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  • ¿Es el aborto la solución?
  • ¡Despertad! 1995
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¡Despertad! 1995
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Los jóvenes preguntan...

¿Es el aborto la solución?

“Cuando vimos que la prueba de embarazo había dado positivo —recuerda Judy—, mi novio me dijo inmediatamente que abortara. Hasta me dio el dinero para hacerlo.” Judy tenía 17 años.a

CUANDO a los 15 años de edad Marta descubrió que estaba embarazada, habló con una consejera de una clínica especializada en abortos. “Me informó muy bien —dice Marta—. Dijo que podía abortar o que, si lo deseaba, me ayudaría a encontrar un centro de adopción o una maternidad.”

Anualmente quedan embarazadas, tan solo en Estados Unidos, más de un millón de adolescentes. Entre ellas hay algunas que, a pesar de haber recibido una crianza cristiana, han desobedecido el mandato de Dios de ‘abstenerse de la fornicación’, es decir, de las relaciones sexuales premaritales. (1 Tesalonicenses 4:3.) Dicho proceder inmoral resulta en mucho sufrimiento innecesario. Sin embargo, bastantes de estas jóvenes llegan a lamentar su conducta y desean enderezar su vida. Pero ante el miedo de tener un hijo sin estar casadas, algunas quizás se pregunten si el aborto sería una salida fácil a sus problemas. Al fin y al cabo, en Estados Unidos, todos los años casi medio millón de muchachas embarazadas deciden abortar. ¿Pudiera ser esta la mejor solución para un embarazo no deseado?

Por qué abortan algunas jóvenes

Es comprensible que entren en juego algunas emociones intensas, incluso contradictorias. La joven seguramente siente cierto afecto natural hacia el hijo que se está gestando dentro de ella, pero al mismo tiempo es posible que también tenga algunos temores e inquietudes justificados.

Por ejemplo, a los 18 años, Vicky “quería ir a la universidad y, si era posible, conseguir un máster”. A su modo de ver, tener un hijo obstaculizaría sus planes. (Revista ‘Teen de marzo de 1992.) Marta también concluyó: “Si eres madre, te quedas en casa con tu hijo y se acabó la escuela. Yo no estaba preparada para eso”. Un estudio indica que el 87% de las adolescentes que abortan lo hacen porque temen no estar preparadas para aceptar el enorme cambio que supondría en su vida tener un hijo.

El miedo a pasar penurias económicas y la preocupación de no poder asumir las responsabilidades de criar solas a un hijo, son otras razones comunes por las que muchas optan por el aborto. Vicky lo expresó así: “Mis padres se habían divorciado, y mi madre tuvo que criar sola a sus tres hijos. Vi cómo luchaba [...]. Podía imaginarme lo que sería terminar como mi madre, criando sola a mi hijo”.

La presión de los demás, en particular la del novio, también puede empujar a una joven a poner fin a su embarazo. El novio de Judy le dio un ultimátum: “Si no te sometes a un aborto, no quiero volver a verte nunca más”. En el caso de Nancy, la presión para que abortara le vino de su madre y de otros familiares.

La opinión popular de que el aborto no equivale realmente a matar a un niño también influye mucho. Vicky dice: “No quería imaginármelo como un bebé. [...] Leí que en la quinta semana de embarazo el feto es más pequeño que la uña del dedo meñique. Me aferré a esa idea como no pueden imaginarse. Me decía a mí misma que si solo era del tamaño de la uña del dedo meñique, no era en realidad una criatura. Traté de no verlo como algo real a fin de poder llevar a término el aborto”.

Otros afirman que, por lo menos en las naciones más avanzadas técnicamente, el aborto apenas encierra peligros, y en el caso de una adolescente, supuestamente menos que un parto. Teniendo en cuenta lo antedicho, pudiera parecer que el aborto es una solución conveniente. Sin embargo, los hechos indican que muchas de las jóvenes que abortan luego lo lamentan. Una mujer dice: “A los 20 años tuve un aborto. Ahora tengo 34 años, y me cuesta aceptar lo que hice. Yo quería el niño, pero mi novio no. Aún no he superado el trauma; has de vivir con ese dolor el resto de tu vida”.

Secuelas psicológicas

En lugar de constituir una salida fácil, el aborto puede agravar los problemas. Cuando menos, va en contra de nuestro sentido interno del bien y el mal, la conciencia que Dios implantó en la humanidad. (Romanos 2:15.) Además, el aborto exige que la joven cierre la puerta de sus tiernas compasiones a esa minúscula vida que se está gestando dentro de ella. (Compáralo con 1 Juan 3:17.) ¡Qué desmoralizador!

Marta dice: “No empecé a sentirme culpable y un tanto avergonzada por lo que había hecho sino hasta un par de semanas después [del aborto]”. La situación se tornó aún más difícil cuando llegó febrero, el mes en que habría nacido el bebé. Eliasa comenta: “Hace quince años decidí abortar. A continuación sufrí una depresión grave y tuve que ingresar varias veces en una clínica para recibir tratamiento. Hasta quise suicidarme”.

Es cierto que no todas las jóvenes reaccionan de esta manera. Muchas creen sinceramente que el feto no es una vida humana. Pues bien, ¿qué dice el Creador, “la fuente de la vida”, a este respecto? (Salmo 36:9.) La Biblia deja bien claro que, para Jehová Dios, la criatura que se está formando dentro de la matriz es mucho más que una simple masa de tejido fetal. Él inspiró al rey David para que escribiera: “Tus ojos vieron hasta mi embrión, y en tu libro todas sus partes estaban escritas”. (Salmo 139:16.) De modo que el Creador considera que incluso un embrión es una persona bien diferenciada, un ser humano vivo. Por esta razón declaró que quien lastimara a una criatura no nacida tendría que rendir cuentas. (Éxodo 21:22, 23.) En efecto, para Dios, matar a un no nacido equivale a quitar la vida a un ser humano. Por consiguiente, la muchacha que desea agradar a Dios, sin importar cuánta sea la presión a la que se vea sometida, no puede ver el aborto como una opción aceptable.b

Hace falta ayuda

Judy, mencionada al principio, optó por no abortar. Ella dice: “Mi hermana mayor me ayudó mucho tan pronto como se enteró, sobre todo en sentido emocional. Hasta dijo que seguiría ayudándome después de dar a luz. Aquello era justo lo que necesitaba oír para hacer lo que en el fondo de mi corazón sabía que debía hacer. Seguí adelante y tuve el bebé”. Eso fue hace nueve años. Ahora, mirando a su hijo de 8 años, Judy dice: “Si hubiera abortado, habría cometido el mayor error de mi vida”.

Una joven llamada Natisa explica algo semejante: “Hace cinco años me encontraba sentada en una clínica esperando mi turno para que me practicaran un aborto. Pero lo pensé bien, y me marché. Ahora tengo un hijo de 4 años precioso, estoy casada con un hombre que es un padre extraordinario y espero otro bebé”.

Ninguna joven que se encare al problema de estar embarazada sin haber contraído matrimonio debe tomar una decisión precipitada. Por difícil que pueda parecer la situación, no es el fin del mundo. No obstante, es indudable que necesita ayuda y orientación práctica. Una buena manera de empezar es sincerándose con sus padres, sobre todo si son cristianos. (Proverbios 23:26.) Es cierto que al principio seguramente se sentirán heridos y enojados, pero, a la larga, es muy probable que quieran ayudarla. Puede que, por ejemplo, se encarguen de que reciba atención médica durante el embarazo. Es posible que la ayuden también a acogerse a algún programa gubernamental al que tenga derecho. Y, más importante aún, pueden animarla a que acepte la ayuda espiritual necesaria de los ancianos de la congregación. (Santiago 5:14, 15.)

Algunas madres solteras, creyendo que no iban a poder atender a sus hijos como es debido, han preferido darlos en adopción. Cierto, mejor es la adopción que poner fin a la vida del niño; no obstante, Dios ha dado a los padres la responsabilidad de ‘proveer para los que son suyos’. (1 Timoteo 5:8.) Tal vez una madre soltera no pueda ofrecer a su hijo lo mejor en sentido material, pero puede darle algo mucho más importante: amor. (Proverbios 15:17.) Por consiguiente, en la mayoría de los casos, lo más aconsejable es que la propia madre, aunque sea soltera, críe a su hijo.

¿Y qué puede decirse de la tarea de criar a un bebé y de los cambios drásticos que sin duda tendrá que hacer la madre en su estilo de vida? Es posible que todo eso parezca agobiante. Sin embargo, la Biblia ofrece consejos prácticos que pueden ayudar a afrontar estos desafíos. Las madres solteras arrepentidas también pueden beneficiarse de la ayuda espiritual que se basa sólidamente en la Palabra de Dios. Sí, con ayuda amorosa y orientación adecuada, lograrán salir adelante.c El aborto definitivamente no es la solución.

[Notas a pie de página]

a Se han cambiado algunos nombres.

b La mujer que en el pasado haya cometido el error de abortar, no debe pensar que todo está perdido. Puede confiar en que Jehová ayuda al malhechor arrepentido y ‘perdona en gran manera’. (Isaías 55:7.) Aunque las secuelas psicológicas quizás subsistan, el salmista asegura: “Tan lejos como está el naciente del poniente, así de lejos ha puesto de nosotros nuestras transgresiones”. (Salmo 103:12.)

c Consulta los artículos “Con hijos y sin cónyuge... cómo vencer los problemas en el mundo moderno”, de La Atalaya del 1 de febrero de 1981, y “Los jóvenes preguntan... ¿Cómo pueden las madres solteras afrontar su situación?”, de ¡Despertad! del 8 de octubre de 1994.

[Fotografía en la página 26]

Muchas veces el novio trata de presionar a la muchacha para que se someta a un aborto

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