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  • La soledad: el tormento oculto
  • ¡Despertad! 1993
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La soledad: el tormento oculto

SI OBSERVA a una multitud de personas, ¿puede distinguir a quienes la padecen? ¿Se les refleja en el rostro? Cuando le saludan, ¿la disimulan con una sonrisa? ¿Se les nota por su manera de caminar o por la postura que adoptan? Fíjese, por ejemplo, en el hombre mayor que está solo en un banco del parque o en la joven que ha ido sola al museo. ¿Les atormenta la soledad? Observe a esas tres generaciones de mujeres, representadas por la madre, la hija y la nieta, que pasean por el centro comercial. Parecen bastante felices, pero ¿está seguro de que lo son? Piense en sus compañeros de trabajo. Para usted son personas felices con familias que les quieren e ingresos suficientes para vivir con holgura. Sin embargo, ¿es posible que alguno de ellos tenga razón para decir: “Me siento solo”? ¿Y qué posibilidades hay de que ese adolescente feliz y lleno de vitalidad se sienta solo? Las respuestas a estas preguntas puede que le sorprendan.

El Diccionario enciclopédico Salvat Universal define la palabra “soledad” como “pesar y melancolía que se siente por la ausencia, muerte o pérdida de alguna persona o cosa”. Es una sensación de carecer de algo, un vacío interior, y no siempre se percibe a través de la apariencia de la persona. Una investigadora dice: “En nuestra sociedad, la soledad es un secreto que ocultamos, a veces de nosotros mismos. La soledad se ve como un estigma. La opinión general es que cuando alguien se siente solo, la culpa tiene que ser de él mismo. De otro modo, tendría un montón de amigos, ¿no?”. A veces puede que sea así, especialmente si esperamos o exigimos de otros más de lo razonable.

Mujeres que se sienten solas

Los entendidos parecen concordar en que las mujeres —en especial las casadas—, sea cual sea su edad, esperan más de la vida que los hombres. Es comprensible, entonces, que las viudas, las divorciadas y las solteras que ya no son tan jóvenes a veces se sientan solas. Pero ¿y las mujeres que tienen su familia y parecen ser felices en su matrimonio? Examine, por ejemplo, cómo se lamentó una maestra de escuela de 40 años: “No tengo tiempo para las amistades; lo echo muchísimo de menos. Pero me siento ridícula confesándolo. ¿Cómo puedo quejarme de sentirme sola [...]? Al fin y al cabo, mi matrimonio es maravilloso, tengo unos hijos extraordinarios, una casa preciosa y un trabajo que me encanta. Me siento orgullosa de lo que he logrado. Pero me falta algo”.

Aun cuando una mujer ame de corazón a su esposo y haga todo lo posible para agradarlo, y este le corresponda, dicho cariño no satisface necesariamente todas sus necesidades de compañerismo. La maestra supracitada explicó: “Aunque mi marido es mi mejor amigo, su amistad no compensa la falta de buenas amigas. Los hombres oyen, pero las mujeres escuchan. Mi esposo no quiere saber lo abrumada que me siento. Quiere hacer algo enseguida y resolver el problema. Pero mis amigas me dejan hablar de lo que siento. Y a veces todo lo que necesito es hablar”.

Cuando una mujer pierde a un ser querido en la muerte o a causa de un divorcio, su trastorno emocional puede ser profundo. Empieza a sentirse sola. La afligida viuda o divorciada no solo debe ampararse en su familia y amistades, sino también debe recurrir a sus propias fuerzas para adaptarse a la nueva realidad. Aunque la sensación de pérdida siempre formará parte de su vida, debe reconocer que no puede permitir que eso se convierta en un obstáculo para que su vida continúe. Los expertos han observado que, por regla general, las mujeres con una personalidad más fuerte pueden superar su soledad antes que otras.

Cuando se trata de averiguar quiénes sufren más, si las viudas o las divorciadas, las opiniones difieren. La revista 50 Plus comentó: “Cada vez que invitamos a divorciados a nuestros grupos de apoyo para viudos, ambos colectivos terminan discutiendo sobre quiénes son los que más sufren. El viudo dice: ‘Oiga, por lo menos su cónyuge esta vivo’; y el divorciado dice: ‘Oiga, a usted no lo han rechazado como a mí. No tiene la sensación de haber fracasado’”.

Hombres que se sienten solos

En lo que respecta a la soledad, los hombres no pueden jactarse de ser el sexo fuerte. “Los hombres tratan los asuntos de una manera más física que emocional —dijo Anne Studner, especialista del programa para el Servicio de Personas Viudas de la AARP (siglas en inglés para Asociación Estadounidense de Personas Jubiladas)—. Las mujeres son capaces de explicar lo que sienten diez billones de veces, pero los hombres tratarán de casarse de nuevo antes que vivir con su pesar.” Un consejero varón puede que necesite pasar bastante tiempo con un hombre afligido antes de que este empiece a abrirse y a expresar sus sentimientos poco a poco.

Los entendidos han observado que los hombres, a diferencia de las mujeres, buscan la compañía de una mujer y no la de un hombre cuando quieren confiarse a alguien. El Dr. Ladd Wheeler, un experto en sentimientos de soledad de la Universidad de Rochester, dice que los hombres no confían lo suficiente en otros hombres como para sentirse libres de revelar sus emociones. “La necesidad de escapar de un agobiante aislamiento emocional tras la pérdida de la esposa, y la posterior búsqueda de una amiga con la que comunicarse, quizás ayude a explicar por qué los hombres suelen ser más prestos que las mujeres en volver a casarse cuando enviudan o se divorcian.” (Revista 50 Plus.)

Los jóvenes que se sienten solos

Muchas son las razones por las que los niños y los jóvenes adultos pueden llegar a sentirse solos, y con frecuencia son similares a las que afectan a las personas mayores. Entre los factores que contribuyen de manera significativa a la soledad están: mudarse a otro lugar y dejar atrás las amistades, no ser bien acogido por los compañeros de clase de la nueva escuela, antecedentes religiosos y étnicos, divorcio de los padres, tener la sensación de no ser querido por los padres y verse rechazado por personas del sexo opuesto.

Los más jóvenes necesitan a alguien con quien jugar. Requieren apoyo emocional, comprensión, afecto y que se les reafirme su propia valía. Deben saber que otros serán leales y dignos de confianza. Cuando se les ama, se sienten seguros y también aprenden a mostrar amor a otros. Este tipo de apoyo de su entorno social puede venir de diferentes fuentes: familia, compañeros y hasta animales de compañía.

Desde los primeros cursos de enseñanza primaria hasta la enseñanza universitaria, los muchachos suelen sufrir el mismo grado de soledad que las muchachas, una soledad que muchas veces obedece a que no son aceptados por sus compañeros. “Me siento abatida porque estoy sola y no hablo —se lamentó una estudiante de enseñanza secundaria—. Escucho al profesor, hago mis deberes y eso es todo. Cuando tengo un poco de tiempo libre, me siento y dibujo o hago otra cosa. Todos hablan entre sí, pero nadie me habla a mí. [...] Sé que no puedo encerrarme en mí misma para siempre. Pero por ahora no puedo hacer nada más.”

Sin embargo, la culpa no siempre puede atribuirse con justicia a que otros tienen una actitud reservada o de superioridad. A veces, la víctima puede tener problemas de sociabilidad o de conducta, como por ejemplo, ser extremadamente tímida, temperamental, demasiado impulsiva o no saber llevarse bien con sus compañeros. Una incapacidad física también puede influir mucho en que los jóvenes, sea cual sea su edad, se sientan solos, a menos que sean fuertes y sociables.

Es necesario ayudarse a sí mismo

Dolores Delcoma, pedagoga especializada en Sanidad de la Universidad de Fullerton (California, E.U.A.), señaló una verdad clave cuando comentó sobre los intentos de cierta persona por combatir la soledad. “El esfuerzo necesita originarse en su interior. Con el tiempo tiene que comprender su problema porque, prescindiendo de lo mucho que otros traten de ayudarle, la única persona que realmente le puede ayudar a salirse de su concha es él mismo.”

El Dr. Warren Jones dijo que las personas que ponen trabas a su propia adaptación tienen una personalidad propensa a la soledad: “Estas personas inconscientemente hacen cosas que les impiden sentirse allegadas a otros. Algunas no saben escuchar y monopolizan las conversaciones. Tienden a ser más críticas respecto a otros y también respecto a sí mismas; hacen menos preguntas, y suelen echar a perder una amistad con comentarios molestos u ofensivos”.

Además de esas personas, que básicamente carecen de amor propio, hay otras que no tienen la sociabilidad necesaria para relacionarse con otros. La terapeuta Evelyn Moschetta dice respecto a estas: “Las personas que se sienten solas no tienen un buen concepto de sí mismas. Presuponen que van a ser rechazadas y no se toman la molestia de abrirse a otros”.

Contrario a la opinión general, los investigadores han descubierto que los mayores sufren de soledad menos que los jóvenes. Y no están seguros del porqué. También han descubierto que cuando los ancianos se sienten solos, no es tanto debido a la falta de parientes como a la de amistades. “No es que los mayores no den importancia a las relaciones familiares. Cuando necesitan ayuda, recurren a la familia. Pero pueden tener muchos familiares para ayudarlos y seguir sintiéndose terriblemente solos si carecen de amigos.”

Se necesitan amigos íntimos

Prescindiendo de la edad de la persona, los amigos íntimos a veces satisfacen algunas necesidades mejor que la propia familia directa y otros parientes. El ser humano necesita un amigo, un amigo íntimo, alguien en quien confiar o a quien revelar sus sentimientos sin temor a resultar herido. Sin un amigo de esa clase, la sensación de soledad puede aumentar. Respecto a ese tipo de amigo, el ensayista estadounidense Ralph Waldo Emerson escribió: ‘Un amigo es alguien ante el cual puedo pensar en voz alta’. Es un confidente a quien podemos abrir por completo el corazón sin temor a ser traicionados o sin la inquietud de que nuestras confidencias sean utilizadas para desacreditarnos o para que otros se rían de nosotros. Algunas personas a las que usted quizás haya considerado compañeros leales puede que no siempre hayan sido dignas de merecer su confianza, pero hay “un amigo” que “no revel[a] el habla confidencial de otro”, que es “más apegado que un hermano”. (Proverbios 18:24; 25:9.)

A algunos les gusta dárselas de duros y dicen que no necesitan a nadie, que son independientes y autosuficientes. Sin embargo, tales personas suelen reunirse con otros como ellos. Los niños crean clubes para los que construyen sedes, organizan pandillas y, cuando ya no son tan jovencitos, forman bandas de motociclistas. Los delincuentes cuentan con cómplices que no los delatarán; los que tienen problemas con la bebida se hacen miembros de Alcohólicos Anónimos; los que luchan contra la obesidad se unen a organizaciones especializadas en ayudar a la gente a controlar su peso, como por ejemplo, la Weight Watchers (Sistema Cuida-kilos). El ser humano es sociable; tiende a vivir en sociedad para encontrar apoyo. Aun cuando atraviese por dificultades, prefiere hacerlo acompañado. Y todos, unánimemente, detestan sentirse solos. ¿Qué puede hacerse al respecto?

[Comentario en la página 5]

“Las personas que se sienten solas no tienen un buen concepto de sí mismas”

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