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Ayuda para entender la Biblia
ad págs. 34-36

ADIVINACIÓN

Del latín divus, “que pertenece a dios”, y significa que la información recibida proviene de los dioses. La “adivinación”, por lo general, abarca los diferentes modos de conseguir conocimiento secreto, especialmente en lo relativo a acontecimientos futuros, por medio de la ayuda de poderes espiritistas ocultos.

ORIGEN

La adivinación se originó en Babilonia, la tierra de los caldeos, y estas prácticas ocultas se esparcieron desde allí por toda la tierra como consecuencia de la migración de la humanidad. (Gén. 11:8, 9.) De la porción de la biblioteca de Asurbanipal que se desenterró, se dice que una cuarta parte contiene tablillas de agüeros que pretenden interpretar todas las peculiaridades que se observan en los cielos y sobre la tierra, así como todos los acontecimientos, tanto intrascendentes como accidentales, de la vida cotidiana. La decisión del rey Nabucodonosor de atacar Jerusalén fue tomada después de recurrir a la adivinación, concerniente a lo cual está escrito: “Ha sacudido las flechas. Ha inquirido por medio de los terafim; ha mirado en el hígado. En su mano derecha resultó estar la adivinación para Jerusalén”. (Eze. 21:21, 22.)

El mirar en el hígado en busca de agüeros estaba basado en la creencia de que toda la vitalidad, la emoción y el afecto estaban centrados en este órgano, en el cual se encuentra una sexta parte de la sangre humana. Las variaciones en sus lóbulos, conductos, apéndices, venas, bordes y marcas se interpretaban como señales o agüeros de los dioses. (Véase ASTRÓLOGOS.) Se han encontrado muchas representaciones de hígados en barro; los más antiguos son los de Babilonia, que contienen agüeros y textos en escritura cuneiforme usados por los adivinadores. Los antiguos sacerdotes asirios se llamaban baru, que significa “inspector” o “el que ve”, debido a la prominencia que tenía el examen del hígado en su religión sortílega.

CONDENADA POR LA BIBLIA

Todas las diversas formas de adivinación, sin importar el nombre que se les dé, están en claro contraste y abierta oposición con la Santa Biblia. Jehová, por medio de Moisés, advirtió a Israel de manera firme y en repetidas ocasiones acerca de no adoptar las prácticas de adivinación de las otras naciones. (Deu. 18:9-12; Lev. 19:26, 31.) Los soñadores de adivinación, incluso si sus señales proféticas y portentos se realizaban, no estaban exentos de condenación. (Deu. 13:1-5; Jer. 23:32; Zac. 10:2.) La extrema hostilidad de la Biblia hacia los adivinadores se muestra en su decreto de que se debía dar muerte sin falta a todos ellos. (Éxo. 22:18; Lev. 20:27.)

Cuando los hombres rechazan a Jehová y se alejan del Único que conoce el fin desde el principio, fácilmente caen víctimas de la influencia demoníaca espiritista que pretende revelar el futuro. Saúl es un ejemplo notable; en un principio acudía a Jehová por conocimiento de los acontecimientos futuros, pero, después de ser cortado de todo contacto con Dios debido a su infidelidad, se volvió a los demonios como sustituto de la guía divina. (1 Sam. 28:6, 7; 1 Cró. 10:13, 14.)

Por lo tanto, existe una marcada distinción entre la verdad revelada por Dios y la información que se obtiene por medio de la adivinación. Los que recurren a esta práctica a menudo sufren convulsiones provocadas por fuerzas demoníacas invisibles, y a veces entran en trance bajo la influencia de música misteriosa y ciertas drogas. La palabra griega para “adivinación” viene del verbo mái·ne·sthai, que significa “desvariar”, y se usa para describir a uno que echa espumarajos por la boca y tiene el cabello alborotado y enmarañado. Orígenes (siglo III E.C.), al responder al ataque del filósofo pagano Celso de que “[los cristianos] no daban ningún valor a los oráculos de la sacerdotisa Pitia”, dijo: “Se dice de la sacerdotisa Pitia, cuyo oráculo parece haber sido el más famoso, que cuando se sentaba en la boca de la cueva de Castalia, el espíritu profético de Apolo entraba en sus partes genitales. [...] Además, no es papel de un espíritu divino impulsar a la profetisa a tal condición de éxtasis y locura que pierda el autodominio. [...] Si, entonces, la sacerdotisa Pitia está fuera de sí cuando profetiza, ¿qué espíritu debe ser el que llena su mente y anubla su juicio con tinieblas, a menos que sea del mismo orden que aquellos demonios que muchos cristianos expulsan?”. (Origen Against Celsus [Orígenes contra Celso], Libro VII, caps. 3, 4.) Los siervos verdaderos de Jehová, al ser movidos por espíritu santo para hablar, no experimentan ninguna de tales distorsiones físicas o mentales. (Hech. 6:15; 2 Ped. 1:21.) Los profetas de Dios, con un sentido del deber, hablaron con franqueza y sin cobrar por ello; los adivinadores paganos ejercieron su oficio para conseguir ganancia personal egoísta.

Jehová frustra a los adivinadores

El poder ilimitado de Jehová comparado con el poder notablemente restringido de los adivinadores practicantes de magia queda reflejado en el caso de Moisés y Aarón ante el faraón. Cuando la vara de Aarón se convirtió en una serpiente, los magos egipcios parecieron duplicar la proeza. Pero ¡qué derrota sufrieron estos últimos cuando la vara de Aarón se tragó las varas de los hechiceros! Los sacerdotes egipcios también parecieron convertir el agua en sangre e hicieron que subiesen ranas sobre la tierra. Pero cuando Jehová hizo que el polvo se convirtiese en jejenes, los hechiceros, con sus artes secretas, tuvieron que admitir que fue por “el dedo de Dios”. (Éxo. 7:8-12, 19-22; 8:5-11, 16-19; 9:11.)

El inicuo Hamán hizo que alguien [evidentemente un astrólogo] echase “Pur, es decir, la Suerte, [...] de día en día y de mes en mes”, con el fin de determinar el tiempo más favorable para hacer que se exterminase al pueblo de Jehová. (Est. 3:7-9.) “Al recurrir a este método para determinar el día más propicio para ejecutar su atroz ardid, Hamán actuó como siempre han hecho los reyes y nobles de Persia, que nunca entraban en ninguna empresa sin consultar a los astrólogos y ser satisfechos en cuanto al momento oportuno.” (Commentary de Jamieson, vol. 2, pág. 639.) Basado en esta adivinación, Hamán inmediatamente puso en marcha su inicuo ardid. Sin embargo, el poder de Jehová para librar a su pueblo quedó demostrado una vez más, y Hamán, que había confiado en la adivinación, fue colgado en el mismo madero que había preparado para Mardoqueo. (Est. 9:24, 25.)

Otro ejemplo del poder superior de Jehová sobre las fuerzas ocultas es la ocasión cuando los moabitas vinieron “con los pagos por adivinación en las manos” con el propósito de alquilar a Balaam, el adivinador mesopotámico, para que maldijese a Israel. (Núm. 22:7.) Aunque Balaam procuró “dar con agüeros de mala suerte”, Jehová hizo que sólo pronunciase bendiciones. En una de sus expresiones proverbiales, Balaam, bajo el poder irresistible de Jehová, admitió: “No hay ningún hechizo de mala suerte contra Jacob, ni ninguna adivinación contra Israel”. (Núm., caps. 23, 24.)

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