La ordenación de mujeres enfurece al clero anglicano
POR EL CORRESPONSAL DE ¡DESPERTAD! EN GRAN BRETAÑA
EN NOVIEMBRE de 1992 el Sínodo General de la Iglesia Anglicana adoptó una propuesta de conceder a mujeres la ordenación sacerdotal. Como consecuencia, unos ciento cincuenta sacerdotes anglicanos, contrariados por la decisión, han anunciado su intención de abandonar la Iglesia para 1995. Muchos de ellos planean ingresar en la Iglesia Católica Romana. Un clérigo destacado quiere llevarse a toda su parroquia con él, ¡edificio incluido! El periódico londinense The Sunday Times vaticinó que la ordenación del primer grupo (que finalmente tuvo lugar en marzo de 1994) sería “la ceremonia más controvertida en los cuatrocientos cincuenta años de historia de la Iglesia Anglicana”.
¿Por qué están furiosos tantos sacerdotes? Algunos simplemente creen que no es propio que las mujeres ejerzan el sacerdocio. Otros temen que la decisión del sínodo perjudique los intentos recientes de unir la Iglesia Anglicana con la Católica y la Ortodoxa. Un portavoz del Vaticano declaró que el propio Papa considera que la reforma constituye “un obstáculo muy profundo a toda esperanza de unión”.
No obstante, cada parroquia de la Iglesia Anglicana puede decidir por votación si acepta o no sacerdotisas. Las parroquias pueden incluso rechazar a su obispo y pedir que las visite a cambio un clérigo itinerante que, según The New York Times, “dé atención pastoral a quienes se niegan a recibirla de mujeres sacerdotes”.
Qué diferente de lo que Pablo aconsejó a los cristianos del siglo primero: “Que todos hablen de acuerdo, y que no haya divisiones entre ustedes, sino que estén aptamente unidos en la misma mente y en la misma forma de pensar”. (1 Corintios 1:10.) Mientras la controversia prosigue, muchos feligreses están tomando sus propias decisiones. “Parece que en la Iglesia Anglicana ya no nos queda nada en que creer —dijo una mujer—. Solo puedo decir que me siento contenta y aliviada porque la abandono.”