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¡Despertad! 1997
g97 8/7 págs. 12-15

¿Por qué son tan caros los diamantes?

POR EL CORRESPONSAL DE ¡DESPERTAD! EN ESPAÑA

LA BELLEZA algunas veces se descubre y otras se crea. En el caso de los diamantes, sin embargo, debe descubrirse y crearse.

Los diamantes en bruto son, sin duda alguna, una bella creación de la naturaleza. Se forman debajo de la corteza terrestre por la acción de presiones fuertes y temperaturas elevadas que convierten lentamente el carbón simple en cristales duros y translúcidos. Ahora bien, descubrir estas raras gemas no es tarea fácil. Algunos de los hoyos más grandes excavados por el hombre en el planeta —que salpican el paisaje de Australia, Siberia y Sudáfrica— son el resultado de la búsqueda de estas piedras preciosas. Para obtener apenas seis gramos de diamantes, posiblemente se hayan tenido que extraer y tamizar cien toneladas de tierra.

Antes de que un diamante recién descubierto adorne un anillo o un collar, precisa la talla minuciosa de artesanos hábiles para que salga a la luz su belleza latente.

Naturalmente, toda esta labor y pericia se paga caro. Pero la mayoría de las mujeres —y de los hombres— creen que vale la pena el gasto, sobre todo si el diamante se regala a la esposa o a la prometida como muestra de amor eterno. La belleza y el valor romántico del diamante lo han convertido en el cristal más preciado del globo terráqueo.a

Una visita a Amberes

Una visita a Amberes (Bélgica), ciudad cuya economía se basa en gran parte en los diamantes, me despertó el interés en estas piedras singulares. ‘¿Por qué llaman tanto la atención los diamantes? —me pregunté—. ¿Cuál es el secreto de su talla?’

Para encontrar la respuesta a estas preguntas, hablé con Dirk Loots, cuya familia lleva tres generaciones trabajando en el negocio de los diamantes. “Nosotros decimos que Amberes es uno de los mejores amigos de los diamantes —contó—, porque está entre los principales centros mundiales del diamante. Así que ha venido a un lugar idóneo para descubrir los secretos del artesano del diamante.”

Para empezar, me mostró un puñado de diamantes en bruto que acababa de comprar. Aunque estaban valorados en 350.000 dólares, no impresionaban mucho a primera vista; parecían, más bien, un montón de trozos de vidrio. Pero al mirarlos más de cerca se apreciaba un brillo interno que revelaba la belleza que el tallador podía sacar al descubierto. Comencé a entender en qué radica su atractivo.

“A veces, cuando veo un diamante grande en bruto, siento una especie de fascinación, casi cierto cariño por él —confesó Dirk—. Instintivamente, quiero comprarlo. Me recuerda la parábola de Jesús del hombre que encontró una perla magnífica, tan perfecta que estuvo dispuesto a vender todos sus bienes para adquirirla. Yo nunca he llegado a ese extremo —dice sonriéndose—. Pero debo admitir que algunas piedras preciosas ejercen una atracción especial, incluso en los que nos pasamos la vida comprándolas y vendiéndolas. Ahora bien, aunque la transformación de una piedra en bruto en una gema es impresionante, no deja de tener sus dificultades.”

La talla del diamante

Había oído que un tallador poco cuidadoso podía hacer añicos una piedra inestimable. Me preguntaba si tal cosa sucedía con frecuencia. “Ocurre de vez en cuando —admitió Dirk—. Y no solo cuando se está partiendo el diamante. Hasta el pulidor puede en alguna ocasión tocar una imperfección interna y destrozar la gema. Nosotros siempre examinamos la piedra en bruto a través de luz polarizada, que muestra cuáles son las zonas problemáticas; pero, lamentablemente, no hay ningún sistema infalible.

”Aunque la rotura de un diamante es nuestra peor pesadilla, no es la única dificultad. A veces el color se oscurece después de cortar y pulir las facetas, lo cual le resta valor a la piedra. Y hay que recordar que a menudo hemos de cortar un 60% o más de la piedra en bruto para convertirla en una gema de primera calidad.”

Me pareció que de esa manera se desperdiciaba mucho dinero, hasta que entendí todo lo que implica la talla del diamante. Dirk me mostró un diamante enorme en forma de corazón que acababan de tallar y pulir. “¿Ve cómo brilla? —me preguntó—. Ese ‘fuego’ interno no es ni más ni menos que el reflejo de la luz.

”El artesano tiene que tallar todas las facetas de manera que la luz quede atrapada dentro de la piedra y se refleje hacia el observador. Algunas formas de tallado tradicionales, como la talla en brillante, de perímetro redondeado, consiguen este efecto del modo más eficiente. Pero incluso las tallas menos comunes, como esta en forma de corazón, están pensadas para reflejar la mayor cantidad posible de luz. En esto consiste el arte de la talla. De hecho, un conocido fabricante de diamantes utiliza el lema ‘La magia está en la talla’.”

“¿Cómo deciden la forma que le van a dar al diamante?”, pregunté a Dirk. “En primer lugar, examinamos con mucho cuidado la piedra original que hemos adquirido —dijo—. ¡Con muchísimo cuidado! Recuerdo que en una ocasión examinamos un diamante grande durante un mes antes de decidir cómo tallarlo. A veces es más fácil porque la piedra en bruto se presta a darle una determinada forma. En cualquier caso, el objetivo es determinar con qué tipo de talla se perderá el mínimo de sustancia. Pero cada faceta que cortamos —y el diamante medio tiene más de cincuenta facetas— significa una pérdida de peso.”

Dirk me pidió entonces que me fijara en cierta piedra. “¿Ve la impureza que tiene en la parte superior derecha?”, me preguntó, a la vez que me pasaba una lupa de joyero. Distinguí unas cuantas líneas irregulares, como las de un espejo roto, en una esquina de la gema. “Este tipo de imperfección reduce mucho el valor del diamante. Pudiéramos cortar esa esquina, claro, pero seguramente perderíamos demasiada piedra. Si el defecto no se nota a simple vista, todavía podemos vender la gema a un precio inferior.”

Me interesaba saber por qué unas piedras tan pequeñas tienen tanto valor. Obviamente, intervienen varios factores.

“La frase ‘un diamante es para siempre’, aunque es un lema publicitario, por lo general es cierta —indicó Dirk—. Los diamantes no se desgastan ni pierden el brillo. Son raros, si bien no tanto como en el pasado, y bellos, sin lugar a dudas. Pero el factor que más incide en su valor tal vez sea la demanda mundial, que depende considerablemente de la publicidad.

”¿Por qué quiere una mujer un anillo de diamantes? —dijo Dirk pensativo—. Probablemente relacione los diamantes con el amor y el romanticismo. Un diamante es algo especial, algo que apreciará eternamente y le recordará un amor que espera que dure tanto tiempo como el diamante. Esta idea se ha fomentado con habilidad. En 1995 se gastaron unos 180 millones de dólares en la difusión de este mensaje, el cual hace que gente de todo el mundo siga comprando diamantes.”

El valor de un diamante

“Me imagino que el valor de una gema tallada depende de su tamaño”, señalé. “No es tan sencillo —replicó Dirk—. Los comerciantes de diamantes siempre decimos que el valor del diamante depende de cuatro factores: talla, peso, color y transparencia. Cada uno influye en su belleza y, con ello, en su valor.

”Comencemos por la talla. Una buena talla es una obra de arte, una escultura en miniatura, podría decirse. Mire más de cerca el diamante en forma de corazón que estaba admirando. No es una talla fácil de realizar, aparte de que exige sacrificar más cantidad de piedra original que otras tallas. Observe cómo se han labrado todas las facetas simétricamente para realzar la belleza de la gema. Pudiéramos decir que la talla de este diamante en particular es excelente.

”Lo primero que le impresionó fue su tamaño, y es de comprender, pues es una piedra grande, de 8 quilates. Por cierto, el quilate equivale a 200 miligramos, así que para determinar el valor de un diamante en quilates solo tenemos que pesarlo. En términos generales, cuantos más quilates posea, más valioso es, pero el color y la transparencia también afectan su valor.

”Los diamantes vienen en todo tipo de formas y colores, como habrá notado por nuestro paquete de piedras sin tallar. Lo primero que hacemos es clasificarlas según el color. Cuanto más blancas (incoloras), más valor alcanzan; sin embargo, algunas tienen colores como el rosa, el azul o el rojo. Estas piedras, llamadas de fantasía, se venden a precios más altos que las blancas, ya que son extremadamente raras.

”Por último, tenemos que clasificarlas según su transparencia. Una piedra catalogada como perfecta no presenta ninguna imperfección cuando se mira a través de ella incluso con lupa. Por lo tanto, la talla, la transparencia y el color de un diamante pueden ser tan importantes como su peso en quilates. Para darle un ejemplo, en 1995 se expuso el que posiblemente sea el diamante tallado más grande que existe (546,67 quilates). Pero, a pesar de su tamaño, casi el de una pelota de golf, no es el más valioso del mundo, a causa de su transparencia inferior y su color amarillo pardusco.”

Antes de marcharme de Amberes, hablé con Hans Wins, quien lleva cincuenta años en la industria del diamante. Tenía una última pregunta: ¿por qué son tan especiales los diamantes?

“Los diamantes pequeños no revisten tanto interés para mí; se les puede dar forma aun con una máquina —respondió—. Los grandes, en cambio, me fascinan. Cada uno es diferente, una creación única que resulta de la presión volcánica ejercida sobre el carbón por millones de años. Al examinarlos, pueden verse, de hecho, las líneas de crecimiento, parecidas en cierto modo a los anillos del tronco de los árboles. Un comerciante experto puede decirle incluso de qué mina provienen.

”El tallador de diamantes mira una piedra de este tipo como un escultor mira un bloque de mármol. Es como si ya viera lo que va a crear. En su imaginación, talla y pule la piedra, de la cual va emergiendo una gema extraordinaria. Me gusta pensar que cuando el diamante ya esté engastado en un anillo o un collar, le reportará a su dueño este mismo placer.”

A fin de cuentas, esa es la razón por la que vale la pena tallar un diamante.

[Nota]

a El monopolio de la Central Selling Organization sobre el mercado de diamantes es una de las principales razones del alto precio de estas joyas.

[Ilustraciones de la página 15]

Diamante de ocho quilates en forma de corazón (las gemas no están a escala)

Talla en forma de pera

Talla en forma de mitra

Determinando el peso en quilates de las piedras en bruto

Clasificación de los diamantes en bruto según el color

Examen de las facetas para determinar si necesitan más pulido

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