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¡Despertad! 1995
g95 22/2 págs. 23-27

De vuelta a Rusia

UNO DE LOS CAMBIOS MÁS RADICALES OCURRIDOS EN LA EX UNIÓN SOVIÉTICA CONSISTE EN LA LIBERTAD PARA HABLAR DE RELIGIÓN, SITUACIÓN ESTA DE LA QUE SE HAN VALIDO MUCHOS RUSOS PARA EXAMINAR LAS DOCTRINAS BÍBLICAS. EL RESULTADO HA SIDO PRÁCTICAMENTE UN MILAGRO CONTEMPORÁNEO.

ME LLEVÉ una gran sorpresa el 28 de julio de 1993 al ver en la portada de la edición matutina de The New York Times la imagen de un bautismo multitudinario en Moscú. El pie de foto decía: “La liberación religiosa en Rusia atrajo a los conversos al Estadio Locomotive de Moscú para recibir en masa el bautismo de los testigos de Jehová”.

Mi esposa y yo, que habíamos llegado de Rusia el día anterior, presenciamos dicho bautismo de 1.489 personas. El amor cristiano de los rusos y su interés por los asuntos espirituales nos habían impresionado de verdad. Un ejemplo de ello es la experiencia que tuvimos tras concluir la asamblea el domingo por la tarde.

De regreso al hotel, me senté en el metro junto a un joven de unos 18 ó 19 años y le obsequié el tratado bíblico ¿Qué esperanza hay para los seres queridos que han muerto?,a en ruso. Después de echarle un vistazo, se lo pasó a su madre; así que le di otro. Acto seguido señaló a la pregunta inicial: “Si un hombre muere, ¿volverá a vivir?”, y, con tono escéptico, me preguntó en inglés: “¿Usted cree eso?”. (Job 14:14, Versión Popular.)

Volviéndome para mirarlo a los ojos, le respondí con firme convicción: “¡Por supuesto que sí!”, y al momento añadí: “Piense en esto: la vida de que disfrutamos los seres racionales es un milagro. Un Ser Superior ha tenido que fijar las leyes que hicieron posible nuestra existencia, y creo que ese Ser también puede recrear a una persona que ha muerto y devolverle la vida”.

El muchacho se puso a leer el tratado de inmediato. Cuando lo terminó, le di el folleto ¿De veras se interesa Dios por nosotros?,* en ruso. Como él deseaba saber más y nosotros teníamos que bajarnos en la siguiente estación, se apeó con su madre a fin de proseguir la conversación unos minutos más, y eso que tenían que tomar un tren aquella noche. Tras hacer un comentario breve sobre nuestro programa de estudio bíblico, le señalé la dirección que aparece al final del folleto, adonde podía escribir pidiendo información.

Partimos de Rusia al día siguiente. Sin embargo, encuentros como aquel dejaron honda huella en nuestra memoria.

No nos olvidamos de Rusia

No podía dejar de pensar en el increíble número de creyentes que se bautizaron después de marzo de 1991, cuando por fin se legalizó la obra de los testigos de Jehová en la antigua Unión Soviética. Se organizaron enseguida siete asambleas para el verano de ese mismo año, en las que hubo 7.820 bautizados por inmersión. Luego, en las asambleas celebradas en el verano de 1993, entre ellas la de Moscú, adonde asistimos, se sumergieron 11.238 personas.

El fervor con que se dedicaban los testigos de Rusia a la evangelización no había pasado inadvertido en su propio país. Pensándolo bien, la acogida que han dado los rusos a las enseñanzas de la Biblia parece un milagro.

‘¿Cómo ha podido aumentar la obra con tanta rapidez? —nos preguntábamos—. ¿Hasta qué grado podían estar versados en la doctrina cristiana los hermanos rusos?’

Un matrimonio residente en Moscú se había ofrecido a procurarnos hospedaje si volvíamos de visita, por lo que empezamos a hacer los preparativos para el viaje. Nuestras expectativas aumentaron al recibir otros informes sobre el inusitado interés que tenían los rusos por la verdad de las Escrituras.

Una acogedora familia rusa

Llegamos el 24 de julio con el equipaje en la mano a nuestro alojamiento en Moscú, un apartamento ubicado en la segunda planta de un edificio que estaba a unos diez minutos del hogar de nuestros amigos. De la familia anfitriona, solo se había quedado a recibirnos Katia, de 15 años. Era un domingo por la noche, y los demás todavía se encontraban fuera participando en el ministerio cristiano.

Al poco rato fueron llegando todos: Galina, la madre; Zhenia, la hija menor, de 13 años; y por último, Viktor, el padre. Ninguno sabía mucho inglés, y nosotros sabíamos aún menos ruso. La comunicación era relativamente fácil cuando nuestros amigos de habla inglesa nos servían de intérpretes; pero cuando no se hallaban presentes, era difícil. Nos valíamos de un diccionario bilingüe y también de los gestos. Katia y Zhenia tenían gran facilidad para comunicarse gracias a que conocían el lenguaje de señas.

Toda la familia se había bautizado el mismo día hacía tan solo dos años. Viktor era siervo ministerial en la congregación, y las niñas aprovechaban las vacaciones escolares para pasar más tiempo en el ministerio. Durante el período lectivo, hablaban de su fe sin vacilar. De hecho, su predicación llegó a atraer la atención de las autoridades fuera del distrito escolar. Nos impresionó mucho que la familia dirigiera veintiocho estudios bíblicos semanales con personas interesadas.

Era obvio que la atención de todos los miembros de la familia estaba centrada en el estudio de la Biblia y el ministerio cristiano, y notábamos que sus vidas se habían enriquecido por ello. Irradiaban felicidad. (Hechos 20:35.)

Versados en la Biblia

Por las noches, antes de acostarnos, hacía preguntas a la familia sobre pasajes bíblicos. Primero les pregunté qué dice Revelación [Apocalipsis] 21:3, 4. Al instante, las niñas lo citaron palabra por palabra casi al unísono. Después les pregunté por Isaías 2:4. También se lo sabían, e indicaron con mímica que las lanzas se tornarían en podaderas.

Seguí inquiriendo sobre varios pasajes de Isaías que hablan del Reino y las bendiciones del nuevo mundo, como Isaías 9:6, 7; 11:6-9; 25:8; 33:24; 35:5, 6, yIsa 65:21, 22. Todos recitaron de memoria cada uno de estos textos sin consultar la Biblia. Las niñas a veces mostraban que se sabían cierto pasaje haciendo señas, como la de un niño que guía a un león.

Otra noche examinamos los versículos que trataban de la identidad de Dios, concentrándonos en los que muestran que Jesús es inferior a Dios y que los dos no son uno porque constituyan un solo ser, sino por la unidad existente entre ambos. La familia sabía qué dicen Juan 10:30, Juan 17:20, 21,; 1 Corintios 11:3, etc. Mi esposa y yo quedamos admirados de lo versados que estaban en las Escrituras.

El martes por la mañana, un grupo de unos doce fuimos en metro a un hermoso parque, donde estuvimos dos horas y media hablando de la Biblia con la gente. Nos dividimos y trabajamos en parejas. Entre mis compañeros estaba una joven rusa llamada Nadia, que abordaba a las personas con el mayor aplomo y lograba que participaran en la conversación. Era una experta dirigiendo su atención a los pensamientos de Dios que revela la Biblia. Pensé para mis adentros: ‘Debe de ser una publicadora con experiencia’. ¡Imagínese mi asombro cuando descubrí que solo tenía 17 años y que apenas llevaba bautizada dos meses!

Tuvimos muchas experiencias de este estilo que nos hicieron ver lo singular de la situación rusa. A partir de la caída del comunismo, los rusos han demostrado que están muy interesados en examinar las doctrinas bíblicas. La mayoría de ellos son personas cultas, que gustan de la lectura. Hasta los niños leen y comprenden bien, como pudimos comprobar al visitar a una familia que había aprendido la verdad bíblica durante la proscripción.

El pequeño hijo de este matrimonio dijo que quería hacer una pregunta. Mediante un intérprete, formuló una petición. Su solicitud me conmovió tanto que le prometí entregarla a los publicadores de ¡Despertad! si la escribía. Inmediatamente se sentó y escribió una carta. He aquí la traducción. El original se reproduce en la página 25.

“Serosha le escribe desde Rusia a la Sociedad Watchtower. Tengo 7 años, y ya salgo a predicar con mi papá y mi mamá. Me gusta mucho hablar a la gente del Reino de Dios, y también leer la revista ¡Despertad! Esta llega a Rusia solamente una vez al mes, pero en inglés sale dos veces al mes. Me encantaría que esta revista saliera dos veces al mes, porque me gusta mucho, mucho, mucho. Por favor, háganlo.”

Despedirnos de los amigos que hicimos en Moscú no fue fácil. En poco tiempo les habíamos tomado verdadero cariño.

Analogía con el cristianismo primitivo

Viajamos de noche en un tren con destino a Tallin (Estonia). Allí visitamos las nuevas instalaciones desde donde se coordina la predicación en esta antigua república soviética. Al tercer día tomamos un tren a San Petersburgo. En ambos lugares, los compañeros cristianos nos preguntaban por la predicación en Moscú. “Estar allí y ver el crecimiento —respondía— me ha ayudado a entender mejor lo que está escrito en la primera parte del capítulo 17 de Hechos y en las cartas a los Tesalonicenses.”

Siempre me había asombrado que se hubiera fundado en Tesalónica una congregación aparentemente durante las pocas semanas que duró el ministerio del apóstol Pablo allí, y que como un año después él hubiera escrito a estos nuevos cristianos dos cartas sobre asuntos espirituales tan profundos como la resurrección y el ser “arrebatados [...] en nubes”, “el día de Jehová”, el clamor de ‘¡paz y seguridad!’ y “la presencia de nuestro Señor Jesucristo”. (1 Tesalonicenses 4:13-17; 5:1-3; 2 Tesalonicenses 2:1, 2.) La fervorosa actividad de aquellos primeros cristianos produjo, en efecto, un milagro en el siglo I, a saber, el nacimiento acelerado de una organización internacional de predicadores espiritualmente fuerte. Unos diez años más tarde, Pablo escribió que las “buenas nuevas” se habían “predicado en toda la creación que está bajo el cielo”. (Colosenses 1:23.)

Me parecía que la situación en Rusia era análoga a la del siglo I.

Ingentes esfuerzos por mantenerse a la par del crecimiento

Rusia es el país más grande de la Tierra, por lo que dirigir a los millares de personas que allí predican las buenas nuevas del Reino de Dios constituye a todas luces una tarea de gran magnitud. (Mateo 24:14.)

Con respecto a los que escucharon del cristianismo en el siglo I, la Biblia dice: “Con ellos estaba la mano de Jehová, y un gran número de personas que se hicieron creyentes se volvió al Señor”. (Hechos 11:21.) ¡Con cuánta propiedad podemos aplicar estas palabras a nuestros hermanos cristianos de Rusia! Que el campo ruso siga maduro para la siega espiritual, y que millares de personas más participen en el inestimable privilegio de ayudar a otros a ponerse en el camino de la vida.—Contribuido.

[Nota a pie de página]

a Editado por Watchtower Bible and Tract Society of New York, Inc.

[Fotografía en la página 26]

Nuevas instalaciones de la Watch Tower en Tallin (Estonia)

[Fotografías en las páginas 24, 25]

Arriba: la familia con la que nos hospedamos. Arriba y a la derecha: predicando en el parque. Abajo a la derecha: Serosha y su carta

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