ORO
El metal que se menciona por primera vez y con más frecuencia en la Biblia. (Gén. 2:11.) Desde el principio ha sido un metal precioso altamente valorado por su belleza, peso, rareza, color brillante y notable inalterabilidad, ductilidad y maleabilidad. Cuando se halla puro, en depósitos de grava y en los lechos de los ríos, se puede separar y recuperar fácilmente debido a su gran peso. El libro de Job menciona las operaciones de extracción y refinamiento. (Job 28:1, 2, 6.) La rareza del oro le da un valor monetario estable, por lo que resulta útil como medio comercial de cambio, además de ser considerado una medida de riqueza y prominencia. (Gén. 13:2; 1 Cró. 21:25; Est. 8:15.) Sin embargo, la acuñación del oro fue un invento posterior. El color y el lustre del oro, así como su resistencia a la oxidación o inalterabilidad, lo hacen especialmente valioso para la joyería y ornamentación de todas clases. (Gén. 24:22; 41:42; Jue. 8:24-26; Sal. 45:9, 13.)
USADO EN EL TABERNÁCULO Y EN EL TEMPLO
La maleabilidad del oro permite que sea forjado a martillo en innumerables formas. En la construcción del tabernáculo, el oro se batía en láminas para el trabajo de revestimiento y en hojas delgadas cortadas en hilos para tejerlo en ciertas prendas de vestir de los sumo sacerdotes. (Éxo. 25:31; 30:1-3; 37:1, 2; 39:2, 3.) Asimismo, se usó en la construcción del templo de Salomón. (1 Rey. 6:21-35; 10:18; 2 Cró. 3:5-9.) La aleación del oro con otro metal para incrementar su dureza hace que aumente su utilidad. Este proceso ya se empleaba en el antiguo Israel. (1 Rey. 10:16.)
En el tabernáculo se emplearon grandes cantidades de oro. (Éxo. 25:10-40; 38:24.) No obstante, en comparación con la cantidad de oro que se empleó, aquel tabernáculo en el desierto fue solo una miniatura del glorioso templo de Salomón. David había apartado nada menos que 100.000 talentos de oro para aquel templo. (1 Cró. 22:14.) Los candelabros y los utensilios del templo: tenedores, tazones, cántaros, palanganas, copas y cosas por el estilo estaban hechos de oro y plata; algunos utensilios eran de cobre. Los querubines que estaban en el Santísimo, el altar de incienso e, incluso, el interior de la casa, fueron revestidos de oro. (1 Rey. 6:20-22; 7:48-50; 1 Cró. 28:14-18; 2 Cró. 3:1-13.)
Ofir era un lugar de donde Salomón adquiría oro puro. Se ha descubierto un fragmento de alfarería que, según se cree, data del siglo VIII a. E. C., con la siguiente inscripción: “Oro de Ofir a Bet-horón, 30 siclos”. (1 Rey. 9:28; 10:11; Job 28:16.)
CÓMO SE DISPONÍA DEL ORO EN LAS CIUDADES CAPTURADAS
Dios mandó a Israel que se quemasen en el fuego las imágenes esculpidas y los dioses idolátricos de las naciones: “No debes desear la plata ni el oro que haya sobre ellas, ni realmente tomarlo para ti, por temor de que a causa de él seas prendido en un lazo; porque es cosa detestable a Jehová tu Dios. Y no debes introducir una cosa detestable en tu casa y realmente llegar a ser una cosa dada por entero a la destrucción como ella. Debes tenerle asco en sumo grado y detestarla absolutamente, por ser cosa dada por entero a la destrucción”. (Deu. 7:25, 26.) Por lo tanto, se quemaban los ídolos y sus accesorios, y el oro y la plata que había sobre ellos a veces se trituraban hasta reducirlos a polvo. (Éxo. 32:20; 2 Rey. 23:4.)
Podían tomar otros artículos de oro y plata que encontrasen en las ciudades capturadas, siempre que antes fueran pasados por fuego para su limpieza. (Núm. 31:22, 23.) El caso de Jericó fue una excepción, ya que constituía las primicias de la conquista de Canaán. En aquella ocasión, el oro y la plata (excepto el de los ídolos) tenían que ser entregados a los sacerdotes y dedicados al uso del santuario. (Jos. 6:17-19, 24.)
LA SABIDURÍA Y LA FE, MEJOR QUE EL ORO
Aunque al igual que otras riquezas materiales, el oro tiene un gran valor, no puede dar vida a los que lo poseen (Sal. 49:6-8; Mat. 16:26), y ninguna cantidad de oro puede comprar la sabiduría verdadera que viene de Jehová. (Job 28:12, 15-17, 28.) Son mucho más deseables sus leyes, mandamientos y disciplina que mucho oro refinado. (Sal. 19:7-10; 119:72, 127; Pro. 8:10.) El oro no tiene poder para librar en el día de la cólera de Jehová. (Sof. 1:18.)
Los hombres de una sociedad materialista ridiculizan la fe en Dios y la llaman impráctica; sin embargo, el apóstol Pedro señala la durabilidad insuperable de la fe y su valor permanente. Él explica que la cualidad probada de la fe de una persona es de mucho más valor que el oro, que aunque puede resistir el fuego, también puede corroerse y ser destruido por otros medios. Los cristianos tienen que aguantar diversas pruebas que a veces son penosas, pero que sirven para hacer resaltar la cualidad de su fe. (1 Ped. 1:6, 7.) La fe verdadera puede mantenerse firme bajo cualquier prueba.
USO SIMBÓLICO
Job habló del oro como un símbolo de materialismo, una de las cosas que él sabía que tenía que evitar para agradar a Jehová. (Job 31:24, 25.) Por otro lado, la belleza, pureza y gran valor del oro refinado lo convierten en un símbolo apropiado para describir la santa ciudad, la Nueva Jerusalén, y su camino ancho. (Rev. 21:18, 21.) Por otra parte, la imagen del sueño de Nabucodonosor tenía la cabeza de oro, y el resto de la imagen estaba hecho de materiales menos preciosos. Daniel interpretó que las diferentes partes de la imagen representaban potencias mundiales. La cabeza de oro era Nabucodonosor, es decir, la dinastía imperial de los reyes de Babilonia encabezada por Nabucodonosor. (Dan. 2:31-33, 37-40.) De manera similar, Babilonia, que es útil a Jehová como ejecutora de sus juicios sobre las naciones, está simbolizada por “una copa de oro en la mano de Jehová”. (Jer. 51:7.)
Al animar a l joven a que sirva a su Creador mientras todavía tiene fuerza y vigor, el sabio escritor de Eclesiastés señala que esto debe hacerse antes de que “se quebrante el tazón de oro”. Parece ser que de esta manera hace referencia, o bien al precioso cerebro, o bien al cráneo, cuyo quebrantamiento causaría la muerte de su poseedor. (Ecl. 12:6, 7.)