BALAC
(“Devastador”).
Hijo de Zipor y adorador de Baal, fue rey sobre Moab en el siglo XV a. E.C. Los moabitas, súbditos de Balac, sintieron temor y se llenaron de un “pavor morboso” cuando vieron lo que los israelitas habían hecho a los amorreos. De común acuerdo con Madián, Balac envió a buscar a Balaam a la ciudad de Petor, junto al río Éufrates, con el fin de que viniera de Mesopotamia y maldijera a Israel con “poder mágico”. De esta forma esperaba vencer a los israelitas. “¡Mira! —dijo Balac a Balaam— [los israelitas] han cubierto la tierra hasta donde se alcanza a ver, y están morando directamente enfrente de mí.” En un principio Balaam rehusó ir, pero cuando Balac envió una delegación de príncipes más honorables y elevó su oferta, el codicioso profeta finalmente aceptó, con la autorización de Jehová. Al llegar a la margen del río Arnón, Balac reprendió a Balaam, diciendo: “¿Por qué no viniste a mí [al principio]? ¿No puedo yo real y verdaderamente honrarte?”. (Núm. 22:2-37.)
Balac llevó a Balaam a tres lugares desde donde podía ver las huestes de Israel. En cada uno de ellos, se siguió el mismo procedimiento de sacrificios: Balac tuvo que construir siete altares sobre los que se sacrificaron siete toros y siete carneros. Sin embargo, Balaam bendijo a Israel en cada ocasión en lugar de maldecirlo. (Núm. 22:41-24:9; Miq. 6:5.)
Ante este giro de los acontecimientos, “la cólera de Balac se encendió contra Balaam”. Batiendo sus manos furioso, exclamó: “Fue para execrar a mis enemigos para lo que te llamé, y, ¡mira!, los has bendecido hasta el límite estas tres veces. Y ahora vete corriendo a tu lugar”. Pero antes de marcharse, este profeta de Petor predijo la “estrella” mesiánica que vendría a través de la descendencia de Jacob. (Núm. 24:10-17; Jos. 24:9, 10; Jue. 11:25.)
Los sucesos posteriores muestran que Balaam también “anduvo enseñando a Balac a poner un tropiezo delante de los hijos de Israel, a comer cosas sacrificadas a ídolos y a cometer fornicación”. (Rev. 2:14; Núm. 25:1-18.)