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Ayuda para entender la Biblia
ad págs. 65-66

ALQUILER, SALARIO

En la Biblia, el término “alquilar” puede significar contratar a alguien (Isa. 46:6) o arrendar algo. (Éxo. 22:14, 15; Hech. 28:30.) “Salario”, en cambio, es la remuneración o compensación que se les paga a los jornaleros por su trabajo o servicios (Lev. 19:13), y puede ser sinónimo de “recompensa”. Por ejemplo: se predijo que el salario —la recompensa— que recibiría el rey Nabucodonosor por su servicio al destruir Tiro en calidad de ejecutor asignado por Jehová sería la conquista de Egipto, con toda su riqueza como botín. (Eze. 29:18, 19; véanse también Rut 2:12; Isaías 61:8; 62:11.) Sin embargo, en algunas ocasiones, la palabra salario denota “retribución”: “El salario que el pecado paga es muerte”. (Rom. 6:23; véanse también Salmos 109:20; Isaías 65:6, 7.)

En contraste con la palabra hebrea sa·kjár (que normalmente significa el alquiler que se paga como salario por un trabajo o servicios prestados), la palabra hebrea ’eth·nán, que proviene de la raíz na·thán (“dar”), se usa en las Escrituras exclusivamente con referencia al alquiler pagado por la prostitución, tanto literal como figurativa. Por lo tanto, esta última se considera más bien como un regalo en lugar de un salario ganado al trabajar, y generalmente denota algo peyorativo. La Ley prohibía que para cumplir un voto se trajera al santuario el “alquiler de una ramera” o el “precio de un perro”, refiriéndose esta última expresión probablemente al alquiler de un homosexual. (Deu. 23:18.) En vista de esto, el que se diga en la Biblia que el alquiler de Tiro por prostituirse con las naciones llegaría a ser algo santo a Jehová parece dar a entender que el Altísimo santificaría la ganancia material que Tiro conseguiría de este modo, al disponer de ella según Su voluntad, y haría que resultase en beneficio para Sus siervos. (Isa. 23:17, 18.) Tanto Judá como Israel eran culpables de prostituirse con otras naciones. (Eze. 23:1-16; Ose. 9:1; Miq. 1:6, 7.) A este respecto, Dios denunció a Jerusalén por algo singular: a diferencia de las rameras, que recibían un alquiler por sus servicios, Jerusalén, por su parte, pagaba un alquiler a las naciones con las que se prostituía. (Eze. 16:26-34, 41.)

El alquiler no solo se pagaba en forma de dinero o de plata (2 Cró. 24:11, 12; 25:6), sino también con animales domésticos, productos agrícolas, etc. Jacob recibió como salario por sus catorce años de trabajo a sus dos esposas, Lea y Raquel. Además, sirvió otros seis años por la parte convenida del rebaño de Labán. (Gén. 29:15, 18, 27; 31:41.) Lea, con las mandrágoras que le había traído su hijo, mandrágoras que posteriormente le dio a Raquel, “alquiló” a Jacob para que tuviese relaciones con ella, y por esta razón dijo que el hijo que le nació era como el “salario de persona alquilada”. (Gén. 30:14-18.) Los diezmos de los israelitas constituían el salario de los levitas por su servicio en el santuario. (Núm. 18:26, 30, 31.) En el tiempo del ministerio terrestre de Jesús el salario diario común para los trabajadores agrícolas era un denario. (Mat. 20:2.) En cumplimiento de Zacarías 11:12, Judas Iscariote recibió de los sacerdotes treinta piezas de plata como “salario” por traicionar a Jesucristo. (Mat. 26:14-16; 27:3-10; Hech. 1:18.)

La ley de Dios dada a Israel requería que se pagase a los jornaleros al final de la jornada de trabajo (Lev. 19:13; Deu. 24:14, 15) y las Escrituras censuran severamente a aquellos que tratan de manera deshonesta con el salario de los trabajadores. (Jer. 22:13; Mal. 3:5; Sant. 5:4.) Cuando un israelita alquilaba un animal y este se lisiaba o se lo robaban, no se requería que aquel que lo había alquilado pagara una compensación a su dueño aparte del alquiler. (Éxo. 22:14, 15.)

Al alquilar a otras personas, se debía ejercer cuidado a fin de asegurarse de su competencia para el trabajo. De ahí el proverbio: “Como arquero que todo lo traspasa es el que alquila a alguien estúpido, o el que alquila a los transeúntes”. (Pro. 26:10.)

De acuerdo con el principio: “El obrero es digno de su salario” (Luc. 10:7; 1 Tim. 5:17, 18), se puede hacer referencia a la hospitalidad y a la ayuda material que se extiende a quienes se dedican exclusivamente a los intereses del Reino como el salario que les es debido. Por otro lado, la posición justa ante Dios y la vida no se dan como salario a los que sirven al Creador, pues estas cosas son dones que resultan de la bondad inmerecida de Dios por medio de Cristo al ejercer fe en el sacrificio de rescate. (Rom. 4:2-8; 6:23.)

En los días del profeta Ageo la negligencia con respecto al santuario trajo como resultado que Jehová retuviese Su bendición y, como consecuencia, los que se alquilaban lo hacían por ‘una bolsa que tenía agujeros’, es decir, el alquiler que se recibía era escaso y se gastaba rápidamente. (Ageo 1:3-6.) Respecto a los días anteriores a la restauración del templo, Jehová dijo por medio de Zacarías: “Porque antes de aquellos días no se hizo que existiera salario para la humanidad; y en cuanto al salario de los animales domésticos, no había tal cosa”. (Zac. 8:9, 10.)

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