mundo. Según informes policiales, cada hora se producen dieciséis intentos de violación y se consuman diez violaciones, sin contar el número de violaciones no denunciadas, que puede ser diez veces mayor.

Pero Estados Unidos no es el único país que reúne esas horribles cifras. En Francia, la cantidad de víctimas que denunciaron la violación aumentó en un 62% entre 1985 y 1990. En Canadá, el número de agresiones sexuales denunciadas en 1990 fue de 27.000, lo que quiere decir que se ha duplicado en tan solo seis años. Alemania informó una agresión sexual femenina cada siete minutos.

La violación sexual también afecta a hombres inocentes.a Según la psicóloga Elizabeth Powell, los hombres “sufren por tener que vivir en una sociedad en la que la mitad de la población tiene razones para sentirse resentida, desconfiada y asustada”. Además, muchos hombres se convierten en víctimas indirectas de la violación porque temen por el bienestar de su esposa, madre, hermanas, hijas y amigas, o tienen que enfrentarse a sentimientos de culpa y dolor cuando una de estas personas queridas sufre esa agresión sexual.

¿Por qué aumentan las violaciones?

En las sociedades que toleran la violencia y la manipulación de la mujer por motivo de su sexo se producen muchas violaciones. En varios países, los hombres y las mujeres son bombardeados desde su infancia a través de los medios de comunicación, la familia y sus compañeros con mensajes destructivos e información errónea acerca del sexo. Aprenden los perniciosos conceptos de que el sexo está vinculado a la violencia y de que no hay que tomar en cuenta los deseos de la mujer, pues solo sirve para la satisfacción sexual del hombre.

Observe la actitud de Jay, un oficinista de 23 años. “La sociedad dicta que para ser un verdadero hombre hay que tener una vida sexual activa con muchas mujeres —dijo—. ¿Qué pasa si no tienes esa vida? ¿Qué eres entonces?” Por culpa de esa presión, cuando una mujer le enojaba o frustraba, se exponía a que la violara.

La investigadora Linda Ledray cree que en culturas propensas a la violación son comunes ese tipo de actitudes violentas y agresivas hacia la mujer. Ella dice: “El violador en buena medida no hace más que interpretar su papel según las exigencias del guión que la sociedad ha concebido”. El cine y la televisión contribuyen al carácter destructivo de ese guión. La violación es un tema común en la pornografía, pero no toda la culpa es de ella. Los estudios han indicado que las películas violentas sin contenido sexual producen actitudes más agresivas hacia la mujer que las películas no violentas que contienen escenas sexuales explícitas. Elizabeth Powell dice que la televisión también tiene culpa cuando “presenta en la pantalla algunas de las escenas de manipulación sexual más crudas que pueden verse”. ¿Qué mensaje transmiten los medios de comunicación? “Cuando esté enojado, hiera a alguien.”

Cuando ese mensaje se traslada a las relaciones cotidianas, los resultados son trágicos. En un mundo cada vez más permisivo, el hombre muchas veces opina que la mujer debe someterse a sus deseos sexuales, en especial si le ha hecho algún regalo o si al principio parecía receptiva a sus insinuaciones.

“Tocante a las relaciones sexuales, la palabra ‘no’ suele carecer de significado cuando la pronuncia una mujer”, dijo el periodista Robin Warshaw. Con mucha frecuencia el desenlace es una violación.

“La segunda violación”

Kathi tenía 15 años cuando tres miembros del equipo de hockey de su escuela la violaron. Cuando su familia llevó el caso a los tribunales, tanto amigos y vecinos como extraños la rehuían y la hostigaban. La gente decía a su familia: “Ya se sabe lo que son los muchachos”. Sus condiscípulos llamaban a Kathi obscenidades y le dejaban mensajes amenazantes en su armario de la escuela. El castigo que recibieron los violadores fue libertad condicional y la obligación de prestar servicios para la comunidad, y así siguieron adelante hasta convertirse en héroes deportivos de la escuela. Kathi, en cambio, fue castigada con meses de hostigamiento, y finalmente se suicidó.

El caso de Kathi es un trágico ejemplo de cómo las víctimas de la violación primero sufren el ataque físico del violador y luego el maltrato emocional de otros. Muchas mujeres han comprobado que las actitudes e ideas erróneas que hay respecto a la violación resultan en que la culpa recaiga sobre la víctima. Amistades, familiares, policías, médicos, jueces y miembros de jurados —los que deberían ayudar a la víctima— pueden compartir tales ideas equivocadas y herir a la víctima casi tan profundamente como el propio violador. Es tan duro que culpen a la violada de lo sucedido que algunos han llamado a este problema “la segunda violación”.

Los mitos sobre la violación crean un falso sentido de seguridad. Hay personas que tratan de descubrir alguna falta en la conducta de la víctima —vestía ropa ceñida, salió sola por la noche o realmente deseaba tener relaciones sexuales—, y piensan que con tal de evitar esas actitudes, tanto ellas como sus seres queridos estarán a salvo y nunca serán violados. Prefieren opinar así, pues aceptar la otra posibilidad —la violación es un acto de violencia inexplicable que cualquiera puede sufrir, prescindiendo de cómo se vista— sería demasiado terrible.

Una mujer que fue violada por alguien a quien consideraba “agradable y respetable” aconseja: “Lo peor que se puede hacer es creer que a ti no te va a pasar”.

Mitos y realidades sobre la violación

A continuación se exponen algunas de las ideas erróneas sobre la violación que se han sostenido por mucho tiempo y que sirven para culpar a la víctima y para perpetuar actitudes que incitan a los violadores:

Mito: Los violadores son siempre personas que la víctima no conoce.

Realidad: La mayoría de las mujeres violadas son atacadas por algún conocido en quien confiaban. Un estudio descubrió que el 84% de las víctimas conocían a sus atacantes y que el 57% de las violaciones ocurrieron cuando víctima y atacante salían en pareja. Una de cada siete mujeres casadas será violada por su propio esposo.b Las violaciones son siempre violentas y causan traumas emocionales tanto si el atacante es un desconocido como si es el cónyuge o la pareja de la víctima.

Mito: Solo se considera violación si la mujer presenta secuelas físicas —como contusiones— que demuestren que se resistió.

Realidad: Tanto si opusieron resistencia física como si no, pocas mujeres presentan secuelas físicas visibles, como contusiones o cortes.

Mito: La víctima de una violación es culpable en parte a menos que oponga resistencia activa.

Realidad: Por definición, se califica de violación el acto de forzar a la víctima o intimidarla para tener acceso carnal con ella —de la clase que sea— en contra de su voluntad. Lo que convierte a un hombre en violador es el uso de la fuerza para someter a la víctima contra su voluntad. Por lo tanto, la víctima de una violación no es culpable de fornicación. Como en el caso del incesto, la víctima puede ser obligada a someterse a un acto que no desea mediante la influencia que ejerce en ella el atacante. Cuando un violador obliga a una mujer aterrorizada o desorientada a someterse a él, eso no significa que ella esté de acuerdo o consienta. El consentimiento implica elección sin amenazas, y es activo, no pasivo.

Mito: La violación es un acto pasional.

Realidad: La violación es un acto de violencia. La motivación del violador no es únicamente sexual; lo hace para sentir que domina a otra persona.c

Mito: Una mujer puede provocar o seducir a un hombre hasta el punto de que este ya no sea capaz de controlar sus impulsos sexuales.

Realidad: Los impulsos sexuales de los violadores no son más fuertes que los de los demás hombres. La prueba es que una tercera parte de los violadores no fueron capaces de realizar la función sexual completa. La mayoría de las violaciones son actos planeados, no impulsos espontáneos. Los violadores acostumbran a buscar el mejor momento para atacar a su víctima; si no la conocen, la acechan hasta que está sola; si la conocen, provocan una situación en la que se encuentre aislada.

Mito: Las mujeres inventan que han sido violadas para vengarse del hombre o porque se sienten culpables por haber tenido relaciones sexuales.

Realidad: La proporción de acusaciones falsas de violación es la misma que en cualquier otro delito violento: el 2%. Por otro lado, los investigadores concuerdan en que un gran número de violaciones no se denuncian.

Mito: La mujer que lleva ropa provocativa, toma alcohol, deja que un hombre la invite o entra en su casa está “buscando” que la violen.

Realidad: El hecho de que una mujer tenga poco sentido común, sea ingenua o inconsciente no justifica que la violen. La culpa de la violación recae exclusivamente en el violador.

[Notas a pie de página]

a Aproximadamente una de cada diez víctimas de violación es un hombre.

b La violación dentro del matrimonio se produce cuando el marido se vale de la fuerza para obligar a su esposa a tener relaciones sexuales contra su voluntad. Algunos esposos tal vez crean que la “autoridad” que el apóstol Pablo dice que el hombre tiene sobre el cuerpo de su esposa es absoluta. Sin embargo, Pablo también dijo que “los esposos deben estar amando a sus esposas como a sus propios cuerpos”. El apóstol Pedro indica que los maridos deben asignar “honra [a su esposa] como a un vaso más débil, el femenino”. Esas palabras no dejan lugar a la violencia ni al coito forzado. (1 Corintios 7:3-5; Efesios 5:25, 28, 29; 1 Pedro 3:7; Colosenses 3:5, 6; 1 Tesalonicenses 4:3-7.)

c “El objetivo de la violación no es el acto sexual en sí; más bien, el perpetrador se vale de este para cometer un acto de violencia.”—Wanda Keyes-Robinson, inspectora jefe de la Unidad de Agresiones Sexuales de Baltimore (Maryland, E.U.A.).

[Comentario en la página 3]

En Estados Unidos, una de cada cuatro mujeres puede ser víctima de violación o de intento de violación

[Comentario en la página 4]

En las sociedades que toleran la violencia y la manipulación de la mujer por motivo de su sexo se producen muchas violaciones

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