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¡Despertad! 1998
g98 8/11 págs. 16-19

Gutenberg: su rico legado al mundo

De nuestro corresponsal en Alemania

DE LOS inventos de este milenio, ¿cuál ha tenido mayores repercusiones en nuestra vida? ¿El teléfono? ¿La televisión? ¿El automóvil? Probablemente, ninguno de ellos. En opinión de muchos expertos ha sido la imprenta. El mérito de haber ideado el primer método de impresión práctico se atribuye a Johannes Gensfleisch zur Laden, más conocido por Johannes Gutenberg, cuyo origen aristocrático lo eximió de tener que trabajar de aprendiz común.

Se afirma que su invento es “la máxima aportación alemana a la civilización”. Cada ejemplar que se conserva de su obra maestra de la tipografía, la Biblia de 42 líneas, vale una fortuna.

La dorada Maguncia

Gutenberg nació hacia el año 1397 en Maguncia, localidad situada a orillas del Rin, que para entonces contaba con unos seis mil habitantes. La dorada Maguncia, como se la conocía, constituía el eje de una poderosa liga de ciudades. Los arzobispos maguntinos eran electores del Sacro Imperio romano germánico. En esta ciudad, prestigiosa por su orfebrería, el joven Johannes aprendió mucho sobre metalistería, incluido el repujado de letras en metal. Sin embargo, los trastornos políticos del momento lo llevaron a exiliarse varios años en Estrasburgo, donde trabajó en la talla de piedras preciosas y enseñó dicho oficio. Con todo, a lo que más tiempo dedicaba era a sus trabajos secretos en un nuevo invento: trataba de perfeccionar el arte tipográfico.

El genio de Gutenberg y el capital de Fust

A su regreso a Maguncia reanudó los experimentos. Consiguió que Johann Fust le prestara 1.600 florines, una espléndida suma para un tiempo en que los artesanos hábiles solo devengaban 30 florines anuales. Fust, avispado negociante, estimó lucrativa la operación. Pero ¿en qué empresa pensaba el inventor?

Con su fina vista, reparó en la producción en serie de artículos idénticos, como las monedas, que se acuñaban, y las balas, que se fundían. ¿Por qué no imprimir, pues, cientos de páginas idénticas, encuadernarlas en orden numérico y formar libros iguales? Pero ¿qué obras? Pensó en la Biblia, una obra tan costosa que era posesión de tan solo unos pocos privilegiados. Quería editarla en grandes cantidades, mucho más barata que los manuscritos, e igual de bella. ¿Cómo lo haría?

La mayoría de los libros se copiaban a mano, tarea laboriosa y lenta. Se había probado con la xilografía, tallando cada página en una plancha de madera. En China, un tal Pi Sheng había elaborado caracteres de cerámica para la impresión. En Corea se habían utilizado letras de cobre en una imprenta estatal. Pero la impresión con tipos móviles —letras individuales que podían reorganizarse para componer nuevas páginas— exigía una gran cantidad de piezas, que entonces nadie sabía cómo producir. Idear este método sería competencia de Gutenberg.

Por su experiencia con el metal, decidió desterrar la cerámica y la madera, y utilizar letras móviles de metal, para lo cual prescindiría de la talla y la cocción y emplearía el vaciado en moldes. Necesitaba moldes para vaciar las veintiséis letras de su alfabeto —en mayúscula y minúscula—, así como las letras ligadas, los signos (de puntuación y otros) y los números. Calculó que necesitaba un total de 290 caracteres, cada uno con decenas de réplicas.

Manos a la obra

Escogió para su libro los caracteres góticos del alfabeto latino, utilizado por los monjes para copiar la Biblia. Valiéndose de su experiencia en metalistería, tallaba en un bloque pequeño de acero la imagen invertida de la letra o del símbolo, es decir, un relieve que sobresalía de la superficie (grabado 1). Con este sello hacía una impronta en una pieza de metal más blando —cobre o bronce—, del que obtenía una matriz: una imagen real de la letra grabada en hueco.

En el siguiente paso utilizaba un molde de su invención, del tamaño de un puño y abierto por arriba y por abajo, en cuyo fondo fijaba la matriz de la letra. Luego vertía por encima una aleación fundida (grabado 2) —de estaño, plomo, antimonio y bismuto—, que se enfriaba y endurecía rápido.

Del molde sacaba un tipo, es decir, un bloque de aleación que tenía en un extremo una imagen invertida en relieve. Repetía la operación hasta conseguir el número preciso de unidades de dicha letra. Luego sustituía la matriz por la de la siguiente letra. Así lograba producir en poco tiempo cualquier cantidad de tipos de cada letra y símbolo. Y como lo exigía su método de impresión, todos los tipos tenían una altura uniforme.

A partir de este momento ya podía comenzar a imprimir. Gutenberg elegía el pasaje bíblico que deseaba copiar. Componedor en mano, formaba con los tipos las palabras, y con estas, los renglones que luego justificaba (grabado 3), es decir, arreglaba para que mantuvieran una longitud uniforme. En una galera componía los renglones en columnas, a razón de dos por página (grabado 4).

A continuación fijaba el texto compuesto en la platina y le aplicaba tinta negra (grabado 5). La prensa —semejante a la de pisar uvas— transfería la tinta de los tipos a la hoja, imprimiendo así la página. Empleaba la tinta y el papel necesarios hasta imprimir el número requerido de copias. Como los tipos eran móviles, volvía a utilizarlos para componer otras páginas.

Obra maestra de la tipografía

El taller de Gutenberg, donde trabajaban de quince a veinte empleados, terminó la primera Biblia impresa en 1455. Se editaron unos ciento ochenta ejemplares, cada uno de 1.282 páginas de 42 líneas a dos columnas. La encuadernación de las Biblias —de dos volúmenes cada una—, así como los ornamentos de las cabeceras y las letras iniciales de los capítulos, se hicieron a mano fuera del taller.

¿Cuántos tipos se necesitaron para imprimirla? Cada página tiene unos dos mil seiscientos caracteres. Suponiendo que Gutenberg dispusiese de seis compositores, y que cada uno trabajara con tres páginas a la vez, se habrían requerido unos cuarenta y seis mil tipos. Por consiguiente, es fácil comprender que los moldes eran esenciales para imprimir con caracteres móviles.

El público quedó atónito al examinar la Biblia: tenía todas las palabras en la misma posición, algo imposible en los manuscritos. Günther S. Wegener escribe que la Biblia de 42 líneas mostraba “tal uniformidad y simetría, tal armonía y belleza, que los tipógrafos de todas las épocas se han maravillado ante esta obra maestra”.

Ruina económica

Pero a Fust le preocupaba más ganar dinero que hacer una obra maestra. Y los beneficios de su inversión se demoraban más de lo previsto. Los socios se distanciaron, y en 1455, nada más terminarse las Biblias, Fust reclamó la devolución de los préstamos. Gutenberg no pudo reembolsarlos y perdió el pleito subsiguiente, de modo que se vio obligado a entregar a su acreedor siquiera parte del equipo tipográfico y los tipos utilizados en la Biblia. Fust abrió su propia imprenta en asociación con Peter Schöffer, hábil empleado de Gutenberg. Aquel negocio se benefició del buen nombre que se había labrado Gutenberg y pasó a ser la primera imprenta rentable del mundo.

Gutenberg trató de seguir con sus labores montando otra imprenta. Aunque algunos especialistas le atribuyen ciertas publicaciones del siglo XV, ninguna igualó en majestuosidad y esplendor a la Biblia de 42 líneas. En 1462 volvió a sufrir el infortunio, pues, a consecuencia de las luchas de poder en el seno de la jerarquía católica, Maguncia fue incendiada y saqueada, con lo que volvió a quedarse sin taller. Gutenberg falleció seis años más tarde, en febrero de 1468.

El legado de Gutenberg

El invento de Gutenberg se difundió con celeridad. Para el año 1500 ya había imprentas en 60 localidades de Alemania, así como en otros doce países de Europa. “El desarrollo de la imprenta constituyó una revolución en el mundo de las comunicaciones”, señala The New Encyclopædia Britannica. Luego añade: “En los siguientes cinco siglos se realizó un gran número de mejoras en la técnica de la impresión, pero el proceso fundamental siguió siendo esencialmente el mismo”.

La imprenta transformó la vida de los europeos, pues el conocimiento dejó de ser ámbito exclusivo de los privilegiados. El hombre de a pie comenzó a recibir noticias e informaciones, que le permitieron cobrar conciencia de su entorno. La imprenta exigió dotar a cada idioma nacional de una modalidad escrita que todos pudieran entender, lo que normalizó y preservó las lenguas inglesa, francesa y alemana. La demanda de información impresa aumentó de forma astronómica. Antes de Gutenberg, solo había en Europa algunos millares de manuscritos; cincuenta años después de su muerte, existían millones de libros.

La Reforma del siglo XVI se habría malogrado de no ser por la imprenta, que permitió editar decenas de miles de ejemplares de las versiones bíblicas en alemán, checo, francés, holandés, inglés, italiano, polaco y eslavo antiguo. Además, Martín Lutero la utilizó ampliamente para difundir su mensaje. Así, logró objetivos que quienes habían vivido antes de Gutenberg no habían conseguido. No es extraño que Lutero dijera que este invento era el medio de Dios para “divulgar la verdadera religión en todo el mundo”.

¿Cuántas Biblias de Gutenberg quedan?

Hasta hace poco se creía que se conservaban 48 Biblias de Gutenberg —algunas incompletas— en Europa y Norteamérica. Una de las más elegantes es de pergamino y se encuentra en la Biblioteca del Congreso de Washington, D.C. (E.U.A.). Pero en 1996 se produjo un hallazgo sensacional: se encontró una sección de la Biblia de 42 líneas en un archivo eclesiástico de la ciudad alemana de Rendsburg (véase ¡Despertad! del 22 de enero de 1998, pág. 29).

Debemos estar muy agradecidos de que las Santas Escrituras se hallen al alcance de todos. Claro, no todos podemos adquirir una Biblia de 42 líneas. ¿Cuánto cuesta una de ellas? El Museo de Gutenberg, de Maguncia, compró una en 1978 por 3.700.000 marcos alemanes (al cambio actual, en torno a los dos millones de dólares), y su valor se ha multiplicado desde entonces.

¿Por qué es singular esta Biblia? Según el profesor Helmut Presser, ex director del Museo de Gutenberg, por tres razones. Primero, es el primer libro impreso en Occidente con tipos móviles; segundo, es la primera Biblia impresa, y tercero, deslumbra por su belleza. De acuerdo con el profesor Presser, en ella vemos “la letra gótica en todo su apogeo”.

Todas las culturas están en deuda con Gutenberg. Combinó el molde de fundición, la aleación, la tinta y la prensa para dejar al mundo el extraordinario legado de la imprenta.

[Ilustraciones y recuadro de las páginas 16 y 17]

1. Con un sello de acero se hacía una impronta de la imagen de la letra en una matriz de cobre.

2. La aleación fundida se vertía en el molde de fundición. Una vez endurecida, se extraía un tipo con la imagen invertida de la letra.

3. El tipo se colocaba en el componedor para formar renglones de palabras.

4. En la galera se componían los renglones en columnas.

5. La página de texto se colocaba en la platina de la prensa.

6. Grabado de Gutenberg en una plancha de cobre (1584).

7. Un ejemplar de la Biblia de 42 líneas vale hoy millones de dólares

[Reconocimientos]

Fondo: con autorización de la British Library/Gutenberg Bible

Grabados 1-4, 6, 7: Gutenberg-Museum Mainz; grabado 5: cortesía de la American Bible Society

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