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  • ¡Despertad! 1997
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¡Despertad! 1997
g97 8/7 págs. 4-8

El zoológico: ¿la última esperanza para la fauna?

EN LOS últimos años se han revolucionado calladamente los zoológicos más progresistas del mundo. Lo denota hasta el aspecto de sus instalaciones, renovadas según el concepto más humanitario de “inmersión paisajística”, que pretende reproducir el hábitat de cada animal con sus plantas, piedras, lianas, neblinas y sonidos, e incluso con otros mamíferos y aves compatibles. Aunque la reforma es cara —tan solo en Estados Unidos se dedican cada año 1.200 millones de dólares a mejorar los zoológicos y acuarios—, se estima necesaria en vista del nuevo y ambicioso cometido de estas instituciones.

La misión que tendrán el próximo siglo

Ante la amenaza de que el planeta quede en la indigencia biológica, los principales zoológicos del mundo han definido como su misión para el siglo XXI las tareas de conservación, educación e investigación. Motivados por el reto y la urgencia, algunos hasta cambiaron la denominación tradicional por términos como “santuario fáunico” o “parque conservacionista”.

El abanderado del nuevo estilo es el libro The World Zoo Conservation Strategy (Estrategia conservacionista del zoológico mundial), que una escritora denominó “el documento más importante que haya elaborado la colectividad de los parques zoológicos”. Es, en esencia, una serie de estatutos zoológicos que “define las incumbencias y posibilidades de los zoos y acuarios en lo que a la conservación de la diversidad fáunica mundial se refiere”. Por si ofrecieran dudas los nuevos planteamientos, la citada obra agrega: “El derecho a existir de un zoológico o acuario depende de la contribución que realice en el campo de la conservación”.

La educación pública y la investigación, particularmente sobre la reproducción en cautividad, ocupan un lugar primordial en la nueva función de los zoológicos. De la juventud actual saldrán los cuidadores del mañana, a quienes competerá preservar los remanentes de la creciente lista de especies extintas en su medio natural. ¿Acometerán la labor con prudencia y entrega? ¿Asumirá el hombre una actitud más ilustrada ante la naturaleza? Con este fin, el citado libro invita a cada zoológico a ser un educador, a considerarse integrado en “una red de sensibilización mundial”.

Se forma una red mundial de zoológicos

Dada la magnitud de la labor, muchos zoológicos se unen para formar una red universal que ya abarca un millar de parques. Gracias a organismos supranacionales como la Organización Mundial de Zoológicos y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y de los Recursos Naturales, los zoológicos se agrupan bajo una misma dirección que coordina sus actividades.

El libro Zoo—The Modern Ark (El zoológico: El arca actual) señala una razón contundente para dicha colaboración: “A fin de mantener a raya la endogamia, esa sigilosa depredadora, el parque zoológico no podía limitarse a cuidar de su grupito de tigres siberianos, por dar un ejemplo, sino tratar como una sola población a todos los que hubiera en los zoos del mismo continente, o aun del mundo entero”. Desde luego, se precisan centenares de individuos de cada especie para minimizar o eliminar la endogamia —que precede a la infertilidad y la extinción—, una tarea que excede claramente a la capacidad de un solo jardín zoológico. Dice el libro The World Zoo Conservation Strategy: “Será preciso coordinar a gran escala los recursos disponibles a fin de que la biosfera terrestre tenga [...] las mayores posibilidades de sobrevivir. Muchos opinan que si no logramos conservar las demás especies, tampoco nos salvaremos nosotros”. Tal pesimismo, claro está, no toma en cuenta que la Biblia promete la recuperación de la Tierra a niveles paradisíacos. (Revelación [Apocalipsis] 11:18; 21:1-4.)

Medios para favorecer el éxito de los zoológicos

El problema de las extinciones también ha espoleado la creación de avanzados medios técnicos de difusión internacional para apoyar la crianza en cautividad: registros genealógicos, un anuario internacional de zoológicos (International Zoo Yearbook [IZY]) y el Sistema de Información Internacional sobre las Especies (el programa informático ISIS, por sus siglas en inglés).

Cada registro genealógico enumera detalles de los miembros de la misma especie que viven en los zoológicos de todo el mundo. Estos archivos internacionales son esenciales para conservar un patrimonio genético sano y poner coto a la endogamia, esa “sigilosa depredadora”. El jardín zoológico de Berlín abrió en 1923 su primer registro genealógico al comenzar la cría del bisonte europeo, que la I Guerra Mundial había situado al borde de la extinción.

A fin de facilitar la distribución mundial de datos científicos como los registros genealógicos, el IZY y las estadísticas demográficas, en 1974 ISIS se hizo accesible en Estados Unidos por vía informática. Su creciente red electrónica y su enorme base de datos, que continuamente se está ampliando, ayudan a los zoos a colaborar a fin de plasmar el concepto del megazoológico.

Los medios biológicos que emplean los parques comprenden la obtención de la huella genética, el trasplante de embriones, la fecundación in vitro y la criogenia, de la que se valen para congelar semen y embriones. Las huellas genéticas (del ADN) permiten al zoológico identificar el parentesco con certeza absoluta, lo que es esencial para controlar la endogamia en las especies gregarias, cuyas líneas de parentesco son difíciles de trazar. Por su parte, el trasplante de embriones y la fecundación in vitro aceleran la reproducción. Una de las formas como lo logran consiste en aumentar la cantidad de “progenitores” de las especies amenazadas. De este modo, los embriones de dichas especies pueden insertarse en madres portadoras de la misma familia, aunque sean de especies domésticas. Gracias a esta técnica, una vaca holandesa parió un gaur (un bóvido salvaje), y una gata doméstica, un gato indio del desierto, que se halla en grave peligro de extinción. Así también se reducen los gastos, los riesgos y el trauma de transportar ganado reproductor perteneciente a especies amenazadas. Solo es preciso llevar un envase con embriones o esperma congelado.

Ante la posibilidad de que algunas especies desaparezcan por completo, varios zoológicos han incursionado en la ciencia de la criogenia al grado de congelar semen y embriones para su conservación a largo plazo. Este zoológico helado brinda la posibilidad de que nazcan descendientes decenios o hasta siglos después de la extinción de su especie. Aunque encierre muchos aspectos inciertos, se le ha denominado “garantía de última instancia”.

Los estudian en libertad para fomentar la reproducción en cautividad

El estudio de la vida del animal, incluida la conducta en su hábitat natural, es crucial para la reproducción en cautividad y constituye la fuente de inspiración de las instalaciones de “inmersión”. Si los zoológicos quieren que los animales estén sanos y procreen, deben tener en cuenta sus instintos y lograr que se sientan “felices”.

Por ejemplo: En su medio natural, la hembra y el macho del guepardo se aíslan visualmente el uno del otro y solo se comunican con el olor de la orina y las heces. El olfato del macho le indica si la hembra está lista para la cópula, tras la cual solo se queda con ella un día o dos. Cuando los zoológicos supieron de este hábito, modificaron los recintos a fin de que los machos y las hembras no se vieran a excepción del breve período de celo; la táctica dio resultado y nacieron cachorros.

Aunque la ausencia avive la atracción del guepardo, no ocurre igual con el flamenco, que solo se aparea cuando está en bandadas muy numerosas que no puede mantener el zoológico promedio. Por ello, un zoológico inglés probó a “doblar” el tamaño de la bandada mediante un gran espejo. Por vez primera, las aves dieron inicio a su espectacular parada nupcial. ¿Le dan estos ejemplos una idea de la complejidad fáunica del planeta? Es innegable que los zoológicos se enfrentan a todo un reto.

¿Es realista la meta de salvar la fauna?

Como muestra del potencial del nuevo programa, ya se han restituido a su medio natural algunas especies criadas en cautividad, como el cóndor de California, el bisonte europeo, el órix de Arabia, el tití leoncito y el caballo de Przhevalski. Sin embargo, las perspectivas a largo plazo distan de ser halagüeñas.

“La sociedad es tan compleja, y los problemas del mundo tan numerosos —comenta el libro The World Zoo Conservation Strategy—, que pese a haber más conciencia y preocupación sobre los problemas naturales y ambientales no se ha logrado frenar muchos procesos destructivos.” Por eso, añade que “los conservacionistas deben disponerse a hallar un medio de capear el crítico temporal que se prevé”. Como es lógico, es preciso que haya cooperación en todos los estratos sociales. Según un escritor sobre temas científicos, la colaboración actual “está lamentablemente muy por debajo de lo necesario”. Si en vez de revertirse el proceso solo se atenúan los factores conducentes a la extinción, hasta las mejores tentativas pudieran acabar en nada. Deben crearse hábitats completos y de cierta extensión, no meramente bolsas aisladas que fomentan la endogamia. Solo de esta forma podrán los zoológicos sentirse confiados cuando restituyan sus animales a su entorno natural. ¿Es realista dicha esperanza, o utópica?

La idea pierde aún más credibilidad al pensar en la capacidad que tendría hasta un megazoológico mundial. “La dura realidad —señala el profesor Edward Wilson— es que los zoológicos del mundo solo pueden mantener un máximo de dos mil especies de mamíferos, aves, reptiles y anfibios”: la punta del iceberg. Así pues, tienen ante sí la tarea nada envidiable de decidir cuáles tratarán de conservar, mientras dejan que el resto nutra la larga lista de especies en vías de desaparición.

Para los expertos en la materia, se plantea una inquietante pregunta: Dada la interdependencia de todos los organismos, ¿en qué punto alcanzaría la biodiversidad la situación crítica que desencadenaría un aluvión de extinciones, que podrían acabar con gran parte de las especies que quedan en la Tierra, entre ellas la humana? Los científicos solo pueden ofrecer conjeturas. “La eliminación de una, dos o cincuenta especies tendría efectos impredecibles —indica Linda Koebner en la obra Zoo Book—. Las extinciones ocasionan cambios aun antes de que entendamos las consecuencias.” Entretanto, “los zoológicos siguen siendo uno de los baluartes más importantes para la defensa de la vida en una guerra de desgaste cuyo alcance es imprevisible, pero de la que nos harán totalmente responsables las generaciones venideras”, dice el libro Zoo—The Modern Ark.

¿Hay, por tanto, alguna razón para tener esperanza? ¿O están condenadas las generaciones futuras a vivir en un mundo de monotonía biológica, con la constante amenaza de la extinción?

[Ilustración de la página 7]

El hombre es su peor enemigo

[Reconocimiento]

Tigre y elefantes: Zoological Parks Board of NSW

[Ilustración de la página 8]

Algunos animales amenazados: bisonte, guepardos y rinoceronte negro

[Reconocimientos]

Bisonte y guepardos: Zoological Parks Board of NSW

Rinoceronte: National Parks Board of South Africa

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