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Ayuda para entender la Biblia
ad págs. 399-401

DAMASCO

Ciudad antigua e importante de Siria. Damasco está situada al pie de la cadena montañosa del Antilíbano, cerca del desierto siroarábigo, el cual se extiende desde allí hacia el este. (Cant. de Cant. 7:4.) Al SO. de la ciudad se eleva el monte Hermón, coronado de nieve, que tiene una altitud de 2.814 m. y constituye el extremo meridional de la cordillera del Antilíbano.

Damasco, situada sobre una meseta a unos 700 m. sobre el nivel del mar, disfruta de un clima agradable, con una temperatura media que va de 7º C en invierno a unos 30º C en verano. La tierra es muy fértil y en ella hay excelentes aceitunas, higos y albaricoques, así como fértiles campos de cereales. Sin embargo, la prosperidad de la ciudad provenía principalmente del tráfico comercial y de la posición que gozaba como centro natural de intercambio comercial para las tribus nómadas, rivalizando en este aspecto con Petra. El profeta Ezequiel llamó a Damasco un ‘mercader de Tiro’, pues por lo visto cambiaba vino de la ciudad vecina de Helbón y lana de un gris rojizo con artículos manufacturados que exportaba Tiro. (Eze. 27:18.) Ben-hadad le “ofreció” a Acab asignarse “calles” en Damasco, probablemente para que estableciera en ellas bazares o mercados con el fin de fomentar su comercio en la capital Siria. (1 Rey. 20:34.)

HISTORIA

Josefo presenta el punto de vista tradicional judío de que Damasco fue fundada por Uz, hijo de Aram y nieto de Sem (Antigüedades Judías, Libro I, cap. VI, sec. 4), aunque hay indicaciones de que los descendientes de Uz se establecieron más al sur. (Gén. 10:21-23; véase Uz.) Es probable que Abrahán pasase por Damasco o por sus proximidades en camino a la Tierra Prometida. Eliezer, que ya era siervo de Abrahán cuando este aún no tenía hijos, era un “hombre de Damasco”. (Gén. 15:2.) Abrahán persiguió a los reyes invasores hasta Hobá, un lugar que estaba al norte de Damasco, con el fin de rescatar a su sobrino Lot que estaba cautivo. (Gén. 14:1-16.)

Se opone a Israel

Después de este tiempo Damasco desaparece del registro bíblico por casi mil años, y cuando vuelve a aparecer, por lo general es como oponente de la nación de Israel. Para ese entonces era el centro de uno de los muchos reinos arameos de Siria. Cuando David luchó y derrotó al rey de Zobá, “Siria de Damasco” vino a ayudar a los perdedores. David también la derrotó, apostó guarniciones en el reino damasceno e hizo que Damasco le pagara tributo a Israel. (2 Sam. 8:3-6; 1 Cró. 18:5, 6.) Sin embargo, durante el reinado de Salomón, un fugitivo llamado Rezón, del reino arameo de Zobá, consiguió el control de Damasco y se estableció como rey. Él mostró su odio a Israel con actos de agresión. (1 Rey. 11:23-25.)

El rey Ben-hadad I de Damasco, después de haber hecho primero un pacto con Baasá, del reino norteño de Israel, se vendió a Asá de Judá (977-937 a. E.C.) e invadió el territorio de su anterior aliado. (1 Rey. 15:18-20; 2 Cró. 16:2-4.) Su sucesor, Ben-hadad II, invadió dos veces el reino septentrional de Israel a la cabeza de una coalición de 32 reyes, siendo derrotado en ambas ocasiones. (1 Rey. 20:1, 16-22, 26-34.) Aunque fue capturado en el segundo intento, el rey Acab lo liberó (c. 940-919 a. E.C.). Más tarde, en la batalla de Ramot-galaad, este rey dirigió sus carros contra las fuerzas combinadas de Judá e Israel, derrotándolas y causando la muerte de Acab. (1 Rey. 22:29-37.) Durante el reinado de Jehoram de Israel (c. 917-905), Ben-hadad II intentó por última vez capturar Samaria, pero fue puesto en fuga milagrosamente. (2 Rey. 6:24; 7:6, 7.)

Cumpliendo la comisión dada a su predecesor Elías, el profeta Eliseo fue a Damasco y le dijo a Hazael que reemplazaría a Ben-hadad II como rey de Siria. (1 Rey. 19:15; 2 Rey. 8:7-13.) Antes de la muerte de Ben-hadad, Damasco había sido el foco de la resistencia siria a la expansión del imperio asirio, resuelto a dominar las tierras mediterráneas. Damasco era un blanco vital por ser una importante encrucijada en la vía principal de Mesopotamia al Mediterráneo. A la cabeza de una coalición de reinos vecinos, Damasco pudo resistir una serie de ataques de Salmanasar III de Asiria. Una de las inscripciones de Salmanasar registra que Hazael tomó el trono sirio. Después de una importante batalla, Salmanasar atrapó a Hazael en Damasco, sitiando la ciudad, pero no pudo tomarla.

Como rey de Damasco, Hazael continuó una política agresiva hacia Israel. (2 Rey. 10:32.) Al extender el poder damasceno hasta la ciudad filistea de Gat, llegó a invadir Judá e intimidar al rey Jehoás (898-858 a. E.C.), de manera que el rey de Judá tuvo que pagar un enorme tributo para librar a Jerusalén del ataque sirio. (2 Rey. 12:17, 18; 13:3, 22; 2 Cró. 24:23, 24.) Bajo Ben-hadad III, sucesor de Hazael, Jehoás de Israel (c. 859-844 a. E.C.) derrotó en tres ocasiones a Siria, lo cual hizo que remitiese el yugo de Damasco sobre el territorio de Israel. (2 Rey. 13:24, 25.) Posteriormente, Jeroboán II de Israel (c. 844-803 a. E.C.) penetró en Siria, hasta el “punto de entrada de Hamat”, y “restituyó Damasco y Hamat a Judá en Israel”. (2 Rey. 14:23-28.) Se cree que esto significa que hizo tributarios a tales reinos, posición similar a la que habían tenido bajo David y Salomón. (1 Rey. 4:21.)

Los juicios de Jehová a Damasco

Sin embargo, un siglo más tarde aparece de nuevo Damasco como “la cabeza de Siria”. (Isa. 7:8.) Durante el reinado del rey Acaz de Judá (761-745 a. E.C.), Rezín de Damasco, coligado con Péqah de Israel, invadió Judá hasta Elat, en el golfo de Aqaba. Esto alarmó tanto al rey Acaz, que sobornó a Tiglat-piléser III de Asiria para que desviara de Judá la presión siria. Los asirios atacaron Damasco sin dilación y la capturaron, dieron muerte a Rezín y exiliaron a muchos de los damascenos. (2 Rey. 16:5-9; 2 Cró. 28:5, 16.) De esta forma se cumplieron las profecías de Jehová por medio de Isaías y Amós. (Isa. 8:4; 10:5, 8, 9; Amós 1:3-5.) No obstante, cuando fue a Damasco para encontrarse con Tiglat-piléser (probablemente para rendirle homenaje), Acaz demostró su insensatez al ordenar que se le hiciese una réplica del altar damasceno para adoración falsa que vio allí, y después ofrecer sacrificios sobre él a los “dioses de Damasco”. (2 Rey. 16:10-13; 2 Cró. 28:23.)

A partir de entonces Damasco no volvió a ser una amenaza para Israel. A pesar de que la ciudad era militarmente débil, consiguió de nuevo preponderancia comercial, como se indica en la profecía de Ezequiel. (Eze. 27:18.) Pero Jeremías predijo que Damasco, en un tiempo tan sumamente ensalzada, sufriría desolación como resultado del mal informe que venía de Hamat y Arpad, en el norte de Siria, probablemente un informe relacionado con la conquista violenta de los reinos arameos por los ejércitos babilonios de Nabucodonosor que avanzaban. (Jer. 49:23-27.) Damasco, la joya del desierto, no escaparía a los efectos de aquella conquista. Más adelante, Damasco es incluida en una declaración adversa que da Zacarías, el profeta de Jehová, en 518 a. E.C. Es probable que esta profecía se cumpliese al tiempo de Alejandro Magno, quien ocupó Siria y Fenicia después de su victoria en la batalla de Isos en 333 a. E.C. (Zac. 9:1-4.)

En el primer siglo de la era común

Cuando Saulo de Tarso se dirigió a Damasco en su campaña para perseguir a los cristianos, la ciudad tenía varias sinagogas judías. (Hech. 9:1, 2.) En aquel entonces formaba parte del dominio del rey nabateo Aretas IV y estaba regida por un gobernador. (2 Cor. 11:32, 33.) Después de su conversión, Saulo, que había quedado ciego, fue conducido a una casa en la calle llamada Recta. Esta calle cruzaba toda la ciudad de Damasco casi por el centro y en aquel entonces debió estar flanqueada por columnatas, ofreciendo un suntuoso aspecto. Pablo (Saulo) predicó por algún tiempo en las sinagogas de Damasco, pero la existencia de un compló para asesinarle hizo necesario que escapara por la noche a través de una abertura en el muro de la ciudad. (Hech. 9:11, 17-25; 26:20; Gál. 1:16, 17.)

[Ilustración de la página 400]

Vista actual de Damasco

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