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  • ¿De veras puedo ser amigo de Dios?

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  • ¿De veras puedo ser amigo de Dios?
  • ¡Despertad! 1995
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¡Despertad! 1995
g95 22/7 págs. 13-15

Los jóvenes preguntan...

¿De veras puedo ser amigo de Dios?

¿SER amiga de Dios? Imposible, cree Doris, de 20 años. “Me siento tan inferior y tan indigna de que alguien me quiera —se lamenta esta joven—, que ni siquiera oro a Jehová Dios, pues no me considero merecedora de estar en su presencia.” En su fuero interno, algunos jóvenes se sienten totalmente indignos de ser amigos de Dios. Quizás deseen su amistad, pero les parece una meta inalcanzable. ¿Te has sentido así alguna vez?

Hay ocasiones en que las propias debilidades del joven pueden hacer que se vea indigno de siquiera dirigirse a Dios. Veamos, por ejemplo, el caso de Michael. Él dice que antes de apreciar la conducta piadosa, “le dominaba casi todo tipo de pensamiento y acto pecaminoso y perjudicial que existe”. Sin embargo, lo que aprendió mediante el estudio de la Biblia le hizo darse cuenta de la decepción y el pesar que le estaba causando a Dios. “Cada reunión de congregación me hacía ver por lo menos una más de mis faltas —explica—. [...] Me resultaba imposible creer que Jehová perdonaría mis innumerables pecados cuando ni siquiera yo mismo podía perdonarme.”

En otros casos, lo que hace que un joven se sienta indigno de la amistad de Jehová es el trato que recibe de quienes lo rodean. Por ejemplo, Doris, la joven citada anteriormente, fue abandonada por su madre cuando era muy pequeña. Ella confesó: “No creo que nadie me ame. Si mi propia madre y mi familia me han abandonado, ¿qué posibilidades hay de que alguien me quiera?”. Cuando a un joven se le ha tratado de manera degradante o abusiva desde la infancia, quizás crea sinceramente que Dios jamás lo querrá como amigo.

Por otro lado, es posible que un joven que haya sido amigo de Dios incurra en un pecado grave por debilidad. Eso fue lo que le sucedió a Tracy. “Me siento tan avergonzada —se lamenta esta joven de 21 años—; el dolor y la culpabilidad que me embargan son insoportables. Le he causado mucho dolor a mi Padre, Jehová.”

Quizás te encuentres en alguna situación parecida a las que acaban de mencionarse. Pero no está todo perdido. Puedes tener a Dios por amigo.

Por qué puedes ser amigo de Dios

Es cierto que los pecados pueden impedir que seamos amigos de Dios. No obstante, nuestro amoroso Padre ha tomado la iniciativa de ayudarnos. “Dios recomienda su propio amor a nosotros en que, mientras todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros”, escribe el apóstol Pablo. (Romanos 5:8.) Con su muerte, Jesús pagó un rescate para redimir por completo de la dominación del pecado a los que apreciaran dicha provisión. (Mateo 20:28.) El apóstol añade: “Dios, cuando todavía éramos sus enemigos, nos reconcilió consigo mismo mediante la muerte de su Hijo”. (Romanos 5:10, La Biblia de estudio. Dios habla hoy.)

Algunos jóvenes como Michael, ya mencionado, quizás hayan cometido acciones muy malas antes de llegar a apreciar las normas de Jehová. Sin embargo, mediante el sacrificio redentor de Jesús, uno puede recibir perdón de pecados anteriores, prescindiendo de lo graves que estos hayan podido ser. La Biblia nos da esta alentadora seguridad: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda injusticia”. (1 Juan 1:9.) De todas formas, la persona tiene que dar pasos para demostrarle a Dios que efectivamente aprecia dicha limpieza. El apóstol Pablo expone un principio que puede aplicarse en estas situaciones: ‘“Dejen de tocar la cosa inmunda —dice Jehová—, y yo los recibiré. Y yo seré para ustedes padre”’. (2 Corintios 6:17, 18.) Es muy conmovedor saber que si alguien se aparta de su mal proceder y se arrepiente sinceramente, Dios está dispuesto a extenderle su favor y recibirlo como amigo.

¿Qué hay de los jóvenes que se han criado en un ambiente de abusos? Dios no considera culpables a los que han sido objeto de abusos en contra de su voluntad. Tales jóvenes fueron víctimas del pecado, no partícipes de él. Además, recuerda que tu valía como persona no depende del juicio de ningún ser humano. Jehová puede llegar a ser tu Amigo a pesar de tus circunstancias. Maureen, de madre cristiana, se crió en un ambiente de violencia porque su padre era alcohólico. Sin embargo, ella dijo: “En medio de todo aquel caos, de alguna manera me las arreglé para cultivar una buena relación con Jehová. Llegué a conocerle como Aquel que jamás me abandonaría”.

¿Y si caes en un pecado grave?

Doug, aunque criado por padres devotos, a los 18 años se entregó a la inmoralidad sexual. Las malas compañías lo indujeron a ello. “Yo sabía que estaba mal, pero seguía haciéndolo porque quería pasar un buen rato”, confesó Doug. Al cabo de un tiempo, se dio cuenta de la futilidad de su proceder. Él admitió: “Empecé a ver que todos mis llamados amigos simplemente me estaban utilizando para sacarme el dinero o pasarlo bien”. Entonces empezó a dar pasos para recuperar la amistad de Jehová. Pero había un obstáculo enorme que no le dejaba progresar.

“Lo que más dificultaba mi regreso era el hecho de sentirme tan indigno —admitió—. Reconocía que todo lo que había hecho era malo a los ojos de Jehová. Sabiendo lo bueno que es él y cuánto me había aguantado, parecía imposible que quisiera perdonarme siendo yo tan malo.” No obstante, Doug pudo superar este obstáculo con la ayuda de un anciano de la congregación y examinando detenidamente el relato bíblico de Manasés.

¿Quién fue Manasés? Fue un rey de la antigua nación de Judá. La Biblia indica que su padre, Ezequías, hombre devoto, le había enseñado a amar a Jehová. Pero cuando su padre murió y él se convirtió en rey a la edad de 12 años, pensó que podía hacer todo lo que le placiera. Abandonó a Jehová y se entregó a la adoración de Baal, caracterizada por sus orgías sexuales desenfrenadas y extremadamente inmorales. Manasés “hizo en gran escala lo que era malo a los ojos de Jehová, para ofenderle”. A través de portavoces fieles, “Jehová siguió hablando a Manasés y su pueblo, pero ellos no prestaron atención”. Entonces, como muestra de que Jehová lo había juzgado, Manasés fue llevado prisionero a Babilonia sujeto con grilletes. (2 Crónicas 31:20, 21; 33:1-6, 10, 11.)

Cuando Manasés reflexionó en sus actos anteriores y los comparó con lo que recordaba de las leyes de Jehová, sintió una inmensa culpabilidad y rogó perdón. Se humilló ante Dios y “siguió orando a Él”. Finalmente, Dios “se dejó rogar por él y oyó su petición de favor y lo restauró en Jerusalén a su gobernación real”. Sí, “el Padre de tiernas misericordias” estuvo dispuesto a permitir que este pecador arrepentido volviera a acercarse a él. Tras recibir tal misericordia, Manasés, por experiencia propia, “llegó a saber que Jehová es el Dios verdadero”. (2 Crónicas 33:12, 13; 2 Corintios 1:3.)

Si Jehová pudo aceptar de nuevo a Manasés, seguro que también permitirá que un joven descarriado de hoy día, si da muestras de arrepentimiento, se reconcilie con él. Doug respondió a la ayuda de los pastores espirituales de su congregación. Se le ayudó a ver claramente que Dios “no por todo tiempo seguirá señalando faltas, ni hasta tiempo indefinido se quedará resentido”. (Salmo 103:9.)

Sigue siendo amigo de Dios

Una vez que Dios se convierte en tu Amigo, para mantener dicha relación tienes que apreciarla. Una joven de 18 años, bautizada, llegó a ser madre soltera. Aun así, se la ayudó a enderezar los asuntos con Jehová. (Consulta Isaías 1:18.) ¿Cuál fue la clave para su restablecimiento? “Vi que Jehová es un Padre amoroso y no un verdugo —explicó—. Me di cuenta de que se sentía muy dolido por lo que yo había hecho. Es muy importante que consideremos a Dios nuestro Amigo, alguien con emociones, y no simplemente un Espíritu abstracto al que hay que rendir homenaje pero no necesariamente amarlo de corazón.” Al igual que Manasés, esta joven se sintió impelida a entregarse de lleno a la adoración de Jehová (2 Crónicas 33:14-16), lo que ha resultado ser una protección para ella. Su consejo a los jóvenes es: “No dejen de esforzarse por alabar a Jehová aunque surjan dificultades. Jehová amorosamente les allanará el camino de nuevo”.

También es importante que busques la amistad de los que son amigos de Dios. Sin embargo, evita por completo la compañía de todo aquel que obviamente no sienta ningún respeto por los principios divinos. (Proverbios 13:20.) Una muchacha llamada Linda se entregó a la inmoralidad sexual con un joven cuya amistad llegó a ser para ella “lo más importante de todo”. Tras su restablecimiento espiritual, Linda admitió: “Uno puede destrozar toda su vida si no existe ese vínculo afectivo entre Jehová y uno”.

¿Existe dicho vínculo entre Jehová y tú? Si no, haz todo lo posible por forjarlo. Linda resume el valor de contar con la amistad de Dios diciendo: “La cosa más importante del mundo es tener una relación personal con Jehová. No hay nada en este mundo que sea más grande que eso, ni muchacho ni muchacha ni ninguna otra cosa. Si no somos amigos de Jehová, todo lo demás carece de importancia”.

[Fotografía en la página 15]

Puede que algunos jóvenes se sientan indignos de ser amigos de Dios

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