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¡Despertad! 1997
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Piénselo bien antes de emigrar

POR EL CORRESPONSAL DE ¡DESPERTAD! EN SUDÁFRICA

¿PLANEA trasladarse a otro país? ¿Ha pensado en el precio que tendrá que pagar? No nos referimos solo al desembolso monetario, pues al fin y al cabo la mayoría emigra buscando seguridad económica, sino a los factores que solo se ven con claridad una vez realizada la mudanza, cuando suele ser muy tarde para volverse atrás. Con los siguientes puntos no pretendemos alarmarle, sino reseñar algunos aspectos dignos de analizarse:

“El aprendizaje de un nuevo idioma exige humildad y tenacidad. Para el adulto es difícil que hasta los niños pequeños lo tomen por alguien raro porque no logra hacerse entender. La dignidad de muchos también se pone a prueba cuando cometen errores constantes que desatan más de una carcajada. El extranjero que no sabe el idioma local se enfrenta a una soledad inmensa”, señala Rosemary, misionera en Japón.

Usted quizás crea conocer el idioma al grado necesario para salir de apuros, pero ¿ocurre igual con el resto de la familia, de modo que no le inquiete la mudanza?

¿Qué efecto tendría en la familia que algunos miembros emigraran por imposición? “Hay mujeres [de México] —señala la revista Psychology of Women Quarterly— que no tuvieron voz ni voto a la hora de decidir emigrar, ni deseaban quedarse en Estados Unidos después del traslado.” En tales circunstancias, la emigración forzada podría socavar la unidad familiar. Pero ¿y si solo se traslada el cabeza de familia?

En el libro Population, Migration, and Urbanization in Africa (Población, migración y urbanización en África) se calcula que en un pequeño sector rural del África meridional, más del 50% de la “población adulta masculina está ausente siempre”. Su ausencia afecta a la felicidad y estabilidad de la familia. También facilita que los cónyuges sucumban a la inmoralidad. Es mucho mejor, por lo tanto, que la familia permanezca junta, sea que decida emigrar o no. La unidad familiar no se compra con dinero.

Otro penoso factor es el prejuicio. “No descubrí el ‘color’ sino hasta que llegué a Inglaterra —señala una emigrante de la India—. Fue terrible [la constatación]. Algo espantoso. Quería volver a casa, dejar todo atrás.” (The Un-melting Pot [Cuando no funciona el crisol].)

De modo que, antes de emigrar, pregúntese: ‘¿Qué opciones tengo? ¿Valdrá la pena mudarme a otro país?’. Tanto si la respuesta es afirmativa como si no, antes de decidir conviene meditar en este buen consejo de Jesús: “¿Quién de ustedes que quiere edificar una torre no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo suficiente para completarla?”. (Lucas 14:28.)

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