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Ayuda para entender la Biblia
ad págs. 843-844

JEHOIAQUIM

(“Jehová Levanta”).

Uno de los últimos reyes de Judá, hijo de Josías por medio de Zebidá. Su nombre anterior era Eliaquim. (2 Rey. 23:34, 36; 1 Cró. 3:15.) El mal gobierno de Jehoiaquim durante unos once años (628-618 a. E.C.) estuvo marcado por la injusticia, la opresión y el asesinato. (2 Cró. 36:5; Jer. 22:17; 52:2.) También, en el transcurso de su reinado, Judá experimentó hostigamiento por parte de las partidas merodeadoras de los caldeos, sirios, moabitas y ammonitas. (2 Rey. 24:2.)

Después de la muerte del rey Josías, el pueblo de Judá -por alguna razón- nombró rey a Jehoacaz, el hermano más joven de Eliaquim. Unos tres meses más tarde, el faraón Nekoh (Nekó) tomó cautivo al rey Jehoacaz e hizo rey a Eliaquim, que entonces tenía veinticinco años, cambiando el nombre de este nuevo gobernante a Jehoiaquim. El faraón Nekoh también impuso una pesada multa al reino de Judá. El rey Jehoiaquim exigió de sus súbditos la plata y el oro, por medio de impuestos, para pagar esa multa. (2 Rey. 23:34-36; 2 Cró. 36:3-5.) A pesar de la carga financiera que ya estaba sobre el pueblo, Jehoiaquim planeó edificar un nuevo y lujoso palacio. Probablemente para mantener el costo bajo, retuvo de manera opresiva el salario de los trabajadores. Como consecuencia, Jehová, por medio de Jeremías, pronunció ayes sobre este gobernante inicuo, indicando que tendría el entierro de un asno. (Jer. 22:13-19.)

A principios del reinado de Jehoiaquim, Jeremías advirtió que a menos que el pueblo se arrepintiera, Jerusalén y su templo serían destruidos. Después, el profeta fue amenazado de muerte. Sin embargo, Ahiqam, hombre prominente, salió en defensa de Jeremías y salvó al profeta de recibir daño. Con anterioridad, una profecía similar procedente de Uriya encolerizó a Jehoiaquim de tal manera que decidió matarlo. Aunque el temeroso Uriya huyó a Egipto, no escapó de la ira del rey: Jehoiaquim lo hizo traer de regreso y lo mató con la espada. (Jer. 26:1-24.)

En el año cuarto de su reinado (625 a. E.C.), Jehoiaquim fue testigo de la derrota que Nabucodonosor infligió al faraón Nekó en una batalla por la dominación de Siria-Palestina. Esta batalla tuvo lugar en Carquemis, junto al Éufrates, a unos 650 Km. al N. de Jerusalén. (Jer. 46:1, 2.) En aquel mismo año, Jeremías empezó a dictar a su secretario Baruc las palabras de Jehová dirigidas contra Israel, Judá y todas las naciones, registrando mensajes que habían empezado a expresarse desde el año decimotercero del reinado de Josías en adelante (para ese tiempo, Jehoiaquim tenía unos seis años de edad). Casi un año después, en el noveno mes lunar (Kislev = noviembre/diciembre), el rollo que contenía el mensaje dictado fue leído ante el rey Jehoiaquim. Tan pronto como “Jehudí hubo leído tres o cuatro columnas-páginas”, aquella sección fue cortada y arrojada al fuego que ardía en el brasero de la casa de invierno del rey. De esta forma, el rollo entero, parte a parte, fue echado al fuego. Jehoiaquim no hizo caso de las súplicas de tres de sus príncipes de que no quemase el rollo. De manera especial se opuso a las palabras proféticas que señalaban la desolación de Judá a manos del rey de Babilonia. Esto parece dar a entender que Nabucodonosor todavía no había venido contra Jerusalén ni había hecho a Jehoiaquim vasallo suyo. (Jer. 36:1-4, 21-29.)

Segundo de Reyes 24:1 muestra que Nabucodonosor ejerció presión sobre el rey de Judea “de modo que Jehoiaquim llegó a ser su siervo [o vasallo] por tres años. Sin embargo, [Jehoiaquim] se volvió y se rebeló contra él [Nabucodonosor]”. Al parecer es a este tercer año de Jehoiaquim como rey vasallo de Babilonia al que se hace referencia en Daniel 1:1. No podía ser el tercer año de su reinado sobre Judá (que duró once años), pues en aquel tiempo Jehoiaquim era un vasallo, no de Babilonia, sino del faraón Nekó de Egipto. No fue sino hasta el cuarto año del gobierno de Jehoiaquim sobre Judá que Nabucodonosor demolió la dominación egipcia sobre Siria-Palestina por medio de su victoria en Carquemis (625 a. E.C. [después de Nisán]). (Jer. 46:2.) Ya que la rebelión de Jehoiaquim contra Babilonia provocó su caída después de unos once años en el trono, el principio de su vasallaje de tres años a Babilonia debe haber empezado hacia el fin de su octavo año de gobernación (621/620 a. E.C.).

El relato de Daniel (1:1, 2) dice que Nabucodonosor vino contra Jerusalén y la sitió, y que tanto Jehoiaquim como algunos utensilios del templo fueron entregados al rey de Babilonia. Sin embargo, el relato de 2 Reyes 24:10-15 describe el sitio de Jerusalén por los babilonios y muestra que Joaquín, hijo de Jehoiaquim, cuyo reinado duró solo tres meses y diez días, fue el que finalmente capituló y salió a los babilonios. Por lo tanto, parece ser que Jehoiaquim murió durante el sitio de la ciudad, quizás en la primera parte del mismo. La profecía de Jehová por medio de Jeremías (22:18, 19; 36:30) indicó que Jehoiaquim no recibiría un entierro decente: su cadáver tenía que yacer desatendido fuera de las puertas de Jerusalén, expuesto al calor del sol de día y a la escarcha de noche. No se revela exactamente de qué manera fue dado Jehoiaquim ‘en manos de Nabucodonosor’. (Dan. 1:2.) Puede haber sido en el sentido de haber muerto bajo sitio y que su hijo tuviese que ir después al cautiverio, de manera que el linaje de Jehoiaquim sufrió la pérdida del reinado a manos de Nabucodonosor. No hay modo de confirmar la tradición judía (registrada por Josefo) de que Nabucodonosor mató a Jehoiaquim y mandó que su cuerpo muerto fuese arrojado fuera de los muros de Jerusalén. (Antigüedades Judías, Libro X, cap. VI, sec. 3.) Sea cual fuere el medio por el cual vino la muerte de Jehoiaquim, parece que a los grilletes de cobre que Nabucodonosor había traído para encadenarle no se les dio el uso que se había previsto. (2 Cró. 36:6.)

Después del sitio de Jerusalén, durante el “año tercero” de Jehoiaquim (como rey vasallo), Daniel y otros de Judá, entre los que había nobles y miembros de la familia real, fueron llevados al exilio a Babilonia. No habiendo otro registro de un exilio babilonio anterior, esto parece situar el acontecimiento en el corto reinado de Joaquín, el hijo y sucesor de Jehoiaquim. (2 Rey. 24:12-16; Jer. 52:28.)

Después que Joaquín se rindió, Nabucodonosor hizo ascender al trono de Judá a su tío Sedequías. (2 Cró. 36:9, 10.) Así cumplió la profecía de Jeremías, según la cual Jehoiaquim no tendría a nadie que se sentara sobre el trono de David. (Jer. 36:30.) Joaquín únicamente gobernó tres meses y diez días (2 Cró. 36:9), y este corto período ni siquiera se tiene en cuenta.

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