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¡Despertad! 1997
g97 22/6 págs. 4-7

Cuando la abundancia está de sobra

“Se me ha quedado pequeña toda la ropa —dijo Rosa, de 35 años, lamentándose—. Ya peso 86 kilos; jamás pensé que llegaría a estar tan gruesa.”

ROSA no es la única persona a quien le preocupa su aumento de peso. En Estados Unidos, país en el que reside, casi una tercera parte de la población es obesa.a En Gran Bretaña, la proporción de adultos con exceso de peso se duplicó en un período de diez años. Y en Japón, donde antes apenas existía este problema, se está volviendo bastante común.

Cada vez hay más niños que sobrepasan el peso recomendable. Unos cuatro millones setecientos mil jóvenes estadounidenses entre las edades de 6 y 17 años tienen un peso excesivo, y se calcula que el 20% de los niños canadienses están obesos. En años recientes la obesidad infantil se ha triplicado en Singapur.

En algunos países la abundancia de kilos se considera prueba de prosperidad y salud, condiciones mucho más deseables que la pobreza y la desnutrición. Pero en los países occidentales, donde por lo general se consigue el alimento fácilmente, el aumento de peso no se ve con tan buenos ojos. Al contrario, suele ser motivo de seria preocupación. ¿Por qué?

“Aunque casi todo el mundo piensa que la obesidad es un problema de apariencia —dice el doctor C. Everett Koop, anterior director general de Salud Pública—, en realidad se trata de una enfermedad grave.” El endocrinólogo F. Xavier Pi-Sunyer, de Nueva York, explica: “[El aumento de peso está] haciendo que más estadounidenses corran el riesgo de sufrir diabetes, hipertensión, derrames cerebrales, cardiopatías e incluso algunos tipos de cáncer”.

Cuanto más peso, más riesgo

Tomemos como ejemplo un estudio realizado en Estados Unidos con 115.000 enfermeras en un período de dieciséis años. El estudio mostró que cuando los adultos aumentan siquiera de 5 a 8 kilos, se incrementa el riesgo de contraer una enfermedad cardíaca. Los resultados de dicho estudio, publicados en el número del 14 de septiembre de 1995 de la revista The New England Journal of Medicine indicaban que el sobrepeso causó la muerte de un tercio de las víctimas de cáncer y de la mitad de las víctimas de enfermedades cardiovasculares. Según la revista JAMA con fecha 22-29 de mayo de 1996, “el 78% de los casos de hipertensión en hombres y el 65% en mujeres pueden atribuirse directamente a la obesidad”. La Asociación Americana contra el Cáncer dice que los que tienen “un exceso considerable de peso” (más del 40% del peso ideal) “tienen más probabilidades de contraer cáncer”.

Pero el peligro no estriba solo en el aumento de peso, sino también en la distribución de la grasa corporal. Quienes acumulan un exceso de grasa en el abdomen están más expuestos a adquirir enfermedades que los que la tienen concentrada en las caderas y los muslos. La grasa acumulada en la zona del estómago guarda relación con el aumento del riesgo de contraer diabetes, enfermedades cardíacas, cáncer de mama y de útero.

De igual modo, los jóvenes con sobrepeso sufren de hipertensión, niveles altos de colesterol y trastornos prediabéticos. Y a menudo se convierten en adultos obesos. El diario The New York Times, valiéndose de datos publicados en la revista médica británica The Lancet, informó que “las personas que habían sido gruesas en su niñez morían antes y padecían muchas más enfermedades a edades mucho más tempranas que el resto de la población”.

Nuevas pautas de peso

En 1995 el gobierno de Estados Unidos, convencido de la gravedad del problema de la obesidad, corrigió las pautas de peso recomendadas, haciéndolas más estrictas. (Véase el recuadro de la página siguiente.) Las pautas actualizadas distinguen entre “peso saludable”, “sobrepeso moderado” y “sobrepeso excesivo”, y son aplicables a los adultos de uno u otro sexo, prescindiendo de su edad.

Las pautas de 1990 tenían en consideración la acumulación de peso en el abdomen durante la mediana edad, lo que popularmente se conoce como “la curva de la felicidad”. Las nuevas pautas la descartan, pues todo indica que los adultos no deberían engordar con el paso del tiempo.b Así pues, es posible que un individuo con peso antes considerado normal descubra que ahora se encuentra en la categoría del sobrepeso. Por ejemplo, una persona de 1,68 metros de estatura entre las edades de 35 y 65 años que pesara 75 kilos estaría en la banda de peso saludable según las pautas de 1990. Pero según las nuevas, tendría un sobrepeso de 5 kilos.

¿Qué causa el aumento de peso?

La herencia genética puede influir en la tendencia de la persona a engordar, pero no explica el aumento de peso en los países occidentales. La razón del problema es otra.

Los profesionales de la salud están de acuerdo en que el consumo de grasa engorda. Muchos productos lácteos, carnes, panes y pasteles, alimentos de los locales de comida rápida, tentempiés, frituras, salsas y aceites están cargados de grasa, por lo que su ingestión puede provocar obesidad. ¿De qué manera?

Pues bien, si se ingieren más calorías de las que el cuerpo gasta, se sube de peso. Un gramo de grasa contiene nueve calorías, mientras que un gramo de proteínas o carbohidratos contiene cuatro. De modo que cuando comemos grasa, ingerimos más calorías. Pero existe otro factor importante: la forma en que el cuerpo humano utiliza la energía aportada por los carbohidratos, las proteínas y las grasas. El cuerpo quema primero los carbohidratos y las proteínas, y después las grasas. Las calorías procedentes de las grasas que no se queman se convierten en grasa corporal. Por consiguiente, la reducción del consumo de grasa es importante a fin de perder peso.

No obstante, algunas personas que creen que han disminuido su ingestión de grasa siguen engordando. ¿Por qué? Una razón es que están tomando grandes cantidades de alimento. Una nutricionista estadounidense dice: “Comemos en exceso porque se sirve demasiado alimento. Una vez servida la comida, nos la comemos”. La gente también tiende a consumir un exceso de productos bajos en grasa o sin grasa. Pero, según explica una especialista que trabaja en una empresa estadounidense asesora de industrias alimentarias, “los productos bajos en grasa con frecuencia compensan la pérdida de sabor aumentando el contenido de azúcar [abundante en calorías]”. De ahí que The New York Times haya mencionado: “Dos tendencias de los años noventa —sacarle jugo al dinero e ingerir productos bajos en grasa o sin grasa— han estimulado la glotonería”, y en consecuencia el aumento de peso.

La vida sedentaria también favorece el sobrepeso. Un estudio llevado a cabo en Gran Bretaña mostró que más de un tercio de los adultos del país realizan menos de veinte minutos de ejercicio moderado a la semana, y que casi la mitad no practica nunca ningún tipo de deporte. El desplazamiento en automóvil ha reemplazado a las caminatas en muchos países occidentales, y el aumento del tiempo empleado en ver televisión ha fomentado la pereza y la glotonería. En Estados Unidos, los niños se sientan ante el televisor alrededor de veintiséis horas semanales, además de las que dedican a los videojuegos. Por otra parte, solo un 36% de las escuelas de ese país imparten todavía educación física.

También hay que tener en cuenta las razones psicológicas de la gordura. “Comemos motivados por necesidades emocionales —dice el doctor Lawrence Cheskin, del Centro de Control del Peso Johns Hopkins—. Comemos cuando estamos felices y comemos cuando estamos tristes. Nos hemos criado creyendo que la comida es un sustitutivo de muchas otras cosas.”

¿Lograremos adelgazar?

La cuestión del sobrepeso es compleja. Se calcula que cada año se ponen a dieta unos ochenta millones de estadounidenses. Pero casi todos vuelven a sus anteriores hábitos alimentarios poco después de adelgazar unos kilos. Al cabo de cinco años, el 95% recupera el peso perdido.

Para perder kilos y no recuperarlos es preciso efectuar cambios en el estilo de vida. Tales cambios exigen fuerza de voluntad y resolución, así como la ayuda de familiares y amigos. En algunos casos también se necesita asistencia profesional.c Ahora bien, para que su esfuerzo se vea coronado de éxito, es imprescindible que tenga la motivación adecuada. Hace bien en preguntarse: ‘¿Por qué quiero adelgazar?’. Tiene más probabilidades de lograr su objetivo si el deseo de evitar los riesgos para la salud va acompañado del deseo de sentirse mejor, tener un aspecto más agradable y mejorar la calidad de vida.

Hay muchos alimentos deliciosos y satisfacientes que son nutritivos y, además, bajos en calorías. Pero antes de hablar de los alimentos que ayudan a perder peso, examinemos cómo algunos elementos de la dieta pueden representar una amenaza para la salud.

[Notas]

a Normalmente se habla de obesidad cuando se excede en un mínimo de un 20% el peso considerado ideal.

b Las pautas de 1995 son aplicables a la mayor parte de los grupos de edad, pero no a todos. “La opinión general es que las nuevas pautas de peso probablemente no sean aplicables a los mayores de 65 años —dice el doctor Robert M. Russell en el número de JAMA del 19 de junio de 1996—. Un poco de sobrepeso en la tercera edad hasta puede ser beneficioso, ya que suministra una reserva energética para períodos de enfermedad y ayuda a conservar la masa muscular y ósea.”

c Encontrará consejos sobre cómo reducir peso en los números de ¡Despertad! del 8 de mayo de 1994, páginas 20-22; 22 de enero de 1993, páginas 12-14; y 8 de diciembre de 1989, páginas 3-12.

[Gráfico de la página 6]

(Para ver el texto en su formato original, consulte la publicación)

¿Se encuentra usted en la banda de peso saludable, sobrepeso moderado o sobrepeso excesivo? Este gráfico le ayudará a contestar la pregunta

Pautas de peso de 1995 para hombres y mujeres

Alturad

metros

1,98

1,90

1,80

1,70

1,60

1,50

Pesoe

kilos 30 40 50 60 70 80 90 100 110

PESO SALUDABLE

SOBREPESO MODERADO

SOBREPESO EXCESIVO

Datos basados en: U.S. Department of Agriculture, U.S. Department of Health and Human Services

[Notas]

d Sin calzado.

e Sin ropa. Los pesos más altos corresponden a individuos con más masa muscular u ósea, como en el caso de muchos hombres.

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