La Reforma inglesa: tiempo de cambios
“Era un mundo inmerso en cambios y revaluaciones.”
ASÍ se describe en la biografía Henry VIII (Enrique VIII), del historiador J. J. Scarisbrick, la Inglaterra del siglo XVI, en la que algunos ciudadanos, respaldados por la agitación religiosa de Europa, veían necesario reformar la religión tradicional.
Las polémicas doctrinas de Martín Lutero tenían sus partidarios en el país, donde además sobrevivían los lolardos, fervientes predicadores y defensores de la Biblia que difundían sus enseñanzas desde finales del siglo XIV.
Para 1526 ya había llegado al reino la versión de William Tyndale de las Escrituras Griegas, pese a los intentos de poderosos enemigos para impedir su distribución. Con esta versión inglesa quedó expuesta la falta de base bíblica de algunas enseñanzas católicas tradicionales, como el purgatorio, la transubstanciación y el celibato obligatorio del clero.
Con todo, lo que avivó las llamas de la Reforma inglesa fue una crisis doméstica del monarca. El rey Enrique VIII solicitó la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón, motivado por su deseo de tener un sucesor varón, ya que los seis hijos que la reina católica le había dado habían nacido muertos o habían fallecido en la infancia, con la excepción de una niña: María. Además, al monarca le gustaba la joven y vivaz Ana Bolena, con quien quería casarse.
Sin pretenderlo, el valido del soberano, el poderoso y capaz Thomas Wolsey, impulsó la Reforma. Este cardenal había ido acumulando poder y riquezas desde el inicio del reinado de Enrique VIII, en 1509, al grado de que había llegado a ser solo inferior al monarca. No obstante, era impopular por su carácter dominante y por haber subido los impuestos. Además, parecía creerse por encima de las leyes de su Iglesia, pues tenía dos hijos bastardos.
Los nobles tramaron la destitución del cardenal, que tuvo lugar al no conseguir este la nulidad matrimonial que tanto anhelaba el rey. Depuesto de su cargo, murió en 1530, cuando iba a comparecer ante el monarca, acusado de traición.
El anticlericalismo cobró auge en el país. En palabras del historiador Scarisbrick, “se afirmaba que la Iglesia debía someterse a una purga radical, que la sociedad no podía soportar más la carga onerosa de una enorme institución que acaparaba tantos hombres, inutilizaba tanta riqueza y consumía tanto a cambio de tan pocos servicios [...], y que el envío de dinero inglés a Roma [...] perjudicaba la economía” del reino.
La época de Cromwell
Los problemas conyugales del monarca terminaron “resolviéndose” con la ayuda de su principal consejero, Thomas Cromwell, y del nuevo arzobispo de Canterbury, Thomas Cranmer. La Iglesia de Inglaterra rompió sus vínculos con Roma y pasó a tener por cabeza al rey. Cranmer concedió la nulidad del matrimonio con Catalina en 1533, cuando el soberano ya estaba casado con Ana Bolena, que a la sazón se hallaba encinta. Esta emancipación de la autoridad pontificia tuvo hondas repercusiones.
Cromwell recibió poderes ilimitados sobre la Iglesia, al grado de rendir cuentas solo al rey. Gradualmente, se demolieron los monasterios, cuyas propiedades pasaron a la corona, que así recibió ingresos muy necesarios. Además, Cromwell desempeñó un papel primordial en la edición y distribución de la Biblia inglesa, como reconoce Arthur Geoffrey Dickens en su libro The English Reformation (La Reforma inglesa): “De Thomas Cromwell, vicario del rey, proceden la iniciativa política, los planes de publicación, la financiación y la presión para imponer la Great Bible (Gran Biblia) a la Iglesia de Inglaterra”.
Al volverse más accesible, la Biblia tuvo un profundo efecto en las opiniones del público tocante a la religión tradicional. El señor Dickens señala: “La verdadera sencillez con que vivían Jesucristo y sus apóstoles contrastaba de forma sangrante con el inmenso aparato jurídico y coercitivo de la Iglesia de la Baja Edad Media y el Renacimiento, así como con sus grandes riquezas y portentos arquitectónicos”.
Aunque Enrique VIII se interesó en algunas reformas religiosas, su actuación estuvo guiada más por la eficiencia política que por la fe firme. Conocía muy bien la existencia en la corte de dos facciones opuestas: los conservadores, que deseaban mantener la religión tradicional, y los reformadores. A fin de no perder las riendas, enfrentaba a ambos grupos entre sí.
En 1540 cesó temporalmente la edad de oro de la reforma con la caída de Cromwell, al lograr sus enemigos conservadores que el soberano lo considerara traidor y hereje, y lo hiciera ejecutar sin juicio.
Aunque por un tiempo dio la impresión de que se imponían los conservadores, estos no lograron detener la Reforma, ya arraigada. Con todo, los reformadores protestantes no cumplieron sus promesas, pues no lograron erradicar muchas falsas doctrinas y tradiciones humanas que contaminaban la fe católica.
En 1543, al casarse Enrique VIII con su sexta y última esposa, Catalina Parr, los reformistas cobraron aliento, pues la reina demostró gran interés por las nuevas doctrinas religiosas. Pero los conservadores no iban a rendirse sin luchar. Sus conjuras e intrigas palaciegas llevarían a la nueva reina a luchar desesperadamente por salvar su vida, como veremos en un próximo número de ¡Despertad!
[Ilustraciones de la página 26]
ENRIQUE VIII Y ANA BOLENA
CATALINA DE ARAGÓN
WILLIAM TYNDALE
THOMAS CROMWELL
THOMAS CRANMER
THOMAS WOLSEY
[Reconocimiento]
Thomas Wolsey: del libro The Story of Liberty, 1878; blasón, fondo y el rey Enrique VIII con Ana Bolena: del libro The Library of Historic Characters and Famous Events, Vol. VII, 1895; Catalina de Aragón, Thomas Cranmer y Thomas Cromwell: del libro Heroes of the Reformation, 1904